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Hablamos con la escritora Elisa Victoria sobre su novela ‘Vozdevieja’

Nunca serás tan guay como cuando tenías 9 años.

por Juanjo Villalba
06 Marzo 2019, 5:00am

Por mucho que lo intentemos, ¿seremos alguna vez más interesantes que cuando teníamos nueve años? Pregunta complicada, pero si decidís posar vuestros ojitos sobre las páginas de la recién publicada novela de Elisa Victoria, Vozdevieja (Blackie Books, 2019), creo que tenderéis a pensar que como mucho podemos aspirar a llegar a la altura de aquel momento. Nunca seremos tan guais.

En su libro, Elisa nos cuenta un verano en la vida de Marina, una niña de nueve años de Sevilla, cuya madre está enferma y que pasa mucho tiempo con su abuela, un ser genial con quien ve la tele hasta las tantas, se disfraza de tenista o de femme fatale y se va de vacaciones a una apartamento en la playa con pensión completa.

Marina nos lo cuenta todo en primera persona y es una narradora profunda y clarísima pero a la vez muy divertida. Captando perfectamente (para mí) cómo era ser un niño en los mitificados años 90.

elisa victoria vozdevieja

VICE: He leído unas cuantas novelas que intentan captar cómo fue la infancia de las generaciones de los 80 y los 90, y creo que tu novela es la primera que lo consigue totalmente, al menos para mí. Leyendo las cosas que le pasan a Marina, me he visto absolutamente reflejado. Cómodo y calentito, ahí dentro. ¿Era esa tu intención al escribir la novela, reflejar aquella época? ¿O parte simplemente de una vivencia personal que casualmente se parece a mi infancia?
Elisa Victoria: Supongo que si te has sentido un niño extraviado te ves especialmente reflejado, pero no pretendía retratar una época de manera que quienes la hubieran vivido se identificaran. Lo que intentaba sobre todo era transcribir el flujo de pensamiento característico de la infancia y que la gente lo reconociera como verosímil e incluso como propio, refrescar la memoria en ese sentido porque considero que la subestimación de la mente infantil es un problema crónico de consecuencias gravísimas.

El contexto histórico es parte de la clase de costumbrismo que me interesa para desarrollar la psicología del personaje y también quería retratarlo con fidelidad, pero es algo secundario, me gusta pensar que cualquiera puede identificarse desde cualquier entorno y cualquier edad. De todas formas me alegro mucho de que Marina resulte calentita, ella estaría muy contenta de saberlo porque en el libro se siente un desastre y está incomodísima dentro de sí misma.

Una cosa que creo que es importante que aclares: ¿es una novela nostálgica? ¿Qué opinas de la nostalgia?
La novela puede resultar nostálgica pero no era mi intención. Yo quería reflejar un tiempo concreto con su lado amable y el sucio también, tal como era, sin afán de homenaje, que en el fondo igual es el homenaje que mejor funciona. La nostalgia no me era una herramienta útil, se trabaja de forma borrosa y cálida, como los sueños bonitos, y mi plan era escribir desde la nitidez más incisiva. Me parece que la nostalgia puede tener interés pero que a menudo se usa como estrategia de venta barata.

Yo sucumbo a menudo, me encanta ver bloques de anuncios y dibujos viejos, nunca he dejado de coleccionar muñecas Chabel y me pueden hacer mucha gracia el synthwave o el future funk, pero detesto el enfoque de que el pasado fue mejor incluso si entonces había diseños o sonidos analógicos fabulosos. Si una persona me viene con que tal época fue la buena pienso que ha perdido el rumbo de los tiempos o que en la época de la que habla le faltaba un hervor. Todos los momentos tienen contraluces y sólo hacen falta una o dos décadas para que a todos les llegue la perspectiva nostálgica.

"Es verdad que hay gente que vive un despertar sexual más tardío, que durante la niñez no tiene nada presente el tema, pero negar que hay montones de niños obsesionados con el asunto es de risa porque son legión"

En las presentaciones de la novela te ha acompañado Elvira Lindo. ¿Tenías en mente sus libros o a algún otro autor cuando escribías el libro?
Cuando escribía este libro no tenía en mente ningún autor, estaba centrada en lo mío, pero ha habido lecturas que me han influido profundamente y se nota: los relatos de infancia y juventud de John Fante, que en la misma página de El vino de la juventud puede conseguir que te rías y desgarrarte las entrañas, algunos cómics underground que abordan el crecimiento como Vida de una niña de Phoebe Gloeckner, y hay pasajes que pueden ser afines a textos de Elvira Lindo, sí, por su cercanía a la hora de afrontar los temas, el interés por reflejar la problemática cotidiana y sobre todo la concepción de la infancia como un periodo lleno de complejidad. Ha sido un honor muy grande contar con ella, cuando me escribió diciendo que la novela le había gustado tuve un ataque de ansiedad de cuatro horas y el día de la presentación en Madrid estaba con 38 de fiebre de puro nervio, la situación era tan buena que me desbordaba.

Marina es muy consciente de su edad, tiene nueve años, pero su mente funciona como la de una persona adulta. De hecho como la de una persona adulta muy libre. ¿Dirías que uno de los temas de la novela es que la gente no cambia?
Puede ser un tema importante, sí, pero más desde el enfoque de que la identidad aparece con el primer despertar de la conciencia. Creo que caben muchos cambios a lo largo de la vida pero el ser principal de cada uno es el mismo, con más o menos información, con unos gustos u otros pero la misma solidez. Los niños no son borradores tontorrones de personas, son personas en sí, tienen capacidad de comprender y procesar cualquier cosa, de tomar decisiones más o menos retorcidas y también de sufrir muchísimo, y hacer como que no solo sirve para que se sientan abandonados ante la digestión de un mundo muy duro o retrasar unas hostias que cada vez van a doler más.

Que estas capacidades sean negadas o no se tenga en cuenta su incomodidad natural ante el sistema les hace sentir desapegados y apáticos y pronto mutilan la expresión de su sensibilidad porque nadie parece capaz de interpretarla. Por otro lado tratar a los niños como angelitos bobos es darles una especie de manga ancha que suelen aprovechar precisamente para experimentar con el mal y luego lavarse las manos con la excusa de la inocencia.

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Elisa Victoria. Fotografía de Joaquín León

Quizá es esa sensación de libertad que nos transmite la protagonista lo que me ha hecho recordar mi propia infancia y creo que esa libertad también la da el hecho de que tanto la protagonista como su abuela en realidad se sienten fuera de la sociedad. Una sociedad que dominan los adultos, que son los que tienen los verdaderos problemas. Me ha parecido una idea muy interesante.
Creo que parte de la conexión que suele haber entre niños y ancianos radica en sentirse lejos del mundo de los adultos, esos pobres despojos con tantos asuntos que resolver cada día que a menudo ya no se acuerdan ni de quiénes son. De todas formas los niños y los ancianos disfrutan de una libertad muy limitada, tienen sus corralitos para echar el rato pero también es frecuente que les hagan sentir marginados o menos importantes.

Los niños suelen considerar un tostón a casi todos los adultos y los adultos lo interpretan como falta de entendimiento, pero es verdad que se comportan como tostones y no hay nada elegante, comprensible o respetable en ello. Si en el trabajo te exigen que actúes como Don Importante no significa que tengas que creerte el papel. Se puede ser responsable y cumplir con montones de labores y mantener la frescura y la capacidad de comunicación, hay gente que lo consigue.

Esta pregunta me lleva a preguntarte por la madre y la abuela de la novela. Empecemos por la primera. La madre es la que vive en el mundo de los adultos, desaparece durante mucho tiempo de esa realidad alternativa en la que Marina vive con su abuela. Llama por teléfono desde ese mundo de los adultos y de vez en cuando aparece aunque siempre parece que quizá nunca más la volverá a ver. Pero Marina lo acepta así, como la mayoría de los problemas que la rodean. ¿Cuál es el papel de la madre en esta historia?
La madre es un personaje misterioso y fundamental, aparece poco pero tiene todo el peso del mundo en el futuro de Marina. Es una madre peculiar, soltera, con pocos recursos económicos, le ha presentado a la niña varios novios, es aventurera, romántica y chispeante pero también tiene muy mala hostia. Con esta relación quería reflejar la forma en que los niños aceptan la realidad que les viene dada, llena de lagunas e incertidumbre, la mezcla de pasividad y profundo escozor con que son capaces de asumir el destino.

"El desprecio hacia lo nuevo es un clásico síntoma de debilidad, de haber perdido el hilo, igual que el rechazo que se da a menudo entre los jóvenes hacia lo anterior denota prepotencia e ingenuidad"

Y bueno, la abuela. A aquellos que te conocieran de antes de este libro y a los lectores fieles de VICE esa abuela nos suena mucho. Ya que escribiste un artículo en 2014 sobre los disfraces que te ponías con tu abuela cuando estabas en tu casa. Adoro a tu abuela desde entonces. ¿Nos puedes hablar de tu abuela real y de la abuela de Marina y de sus parecidos y sus diferencias?
La abuela es el personaje más real de la novela, el que menos he cocinado, lo he intentado basar en la mía propia todo lo que he podido y dejarlo así en crudo. En este libro he tratado de plasmar su sentido del humor, su forma de hablar, su enfoque filosófico ante la vida, su capacidad para resolver problemas con gracia y practicidad, su predisposición para compartir buenos momentos, su flexibilidad, sus estilismos, la manera de tratarme como a una persona digna que yo tanto agradecía.

En las fotos que mencionas se aprecian elementos cruciales como la salita alicatada, el tabaco, la decoración, las bolsas con materiales de costura, su colorida colección de bisutería, su desenfado. Compartimos una intimidad muy estrecha y valiosa, nos llegamos a conocer bastante a fondo y con ella ningún tema era demasiado escabroso, siempre sabía cómo enfocarlo para que pareciese sencillo y cercano.

El sexo es un tema importantísimo en la novela, lo que puede llamar la atención a algunos siendo que la protagonista es una niña de nueve años. Puede ser porque ya se les habrá olvidado lo que es ser niño y estar absolutamente obsesionado con el tema. ¿Qué me dices del sexo en tu libro?
Es verdad que hay gente que vive un despertar sexual más tardío, que durante la niñez no tiene nada presente el tema, pero negar que hay montones de niños obsesionados con el asunto es de risa porque son legión. Les suele atraer muchísimo, es natural, están deseando conocer los detalles, las posibilidades, saber lo que se siente y que justamente parezca que el mundo está configurado para ocultarles esa información potencia aún más la curiosidad, por lo que el sexo se acaba convirtiendo en un símbolo de libertad, conocimiento y evolución.

En el libro Marina se siente afortunada porque tiene acceso a cómics y revistas para adultos de los que aprende mucho sobre temas prohibidos, y el contacto con la pornografía es un acontecimiento épico que la llena de satisfacción y esperanza. El sexo tenía que estar muy presente desde el principio en la mente de esta niña porque así lo recuerdo yo con absoluta claridad y así lo he reconocido en otros niños a lo largo de la vida, es un tema de interés cotidiano que se va mezclando con el resto de pensamientos de forma muy fluida.


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La ropa también es algo que preocupa mucho a la protagonista. Incluso el diseño de la portada del libro está basado en uno de los vestidos que te hizo tu abuela a ti. ¿Por qué es tan importante la ropa en este libro?
A la protagonista le preocupa la ropa en muchos sentidos, para empezar porque los niños son muy críticos con sus propias modas y te pueden aceptar o rechazar socialmente dependiendo de detalles diminutos relacionados con el atuendo. También está el factor de que ciertas prendas y tejidos están muy asociados a edades concretas, hay normas estrictas sobre lo correcto en ese aspecto y Marina no está conforme con ello. A su edad ha empezado a resultar ridículo llevar vestidos, esto le resulta molesto y al final busca recursos explorando otros estilos.

Creo que los estilismos están llenos de psicología y su observación siempre me ha parecido relevante, aparte de que encuentro un gran encanto en el proceso de confección. A mí me gusta que me cuenten lo que la gente llevaba puesto en diferentes ocasiones y no puedo evitar recordarlo. Mi abuela era modista, siempre se ganó la vida cosiendo y se encargó de crear la ropa de un montón de gente durante generaciones, por lo que el tema en su casa era muy recurrente. Recuperar ese vestido hecho por ella para la portada nos pareció idóneo a la gente de Blackie Books y a mí: de pequeña me encantaba el tejido, transmite perfectamente el ambiente veraniego de la novela, el momento vital que trata de reflejar y la conexión con mi abuela real.

Y saliéndonos ya un poco de tu novela, me gustaría preguntarte, ¿cómo ves el panorama literario español y en especial a los escritores jóvenes que están publicando sus primeras novelas últimamente?
Dejando aparte que hay poco dinero, el panorama en cuanto a publicaciones está florido, especialmente el joven, aunque me da la sensación de que no se toma del todo en serio la escritura de los millennials y la generación Z, que los jóvenes están teniendo que lidiar con cierto prejuicio por parte de una gran porción de gente que sigue anclada en el siglo XX. Pero bueno, el desprecio hacia lo nuevo es un clásico síntoma de debilidad, de haber perdido el hilo, igual que el rechazo que se da a menudo entre los jóvenes hacia lo anterior denota prepotencia e ingenuidad. Me gustaría que hubiera más diálogo, más entendimiento. En cualquier caso me parece que muchos jóvenes vienen intensos, valientes, ingeniosos, ágiles, con herramientas renovadas y buenas referencias. Otros panoramas que también me interesan, como el del cómic y la ilustración o el de la música electrónica, atraviesan momentos de plenitud similar. Es muy bonito poder presenciarlo.

Para terminar, ¿tú te consideras parte de algún tipo de movimiento?
La verdad es que no, quizá de alguno formado por gente tan extraviada que no sabe que está en un sitio, o del movimiento de mis propias tripas.

Muchas gracias Elisa.

Sigue a Juanjo Villalba en @juanjovillalba.

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