la pregunta del día

"Me dejó vomitado, descorazonado y sin dinero en Mazatlán": ¿Cuál ha sido tu peor experiencia en vacaciones?

Es deprimente regresar a trabajar, pero es devastador regresar de unas vacaciones deprimentes.
Todas las fotografías por el autor. 

Siguiendo con la terrible cruda generada por regresar a la escuela, oficina o simplemente a casa después de las vacaciones, solamente puedo pensar una cosa: de perdida me la pasé bien. Pero, ¿qué tal cuando tienes que regresar a tu casa después de haber vivido una experiencia horrible? De alguna manera, a todos nos pasan pequeños accidentes mientras estamos de vacaciones. En una ocasión me dieron el cuarto de hotel incorrecto y encontré a unas personas ‘haciendo el amor’. No fue nada traumático, pero sí fue incómodo encontrármelos durante el desayuno al día siguiente.

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Me lancé a las calles de la CDMX a preguntarle a algunas personas si habían tenido experiencias similares:

Ana Paula, Escritora, 26 años

Más que una mala experiencia, esta fue una desventura por forzada. Hace dos años, en verano, estaba en Playa del Carmen y me coordiné para verme en Puerto Escondido con un amigo que estaba en Cancún y con otro de San Luis. Cada quien desde su lugar. Yo ya estaba en la carretera hacia la Ciudad de México cuando lo decidimos, así que me bajé en la terminal de Villahermosa, el problema fue que llegué ahí a las tres de la mañana y no había lugares sino hasta las tres de la tarde del día siguiente. No tuve de otra más que dormir ahí en la terminal de camiones, sobre mi maleta, temblando de frío porque venía de la playa y estaba en shorts a esperar que saliera el siguiente camión.

Afortunadamente, como a las 12 del día siguiente, una amiga me dijo que estaba en Villahermosa y me pude dar un baño antes de salir de nuevo hacia Puerto Escondido.

Gerardo, 30 años

(Gerardo prefirió permanecer anónimo)

En 2014 había cumplido dos años con mi novia de ese entonces. Mi idea fue sorprenderla con un viaje a Mazatlán para su cumpleaños. Llegando al puerto, la aerolínea perdió mi maleta, pero está bien, “no pasa nada”, pensé. Tomamos un taxi y nos dirigimos al hotel. Resultó que por haber llegado tarde perdimos la reserva.

Terminamos en un hotel de mala muerte y para ese punto ya no quedaba nada que hacer más que tomar. Y así fue. Compré dos botellas de tequila y casi nos las terminamos. Después de un rato decidimos echar patadas (tener sexo) y a los pocos minutos de haber empezado vomité en su espalda. Le pedí perdón y me fui corriendo al baño donde vomité más. Cuando desperté ella ya no estaba, "se fue al aeropuerto", me dijo el gerente del hotel. La intenté localizar pero no tuve suerte. Me dejó ahí, vomitado, descorazonado y sin dinero en Mazatlán. No la volví a ver.

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Joanna, 28 años

El año pasado durante el AcaMoto 2017, fui con mi esposo a un crucero en Acapulco. Como puedes ver, él y yo estamos tatuados por todo el cuerpo. Sigo sin entender bien la conexión, pero eso se convirtió en un problema cuando quisimos abandonar el barco para turistear por la costa y la ciudad. Los trabajadores del crucero nos alarmaron terriblemente sobre cuerpos de chilangos (gente de la Ciudad de México) destazados aparecidos en Acapulco y que los tatuajes nos hacían parecer posibles blancos para estos criminales.

No sé si fue por el susto, la alarma o porque nos gustan y tenemos tatuajes pero no pudimos abandonar el crucero hasta que terminaron las vacaciones.

Adán, Community Manager, 27 años

París, 23 de diciembre de 2016. Llegando al departamento que una prima me prestó, después de caminar todo el día, decidí abrir Grindr para matar el tiempo. Gustavo, un turista español, me saludó con un “hola, güey”, motivado claramente por la bandera de México que yo tenía en mi perfil. Después de una plática muy breve, caminé una calle para llegar a donde se hospedaba. Un té, muchos cigarros y un faje después, quedamos en pasar la Navidad juntos porque #FuerzaHispanohablante.

Al día siguiente, sin familiares ni amigos cerca, recibí un mensaje de Gustavo: "Te escribía para saber si tú tienes otro plan… es que me invitaron a una fiesta… es un piso pequeño y pues… bueno, ya hablamos luego".

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De pronto me vi completamente oprimido por una enorme sensación de soledad en una ciudad extraña. Y bueno, así es como pasé la peor Navidad de mi vida, metido en la cama antes de las nueve, sintiéndome inseguro y sobre todo avergonzado por tener que contestar a los mensajes de “Disfruta tus vacaciones", "Qué envidia que estés allá", "¿qué vas a hacer?” Afortunadamente el sueño me ganó y ya ni tiempo tuve de ponerme a llorar. Lo mejor fue el último detalle que me dio Gustavo el 25 de diciembre: "Hey, felices fiestas".

Omar Karim, Estudiante, 19 años

Jugaba en las fuerzas básicas de Pumas y nos mandaron a entrenar a Acapulco. Después del entrenamiento terminamos todos llenos de arena, así que me fui a bañar a mi habitación de hotel, la cual compartía con tres compañeros. Cuando salí y busqué mi ropa, me di cuenta que no estaba, sólo había una toalla. Mis amigos se habían llevado todo. Teníamos que bajar a comer, si no, nos metíamos en problemas. Después de esperar un rato, supe que no volverían, así que bajé al comedor, con harta pena, nomás con la toalla. El profesor me preguntó por qué había bajado así, le conté y sólo me dijo que me sentara a comer.

Al terminar, unos de mis compañeros se acercaron y me dijeron: "Tu ropa está junto a la piscina". Me acerqué para tomarla y cuando me agaché, me jalaron la toalla, dejándome encuerado, y me aventaron a la piscina todo paniqueado (asustado) y se volvieron a llevar mi maleta. Así que me quedé adentro del agua sin ropa hasta que pasó uno de los que cuidan la alberca. Le dije: "Hazme un paro, préstame una toalla" y me dijo que sí, pero iba a tener un cargo. "No importa", le dije. Se tardó como diez minutos hasta que regresó con una: "Toma, pero no la puedes mojar". Le expliqué que no podía salirme de la piscina porque estaba encuerado pero no le importó: "No sé cómo le vas a hacer, yo aquí te la dejo, pero no puedes regresarla mojada".

Me preocupé tanto, que una señora se me acercó y me pregunto si podía ayudarme en algo. “Señora, me da mucha pena con usted, pero esto fue lo que pasó”, y le expliqué. Me dijo que me podía prestar un short, pero que era de mujer. Fue por él y cuando regreso, era un short súper cortito. Apenas y me quedó porque estaba chiquito. Así tuve que salir.