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El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva aceptó el puesto de jefe de gabinete que le ofreció su antigua protegida, la actual presidenta Dilma Rousseff.
Este movimiento es una arriesgada jugada para ayudar a Rousseff en su pelea contra el juicio político que se le sigue en el Congreso y que fue apoyado el pasado fin de semana en una jornada de protestas masivas contra su administración.
Para Lula, convertirse en un funcionario de alto nivel tendrá beneficios: por ahora, le dará protección en caso de una eventual detención por los señalamientos de corrupción en su contra que investiga la corte brasileña.
"Es una jugada extremadamente peligrosa para ambos, en el sentido de que es todo o nada", dijo Gabriel Petrus, un analista político de la consultora Barral M Jorge, con sede en la capital Brasilia.
El anuncio del nuevo jefe de gabinete fue dado a conocer en la cuenta de Twitter de varios líderes del Partido de los Trabajadores, después de que Lula, quien gobernó entre 2003 y 2011, se reuniera con Rousseff durante la mañana de este miércoles 16 de marzo.
Este nuevo cargo para Lula llega justo cuando se mueven las piezas para sacar a Rousseff de la presidencia por su presunta participación en la alteración de cuentas de gobierno para cubrir que rebasó el tope de su campaña de 2014, cuando logró su reelección.
La posición del jefe de gabinete parece estar designada para dar al héroe del Partido de los Trabajadores un rol estratégico en la negociación con el resto de los partidos políticos brasileños, que ahora tienen en sus manos el futuro político de la presidenta.
"Dilma se está preparando para luchar contra el juicio político y Lula es el mejor soldado que podría tener", señaló Petrus. "También es un movimiento que busca mejorar la imagen de su gobierno después de las protestas. Es una responsabilidad de alto nivel".
El proceso formal del juicio político, que comenzó en diciembre en el Congreso, parecía estar congelado hasta que la clase política notó el tamaño de las protestas contra el gobierno que llevó a millones de brasileños a la calle. La popularidad de Rousseff ha caído en picada a causa de una economía en apuros, que el año pasado se encogió 4 puntos porcentuales.
Se espera que el congreso brasileño comience esta semana con el proceso de integración de una comisión especial que juzgue el caso.
En el pasado, Rousseff habría solicitado a Lula que se integrara a su gabinete, pero el expresidente, supuestamente, declinó las ofertas. Su cambio de opinión parece estar relacionado con presunto fraude de 2 mil millones de dólares cometido a la paraestatal Petrobras, que derivó en su detención y posterior liberación el 4 de marzo pasado por orden de un juez en Sao Paulo.
Ahora, como miembro del gobierno, Lula sólo puede ser juzgado por la Suprema Corte de su país.
Brasil abre el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff. Leer más aquí.
Se espera que el siguiente viernes los simpatizantes de Lula y Rousseff organicen una concentración para expresar su apoyo al exmandatario y mandataria.
"Al darle a Lula un puesto en el gabinete, Rousseff está protegiendo su propia reputación y legado. Esto definitivamente les dará más tiempo a ambos", señaló Lloyd Belton, analista político para América Latina en la consultora S-RM, especializada en control de riesgos. "Sin embargo, si Lula es arrestado y enjuiciado por corrupción, es difícil que el gobierno de Rousseff sobreviva, pues él es el pilar del Partido de los Trabajadores".
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