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Un presunto asesino, un plagiador y un ex convicto: los candidatos a la presidencia de Perú

En un país donde votar es obligatorio y la venta de alcohol está prohibida durante el fin de semana de las elecciones, la mayoría de los candidatos parece haber hecho más méritos para terminar entre rejas que en el sillón presidencial.
17.2.16
Imagen por STR/EPA
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Si hay algo que se les puede perdonar a los peruanos es que confundan el cartel de candidatos presidenciales con el de un puñado de criminales sobre los que pesa una orden de búsqueda y captura. Cuando quedan menos de dos meses para que se celebre la primera ronda de las elecciones presidenciales, los candidatos esgrimen sus credenciales.

Keiko Fujimori encabeza el listado. La principal favorita propone una campaña que reivindica sin vergüenza ni tapujos el legado populista de su padre, el ex dictador encarcelado Alberto Fujimori. El siniestro progenitor de Keiko fue presidente de Perú entre 1990 y 2000 y tiene el dudoso honor de haberse encaramado al sexto lugar en el ranking de los políticos más corruptos de todos los tiempos. El listado, elaborado por el colectivo anti corrupción Transparency International, basó su decisión en los seis mil millones de dólares que desaparecieron de las arcas del estado durante la dictadura del político de origen japonés.

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Pese a todo, Keiko saca varias cabezas de ventaja a sus dos más inmediatos perseguidores, a uno de los cuales tendrá que enfrentarse durante la última ronda de votaciones, prevista para el 5 de junio. César Acuña, un antiguo gobernador provincial, que se ha convertido en un flamante millonario gracias a su negocio como fundador de una red de universidades privadas, es uno de los dos potenciales rivales. Su reputación, sin embargo, ha sido manchada por una flagrante acusación de plagio— entre otras cosas, por haber copiado su tesis doctoral, que versaba sobre política educacional; y por haber plagiado íntegramente el libro de otro profesor y de haberlo publicado bajo su nombre.

El tercero en discordia es nada menos que Alan García, un hombre que ya fue presidente del Perú en dos ocasiones anteriores, y al que ahora se conoce popularmente como al "candidato de los narcos". Su primer gobierno se derrumbó víctima de la hiperinflación, mientras que su segundo mandato quedó luctuosamente salpicado por la masacre de Bagua, un trágico episodio en el que murieron 10 manifestantes indígenas y 23 policías. Claro que, más allá de tales tristes logros, Alan García está ahora en el punto de mira de todo el mundo después de que se haya descubierto la existencia de una trama, según la cual el ex presidente habría vendido indultos millonarios a centenares de narcotraficantes en la sombra.

'Son patéticamente débiles, ineptos e impopulares'.

Y tampoco hay que olvidar a Daniel Urresti, el sucesor del presidente Ollanta Humala, al frente del Partido Nacionalista. Urresti se encuentra actualmente bajo investigación criminal como presunto cerebro del asesinato de un periodista cuando trabajaba en los servicios de inteligencia de su país. Urresti estaba destacado entonces en un remoto puesto del ejército, desde donde estuvo implicado en la lucha contra la organización terrorista peruana Sendero Luminoso. Corrían los años ochenta.

Además, resulta que Humala proclamó al ex militar como a su ministro del Interior en julio de 2014, cuando ya se sabía que había sido imputado criminalmente.

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Humala, ex militar de ideología izquierdista, se ha hecho popular por sus errores de juicio y por el incumplimiento de su programa — en especial de su promesa, ahora casi grotesca, de terminar con la corrupción —, lo que ha provocado que sus índices de popularidad estén ya bajo mínimos históricos.

La frustración popular que ha desatado el flácido gobierno de Humala y los clamorosos socavones de sus rivales, parecen haber abierto las puertas del poder a Keiko Fujimori, que ya se encuentra a veinte puntos de ventaja de su más inmediato perseguidor en los sondeos.

"Sus mayores rivales son patéticamente débiles, ineptos e impopulares", cuenta a VICE News Steven Levitsky, un político científico miembro de la Universidad de Harvard, que también es columnista de uno de los periódicos de mayor tirada en el Perú.

Alrededor del 70 por ciento de los peruanos dicen no estar satisfechos con los candidatos que tienen para elegir, algo que ya se ha convertido en un tema recurrente en la política del país, donde las elecciones son de una inestabilidad proverbial y donde los votantes, solo deciden a quien votarán en el último minuto.

Por si fuera poco, ir a votar es obligatorio y durante el fin de semana de las elecciones está prohibido consumir alcohol. Alguien diría que se trata de una verdadera paradoja, especialmente en un país donde muchos piensan que solo un buen trago puede combatir el repulsivo sabor de boca que deja acudir a las urnas.

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VICE News ha redactado una guía sobre los principales candidatos a los secos comicios peruanos.

La nueva generación de traficantes de cocaína pone a Perú a la cabeza de los narcoestados. Leer más aquí.

Keiko Fujimori

Keiko Fujimori. Imagen por Paolo Aguilar/EPA

"Les ofrezco un gobierno firme, drástico e implacable, fundado en la transparencia. Sé mirar a la Historia y no voy a permitir que se repita", proclamó Keiko el mes pasado durante una cumbre anticorrupción, nada menos. "Yo he padecido y he cargado una mochila muy fuerte por errores de terceros y de otras personas. Y jamás que permitiré que mis hijas carguen con la misma mochila sobre sus hombros como la que he cargado yo durante tantos años".

Keiko — en Perú se le llama, invariablemente, por su nombre de pila — lleva meses encaramada a lo más alto de los sondeos, que domina con un porcentajes que oscilan entre el 30 y 35 por ciento de los votos estimados, lo que la sitúan muy por delante de sus más inmediatos perseguidores, y a años luz del resto de los 19 desperdigados candidatos.

Y ello se explica porque, a pesar de sus abusos y de sus desfalcos, de sus crímenes y de la profunda corrupción de su régimen, muchos peruanos siguen recordando al deshonrado de su padre con cariño. Muchos creen que Alberto Fujimori fue el responsable de asfaltar la economía del país, de reparar los terribles socavones que había heredado del presidente anterior, nada menos que el actual narco candidato, Alan García, cuando éste le cedió el poder en 1990. Igualmente, existe una corriente de pensamiento melancólico que reverencia al ex dictador como al héroe que aplastó a Sendero Luminoso, la ultra violenta organización terrorista de vocación maoísta y nihilista, responsable de un obsceno derramamiento de sangre por todo el país.

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De Fujimori padre se sospecha indiscriminadamente que está manejando los hilos de la campaña electoral de su hija, de 40 años, desde la sombra de su celda. El ex dictador se encuentra encerrado tras ser sentenciado a 25 años de prisión por malversación de fondos, por haber orquestado y concebido los llamados escuadrones de la muerte, y por haber chantajeado sistemáticamente a los periodistas del país para que difamaran en contra de sus opositores políticos.

'Yo he padecido y he cargado una mochila muy fuerte por errores de terceros y de otras personas'.

A pesar de su relativa juventud, Keiko tiene una dilatada experiencia en el mundo de la política. Su periplo arrancó de manera pintoresca e improbable en 1994, cuando se convirtió en la primera dama de su padre. Para colmo, tenía solo 19 años. Keiko se vio elevada a tamaña posición después de la amarga ruptura de sus progenitores. Uno de los momentos álgidos de aquel divorcio lo protagonizó la madre de Keiko, Susana Higuchi, el día que testificó ante el Congreso de su país que el presidente la había torturado. Entonces Keiko decidió ponerse del lado de su padre.

Desde entonces, la pequeña Fujimori viaja con una polvareda de controversia a su estela. Entre otras cosas, Keiko todavía no ha podido aclarar cómo su padre pudo pagar su máster en la Universidad de Boston. Keiko proclamó en su día que había pagado la astronómica matrícula con el dinero en metálico de su padre, quien entonces solo cobraba, presuntamente, una pírrica asignación como presidente.

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Keiko también ha defendido la administración autocrática de su padre. Según la hija, su padre fue víctima del "ataque" de la corrupción. Lo que Keiko no ha podido silenciar, y lo que, de hecho, ha condenado, es el execrable caso de las esterilizaciones forzadas conducidas por su padre y que sellaron los trompas de miles de mujeres pobres, en su mayoría indígenas.

Keiko presume de ser disciplinada, y de seguir a rajatabla su programa electoral. Desde que se sabe a años luz del resto de candidatos, Keiko ha apostado por una estrategia tan opaca como conservadora, y ha decidido no conceder entrevistas a los medios de comunicación.

La mayor pregunta que ha conseguido eludir es si perdonará o no a su padre. Otras cuestiones que exigen que se manifieste son la procedencia de los fondos para financiar su campaña y la interminable sarta de acusaciones sobre corrupción que pesan sobre los congresistas fujimoristas y sobre el resto de candidatos.

César Acuña

César Acuña. Imagen por Vidal Tarqui/EPA

"Los que me conceden de cerca saben que no leo y que nunca escribí", proclamó César Acuña durante la inauguración de la feria del libro de Trujillo en marzo de 2013. "Pero me he dado un tiempo para revisar algunos textos ayer en la noche para poder explicar lo que es una feria del libro".

Acuña tiene 63 años, es ex gobernador de la región costera de La Libertad, y presume de ser un millonario hecho a sí mismo. Es el dueño de tres lucrativas universidades privadas. Según sus detractores, sus centros educativos no son más que churrerías de las que salen alumnos escasamente preparados para ninguna licenciatura.

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Hasta este mes, Acuña parecía representar la única amenaza para Keiko. Ambos compiten por la misma parte del electorado, la que forman los votantes más pobres; y ambos se postulan como líderes de centro derecha. Su mayor registro en los sondeos le concedió un 14 por ciento de la expectativa de voto.

Claro que eso fue antes de que le llovieran las acusaciones por plagio, unas acusaciones que resultan especialmente grotescas referidas a un personaje que ha forjado su imperio económico y su campaña política alrededor de la educación. Acuña también se expone ahora a ser descalificado de la carrera presidencial por haber falseado su propio currículum.

Las denuncias son abrumadoras. A Acuña se le acusa no solo de haber copiado la disertación con que culminó su doctorado por la Universidad Complutense de Madrid, sino de hacer lo mismo con la tesis con la que finalizó el máster que cursó antes. Además, también se ha descubierto que el libro que Acuña publicó en 2002 — Política Educaciones: Conceptos, reflexiones y propuestas — fue redactado íntegramente por uno de sus profesores.

'Quienes me conocen de cerca saben que no leo y que nunca escribí'.

El candidato ha esgrimido ya infinitas justificaciones. En una de ella aseguró que simplemente se había olvidado de incluir la bibliografía en su tesis. En otra, contó que el libro lo escribió a medias con su profesor.

Claro que Acuña está acostumbrado a la controversia. Como alcalde de la ciudad se enfrentó a varias acusaciones por haber comprado votos. En diciembre se descubrió también que tiene un hijo con una de sus ex alumnas a la que dejó embarazada cuando ella tenía 16 años. Acuña la doblaba, entonces, en edad.

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Eduardo Dargent, profesor de política en la Universidad Católica del Perú, la más prestigiosa del país, asegura que "los principales rivales de Keiko se han posicionado a sí mismos políticamente como un mal menor. Y eso lo dice todo. Claro que el mayor problema al que se enfrenta ahora Acuña es que ya ni siquiera será capaz de hacer eso".

Daniel Urresti

El presidente Ollanta Humala y Daniel Urresti. Imagen por Enrique Castro/Reuters  

"Ahora mismo estoy consagrado a mi trabajo. Los ciudadanos están hartos de promesas y de reuniones, lo que quieren es ver a policía trabajando en las calles", dijo Daniel Urresti en respuesta a la denuncia aparecida en las noticias en julio de 2014 de que iba a ser juzgado por el asesinato de un periodista. "Eso es lo que estoy haciendo. Hablo con resultados. Y los presento a diario".

El ex general del ejército fue un explosivo ministro del Interior bajo la presidencia del desacreditado presidente Humala. De Urresti se recuerda su hábito populista de liderar las redadas de la policía en persona, algunas veces en varias ocasiones en un solo día. La grotesca estrategia disparó sus índices de popularidad, al tiempo que los analistas políticos se echaban las manos a la cabeza.

Ahora, y de manera completamente inverosímil, el ex militar de 59 años ha sido nombrado sucesor de Ollanta Humala. Y eso que está ya imputado por orquestar el asesinato del periodista, un reportero que, en el momento de su muerte, estaba a punto de revelar informaciones relativas a los flagrantes abusos del ejército peruano durante la lucha armada que le enfrentó en los años 80 con el grupo terrorista Sendero Luminoso.

'Los ciudadanos están cansado de tantas promesas y de tantas reuniones, lo que quieren es ver a la policía trabajando en las calles'.

Urresti es de lo más prolífico en Twitter, medio que emplea para arremeter contra García y contra Keiko, de formas que sus detractores han tachado de "impropias de un estadista". Ni siquiera ha llegado a alcanzar el 2 por ciento en los sondeos.

Alan García

Alan García. Imagen por Ernesto Arias/EPA

"No seas cojudo, hombre, la plata llega sola", le aseguró Alan García en privado a un entrevistador televisivo que le preguntaba cómo se organizaba para llegar a fin de mes con los humildes honorarios que cobra el presidente del Perú.

Este hombre rotundo y aparatoso de casi dos metros y que ya ha sido presidente del país en dos ocasiones, en un peso pesado en todos los sentidos, incluyendo su ego.

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Solo algunos en el Perú dudan de sus habilidades como orador. Y también son pocos los que no creen en su capacidad para desbancar a sus rivales de campaña. Además, es lo más parecido a un líder independiente y radical que hay en el Perú. Así lo prueba el hecho de que es miembro de la formación Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). La organización populista de izquierdas fue fundada en la década de 1930, a pesar de que parece incontestable afirmar que ha perdido su coherencia ideológica, especialmente después del giro a la derecha infligido por García durante su segundo mandato en el poder, que transcurrió de 2006 a 2011.

En esta ocasión, sin embargo, parece que la gloria de García se ha evaporado. No ha sido capaz de rebasar el 5 por ciento de la intención de voto en los sondeos, a pesar de ser el político más conocido del país con mucha diferencia.

'No seas cojudo, hombre, la plata llega sola'.

Su primera aventura en el poder fue de ideología izquierdosa, transcurrió entre 1985 y 1990 y terminó en una catástrofe nacional, en una de las peores hiperinflaciones de la historia a nivel global y con Sendero Luminoso asediando Lima como nunca antes.

El hecho de que lograra alzarse con una segunda victoria en las urnas con semejantes antecedentes es la mejor prueba de su insondable influencia entre el electorado. Claro que para pruebas también habría que contemplar que en aquella época, muchos peruanos temían al mayor rival de García en aquellas elecciones, que no era otro que el ínclito Ollanta Humala, quien compareció ante el electorado como discípulo de Hugo Chávez.

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El segundo mandato de García se tradujo en un importante crecimiento económico, pese a que estuvo cuajado de escabrosas controversias, como el escándalo de los narco indultos, un sistema nada sofisticado que consistió en permitir a los capos de la droga obtener su libertad a cambio de millonarias sumas de dinero.

A García se le relaciona también con otro siniestro personaje del Perú contemporáneo, Gerald Oropeza, uno de los narcotraficantes más influyentes de Latinoamérica. Hace unas semanas salió a la luz una grabación digital de una presunta llamada telefónica hecha desde prisión. En la misma, se escucha la voz de Oropeza, que está acusado de cargos de tráfico de cocaína, diciendo que espera que "el tío Alan" le salve.

Alejando Toledo

Alejandro Toledo. Imagen por Paolo Aguilar/EPA

"Le dije a Mark Zuckerberg: 'Tú que haces tanta ciencia, ¿por qué no puedes decodificar los geoglifos de las líneas de Nazca?", proclamó Alejandro Toledo durante una cumbre de empresarios en diciembre.

Presidente centrista entre 2001 y 2006, Toledo, de 69 años, es el hijo de un albañil y una vendedora de pescado, y obtuvo el PHD en economía en Stanford, California, donde todavía da clases.

'Le dije a Mark Zuckerberg: '¿Tú que haces tanta ciencia, por qué no puedes descifrar los geoglifos de las líneas de Nazca?'.

Pese a que el crecimiento económico del país fue considerable durante su mandato, lo cierto es que incurrió en memorables meteduras de pata en sus discursos. Se le acusó de beber demasiado, de nepotismo y de equivocarse feo. Y, por encima de todo, existe una percepción generalizada de que Toledo despilfarró sus cinco años de mandato, en los que fue incapaz de implementar las grandes reformas que había prometido o de contener, siquiera, la corrupción.

Hoy es otro más de los candidatos involucrados en una investigación criminal. La justicia peruana le persigue por un caso de blanqueo de capitales, después de que su madre, una anciana muy anciana, adquiriera una propiedad recientemente de manera sospechosa. Apenas alcanza el 3 por ciento de la expectativa de voto.

Verónika Mendoza

Verónika Mendoza. Imagen vía Facebook

"Tenemos a una candidata presidencial que no tuvo reparos en estudiar con dinero de la corrupción. Es una candidata que tiene a varios diputados investigados por corrupción. Uno muy recientemente condenado por enriquecimiento ilícito". Así de contundente se mostró Verónika Mendoza con la candidatura de Keiko Fujimori durante una conferencia anticorrupción celebrada en enero

La diputada, de 35 años, oriunda de los altiplanos de Cuzco, parece haberse convertido en la única esperanza de la fracturada izquierda peruana para estas elecciones. Pese a todo, sus posibilidades de alzarse con la victoria son muy remotas y ni siquiera ha rebasado el porcentaje suficiente en las encuestas como para que la identifiquen más que como "otros partidos".

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'Tenemos a una candidata presidencial que no tuvo reparos en estudiar con dinero de la corrupción'.

Es afilada y da bien en cámara, se ha apresurado a criticar la corrupción de otros candidatos y ha mostrado una firme voluntad de auditar los recursos naturales del Perú. Pese a todo, muchos creen que todavía es demasiado joven para alcanzar la presidencia. Su principal escollo es que no ha sido capaz de convencer a muchos partidarios potenciales en las ciudades del país. Ha sido víctima de no haber sabido cómo contestar una pregunta sencilla y peligrosa: "¿consideras que Venezuela es una democracia o una dictadura?"

Pedro Pablo Kuczynski

Pedro Pablo Kuczynski. Imagen por Raul García/EPA

"Ante tantos casos de corrupción y de tanta cochinada, nosotros, los peruanos, debemos apostar por un presidente que no sea trafero ni mentiroso", proclamó Pedro Pablo Kuzcynski durante un mitin celebrado en enero.

Hijo de un edipemiólogo alemán que huyó de los nazis en 1936 para trabajar en el Amazonas peruano, Kuzcynski estudió en Oxford, se le conoce por tener la nacionalidad estadounidense y por ser un acérrimo defensor de una libertad de mercado de ascendencia capitalista. A menudo se le refiere como al único candidato que tiene opciones reales… sin ser un flagrante canalla.

'Los peruanos debemos apostar por tener un presidente honesto que no sea trafero, mentiroso, menos corrupto y sobre todo que cumpla lo que promete'.

Kuczynski fuer primer ministro de Alejandro Toledo en la campaña 2005-2006 y su máxima debilidad es que ha apostado firmemente por vender la minería y el petróleo a empresas extranjeras, algo, de hecho, que el veterano político de 77 años, ya intentó como empresario. En su día se alineó junto a otros poderosos empresarios y figuras influyentes del país, para presionar al gobierno para que contemple ceder la gestión de sus minas y de su petróleo a compañías extranjeras.

Igualmente, ha sido duramente criticado por no haber cumplido con una promesa que hizo en 2011 y según la cual iba a renunciar a su doble nacionalidad estadounidense.

Julio Guzmán

Julio Guzmán. Imagen por Todos por Perú Press/EPA

"Yo más bien creo que él es la Coca-Cola y yo la Inca Kola", le espetó Julio Guzmán a Pedro Pablo Kuczynski durante un acto de la campaña. Lo dijo después de que alguien le acusara de ser una versión descafeinada de Kuczynski.

Guzmán tiene 45 años y es ex profesor de política pública por las universidades de Georgetown y de Maryland, y fue, durante un breve lapso, secretario de gabinete del saliente presidente Ollanta Humala.

Se le considera un empollón de centro, que no ha entrado con buen pie en el circo de las entrevistas televisivas. Pese a todo se ha labrado una imagen de rebelde proverbial que no deja a nadie indiferente: o bien harta a sus votantes o provoca su entusiasmo.

'Yo más bien creo que él es la Coca-Cola y yo la Inca Kola'.

Lucha junto a Acuña y a Pedro Pablo Kuczynski por hacerse con el segundo lugar de la expectativa de voto, que actualmente apunta hacia un 10 por ciento.

Sin embargo, su mayor hándicap es que comparte por el mismo electorado que Kuczynski en términos demográficos, lo que, potencialmente, podría seccionar de cuajo sus aspiraciones.

Pese a todo, su principal problema consistirá en poder explicar cómo obtuvo su nominación a candidato en el interior de su partido. La autoridad electoral peruana resolverá en los próximos días si obtuvo o no su candidatura de manera irregular, en cuyo caso, sería excluido de la carrera presidencial.

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