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Drogas

Así se venderían la cocaína, el éxtasis y la metanfetamina si fueran legales

Ya está pasando con el cannabis, pero ¿cómo sería un mundo en el que fuera legal la venta de otras sustancias?

por Emily Goddard
11 Diciembre 2018, 4:45am

Photo: VICE

Las drogas estimulantes del sistema nervioso están viviendo su momento. Según el Informe Europeo sobre Drogas, el consumo de cocaína y MDMA en Europa ha aumentado.

Teniendo en cuenta que la pureza de la cocaína ha alcanzado su punto álgido en una década y los precios se han mantenido estables, no es de extrañar que siga siendo el estimulante más popular. Sin embargo, este aumento del consumo ha ido acompañado, al menos en países como el Reino Unido, de un incremento en las hospitalizaciones y el índice de mortalidad por esta causa.

Pero ¿qué pasaría si se legalizaran la cocaína en polvo, el crack, la MDMA, el cristal de metanfetamina y el speed? ¿Se podrían consumir de forma más segura?

Steve Rolles, analista de políticas de la Transform Drug Policy Foundation, así lo cree. Rolles ha estado trabajando en el primer libro que aporta directrices sensatas sobre la regulación de los estimulantes (anteriormente había escrito uno sobre la regulación del cannabis que fue usado por los gobiernos de Canadá y Uruguay para aplicar sus propias normativas). Nos reunimos con él para que nos explicara cómo irían las cosas en la práctica.

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Foto: VICE

VICE: Una cosa es legalizar el cannabis y otra muy distinta es legalizar las drogas estimulantes, ¿no?
Steve Rolles: Cada droga lleva asociado un riesgo distinto, por lo que las herramientas de regulación que tienes que aplicar también van a variar. Los estimulantes engloban una enorme variedad de productos y riesgos, por lo que, aunque debería haber distintos modelos para regular el precio, la potencia, el envoltorio, los distribuidores y el marketing, los principios y las metas son las mismas.

¿Dónde podrían comprarse?
No quisiera generalizar, porque no es lo mismo vender cocaína que anfetaminas inyectables. En el extremo más restrictivo del espectro —la metanfetamina y los estimulantes inyectables, por ejemplo— estaría el modelo de venta con receta, como ocurre con la metadona. En el caso de la cocaína y la MDMA, se podrían vender más como en una farmacia. Se aplicaría un modelo de venta minorista estrictamente regulado en el que profesionales médicos debidamente formados tendrían que actuar de guardianes y controlar una serie de aspectos como la edad del comprador, evitar la venta a personas bajo la influencia de sustancias o racionar la venta, de forma que nadie pueda comprarse un kilo de cocaína.

La cocaína, la MDMA y otros estimulantes de menor potencia como la dexanfetamina también podrían comercializarse en establecimientos autorizados, como bares o coffee shops, para el consumo en sus propias instalaciones. También podrían adquirirse en determinados minoristas autorizados. No hace falta ningún tipo de control para vender cosas como el té de coca o las bebidas energéticas con cafeína, como el Red Bull; pues podría ocurrir lo mismo con estas sustancias.


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¿Y qué hay del crack? ¿También se legalizaría? En caso contrario, ¿no lo seguiría haciendo la gente, de todas formas?
Si estuviera disponible la cocaína en polvo, también lo estaría el crack, porque lo puedes hacer tú mismo fácilmente. Pero es algo que sería preferible evitar, por lo que no conviene comercializar esta sustancia. La persona que vendiera el polvo podría dar al comprador consejos orientados a minimizar los daños, y de ninguna forma se criminalizaría al consumidor.

¿Y el cristal de metanfetamina?
La metanfetamina no es tan distinta a las anfetaminas que consumen desde hace décadas en fiestas. La diferencia es que la primera tiene efectos más duraderos, es más potente por miligramo y más fácil de fumar. Se ha estigmatizado de tal forma que no refleja la realidad de su farmacología. En cuanto a su regulación, no se vendería metanfetamina inyectable, sino preparados en comprimidos orales de liberación lenta. La idea es conseguir que la gente consuma drogas en preparados más seguros.

¿Crees que a la gente le entrará bajón si se legaliza la cocaína? Parece que a todo el mundo le encanta esnifarla en el lavabo. ¿Se perderá ese ritual y el interés por esta droga?
Entiendo que haya gente para la que este proceso sea emocionante. Seguramente cambiaría la cultura si la cocaína se vendiera como un producto farmacéutico, lo cual sería positivo porque no deja de ser precisamente eso. Nos podemos poner en plan nostálgico recordando la época en la que nos metíamos mierda cortada con Nesquik, pero tampoco creo que alguien llorara mucho esa pérdida.

Si se legalizara el speed, ¿mejoraría la calidad y volvería a ser una droga guay?
Podría ser. En el caso del speed, sería mejor comercializar un producto oral de liberación lenta que te diera el subidón en un periodo de tiempo más prolongado. Claro, eso significaría que no sentirías el subidón inicial que te da cuando lo consumes en polvo.

¿Quién se beneficiaría de las ventas?
Pasaría al dominio del negocio legal. Se beneficiarían productores, proveedores y vendedores, como con cualquier otro producto, y el Gobierno obtendría beneficios en forma de impuestos. Hay que señalar que, en el ámbito médico, las sustancias como la cocaína, la metanfetamina y las anfetaminas ya son legales. Por tanto, su comercialización generalizada será simplemente una ampliación de la venta en el sector clínico.

¿Qué pasaría con los precios? ¿Sería más barato comprar coca que ahora?
Nuestra sugerencia es que el precio de sustancias como la cocaína se mantenga como en el mercado ilegal actual. No es conveniente cambiar el precio de forma drástica o rápida. Si lo reduces a la mitad, se puede producir un pico de consumo, ya que la gente compraría el doble. Si subes el precio, nadie lo compraría en el mercado legal y seguiría recurriendo a sus camellos habituales.

¿Cómo se podría acabar con la economía sumergida? ¿Tendría eso algún efecto en la delincuencia?
La gente pasaría progresivamente del suministro ilegal al legal. Sería razonable esperar que entre el 80 y el 90 por ciento del mercado pasara a ser legal, y el mercado ilegal, a su vez, se reduciría en ese porcentaje. Actualmente, el tráfico ilegal constituye una fuente considerable de ingresos para el crimen organizado y la causa de la delincuencia, la extorsión y la corrupción en países de todo el mundo.

Las decisiones que tomamos aquí tienen repercusiones negativas a nivel internacional, tanto en África occidental como el Caribe, México, Colombia y Perú, donde el narcotráfico lleva décadas alimentando la violencia y la inestabilidad. Si quitamos eso, veríamos que el crimen descendería paralelamente; estaríamos despojando del poder a grupos del crimen organizado muy desagradables.

Están aumentando las muertes causadas por la cocaína y las anfetaminas. ¿La legalización no empeoraría las cosas?
Legalizar nos permitiría saber qué estamos consumiendo porque tendríamos un producto regulado cuyo envoltorio informaría de cómo de potente es y qué contiene y daría consejos sobre salud y dosis recomendadas. Hace tiempo que tenemos el problema de que se adultere la droga con cosas malas o se venda como lo que no es, y ahora se añade el de que hay sustancias más fuertes de lo que la gente espera. Cuando compras una pastilla de MDMA, esperas que tenga 100 mg de la sustancia, pero ahora venden pastillas con 250 o 300 mg. Y si vienes de una cultura de tomarse dos pastillas menos potentes, te estás metiendo en un terreno potencialmente mortal. Ahora mismo, una caja de paracetamol contiene más información de las pastillas que una papelina de cocaína comprada a un camello vete a saber dónde. El conocimiento es poder.

La muerte y la explotación son características inherentes al proceso de elaboración y distribución de la cocaína. ¿Tiene sentido legalizar la cocaína si no se regula también por un comercio justo de la misma?
La cocaína es un producto extremadamente poco ético debido a la naturaleza de su producción: destruye el medioambiente, fomenta el crimen, el conflicto y la inestabilidad a la vez que da poder a las organizaciones criminales. Sin embargo, culpar a los consumidores de todo eso solo hace que distraer la atención del hecho de que la responsabilidad, en última instancia, es de los legisladores.

Ahora mismo no existe la posibilidad de comprar cocaína de comercio justo, aunque podría existir si se legalizara. Se podría producir respetando los principios del comercio justo, con una certificación orgánica; sería lo mismo que comercializar bananas de comercio justo. Pero para eso, primero hay que legalizarla. No puedes hacerlo mientras Pablo Escobar y compañía sean los que controlan el mercado.

¿Crees que, culturalmente, somos capaces de gestionar esa responsabilidad, cuando tenemos problemas con sustancias que ya son legales, como el alcohol?
Tenemos la responsabilidad de lidiar con la realidad, y la realidad es que actualmente hay miles de jóvenes consumiendo estimulantes ilegales. Creo que está meridianamente claro que el suministro ilegal aumenta exponencialmente el riesgo para la salud de los consumidores, y si mediante la regulación se pueden reducir algunos riesgos, ese debe ser el camino responsable a tomar. El alcohol es tan peligroso como una sustancia estimulante y se publicita hasta al público infantil en forma, por ejemplo, de patrocinios deportivos. Lo que no queremos es repetir esa estupidez. Debemos asegurarnos de que estas sustancias estén funcionalmente disponibles para satisfacer la demanda pero sin fomentar su consumo. Luego, se reinvierte el dinero obtenido en información sobre riesgos y en dar a los jóvenes algo más interesante para que se olviden de las drogas.

Los estudios confirman los beneficios terapéuticos de ciertos estimulantes, sobre todo la MDMA, para el tratamiento de patologías como el TEPT. ¿La legalización facilitaría la investigación?
Muchos estimulantes ya son medicamentos legales, pero la investigación con MDMA es complicada porque en EUA está catalogada como droga de clasificación I y requiere una licencia del Ministerio del Interior. La investigación actual es prometedora para el tratamiento de traumas. Si clasificara la droga con otra categoría y se redujera el estigma que pesa sobre ella, sin duda sería más fácil seguir investigando y se explotaría su potencial. Espero sinceramente que el libro ayude a cambiar la legislación de los estimulantes, que sería el paso lógico a tomar en este debate público. Va a ser difícil, pero por algún sitio hay que empezar.

Gracias, Steve.

@emilysgoddard