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El ejército iraquí a punto de infligir una derrota legendaria a Estado Islámico

Un periodista de VICE News empotrado con la tropas del ejército iraquí en Habbaniya, a solo 35 kilómetros de Ramadi, anuncia que las tropas iraquíes se han hecho con el control entero del oeste de la ciudad. Según él, Estado Islámico está rodeado.
Imagen vía Ejército de Irak
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El ejército iraquí podría estar a punto de consumar una de sus victorias militares más significativas contra Estado Islámico (EI). La organización yihadista tiene las riendas de la ciudad iraquí de Ramadi — situada a solo 100 kilómetros de Bagdad — desde hace 18 meses — cuando se la arrebató a las tropas del país.

Este martes, el ejército iraquí anunció que ya ha liberado más del 60 por ciento de la ciudad. Un reportero de VICE News empotrado con las tropas iraquíes apostadas en Habbaniya, a solo unos 35 kilómetros de Ramadi, anunció que el ejército iraquí se ha hecho con el control de todo el oeste de la ciudad, y que las tropas de EI están parcialmente rodeadas. La fuerzas especiales iraquíes avanzan desde el sur y desde el oeste, la policía federal iraquí lo hace desde el este, mientras que el ejército nacional lo está haciendo desde el norte.

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A pesar de que el ejército iraquí acostumbra a estar reforzado por miembros de los milicias chiíes respaldadas por Irán, el periodista de VICE News, al que no se identifica por razones de seguridad, asegura que no ha visto a miembro alguno de las susodichas milicias durante el asalto a Ramadi. No en vano, Ramadi es una ciudad de mayoría suní, de manera que la presencia de milicias chiíes podría haber desencadenado tensiones entre los vecinos y las fuerzas de seguridad iraquíes. La última vez que el ejército iraquí asestó una derrota a Estado Islámico lo hizo apoyado por las milicias chiíes, cuya intervención fue decisiva para desterrar a Estado Islámico de la ciudad de Tikrit durante el pasado mes de marzo. Después de que Estado Islámico abandonara la ciudad, muchas informaciones denunciaron la profusión de ataques vengativos orquestados por las milicias pro-gubernamentales contra la población de Tikrit, de mayoría suní.

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Paralelamente, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, ha dejado entrever este martes desde Washington su intención de destinar refuerzos en la zona para que las tropas iraquíes puedan reivindicar la reconquista de Ramadi. "Estados Unidos está preparado para auxiliar al ejército iraquí y suministrar sus exclusivas habilidades para que la operación sea ejecutada y consumada", ha expresado Carter ante el Senado de su país. El secretario ha informado que Estados Unidos contempla destacar su artillería más pesada "helicópteros de ataque y asesoramiento si las circunstancias así lo exigen y si así lo pide el primer ministro iraquí, Hader al-Abadi".

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Después de que Ramadi cayera en manos de Estado Islámico en mayo de este año, Haider al-Abadi prometió que reconquistaría la ciudad en cuestión de días. Sin embargo, la contraofensiva ha sido retrasada hasta que las fuerzas iraquíes se han vuelto a reagrupar. Este martes, el ejército iraquí informó que se ha hecho con el edificio en que está enclavada la sede militar de Ramadi, y de varios barrios al sur y al oeste de la ciudad. Sin embargo, mientras las fuerzas iraquíes se despliegan por el resto de la ciudad, miles de civiles han caído en manos de los combatientes yihadistas de Estado Islámico. Los terroristas pretenden utilizar a sus recién secuestrados rehenes como escudos humanos. El ejército iraquí cortó todas las comunicaciones telefónicas de Ramadi en noviembre. Desde entonces, la ciudad está siendo cercada y los terroristas no han sido capaces de enviar refuerzos.

El periodista en el terreno de VICE News ha visto cómo cientos de civiles están huyendo hasta la primera línea de las tropas iraquíes. Muchos de ellos están plantando sus tiendas de campaña junto a un puente que cruza el Éufrates, a solo unos kilómetros del corazón de la batalla. Sin embargo, para los miles de civiles que siguen atrapados en el interior de la ciudad de mayoría suní, las condiciones de vida son cada vez más desesperadas. Casi tanto como la paranoia y el delirio que se está propagando entre los filas de los rodeados yihadistas, según cuentan los vecinos.

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Reuters ha hablado con cinco residentes del interior de la ciudad que lograron escapar hace unos días. Todos relatan que las condiciones de vida son las más miserables desde que Estado Islámico sitiara y conquistara la ciudad.

"Los yihadistas de Daesh son cada vez más hostiles y están más paranoicos. No nos dejaban salir de casa. Todo aquel que sale de casa cuando no está permitido hacerlo es interceptado e investigado", explica Abu Ahmed, quien se refiere a Estado Islámico por su acrónimo árabe. "Sentimos que estamos viviendo en el interior de un féretro cerrado.

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Ramadi es una capital provincial situada en el fértil valle del Éufrates, a unos 120 kilómetros de Bagdad, y ha sido una de las conquistas más significativas de EI del último año. Si el ejército iraquí logra revertir la situación y reconquistar la ciudad, significaría una victoria colosal tanto para ellos como para sus aliados, entre los que se cuentan Estados Unidos e Irán.

El relato del implacable reinado de los combatientes yihadistas de Estado Islámico, revela también la inquietud de los residentes suníes. Algunos de ellos, de hecho, estuvieron aquí hace más de una década, cuando las tropas estadounidenses invadieron Irak y derrotaron a las tropas sobre cuyas cenizas se ha levantado y propagado el autoproclamado Estado Islámico.

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Sheikh Khatab al-Amir, quien todavía sigue en contacto con miembros de sus filas en el interior de Ramadi, cuenta cómo los movimientos de la insurgencia en el interior de la ciudad son cada vez más reducidos.

"Los yihadistas han dividido Ramadi en un grupo de pequeños segmentos, y han prohibido que los civiles puedan transitar de uno a otro. Lo hacen porque sospechan que cualquiera de ellos podría ser un espía o trabajar como informador para las fuerzas de seguridad", explica.

Sheikh cuenta que a medida que el trato dispensado por los yihadistas se endurecía cada vez más, muchos vecinos empezaron a colaborar con las fuerzas de seguridad.

Los vecinos cuentan que los yihadistas han redoblado la presencia de sus agentes motorizados en el centro de la ciudad. Estos patrullan las calles de Ramadi en busca de civiles que estén hablando por sus móviles, que han sido prohibidos en los territorios controlados por Daesh. Los terroristas también vigilan todos los edificios altos y vacíos que recorren la ciudad.

"Los yihadistas nos están asfixiando cada vez más. Nos tratan como a prisioneros", cuenta Abu Ahmed. Ahmed se comunica desde el terrado de su casa, donde tiene acceso a una cobertura precaria. Lleva una caja de cartón por montera para eludir así ser interceptado por las patrullas de Estado Islámico.

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"Tengo que colgar. Ya oigo cómo se acercan las motocicletas de Daesh. Podría perder mi cabeza si…", dice Abu Ahmed. Y deja la frase a medio acabar.

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Los suministros de comida entraban en la ciudad por el oeste, sin embargo, desde el despliegue del cerco iraquí, los vecinos están sobreviviendo a base de escasas raciones de verduras y de la harina racionada distribuida por los yihadistas.

"Estamos comiendo pan duro y tomates podridos", explica otro vecino que prefiere que solo se le identifique por su nombre de pila, Omar y que le pide encarecidamente a Dios que le salve a él y a su familia. "Siento que al final me veré obligado a matar a nuestro gato. Hace años que lo tenemos. Pero parece que pronto nos quedaremos sin nada que llevarnos a la boca".

Los cortes en el suministro de gas natural y de keroseno han obligado igualmente a los vecinos a quemar pedazos de madera para combatir el frío. Algunos, de hecho, cuentan cómo los guerrilleros yihadistas han empezado a recolectar ramas y troncos de árboles en los patios interiores de los edificios, para que las familias los pueden emplear para cocinar.

Hasta hace poco, Estado Islámico facilitaba el combustible necesario para alimentar los generadores eléctricos de los vecinos, sin embargo han dejado de hacerlo. De tal forma, ahora muchos vecinos se quedan desprovistos de electricidad durante muchas horas del día.

"La cara oscura de Daesh ha terminado por salir a la superficie. Están tratando a las mujeres como a animales. Ahora siento que he vuelto nacer. Es como si antes fuera un esclavo", cuenta Um Mohammed, un profesor de física que huyó de Ramadi este domingo pasado. Mohammed huyó en compañía de su madre y ahora ha encontrado refugio al sur de la ciudad.

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Las autoridades locales y los líderes de las comunidades calculan que actualmente quedan entre 1.200 y 1.700 familias atrapadas en Ramadi.

El gobierno hizo un llamamiento la semana pasada para que abandonaran la ciudad, sin embargo varios residentes han informado a la agencia Reuters, que los combatientes yihadistas les están impidiendo que lo hagan. Todos aquellos a los que se intercepta cuando intentan huir son detenidos y el cabeza de familia se expone a ser ejecutado solo para enviar una señal de advertencia al resto de sus consanguíneos.

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Algunas familias han conseguido escapar a través de una ruta controlada por las fuerzas de seguridad al sur de la ciudad, en su periferia. Sin embargo, una vez advirtieron lo que estaba sucediendo, los yihadistas apostaron a francotiradores. Estos están abatiendo a todo el que intenta escapar.

Ahmad al-Assafi consiguió huir a mitad de noviembre tras pagar 1.000 dólares a un taxista. Este tenía algún que otro contacto entre los combatientes yihadistas y le ayudó a escapar. Según al-Assafi la proximidad de las tropas iraquíes estaba empezando a afectar la moral de los terroristas.

"Daesh cuenta fundamentalmente con motocicletas para eludir los bombardeos aéreos, y han destacado a varios terroristas suicidas en varios lugares de Ramadi. Se les nota realmente tensos", explica.

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Las fuerzas iraquíes avanzan paulatinamente por el extrarradio de la ciudad, aunque siguen negando que haya enormes números de civiles inocentes atrapados.

"Estamos obligando a los terroristas a replegarse hacia los extremos de la ciudad y nuestras tropas están cada vez más cerca", comenta Sabah al-Numani, portavoz de las fuerzas antiterroristas iraquíes, destacadas al oeste de Ramadi. "Todas las familias que quedan en Ramadi son las de los terroristas o las de aquellos que les apoyan".

Varios residentes han afirmado que pese a desean deshacerse de la presencia de Estado Islámico, tienen miedo de que se les acuse de apoyar a los terroristas si la ciudad llega a ser reconquistada. "Yo solo quiero que esta pesadilla se termine lo antes posible, pero me temo que lo que pase luego pueda ser peor", cuenta Omar, padre de dos hijas. "Nos convertirán en los chivos expiatorios".

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