Sodome es un sauna gay que lleva funcionando diez años en la Ciudad de México. Es fácil llegar, está justo frente al deportivo Chapultepec. Estoy sentado afuera esperando a Gabo, el dueño del Sodome, quien por la tarde me hizo una advertencia. “Lleva bermudas, para que no te mueras de calor”. Escogí unas negras, ligeras y me llegaban hasta la rodilla.
Después de esperar unos minutos llega Gabo. Entonces pasamos.
Adentro todo está muy ordenado. Me dan una pulsera con llave para mi locker. Ese número sirve para ir apuntando las chelas. También hay chance de alquilar cuartos privados. Gabo me invita un trago y me lleva a dar el rol.
En la planta baja está la barra y un jacuzzi gigante. Este jacuzzi es en el único lugar de todo el antro en donde está prohibido coger. Aquí no hay cuartos oscuros. La mediocridad no cabe en este sitio. Son laberintos y apenas si hay luz, una muy tenue para que nunca te sientas obligado a hacer algo que no quieres con quien no se te antoja.
Gabo es arquitecto y diseñó este lugar, construido donde antes había una sucursal de la Antigua Fonda Santa Anita. Gabo ha visitado antros parecidos al suyo en todas partes del mundo: “Hice un antro de acuerdo a mis gustos”, dice y me explica que está diseñado para encontrar gente. Para caminar con un trago en la mano y poder ver a los ojos a los que vienen en sentido contrario. Un antro hecho no sólo para ligar, sino para cogerte a tu ligue de la noche.
Mi anfitrión me enseña una pared con once agujeros colocados a distintas alturas, para que sin importar tu tamaño te la puedan chupar desde el otro lado. En Sodome los pisos son de epoxica para que la gente no sufra resbalones, hay área de fumadores con pantallas, mesas y sillones para ver cine porno que nunca deja de correr. Por todo el lugar hay flores frescas, rosas de castilla, orquídeas y otras cosas discretas y elegantes.
Al lugar sólo se le permite la entrada a una mujer, y ella es indispensable para la fiesta. Su nombre es Angy y se encuentra en el segundo piso. Es paramédico y no se va de aquí hasta que se va el último cliente. Me cuenta que la urgencia más recurrente es atender cortadas o lesiones leves por caídas, aunque una vez a alguien se le cruzaron los poppers, que están prohibidos aquí, y los tres Viagra que se chingó.
La filosofía del Sodome, según su propio inventor, es que cojas rico pero seguro. Aquí hay seguridad aunque no la pidas, por todos lados hay condones en abundancia para que la decisión quede de tu lado. Si quieres coger sin protección es bajo tu propio riesgo. Este antro también trabaja con algunas ONG’s y hay pruebas rápidas de VIH. Sodome tiene siete años colaborando con estas organizaciones y diez funcionando.
Todo el año hay promociones. En mayo, si mides menos de 1.70 metros, pagas la mitad, porque es mes de la madrecita. Si llegas ya de mañana, sólo pagas la mitad. Aquí conviven las edades y los gustos.La única razón por la que se impediría el paso es por que llegues hasta la madre. No existe el VIP.
Para amenizar la noche llega la Supermana, quien reúne las miradas del antro en segundos. Su atuendo rompe con el de todos a su alrededor. Botas largas hasta el muslo, leotardo azul, capa rosa, diadema y esponjas en las tetas. Se seca el sudor de la frente con una de las esponjas y enseguida la devuelve a su lugar. Durante su show le echa carrilla a los asistentes, en especial a uno: “Tú, la que se quitó los ojos”, le dijo a un hombre tímido señalándolo. Luego le pregunto si había cogido. "¿Con la verga o con el ano?" volvió a indagar. "¿Cuántas vergas has mamado? ¿Alguien quiere que se la mame el joven?"
En cuanto termina el show subo al privado a platicar con la Supermana y unos amigos. Eran las cuatro de la mañana cuando decidí cerrar la noche y salir del lugar. Tenía mucho sueño, pero la experiencia de haber estado en un lugar como este hizo que no durmiera en toda la noche.
La versión original de este artículo fue modificada el 8 de junio de 2018. Algunas de las fotos fueron retiradas para mantener la privacidad del lugar y los personajes.