Danceteríaz: La generación que bailó contra el conformismo en la Guadalajara de los 90's
Fotografías: cortesía de Facebook Danceteríaz. Administrado por Arnoldo Redondo y Alejandro Dávila.

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Danceteríaz: La generación que bailó contra el conformismo en la Guadalajara de los 90's

La escena electrónica tapatía se abrió paso a contracorriente.

La escena electrónica mexicana no se podría entender sin Guadalajara y sus considerables aportes. La ciudad fue el laboratorio que dio vida a Nopal Beat, colectivo que integró agrupaciones y productores alrededor del sonido Acid Cabaret. La llamada Perla Tapatía también ha sido testigo del surgimiento y desarrollo de la escena psychedelic trance, una de las más importantes en México y el mundo. Por otro lado, en fechas recientes, ha llamado la atención dentro y fuera del país, el trabajo de jóvenes productores basados en Guadalajara, como: Niño Árbol, Schez, Juan Moreno, Fonobisa, Hiram Martínez, Phynx Macario y Carlos Pesina, solo por mencionar algunos nombres.

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Qué decir de venues como el Bar Américas, parada obligada de buena cantidad de DJs y productores nacionales e internacionales. No es casualidad que en el año 2009, la ciudad haya sido considerada por la revista Proceso como capital de la música electrónica nacional. Sin embargo, a diferencia de Tijuana, Monterrey y la Ciudad de México, la expansión de la escena de no fue nada tersa, tuvo que enfrentar por lo menos 10 años de satanización y persecución.

Al inicio de los años 90, la vida nocturna de Guadalajara se caracterizaba por lo convencional de su oferta y por la recurrida practica discriminadora de segmentar a unos jóvenes de otros a partir de su estatus socioeconómico. Por otro lado, la autoridad local imponía un horario de cierre de bares y discotecas que rayaba en lo ridículo: a la 1 am como máximo se daba por concluida la fiesta. Espacios alternativos como el icónico Roxy, se convirtieron en clientes frecuentes de los inspectores del Ayuntamiento: la falta de permisos, la alteración del orden e incluso el ataque a las buenas costumbres, eran los argumentos que justificaban la colocación de sellos de CLAUSURADO a la menor provocación.

Ante tan desolador panorama, la respuesta no se hizo esperar. El 29 de enero de 1993, en el fraccionamiento La Calma, tuvo lugar la primera de las llamadas Danceteríaz, fiestas con un concepto nunca antes visto en la ciudad: se desarrollaban en sitios abandonados, la locación se daba a conocer vía telefónica, no había los códigos de vestimenta clásicos de un bar o discoteca, la gente vestía como le venía en gana y no había distinciones de ningún tipo. La música que se programaba rompió con la tendencia comercial de la época, con Danceteríaz iniciaron las noches ambientadas exclusivamente con electrónica.

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Es Arnoldo Redondo quien retoma el concepto luego de pasar una temporada en Nueva York, en casa de Luis Fernando Rivera, mejor conocido como Popeye (Q.e.p.d.) personaje clave quien adentra a Arnoldo en la intensa y vanguardista escena clubber neoyorquina de principios de los años 90. "De retorno de una temporada que estuve viviendo en Nueva York, la idea surge de Limelight, Palladium y Sound Factory, lugares con música alternativa que integraba performance. (Danceteríaz) Lo iniciamos Jaime Mayo (Q.e.p.d.) yo. Ambos tuvimos dos de los sonidos más importantes en Guadalajara, LAX y MTV", recuerda Arnoldo.

Más adelante se sumarian al staff, Waldo Martínez, Jessica Vázquez, Luis Fernando Rivera, Jason Foster, Álvaro Martín de la Rocha, Sandra López, Toño Ulloa, Alejandro Ulloa, Yolanda Arámbula, Alejandra Ruboli, Patricio Juárez, Sergio Molina (Q.e.p.d.), Jorge HM, Eduardo de la Peña, María Gómez, Támara Hernández, Adriana Hernández, Alejandro Dávila, Jimmy Cobián, Claudia López, Germán Inestrillas, Güicho Mancera, Sebastián Veytia, Eduardo Ojeda, Elena Van Der Veer, Mónica Escutia, Sergio San Miguel, Carlos Padilla y Luis Horacio Padilla.

Es importante resaltar la relevancia y el aporte de Jorge HM (Calambrin), DJ oficial de dichas fiestas, quien para entonces ya contaba con experiencia mezclando en sitios como el mítico Ricks y haciendo radio especializada en géneros como el post punk, ebm e industrial. Jorge ha sido pieza fundamental y un motor que ha dado impulso al desarrollo de la escena de Guadalajara. "La idea de los organizadores era combinar algo de electrónica, rock alternativo y algunos otros géneros de "moda" entonces, en bares y discotecas de Guadalajara. Soy yo quien les sugiere electrónica al 100% y les hago saber que esa es la única manera en la que participaré como DJ, de otra forma, tendrían que buscar a alguien más. Un poco dudosos, pero aceptaron. Danceteríaz fueron las primeras fiestas en la ciudad en las que se programó sólo música electrónica. En aquel momento la llamábamos rave, iba desde house vocal, hasta sonidos hardcore muy representativos de ese momento", afirma Jorge.

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Las Danceteríaz convirtieron las noches de viernes y sábado en pequeños oasis incluyentes, donde el respeto a la diferencia era la pauta. Los organizadores tenían claro qué no podían seguir reproduciendo las mismas prácticas restrictivas de los sitios de moda de la ciudad. "Va en contra de elitismos, racismos y discriminaciones sociales, así como del consumo de drogas", decía el eslogan que aparecía en los flyers que se repartían en la calle, en escuelas, bares y centros comerciales. En el volante se incluía un número telefónico al que se comunicaban los interesados, al llamar se proporcionaba la dirección exacta de la fiesta.

Bodegas, construcciones en obra negra, estacionamientos, casas y edificios abandonados, cobraban vida cada semana por unas horas, los sitios se acondicionaban generando a veces espacios futuristas o urbanos, dependiendo de la temática acordada. El acceso a la fiesta tenía un costo de $30 pesos e incluía dos bebidas. "Mientras los artistas decoraban, los inmuebles eran acondicionados con sonido e iluminación, con salas de muebles y alfombras viejas que eran obtenidos del Padre Cuellar. Al llegar la noche, con todos los elementos funcionando se sentía este aire de mundo o submundo de psicodelia, vanguardia y oscuridad", recuerda Alejandro Dávila (Pelito).

Por su parte Odín Parada, ex integrante de Sussie 4, opina al respecto: "fue antes de los raves, eran fiestas de música electrónica que se hacían con la inocencia de no saber qué estaban haciendo. Definitivamente marcaron pauta con el concepto que era cambiar de casa en cada fiesta".

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Las Danceteríaz crecieron de forma acelerada, semana a semana se sumaban adeptos. Iniciaron con alrededor de 40 personas, en su mayoría amigos y conocidos. Para mayo y junio de ese mismo año llegaron a convocar a más de 1000 asistentes, convirtiéndose en punto de encuentro de la generación que más adelante asumiría un rol protagónico a nivel nacional e internacional en distintos ámbitos de las artes y la cultura. Lo mismo se congregaban músicos, cineastas, deportistas, estudiantes, artistas plásticos, oficinistas… todos conviviendo en igualdad de circunstancias, ni pensar entonces en las aisladas zonas VIP tan en boga todavía en algunos sitios del país.

"En las discotecas y bares de Guadalajara está bien clasificado, 'a este bar va esta gente, de este apellido, y este estatus, en esta discoteca va gente de este apellido y de este estatus, y es muy difícil que se mezcle entre sí la gente de esos dos, tres lugares, porque acá va este tipo de gente y acá este otro tipo de gente'. ¿Qué era lo que pasaba con Danceteríaz? Se mezclaban todos, los de los bares y discotecas, más los que no dejaban entrar a esos bares y discotecas", afirmaba Jaime Mayo en el extinto programa de radio de Alejandro Dávila, La Última Tentación.

Lo que acontecía en las Danceteríaz no tardó en llegar de forma corregida y muy aumentada a oídos de grupos conservadores de Guadalajara y medios afines, entre ellos al ya desaparecido periódico Ocho Columnas. "Los que ahí se congregan, pueden dar rienda suelta a todos sus instintos y aún a sus desviaciones, pues circulan drogas de toda clase. Se auspicia que homosexuales y lesbianas manifiesten sus tendencias, se expende alcohol sin control alguno y no hay, tampoco, limitación alguna para el que ahí quiera degenerarse, siempre y cuando pueda pagar sus excesos de drogas, sexo y satisfacciones anormales", publicaba el diario en un extenso reportaje en tres entregas y sin firmar, titulado: Danceteríaz… degeneración y vicio organizados.

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Para el mes de mayo, el tema ya había escalado a niveles inusitados. En los medios locales se multiplicaban las voces a favor y en contra, las redadas y la suspensión de fiestas fueron en aumento. El tema se convirtió en un asunto de interés estatal. Bares y discotecas denunciaron a las Danceteríaz de practicar la competencia desleal. Por su parte la presión ejercida por organizaciones como la Alianza Fuerza de Opinión Publica (AFOP), coalición integrada por grupos de orientación religiosa, logró su cometido. El entonces gobernador interino Carlos Rivera Aceves buscó a los organizadores de Danceteríaz para exigirles que dejaran de hacerlas. "Traen muchos chismes, un grupo de mujeres moralistas me están presionando, no quiero que sigan haciendo las fiestas", fue una declaración trascendida en la prensa.

Fotografía: vía Periódico Siglo XXI

El asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Guadalajara el 24 de mayo, en un tiroteo entre miembros de los cárteles de Sinaloa y Tijuana, enrareció aún más el ambiente en la ciudad.

El 11 de junio tendría lugar la última Danzetería en Villa Ethel, fiesta que a pesar de contar con el permiso respectivo, el Ayuntamiento de Guadalajara buscó la manera de cancelarla.

El 28 de junio, el entonces alcalde de la ciudad, Alberto Mora López, lanzó un ultimátum a los organizadores, haciendo hincapié en que se les fincarían responsabilidades penales en caso de que se aventuraran en realizar una fiesta más. "Los tapatíos tenemos una manera muy tradicional de ser y sobre todo, sí tenemos criterio amplio, pero también somos por fortuna, celosos, primero de nuestras familias, luego de nuestros valores tradicionales, y sobre todo que cualquier sociedad que se precie de tener principios solidos de moral, inmediatamente se inconformará cuando vea que haya cualquier hecho que altere la vida moral y segura de los integrantes de su familia", declaraba a la prensa el ex alcalde.

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Al día siguiente de que el ex presidente municipal lanzara su advertencia, los organizadores de Danceteríaz convocaron a una rueda de prensa para fijar su posición al respecto. En aquella conferencia se dieron por concluidas las fiestas y se informó que se habían amparado ante cualquier posible acción legal en su contra, de parte del Ayuntamiento. "Esto empezó como un hobby y fue creciendo. Nos dijeron 'reglaméntense' y buscamos la manera de reglamentarnos. No era de ninguna forma algo clandestino, porque anunciábamos dónde iba a ser y no ocultamos nada. No hubo nunca un pleito, ni violencia, nunca se detectó un arma, tampoco se promueve la homosexualidad, íbamos contra el racismo y el elitismo", declaraba entonces Arnoldo Redondo.

Por su parte, Luis Flores, miembro fundador de Nopal Beat opinaba sobre las Danceteríaz en entrevista para Boiler Room, "se hizo tan popular porque era una cuestión muy incluyente sin ningún tipo de prejuicio, como deberían de ser las cosas. De repente había de los weyes más fresas hasta un travestí. La tacha era nueva y todo mundo estaba en la buena onda. Agarró tanto tamaño lo que estaba pasando que algún padre del Opus con suficiente fuerza metió presión para que cayeran las redadas y pues sí, eran fiestas ilegales así que no había espacio para quejarse".

Si bien es cierto que las Danceteríaz concluyeron en junio de 1993, la semilla que plantó esa generación, fecundaría en algo mucho más grande y ya imposible de detener. Cinco meses fueron suficientes para cimbrar las viejas estructuras de la arcaica sociedad de Guadalajara, y que a pesar de episodios tan violentos como el del Tlajomulcazo en 2003, momento climático de la intolerancia gubernamental, el muro de prejuicios terminó por derrumbarse. "La persecución continuó por mucho tiempo, cualquier fiesta en la que se programara música electrónica era entendida por las autoridades como una Dancetería, ahora se satanizaba no al evento, sino al sonido electrónico. Se vivieron varias redadas en donde la humillación a los asistentes era la norma, en donde se sembraban drogas, en las que algunos amigos fueron detenidos por el simple hecho de ser dueños de la casa donde se llevaba a cabo la fiesta, y de las cuales fui testigo presencial, hasta llegar a la más conocida, la del Tlajomulcazo", comenta Jorge HM.

Danceteríaz fue uno de los primeros episodios de resistencia de una generación cansada de imposiciones gubernamentales, de discriminaciones, de elitismos y moralismos trasnochados. El costo de tal desafío a lo establecido fue de por lo menos 10 años de redadas, clausura de espacios sin justificación alguna, brutalidad policiaca, y en el peor de los casos: encarcelamientos. La escena electrónica de Guadalajara se construyó a contracorriente, con todo y con todos en contra, pero a final de cuentas terminó por ganarle la partida a los conservadores y al conformismo. Después de Danceteríaz, nada volvería a ser igual.

"Por un momento y en este espacio en concreto, una ciudad clasista y mamerta como Guadalajara, dejó de ser racista. Nos enseñó la importancia de respetar el individualismo y la diversidad de género, donde más tarde estos entendimientos los heredó la cultura rave, y gran parte de las nuevas generaciones. Nos mostró una nueva fórmula de diversión, y musicalmente nos dio la oportunidad de escuchar lo que el mundo produjo en ese lapso de tiempo", concluye Alejandro Dávila.

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Alejandro Arámburo está en Twitter.