Cuando la gente habla de la relación de lo orgánico con lo electrónico, pocos llegan a la profundidad vital de la que parte Juana Molina. Desde sus primeros discos, la música de Juana conecta la música con el sentido más primigenio del sonido, la repetición y esta asociación antecede a sus herramientas electrónicas. Un mantra, el Om, el sonido que le dio la vida a todo lo que conocemos, es eso, un sonido repetitivo y constante cuya inercia, perenne, expansiva y vital, da origen al cosmos, a los ecosistemas, a los cuerpos y las ideas; crece y da vida, la expande. Es la inercia de una hormiga trabajando. Así es la música de Juana Molina y por eso es tan esencial, tan bacana.
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Yo tengo una atracción por el mantra y lo repetitivo y esa cosa en la que hay una especie de ruta que no se mueve y que siempre es la misma, siempre es lo mismo y va variando el paisaje, pero el camino es el mismo, como una rueda que gira y va avanzando sobre una ruta, eso es para mí el concepto del loop. Pero a esta idea llegué después de varias preguntas que me han hecho.
En los 90, yo buscaba desesperadamente, porque para hacer lo que hacía necesitaba una banda de muchos músicos y sentía que los músicos iban a aburrirse de tener que buscar siempre lo mismo. Entonces a mí me daba vergüenza o pudor tener que pedirle a alguien que tocara la misma secuencia sin parar ni moverse. Se me ocurrió que podía haber una máquina que yo no supiera, iba a los negocios y decía: «necesitaría algo que vos apretás, un pedal y empieza a grabar y cuando querés lo apretás de nuevo y reproduce eso que grabaste», «bueno, podes usar un delay», me decían. Pero el delayes distinto, aunque es una repetición, tenía que ser un delay que durara, había que ponerle un click para que pudiera tocar en ese tempo, era muy complicado, con el delaya mí no me funcionaba. Y me decían que no, que no y que no y que no, y siempre me daban la opción del delay. Yo no sé por qué no se me ocurrió pedirle a alguien que me construyera la máquina que yo quería, lo tenía muy claro. Seguí insistiendo, hasta que un día, entré a una tienda en Nueva York , creo que fue en el año 2000 y volví a hacer la misma pregunta que ya tenía perfectamente formulada para que se entendiera fácil, rápido y de una vez y el tipo dijo: «mira, acaba de llegar un lugar que me parece que hace eso», a mí medio se me paró el corazón. Me lo mostró, me puso un micrófono, yo lo hacía con la mano y decía «¡Es esto! Es esto! No puedo creerlo». Me compré uno y a la semana fui y me compre otro.
Lo que más uso, aparte de la guitarra, es un teclado Korg 01 del año 90 o 92, no sé bien. También tiene unos presets espantosos, realmente horrendos, pero te da muchas satisfacciones al momento de programar, es muy versátil, no es 100% versátil y tiene una tímbrica muy interesante. El problema del teclado es que es enorme, pesadísimo y frágil, ya no se consigue, entonces tengo que viajar con el teclado y cada vez que viajo corro el riesgo de que se rompa, porque los señores que trabajan en las compañías aéreas no tienen mucha sensibilidad. Yo lo he visto volar. Estoy dentro del avión, lo veo desde la ventanilla y lo veo volar, cae de una manera estrepitosa, y yo golpeando la ventanilla, pero no me oyen, porque aparte están con esos aislantes para el sonido… en fin… Pero la prueba es que puede llegar roto. Ese es como la clave de mi set.
Yo soy un poco conservadora y este teclado fue el primero que llegó a mis manos, de todos modos, después probé otros y fue como esas casualidades, como cuando vas a ver una casa para mudarte y la primera que ves te encanta, pero entonces te da la sensación de que verás otras mejores, entonces das vueltas y vueltas y volvés a la primera y ya está alquilada, esto me paso así. Me lo mostró un amigo que tenía este teclado y yo pensé que el teclado era bueno por los sonidos que tenía y entonces me compré uno y tenía otros sonidos. Le llamé a mi amigo y le dije, «Me compré el mismo teclado que vos y nada que ver con los sonidos» y me dijo: «no, bueno, pero son los presets, tenés que programar». Yo ni sabía que se podía programar y entonces, bueno, me enseñó un poco, bastante, pero él fue quien me abrió las puertas al mundo de los teclados. Él no lo usa más, hace años, como que medio lo usó una época conmigo y se fue a unos teclados más simples, pero yo entiendo cómo es ese cambio, porque la diferencia es abismal. Así que bueno, esa es la clave de mi tímbrica.
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