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Siria

Hablamos con Simav Berdixan, la profesora que captó con su cámara el horror del pueblo sirio

"Si tú estuvieras en Homs, ¿qué es lo que filmarías?", es el punto de partida del documental "Syria Self Portrait", un retrato crudo y salvaje de la guerra vista a través de los sirios con fragmentos tomados de Youtube
19.3.15
Simav con algunos de los niños en el campamento de Atma. Imagen vía Facebook

La guerra en Siria se eterniza sin que se vislumbre un fin a la vista. Tras cuatro años de conflicto, el régimen de Bashar al-Asad permanece en el poder, el país vive en asedio permanente y el espíritu de aquella 'primavera árabe', que prendió las revueltas de 2011, yace sepultado entre ruinas, bombardeos y el polvo de ciudades completamente arrasadas como Alepo u Homs.

El 15 de marzo de 2011 miles de personas salieron a las calles en la ciudad sureña de Daraa (Siria) para reclamar más democracia y derrocar, sin éxito, el régimen de Bashar al-Asad. Pero aquella llama de cambio y regeneración es difícil de encontrar en un país inmerso ahora en una oscuridad literal. Según un estudio de la Universidad de Wuham, el 83% de las luces que iluminaban las calles y las casas se han apagado desde el inicio del conflicto. Pero la ausencia de luz es sólo un símbolo del horror y la destrucción que acompaña esta guerra, considerada ya como la peor crisis humanitaria de los últimos tiempos. A su paso, unas 220.000 personas han perdido la vida: entre ellos, más de 100.000 civiles. Y se estima que casi 4 millones de sirios están refugiados en países vecinos como Turquía, Líbano, Jordania o Egipto.

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Además, la barbarie siria se ha agravado en los dos últimos años con la irrupción de grupos islamistas radicales, como el Estado Islámico, que han fragmentado a la oposición, tomado parte del territorio y multiplicado la violencia.

El sufrimiento sirio —más allá de las cifras, los datos y las estadísticas— se filtra a menudo a través redes sociales y páginas web que alojan gran cantidad de material audiovisual grabado por ciudadanos anónimos a pocos metros de la tragedia. Es el caso de Wiam Simav Berdixan, una profesora de primaria kurda cuyos vídeos son una parte fundamental del documental "Silvered Water: Syria Self Portrait", presentado en la pasada edición del Festival de Cannes. La película, de Ossama Mohammed, constituye un testimonio crudo y salvaje de la guerra vista a través de los sirios a partir de 1001 fragmentos tomados de Youtube, y otros registros de la propia Simav.

"Si tú estuvieras en Homs, ¿qué es lo que filmarías?", fue el mensaje que le envió la Simav a través de Facebook al director, que reside en Paris. Así, desde 2011, empezaron a chatear, a intercambiar visiones y capturas: él, desde Europa, tratando de explicar la revolución desde el exilio; y ella, desde el terreno, en Homs, su ciudad natal. El documental describe sin filtros y con brutalidad las torturas a civiles, los ataques por parte del régimen, el cruce de los que sobreviven con los cuerpos agonizantes o el llanto desconsolado de madres que han perdido a sus hijos.

El testimonio, visual y escrito, de esta activista siria supone un documento revelador en un país donde informar resulta una tarea cada vez más arriesgada para los periodistas. Según el Comité para la Protección de Periodistas, al menos 81 reporteros han muerto en este país desde que empezó la guerra. En el cuarto año de conflicto, VICE News ha querido abordar una parte de la guerra civil en Siria a través de los ojos y las impresiones de Simav cuya situación personal ha cambiado mucho desde que se empezó a forjar la idea del documental en 2011.

"En pocos días, hará tres años que no veo a mis padres y a mi hermana. Vivíamos a dos calles, pero unos combatientes del régimen de al-Asad tomaron la calle donde yo vivía, y que me separaba de mi familia"

Ahora, Simav, vive sola en el campo de refugiados de Atma, en la región de Edleb, en el norte de Siria. La última vez que estuvo en Homs fue el 12 de mayo del año pasado. Nos lo explica a través de una plataforma de mensajería instantánea sorteando la mala conexión a Internet.

"En pocos días, el 28 de marzo, hará tres años que no veo a mis padres ni a mi hermana. Vivíamos a dos calles, pero unos combatientes de régimen de al-Asad tomaron la calle donde yo vivía y las que me separaban de mi familia. Si cruzaba esas calles me mataban seguro, así que me vi forzada a abandonar Homs y a venir al campo. Quiero regresar a Homs y verlos. Tengo miedo de que cuando llegue, ya no estén vivos".

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Mientras espera ese momento de reencontrarse con los suyos, Simav se dedica a hacer clases de inglés todas las tardes a chicos de entre 3 y 20 años. Según alertan algunas instituciones como Save The Children, UNICEF o ACNUR, la escolarización en Siria ha caído más del 50% durante la guerra, algunos niños sirios hace cuatro años que no van a la escuela, y Simav está tratando de remediarlo en el campo donde ahora vive.

"No es que yo sepa inglés, estoy aprendiendo con ayuda de un traductor y mi memoria. Intento aprender las palabras y frases más importantes y se las enseño a ellos. La gente joven y los niños tienen ganas de seguir aprendiendo, para mí ese es el auténtico significado de la revolución. Aún tenemos esperanza".

Simav, que en Facebook cuelga muchas fotos con sus grupos de estudiantes en el campo, cuenta que planea organizar un festival de música y canciones para los más jóvenes. "Es importante que esta generación de chicos que están viviendo esta desgracia sigan aprendiendo", explica. Con este mismo propósito, una coalición de organizaciones han puesto en marcha la campaña No Lost Generation (no a la generación perdida) que clama a los gobiernos para que luchen por la educación de los niños y niñas sirios.

"Quiero permanecer en Siria, dando clases o haciendo algo, pero cerca de mi pueblo y luego me gustaría poder regresar a Homs… donde nuestros vecinos nos están esperando", reflexiona.

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Para Simav, la opción de marchar del país "es la más segura", pero asegura que nunca se le ha pasado por la cabeza "por ser honesta consigo misma y por respetar a su pueblo". "Solo he salido de Siria para actividades relacionadas con el pueblo sirio, pero siempre regreso".

La primera vez que esta joven de 35 años vio la película, en Cannes, rompió a llorar: "Miré a mi alrededor y vi que no había nadie de Homs ahí. Me sentí sola. El mejor momento fue cuando conocí en persona a Ossama, con el que llevaba chateando desde el 2011".

A Simav le gusta acercarse a los muros derruidos por los bombardeos y dibujar mensajes de paz y esperanza. "El sol aún brilla", reza uno de ellos. Es la forma, dice, de mantener viva la revolución. "Queremos enseñar a nuestros hijos el significado de la belleza y la resistencia. Aunque vivimos en guerra, aunque la guerra está aquí, aún hay esperanza". En un fragmento concreto de Syria Self Portrait, Omar, un niño sirio, rescata de entre los escombros una flor y luego pregunta a Simav, con una tranquilidad pasmosa, "¿Hay un francotirador allí?". El cruel sinsentido de vivir en guerra.

Refugiados sirios en el Líbano. Ver el documental aquí  
Yihadistas británicos en Siria. Ver el documental aquí

Sigue a Anna Pacheco en Twitter: @annapacheco__