Música

'Somos Lengua': No todo el rap es para reírse…

Platicamos con el director de 'Somos Lengua', un documental que captura a quienes llevan hasta las últimas consecuencias el poder de las palabras.
R
por Rulo
16.11.17
Gomitoz.

El hip hop se estableció en México desde hace décadas. Pero solo dos de sus cuatro elementos pueden presumir visibilidad. Por un lado, el graffiti que adorna (o arruina, dependiendo a quién le preguntemos) paredes y paredes y paredes a lo largo y ancho de la República. Por el otro lado, el breakdance, que durante los 80 tuvo una breve omnipresencia dentro de la televisión mexicana. Hasta El Show del Loco (con Manuel Valdez) presentaba crews de b-boys cada semana.

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Por debajo de la superficie, los elementos musical y lírico de esta cultura siempre han existido. Ocasionalmente se han infiltrado en la corriente principal (Control Machete a finales de los 90, C-Kan en estos tiempos), aunque nunca se convirtió de manera definitiva, como en el resto del mundo, en pop. En las calles se ha mantenido a salvo. Y más que eso, ha florecido espectacularmente.

De eso se trata Somos Lengua. Es un bellísimo, vibrante y conmovedor retrato del rap mexicano. No de su historia, ni de su cronología. Son retratos que capturan a quienes llevan hasta las últimas consecuencias el poder de las palabras. De los que usan este lenguaje como una forma de resistencia. De los que no tienen nada más que su voz y levantándola enfrentan el mundo. De los que lo usan como escape ante la exacerbada violencia cotidiana del México actual con el cual es imposible sentirse conforme. De chicos y chicas en Guadalajara, Monterrey, Aguascalientes, Torreón, Gómez Palacios, DF y otros lugares que riman, hacen ritmos, batallan, rayan muros, se imaginan otra realidad —mejor que esta—, se divierten y tratan de encontrarle sentido a la vida utilizando esta forma de música.

“La calle es de quien conoce sus códigos”, dice Menuda Coincidencia en una escena de Somos Lengua. Esta película es una guía perfecta para navegar entre esos códigos. Esta es una conversación con su director, Kyzza Terrazas.

Kyzza Terrazas.

VICE: ¿De qué dirías que se trata tu película? No es la historia del rap mexicano. Es una colección de retratos que abarca mucho, pero no todo.
Kyzza Terrazas: Yo diría que es un intento de retratar la práctica del rap, en qué consiste, quiénes lo hacen, de qué manera los ayuda a vivir. Y todo eso está fundamentado en el uso creativo del lenguaje.

Los personajes que salen a cuadro, la mayoría, casi sin excepción, son fascinantes: por su talento, por la manera en que reflejan un lugar y un momento. Son gente de la que difícilmente puedes despegar la vista y en este caso los oídos.
Estás describiendo lo que fue mi experiencia al hacer la película, al emprender el proyecto. Desde esos primeros momentos, incluso antes de verlos o escucharlos hablar, ya había algo fascinante ahí. Eso fue lo que me impulsó a hacer este proyecto, y ya una vez al encontrarme con todos estos chavos y chavas, los vi desde el principio con una gran admiración. Sean buenos o malos raperos, eso que lo decidan los que saben. Pero lo que hizo un poco el montaje de la película y cómo decidimos incluir a unos sí y a otros no fue pensar: ¿Con quién quiero pasar más tiempo y quién está más allá de lo que dice? ¿Quién está padre de ver? La reunión de todas estas caras juntas en una película es interesante, juntar a todos estos morros en una sola película ya es algo.

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Hace treinta años en el mainstream estaba el brakedance en todos lados, y el graffiti siempre ha estado presente. Son dos de los cuatro elementos del hip-hop pero desarticulados, cada uno por su lado. Era raro que se juntaran con el DJ, con el que riman.
Incluso si hablas con grafiteros, muchos te dicen que la neta al principio no les gustaba el rap. A mí siempre me ha gustado mucho. Al comenzar a pensar en este proyecto dije: “No conozco ni madres de lo que se hace y seguro hay un mundo cabrón”, y fue así que di con Feli Dávalos, editor de Noisey en Español. Yo no lo conocía personalmente. Conocía alguno de sus poemas, sabía que estaba clavadísimo con el rap, sabía de su programa, y fue así que lo contacté. Le dije que empezaba esta investigación, que me recomendara cosas y me mandó un par de textos que había escrito, me mandó referencias. Me mandó rolas. Empecé a escuchar eso y de inmediato me resultó profundamente estimulante y supe que este era un mundo que nadie había visto. Me refiero a nadie desde el mundo del cine o en mundos fuera del hip-hop. Desde el principio le dije a Feli de hacer un documental, y se prendió mucho y me dijo que era un sueño. Y así fue, sin tener una idea clara de lo que iba a ser la película, empezamos a hacer unas sesiones de investigación: fuimos a grabar algunos conciertos, algunas batallas, a casas de algunos raperos, a sentir un poco ese mundo. Ese fue el chispazo.

¿En qué momento descubriste de qué iba a ser la película?
Desde un principio, desde las primeras intuiciones, supe que quería que fuera acerca del lenguaje. No me interesaba hacer una historiografía, no quería explicar los orígenes del rap en México, a pesar de que eso era algo importante que había que conocer. Quería hacer una película de la relación de estas personas con el lenguaje. Mi hipótesis era que el rap los transforma y los hace vivir de otra manera. De eso trata la película, de cómo el hip hop otorga a quienes lo practican unas herramientas muy diferentes para sobrevivir en este mundo de escombros en el que estamos.

En México, salvo algunas excepciones, el rap no ha sido parte de la corriente principal. ¿Tienes alguna teoría al respecto?
Es una gran pregunta. Lo que yo he encontrado es que hay un desdén… No sé si sea cultural, racial o de clase. Hay un estereotipo que está en la mente de todos nosotros, hay una concepción muy equivocada, incluso de parte de la gente que está en posiciones de poder como para lanzarlo más al mainstream, o como quienes organizan los conciertos. Acabamos de liberar el teaser de la película y la respuesta en las páginas está muy cabrón, yo nunca me había enfrentado a algo así. Hay un mundo ahí que el status quo no voltea a ver. Por eso nos fue tan fácil hacer la película, porque todos estos güeyes están ávidos de que les hagan caso.

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¿El reggaetón no es la transformación del hip-hop que le permitió entrar corriente principal? Estéticamente no es igual al hip-hop, pero tiene muchos elementos que coinciden.
Sin duda, tienes toda la razón. Digamos que sería el rap latinizado en un ámbito comercial, pero creo que si hay un vato que escucha reggaetón, le pones una rola de rap hardcore, digamos más clásica, no la va a aceptar, le va a faltar algo. El reggaetón es algo más marketeable, al menos en el mundo en el que vivimos.

Neto Reyno.

¿Tuviste alguna epifanía al hacer la película, algo que te sorprendiera al grado de sacudirte?
Me costaría trabajo hablar de una cosa. Siempre me he embarcado en proyectos que tienden a lo oscuro, lo desesperanzador. Y desde muy iniciado el proceso, en las primeras conversaciones con estos morros había algo en ellos, en su forma de llevarse en la vida y en esta relación tan directa, tan chida con el lenguaje, sin mediación. Al principio no lo sabía poner en palabras pero era profundamente esperanzador. Es decir, la humanidad sobrevive a pesar de todo. No era porque estuvieran rapeando de cosas edificantes necesariamente, era descubrir que estos güeyes mucho más jóvenes que yo, estaban en pequeños estudios, en colonias que ni conocíamos, en Torreón, en todos estos lados a los que fuimos, haciendo cosas, siendo creativos y siendo —es una palabra difícil— felices. Cuando empezamos este proyecto justamente fue en el clímax de lo más jodido que hemos estado viviendo, de los últimos años, en México, de violencia.

¿Crees que el rap mexicano está reflejando puntualmente la manera de vivir en México?
Yo creo que sí. No creo que la gente que­ hace rap se proponga eso en especial. Hay varias corrientes; están los que quieren sobrevivir y llevar esto a un nivel mucho más alto en términos de producción y de mercado. Están también los que subrayan el aspecto social o político o de liberación. Hay todas la corrientes posibles y también se hace en todas las clases sociales, entonces de alguna manera creo que sí refleja lo que sucede en el país. Como es una práctica tan individual refleja esa diversidad. Un grupo de rock es gente que se preocupa por hacer un producto y aquí [en el rap] un chingo de mentes enloquecidas, otras más cuerdas, unas más políticas, unas más fresas, otras más raspa. Yo creo que refleja no sólo México sino el mundo en el que vivimos.

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¿Encontraste un hilo conductor entre toda la gente que hace rap?
Creo que a pesar de haberle dedicado todos estos años al rap y haber hecho esta película, hablar del rap mexicano me cuesta mucho trabajo. No creo que pueda ser una voz de autoridad en el tema. No es algo especifico de México, sino en general del rap, que tiene una relación muy directa con la realidad. A pesar de que hay un rap que se debraya, medio poético y existencial, finalmente acabas hablando de lo que tienes a la mano. Todas estas personas de lo que hablan es de sus vidas.

Manotas.

Una buena parte del hip-hop tiene, en mayor o menor medida, algo de misoginia. En tu película le das un buen espacio a las chicas que rapean.
Sí, ese es un gran tema. Fue una gran incógnita la manera de meterlo a la película. Siempre tuve muy claro eso, siempre pregunté acerca de eso. Es algo que siempre hablé con Ximbo, una de las cómplices más chidas de este proyecto; siempre estuvo muy dispuesta. Ella es una de las pioneras del hip-hop en la Ciudad de México. Es muy seria con el hip-hop, es mujer, es mamá y tiene una postura al respecto. Y a diferencia de otras industrias culturales, en el hip-hop la mujer cuenta por lo que vale, no por sus looks. Creo que es una percepción falsa la misoginia como algo privativo o exclusivo del hip-hop. Siendo un género comprometido con la realidad inmediata de quien lo ejerce, tal vez es más un reflejo de las sociedades donde se practica. Pero es un hecho que el porcentaje de chicas en la película es menor que el de los chavos, y es que ese es el porcentaje de chavos que rapen contra chavas que rapean. No es una cosa equitativa en la realidad, entonces yo no me iba a poner cuota de género y ponerlos al mismo nivel porque no es la realidad. Al final, decidí tratar de representar el problema de una manera sutil. La película es de ideas, abstracciones, retratos y cuando empezaba la discusión [de la misógina] regresábamos a la realidad, a una cosa temporal, del momento y no me gustaba esa sensación. Quería mantener la sensación de algo más etéreo y universal, y no ceñirlo a una discusión. Me parece un tema absolutamente pertinente y muy importante discutirlo, no solo entorno al hip hop sino en la vida en general.

Me parece muy solemne, dogmático esto de “ser real”.
El hip hop tiene algo que lo define como cultura: unas directrices morales muy marcadas, reglas escritas o no escritas que son más cabronas que en el rock, pero es más abierto. Pero mantenerlo real es una manera de hacer énfasis en la honestidad como ética del artista. Que también es un bonito ejemplo para otras industrias culturales.

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Hay un momento en la película en que sugieres una conexión entre los corridos y el hip-hop.
Sin duda. En México hay un chingo de tradiciones orales, el corrido no es la única, que tienen que ver con el rap. Al final hay otra escena donde está un rapero con un decimero. Las estructuras de un corrido y un rap pueden ser muy similares. Las dos cuentan historias, hay vasos comunicantes.

Me puedes hablar de la parte técnica ¿Cuánto te tardaste en hacerla, cuántos cortes hiciste?
Nos tardamos, desde las primeras conversaciones hasta acabarla, como tres años y medio. Lo primero fue filmar para hacer montaje de unos diez minutos con el cual comenzamos para acompañar nuestra propuesta de película y buscar presupuesto. Y después no sé cuantos cortes hicimos de la película, pero empezamos a rodar en 2014. Uno de los retos que teníamos era reflejar esta diversidad de personajes, que eso era lo interesante. No sé la cantidad de cortes que hicimos. El proceso de montaje es muy diferente en un documental, entraban cosas, quitábamos otras. La estructura permite cualquier cosa, es un infinito.

¿Y cómo decidiste que la película ya estaba terminada?
Decidí acabarla cuando sentí que ahí estaba casi todo lo que me interesaba que estuviera plasmado, las emociones que yo había sentido, y que estuviera bien representado lo que habíamos visto. Y también en el momento en que dejé a un lado la pretensión de que fuera algo que abarcara todo. En el momento en que me liberé de eso, dije “Esto es la película”.

Somos lengua se estará presentando en los siguientes días.

CASA DEL CINE:
Del 17 al 23/11: 18 horas.
Del 19 al 23/11: 20 horas.

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CINEMANÍA:
Del17 al 23: 13:30 y 20:30.

SALA 8 DE LA CINETECA NACIONAL:
Viernes 17: 19: 15 hrs.
Sábado 18: 19: 15 hrs
Domingo 19: 19: 30 hrs
Lunes 20: 19: 15 hrs
Martes 21: 18: 30 hrs
Miércoles 22: 19: hrs
Jueves 23: 19: 00 hrs

CINE TONALÁ ROMA SUR
A partir del 1º diciembre.

PARQUE LA CEIBA, PLAYA DEL CARMEN:
22/11: 8 pm.

CINETECA TULANCINGO:
17 al 23/11: 5 pm y 7 pm.

CINE TONALÁ TIJUANA:
VIE. 17 – 20:00 h
DOM. 19 – 17:30 h
VIE. 24 – 16:00 h
JUE. 30 – 19:30 h