Fotos por el autor

Me disfracé de Paquita Salas y encontré a la nueva actriz 360

Torreznos, laca y Larios en uno de los Carnavales más divertidos de mi vida.

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13 Febrero 2018, 5:00am

Fotos por el autor

Paquita Salas no es una persona, sino una actitud. Altanera, perseverante y humana —muy humana—, se ha ganado un rinconcito en nuestro corazón desde que a mediados de 2016 se estrenara en Flooxer. Por eso este año, lejos de estancarme en un disfraz de poca monta, y aprovechando que el hype de Paquita es más grande que nunca, decidí calzarme un atuendo de señora de alto standing, mucha laca y torreznos para ir en busca de la nueva Macarena García.

Esto de travestirme no es algo nuevo. Desde que de bien pequeño me pusiera los tacones, pendientes y foulards de mi madre para imitar a Rocío Jurado, aprovecho la mínima oportunidad para experimentar un cambio más allá de la vestimenta.

Es alentador —aunque todavía queda— que en pocos años se estén rompiendo tapujos y barreras sociales. No os voy a dar la chapa con los roles de género, pero el estigma sigue ahí. De hecho, la obra y las lágrimas —reivindicativas y de alegría— de los Javis están siendo uno de los máximos exponentes de la cultura pop. Sus mensajes han calado pero bien.


El caso es que era sábado por la tarde y comenzó mi transformación. El cambio no era solo por fuera, sino que Paquita transmigraría de mente para llevar PS Management a Barcelona en un mero recipiente que era mi cuerpo. Un vestido negro de mi madre, una peluca de 4 € desaliñada, americana granate y zapatos de segunda mano que me iban pequeños. Mi voz se agudizaba y la altivez de la jet set de los 90 comenzaba a invadirme. La huesuda cara disentía de la Paquita original, pero su esencia me embriagaba para ser más Salas que nunca. Brays Efe, va por ti.

La bisutería y las gafas "del cerca", acompañadas por la impasible sed de la farándula, me hicieron agarrar la botella de Larios y darle un par de tragos bajo el ritmo sincopado de Bruno Mars. Mis amigos me metían prisa pero en PS controlamos los tiempos a la perfección. Desinhibirse antes de trabajar es buenísimo. Lo dicen los expertos.

Tuve que aclarar que no teníamos cuenta spam

Solo me faltaba un detalle. Bueno dos. Un tupper de torreznos y tarjetas de PS Management para alcanzar mi cometido. Tras probar un pedacito de tocino frito, mi mente se transportó a 1997 cuando Paco y yo organizábamos las verdaderas fiestas después de los Goya. Si esta boca hablara, cariñete. Pues no me han llamado veces a mí de Sálvame. Pero en PS Management jamás contamos secretos —sonrisa de orgullo—.

“Nena, a ti la cámara te adora como Carmen Maura en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Te podría conseguir un casting para Puente Viejo”, le comenté a mi novia que me aplicaba una buena dosis de laca y me miraba con estupor mientras negaba con la cabeza. “Pero, ¿cómo vas a elegir tú si quieres hacer Puente Viejo o no? Te han llamado de Puente Viejo, ¡aprovecha esta oportunidad!”. Mis amigos se rieron. El personaje se hizo por completo con el control. En fin, un pipi, y a la calle.

“En PS Management no nos rendimos ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. ¡Como yo me llamo Paquita que de esta noche saldré con una lista de teléfonos que el mismo Luis San Narciso hará cola para sus nuevas chicas Almodóvar!”. Entré en conciencia con los chascarrillos y las miradas incrédulas de la cola del garito escogido para mi búsqueda de talento.

El lugar fue una discoteca en el extrarradio de Barcelona. Verás, el nuevo talento no se encuentra en Pachá o Garamond, sino en los suburbios de las capitales de provincia. Es uno de los mandamientos de PS. Mientras otros fichan estrellas, nosotros las creamos. Lo que viene siendo una new talent, ya sabes —sonrisa ufana a cámara—.

“¿Y Magüi?”, pregunté cuando en la puerta me querían hacer pagar. Al parecer el chulazo ignorante de seguridad no me conocía. “¿Crees que este bolso DKNY —intento de pronunciación anglosajona— y estos zapatos de El Corte Inglés son de por aquí, majete?”. No hubo manera. Una tiene clase, y para no montar un pollo accedí a pagar los 10 € de la entrada con una copa. De hecho, pagué 15 € con dos copas, no porque me guste el drinking, sino porque en las barras de bar se fraguan los mejores contratos. Te lo digo yo que de esto entiendo un rato.

Paquita alegró la vida a otra futura estrella

La música retumbaba y fui a pedirme un gintonic. En la barra vi a una joven con el pelo platino y un estilazo que encajaría en la nueva temporada de Cuéntame. Le dije que si se venía a PS sería la nueva Leticia Dolera. No había hecho cursos, pero no era problema. “No sabes la de vidas que hemos cambiado en PS”. Le di la tarjeta y quedamos en que me llamaría al día siguiente. “Te pagamos un Talgo, sin preocupaciones, todo gratis, y vienes a verme a la plaza de la Luna nº1 planta 3ª”. Le ofrecí unos torreznos para ganarme su confianza y fui a por la siguiente.


Di una vuelta y, servidora, que tiene la sensibilidad más desarrollada que el resto, empecé a mover tímidamente la cintura con una canción de un no sé qué Yonkee, Yankee o algo así. El caso es que no sé muy bien por qué —llevaba cuatro Larios— acabé haciéndome con la pista de baile. Paquita es mucho Paquita, qué te voy a contar.

Entre baile y baile vi a Cristina, una jovencísima chica de Badalona de rasgos exóticos. “¿Tú sabes quién soy yo?”, le pregunté. Me dijo que no. “Es normal, yo soy famosa en la Capital. ¿Conoces a Penélope Cruz, amore? Desde que me la presentaron en los Goya quiere trabajar con nosotros. Paquita Salas, de PS Management. Encantada”.

Hablé un buen rato con ella y el desparpajo le rezumaba. Estaba acabando Educación Infantil y trabajaba en una de esas tiendas del Amancio, muy amigo de mi ex. “Cariño, con tu salero y mis contactos, conseguiremos que Amenábar deje los anuncios y vuelva al cine”. Muy 360 ella, lo que buscamos en PS. Se guardó la tarjeta y me dijo que me llamaba sin falta mañana. Que aprenda Fernando Canelón.

El nivel estaba alto

Hablé con unos y con otros, y en poco menos de 3 horas me había hecho con la sala. Qué majos estos del extrarradio. Alguno tenía pinta de delincuente, eso sí, pero siempre va bien tener exconvictos en la agenda. Y en PS no discriminamos por clase, raza o pluma. De hecho, al Fer de Física o química, que no ha vuelto a salir, el pobre, lo vamos a meter en un capitulito de La casa de papel. Contacté con Úrsula Corberó, que empezaron juntos, y me movió el tema. Muy maja, muy 360. Ya mismo la fichamos.

Cariñete, que me voy por las ramas. Que torrezno pa’ arriba, chupito pa’ abajo me dieron las 5 de la mañana entre risas y abrazos. En PS sabemos desconectar y pasárnoslo bien. No tenemos una relación con el cliente al uso: aquí somos amigas todas. El talento fluye mucho mejor con confianza. —Susurra a cámara— Entre tú y yo, igual el quinto chupito no tenía que habérmelo tomado, pero una se deja llevar y claro.

Las luces se encendieron y un estrépito de realidad me zarandeó. Estaba hecho un cuadro. La peluca deshilachada, el tupper de torreznos vacío y los pies doloridos por los zapatos de medio tacón. A los pocos minutos el portero que no me reconoció nos obligó a salir. Me despedí de Cristina y todos a los que había dado mi tarjeta sabiendo que el futuro de la interpretación nacional seguía estando en PS Management. El único pero es que esta noche para recordar solo volverá a producirse en fechas como Carnaval sin que la aversión social empiece a poner etiquetas porque un tío vaya vestido de mujer.

Al final, me fui descalzo a casa después de haber experimentado el anonimato injusto y la simpatía merecida del mismo modo que Brays Efe y los Javis han hecho con Paquita Salas. Un hombre interpretando a una señora cincuentona que reivindica, sin darse cuenta, a las mujeres de más de 40 años que se han ganado su sitio por méritos propios, mientras retrata el encarnizado mundo del cine detrás de las cámaras. Un cóctel rompe-estereotipos del que estamos deseando ver más. De algún modo u otro, con o sin peluca, todos somos muy Paquita. Muy 360.