La primera semana de febrero debía ser de celebración para el tenista tunecino Malek Jaziri. Tras completar el tercer mejor torneo de su carrera en el Open de Australia, el jugador de 31 años alcanzó el número 65 del ranking de la ATP el 2 de febrero (su mejor clasificación hasta la fecha).
Además, el sorteo del Open Sud de France, un campeonato ATP de bajo nivel en pista rápida indoor, le había sido especialmente favorable. En la primera ronda se enfrentaba a Denis Istomin, un tenista uzbeko ubicado en la posición 61 del ranking global. Jaziri ganó el primer set con facilidad por 6-3… y a partir de ahí, las cosas se torcieron. A pesar de que Jaziri tenía el partido totalmente controlado, el jugador tunecino se retiró del partido.
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En la segunda ronda, Jaziri debía jugar con Dudi Sela. De Israel.
Para los fans del tenis, lo que pasó en el partido con Istomin no fue nada sorprendente. De hecho, tan pronto como se conoció el sorteo del Open Sud de France, los periodistas y aficionados al deporte comentaron la situación de Jaziri:
Malek Jaziri se enfrenta a Denis Istomin en primera ronda en Montpellier. Potencial 2a ronda? Dudi Sela :)
— Reem Abulleil (@ReemAbulleil) 1 de febrero de 2015
Hay una posibilidad muy real de que Dudi Sela gane sin jugar en la siguiente ronda si Malek Jaziri vence a Denis Istomin en Montpellier.
— jimmy soixante neuf (@hotdog6969) 3 de febrero del 2015
Jaziri entró inicialmente en el torneo de dobles del Open Sud de France, pero se también se retiró de la competición. Casualmente —o no, ya sabéis—, debía jugar contra el israelí Jonathan Erlich en su siguiente partido de dobles.
La ATP investigó el incidente hablando con Jaziri y el personal médico del torneo, y rápidamente descartó que el tunecino hubiera incurrido en ninguna irregularidad. Pero obviamente, hay pocos que acepten el veredicto de la ATP conociendo los antecedentes.
Ha habido muchas peticiones para que la ATP suspenda a Jaziri. Después de todo, a pesar de que probablemente el jugador reciba presiones de la Federación Tunecina de Tenis (Jaziri mantiene una relación de amistad con varios tenistas israelíes, particularmente Weintraub), al final es el propio Jaziri quien se «borra» de los partidos. Y a pesar ser víctima del castigo de no poder aspirar a los premios económicos y los puntos ATP, Jaziri no es el único que sufre. Una retirada, sea del tipo que sea, genera un efecto dominó que daña al torneo y a sus fans.
Visto esto, la ATP debería dejar claro que las retiradas por temas políticos son inaceptables en el mundo del tenis, ¿no?
Bueno, no es tan sencillo.

Malek Jaziri podría estar más arriba en el ranking ATP, pero su tendencia a la retirada prematura se lo impide. Image via Susan Mullane-USA TODAY Sports
En la última década hemos visto que el tenis puede ofrecer salud y esperanza frente a los conflictos religiosos o políticos. Entre los ejemplos más notables destacan la pareja de dobles que formaron la israelí Shahar Peer y la musulmana india Sania Mirza (a pesar de las críticas del islamismo más extremista) y el dúo conformado por el paquistaní Aisam-Ul-Haq Qureshi y el hindú Rohan Bopanna (que recibió el mote de ‘Indo-Pak Express’ y usó como lema «Detener la guerra, iniciar el tenis»).
Pero esto es distinto. Mientras el conflicto árabe-israelí ya ha mancillado el mundo del deporte en múltiples ocasiones, normalmente en las competiciones entre atletas iraníes e israelíes, el tenis no había tenido que enfrentarse a esta situación en demasiadas ocasiones. Uno de los motivos era la escasez histórica de grandes tenistas procedentes de países árabes, pero el ascenso de Jaziri ha cambiado esta situación.
Ahora, la comunidad tenística se enfrenta a algunas preguntas duras.
«Lo que la gente no comprende es que se trata de una situación muy complicada para el jugador», explicó Reem Abulleil, un periodista deportivo de Dubái que ha seguido de cerca la carrera del tenista tunecino. «Haga lo que haga Jaziri, siempre tendrá consecuencias, nos guste o no», aseguró Abulleil a Ben Rothenberg, del New York Times, en el podcast sobre tenis No Challenges Remaining.
Abulleil confirmó algunas de estas consecuencias cuando miró la página de Facebook de Jaziri cuando a éste le tocó jugar contra Weintraub en 2013. Había amenazas de extremistas, algunas incluso contra su familia, si el tunecino decidía disputar el partido.
«Es presión», apuntó Abulleil. «Pero no porque él esté de acuerdo, sino porque Jaziri es de un país pequeño en el que todo el mundo le conoce. Su familia vive allí. La gente podría hacer daño a su familia, porque como podemos ver en las noticias estos días, están pasando cosas de locura», apunta el periodista dubaití. «Eso le preocupa, lo admita o no, y le afecta, porque si juega un partido como aquél habrá consecuencias».

Rohan Bopanna y Aisam-Ul-Haq Qureshi, el dúo llamado ‘Indo-Pak Express’. Image via Jayne Kamin-Oncea-USA TODAY Sports
Desde fuera es fácil acusar a Jaziri de dañar los principios del deporte desde fuera, pero para él, como para muchos otros, esto es mucho más que un juego.
«Es más grande que el tenis», explicó Abulleil. «Las cosas se están desmandando en los últimos tiempos… la visión de que el deporte trasciende la política y que la segunda no se mezcla con el primero es brutalmente idealista. Este es el mundo real, ¿sabes?, y lo es aunque el jugador no lo quiera. Esto viene de fuera».
¿En dónde deja esto a la ATP? Con la popularidad del tenis creciendo en los países árabes gracias a los torneos de primer nivel en Doha y Dubái, el conflicto parece cada vez más difícil de evitar. Que la polémica supere la dimensión del modesto Open Sud de France es solo una cuestión de tiempo.
No hay una solución fácil, pero está claro que los tenistas que se enfrenten a climas políticos complejos necesitarán un soporte total de la ATP. Deben poder sentirse seguros mientras hacen su trabajo. Tiene que haber una línea de comunicación abierta entre los jugadores, las giras, los torneos y los aficionados. Hay que desarrollar reglamentos dirigidos a gestionar estas circunstancias… y debe haber consecuencias concretas si un jugador los viola.
Negarse a jugar un partido por racismo no está bien. ¿Negarse a jugar un partido por una legítima preocupación por la propia seguridad? Esto ya es distinto. Pero en ninguno de ambos casos la respuesta correcta es inventarse una lesión o mirar hacia otro lado: eso solo sirve para destruir la credibilidad tanto de los jugadores como de la organización.
Ahora mismo, para mí, el silencio continuado de la ATP es más escandaloso e insultante que nada de lo que haya hecho Jaziri. El tunecino está finalmente disfrutando el trabajo y la determinación de toda una vida en las pistas de tenis, experimentando un éxito que solo podía soñar hace unos años, cuando a sus 28 años aún no había alcanzado el Top 100.
Jaziri merece la oportunidad de gozar del resto de su carrera sin que una nube de controversia cuelgue sobre su cabeza.
Y nosotros también.
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