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actualidad

Estos dos borrachos se pusieron un chaleco antibalas y se dispararon el uno al otro

¡Son unos héroes!

por Mack Lamoureux; traducido por Laura Castro
09 Abril 2019, 3:30am

Charles Ferris, izquierda, y Christopher Hicks, derecha. Foto vía Benton County Sheriff Department.

Artículo publicado originalmente por VICE Canadá.

Dos hombres en Arkansas decidieron celebrar sin control y, al parecer, terminaron haciendo algo que la mayoría de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, probablemente habríamos querido hacer: dispararle a tu amigo "a quemarropa directo al pecho", dijo la policía.

Según una declaración jurada ante la policía, después de haber estado bebiendo durante horas, nuestros dos borrachos protagonistas, Charles Ferris, de 50 años, y Christopher Hicks, de 36, decidieron que sería una gran idea poner a prueba la calidad de un chaleco antibalas disparándose uno al otro mientras lo llevaban puesto. La policía declaró horas más tarde en la cadena de televisión local KFSM, que cuando llegaron, los dos hombres inventaron toda una ficción para que no los arrestaran. (Spoiler: fueron arrestados).

La historia comienza, como debe ser, en un porche de Arkansas, el porche de Ferris para ser exactos. Por alguna inexplicable razón, Ferris ya llevaba puesto el chaleco antibalas cuando ambos comenzaron a beber. Muy pronto la conversación se desvió hasta que se comenzaron a preguntar qué se sentiría al recibir un disparo con el chaleco puesto, una duda que seguramente surge cada vez que alguien mezcla alcohol y chalecos de kevlar.

Siguiendo con estas declaraciones, Ferris, siendo el formulador de la magnífica idea, le dijo a Hicks que le disparara en el pecho. Hicks, siendo un buen amigo, se sintió obligado a hacerlo. Pero resulta que recibir un disparo llevando puesto un chaleco antibalas es bastante doloroso. El dolor provocó la ira de Ferris, según le contó el mismo a la policía, y pronto hizo que Hicks se pusiera el chaleco para poder vengarse. Una vez preparados para duelo, Ferris, según sus propias palabras, "descargó el arma en la espalda de Christopher".

Aunque ninguno de los dos resultó gravemente herido, pero —como ya se ha mencionado, un disparo duele muchísimo— ambos sufrieron distintas lesiones. Ferris, que no quería acudir a un hospital, habló con su mujer sobre lo sucedido y esta — la única persona racional en esta historia— le convenció para ir a un centro sanitario.

Por otra parte, Hicks también acabó en un hospital por dolores que sufría en el pecho. Mientras Hicks recibía tratamiento, los policías hablaron con Ferris, el primer implicado, quien seguía encubriendo a su amigo mediante un increíble guion. Según su historia inventada: Ferris trabajaba como una especie de mercenario y fue contratado para proteger un "activo" por la suma de 200 dólares. Siguió contando que fueron al bosque y que se desató un tiroteo, en el que recibió seis disparos directos al chaleco pero, como el profesional que es, logró escapar con el "activo".

¡Qué historia! Cuando los oficiales estaban a punto de creerse el relato, apareció la mujer de Ferris y acabó desvelando que los dos hombres estaban completamente borrachos y decidieron dispararse mutuamente debido a su estado de insensatez. Fue entonces cuando Ferris sucumbió a cambiar rápidamente la historia y decir la verdad. Los dos hombres fueron arrestados inmediatamente el 31 de marzo y están siendo juzgados por agresión agravada. En caso de ser declarados culpables una vez finalizado el proceso judicial, se enfrentarían a una pena máxima de seis años en prisión y una posible multa de 10 000 dólares.

La aventura les valió la pena.

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