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Marca España

Extranjeros nos cuentan qué odian de vivir en Barcelona

Los taxistas, eso de "quedamos un día para tomar unas birras" y lo de cortar la pizza con unas tijeras.

Es normal, no pasa nada. Los humanos nos acostumbramos a lo que sea. Puede que llevemos siglos viviendo rodeados de emplazamientos terribles y costumbres horrorosas pero nosotros ya ni nos damos cuenta. Es por esto que está bien hacer un ejercicio de humildad y preguntar a los de fuera qué es lo más terrible de nuestra ciudad. Ya lo hicimos con Madrid y ahora le toca a Barcelona.

Ellos —los extranjeros—, con su distanciamiento moral y esa mirada desinfectada de nuestro costumbrismo urbano podrán dilucidar dónde se encuentran los rincones más escabrosos de Barcelona y en qué consisten las manías más odiosas de la psique de los barceloneses. ¿La gamba de Mariscal? ¿El exagerado y ofensivo enjambre de skaters del MACBA? ¿La ordenanza de civismo? ¿Qué es lo peor de nosotros?

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Foto vía Flickr de JasonParis

ESO QUE DICEN DE "QUEDAMOS UN DÍA Y HACEMOS UNAS BIRRAS" Y LUEGO NUNCA SUCEDE

Lo que más odiaba ero eso que dicen de "hablamos mañana" y luego pueden pasar meses hasta que no te vuelven a decir nada. Puede ser ese "ya hablamos" o un "quedamos para hacer una birra" o un "tomamos algo un día de estos" y luego no pasa nada. He estado viviendo en Alemania y si estás acostumbrada a su mentalidad, lo de los barceloneses es indecente.

También está lo de llegar tarde. La gente hace como una o dos horas tarde y parece normal. Y bueno, también está el olor a vómito y a pis de la calle es terrible. Sobretodo el olor que desprendía ese supermercado chino que había debajo de mi casa. "supermercado Honesto" se llamaba. Terrible. Bueno, el caso es que este invierno volveré.

Erika, húngara, 33 años. Estuvo viviendo en Barcelona un año.

Foto vía usuario de Flickr marimbajlamesa

IR EN BICI ES UN INFIERNO Y LOS TAXISTAS SON LO PEOR

Odio que no haya árboles ni jardines por ningún lado. Pero lo peor es todo lo que tenga que ver con el tráfico. Esas cuatro o cinco horas punta del día que el tráfico es imposible y esas putas motos ruidosas a todas horas. Odio a la gente que tiene miedo de las bicicletas pero que acaricia a los coches.

Y no te olvides de los taxis que también los odio profundamente, son solo para pijos y turistas y ha habido varias ocasiones en las que casi me matan, es que no miran por dónde van. Dan un buen ejemplo de lo que es moverse por la ciudad de la peor manera. Son los archienemigos del ciclista

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Luego están los carriles bicis que acaban en la nada. O los conflictos que surgen con los peatones. Barcelona colapsa varias veces al día pero si vas en bici lo ven como un capricho, como si les quisieras tocar la moral a lxs demás.

Aparte de esto, en Barcelona tienen la brillante idea de recoger la basura a las dos de la madrugada y luego están los de BCNeta con sus mangueras que te cortan el rollo a la una de la noche y no te dejan estar en la calle tranquilamente. También es difícil encontrar algo de comer rápido que no sea un bocadillo. ¡Ah! Odio el pan blanco ese de barra llamado baguette, es una basura.

Marlene, alemana, 33 años. Lleva diez años viviendo en Barcelona.

Foto vía usuario de Flickr jooon

CORTAR LA PIZZA CON UNAS TIJERAS

Me parece terrible que cortéis la pizza con tijeras. Y bueno, también está eso de que la gente aquí se cepille los dientes después de desayunar y no justo después de levantarse.

Olga, 32 años, venezolana. Lleva 14 años viviendo en Barcelona.

EN AGOSTO NO HAY NADA ABIERTO Y EN LO POCO QUE HAY TE TIMAN

Que durante el mes de agosto todo esté cerrado y todo el mundo se largue. Nunca entendí por qué todos tienen que irse de vacaciones al mismo tiempo y, literalmente, parar toda una ciudad (y un país) durante un mes entero. Además tiene menos sentido aún durante estos tiempos de crisis económica.

Es algo muy poco práctico en todos los sentidos: como trabajador, que te obliguen a tomar vacaciones cuando ellos quieren y no cuando tú quieres; y como ciudadano, que sea un mes muerto donde no puedes hacer prácticamente ninguna gestión. Encima en muchos comercios (los que quedan abiertos) quieren verte la cara de turista y cobrarte unos precios excesivos. Recuerdo, por ejemplo, el timo calidad/precio que eran algunos museos.

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Rodrigo, 38 años, mexicano. Lleva nueve años viviendo en Barcelona.

Foto vía usuario de Flickr hernanpc

EL SERVICIO ES UNA MIERDA

Una de las cosas que no me fascinaba en absoluto era el servicio. En general, la gente que trabaja tanto en bares, restaurantes o tiendas actúa como si te estuvieran haciendo un favor a la hora de servirte. ¿¡Hola!? Ellos trabajan ahí, es su trabajo. Sin mí no tendrían trabajo así que trátame bien, o ten un poco de humanidad por lo menos.

Una vez llegué a estar 45 minutos preguntando y esperado por la cuenta, al final tuve que ir a la barra e implorar por la cuenta. Estuve muy cerca de irme sin pagar.

Supongo que cobran lo que cobran y hacen lo menos posible. Aquí en Estados Unidos la gente trabaja duro porque se sienten implicados dentro de las empresas y porque tienen incentivos, como las propinas. Por eso cada americano que va a Barcelona lo nota, y flipa. Supongo que es un tema cultural, aquí nadie les ha enseñado el beneficio de esta forma de hacer las cosas. En España, en general, la gente quiere vivir tranquila y tampoco está mal tener tu sueldo y no tener que "pelearlo" cada día. En cambio en Estados Unidos se hace lo opuesto, la gente tiene mucho más estrés en su día a día y supongo que es un sistema de vida mucho más arriesgado y peligroso.

En España todo es más tranquilo pero esta comodidad genera menos innovación. Yo, en dos meses fuera, hago lo que aquí habría tardado dos años en hacer. Pero bueno, ninguna manera es mejor, solo depende de lo que busques y quieras en la vida. Eso sí, si las cosas no me van bien fuera, volveré a Barcelona a estar tranquila.

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Tara, 32 años, estadounidense. Estuvo viviendo en Barcelona durante ocho años.

AÚN SIGUE EXISTIENDO MUCHO RACISMO

Aunque estoy contento con mi vida en Barcelona, hay ciertas cosas que creo que se puede mejorar.

La democracia: Puedo votar en las elecciones locales y, de momento, europeas. ¿Y si me interesara registrar oficialmente mi opinión sobre España o Cataluña? No puedo votar en las generales ni autonómicas, pago impuestos para financiar este país y esta región, pero, con estas contribuciones, no puedo influir en lo que sucede. Reconozco que los emigrantes de todo Europa están en la misma situación, pero todavía me ralla.

Burocracia: Cuando llegué, aprendí que no puedes esperar resolver ningún problema el primer día que te presentas al ayuntamiento/Hacienda/Seguridad Social. Los empleados de estas instituciones están mal informados en muchos casos, y te pueden dar información que contradice a la última persona con quien hablaste. He perdido horas, días, para encontrar soluciones o respuestas a temas muy sencillos.

Racismo: No tolero la intolerancia. En Barcelona no es raro escuchar comentarios negativos sobre "los moros", "los negritos", "los chinos" y "los guiris", en general. Espero que dentro de 30 años la nueva generación esté más educada en este aspecto, pero mis vecinos actuales tienen bastante para aprender.

Mark, 37 años, inglés. Lleva doce años viviendo en Barcelona.