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#DeleteFacebook: quizás nunca puedas irte realmente

Durante los últimos días, en Argentina se ha viralizado la movida de eliminar tu cuenta de Facebook, pero la verdad es que no es tan simple irse de la plaza pública más importante de Internet donde están todos tus amigos, parientes y relaciones laborales
28.3.18
Ilustración por Tomas García

Artículo publicado por VICE Argentina

En los últimos días de lo único que se habla es de Facebook y su escándalo con Cambridge Analytica. La conversación derivó en cuestiones vinculadas a nuestra privacidad en Internet, la caída de las acciones de Facebook en la bolsa y las flacas declaraciones de Mark Zuckerberg, pero sobre todo alrededor de la cantidad de información que compartimos a través de la red, y el potencial uso que podría hacerse de ella sin que tengamos idea. Todo esto culminó en un movimiento autoexplicativo que jocosamente llama a #DeleteFacebook.

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Pero… ¿podemos realmente irnos de Facebook? ¿es posible escapar de las garras de los gigantes de Silicon Valley que recopilan monstruosas cantidad de datos acerca de nosotros? ¿es cierto que esa información puede usarse para manipularnos, cambiando nuestras opiniones y torciendo elecciones a favor del mejor postor?, pero lo más importante es, ¿podemos borrarnos de Facebook sin perder más de lo que estamos ganando?


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No hace falta dedicarle muchas líneas a defender la idea de que los beneficios de las redes sociales son innegables, ni que con Facebook, en más de un sentido, nuestra vida se hizo más fácil. Podríamos imaginar que cuando Marshall McLuhan proponía su “aldea global” ni en su máxima fantasía podía arrimarse a lo que Facebook logró en poco más de diez años desde su lanzamiento.

Pero a diferencia de las utopías descentralizadas que moldearon el desarrollo de Internet, las redes sociales fueron convirtiéndose en las mayores colecciones de información sobre nuestras vidas, y se volvieron demasiado atractivas como para ser ignoradas por anunciantes y gobiernos. Aunque vale aclarar que esto se debe a que fueron creadas con modelos de negocios que giraban en torno a poseer esa información y poder usarla para vendernos más y más cosas.

Ilustración por Tomas García

Muchos expertos dicen que los usuarios deberían preocuparse más por su seguridad. Y si bien eso es cierto y por demás razonable, es impensado pretender que los 2 mil millones 200 mil usuarios de Facebook manejen siquiera los conceptos de seguridad y privacidad necesarios. Eso es una locura. Una abuela, que se hace una cuenta en Facebook para ver las fotos que su nieto sube durante un viaje por Europa, no debería tener que preocuparse por sus datos. Esto no es una mera postura paternalista o una forma de lavarse las manos: cuidar a sus usuarios debería ser la principal responsabilidad de la compañía.

Si bien proclamar #DeleteFacebook puede sonar muy rebelde y contestatario, para la gran mayoría de los usuarios borrarse de Facebook no solo implicaría ciertas molestias —como tener que volver a registrarse en otra app en la que se logueó con Facebook— sino que podría ser perjudicial para nuestra vida. Una de las cosas que podemos descubrir al intentar borrar nuestra cuenta es que resultamos ser mucho más dependientes de Facebook que lo que creemos, y que abandonar la plataforma podría ser más difícil que abandonar el azúcar.


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Para muchas personas y pequeños negocios Facebook se volvió la mejor forma de mostrar lo que hacen, de hacerse conocidos y hasta de generar ganancia. Facebook lentamente se convirtió en una herramienta ideal para ganar la plata necesaria para vivir.

Desde hace años, Sergio Barada tiene un local de piercings en Quilmes, al sudeste del Gran Buenos Aires. Logró hacerse un nombre en el mundo de los aros y vivir de eso. Uno de los motivos por los cuales lo logró es Facebook. Su página, con casi diez mil suscriptores, es la única forma de marketing que realmente le funcionó para poder dar a conocer su negocio: “Al trabajar de manera autónoma y privada, Facebook e Instagram son esenciales para mostrar mi trabajo y organizarme con mis clientes, además de que funciona como la única vidriera para exponer lo que hago y cómo lo hago”, contó convencido.

Ilustración por Tomas García

Como si fuese poco, con sus clientes se comunica principalmente a través de WhatsApp —que Facebook compró por más de 20 mil millones de dólares a fines de 2016—. Para él no es una cuestión de fotitos, comentarios y likes buena onda con sus amigos y parientes, sino la forma más efectiva que encontró para poder trabajar, ganar dinero y así pagar el alquiler.

Pero esto no aplica solo a profesionales independientes. Muchas marcas pequeñas encontraron en Facebook no solo una vidriera, sino también un canal de comunicación ideal, informal, que las acerca a su público objetivo sin el engorro de las típicas tiendas online.

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Alejo Yael, co-fundador de la marca de hardware musical Yaeltex, nos comentó: "Facebook es, hoy en día, nuestro canal de venta, visibilidad y comunidad más importante". En su caso, al tratarse de productos dirigidos a un mercado de nicho, les es indispensable vincular su página con grupos y eventos que organizan para nuclear a los entusiastas de la producción musical a quienes les venden sus productos. Los intentos previos de mantener comunidades fuera de Facebook no habían sido ni remotamente exitosos en comparación.

La plataforma creada por Mark Zuckerberg también logró posicionarse como la agenda cultural por excelencia. Haciendo tragar polvo a cualquier otra red competidora, Facebook aprovecha que todo lo que hacemos allí deja una estela visible para nuestros contactos y esto resulta en la difusión de eventos en mera virtud de que nuestros contactos indiquen que asistirán o que les interesa. Es por esto que en ámbitos como el teatro o la música, sobre todo cuando se trata de artistas independientes, estar fuera de Facebook es estar prácticamente fuera del principal canal de difusión. Facebook es donde nos enteramos de lo que pasa y muchos lugares sólo comunican por ahí.

Otro ejemplo claro de por qué muchas personas no pueden irse de la red social es que servicios como Tinder, por ejemplo, solo permiten registrarse con Facebook. Puede parecer una joda, pero Christopher Wylie, el experto en big data que reveló el funcionamiento de Cambridge Analytica poniendo en marcha esta pequeña revolución en contra de Facebook, bromeó en una charla diciendo que no podía usar más Tinder después de que le bloquearan la cuenta en Facebook.

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Este es solo un ejemplo de decenas de apps, algunas con muchísimos usuarios, a las que no hay otra forma de acceder más que a través de la red social de Zuckerberg. Si cerrás tu cuenta haciéndole caso al #DeleteFacebook no vas a tener otra opción que quedarte afuera y no usar algunos servicios, u optar por abrirte una nueva cuenta sin contenido solo para usarlos.


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Facebook incluso se volvió una de las maneras más fáciles de conectarnos con personas con quienes compartimos apenas un momento. Para empezar, las relaciones que se establecen, “amistades”, son simétricas: si te agrego, vos me agregás también. Pero por otro lado, la plataforma tiene una política de uso de nombres verdaderos que, reprochable desde el punto de vista de la privacidad, es innegablemente útil al momento de buscar personas.

Alcanza con que alguien nos dicte su nombre en el medio de un bar o que se busque a sí misma en nuestro teléfono para que estemos conectados instantáneamente. Proponer reemplazar eso con el uso del correo electrónico es, como poco, ingenuo: si algo es a esta altura obvio es que los usuarios siempre buscarán la opción más cómoda y no la más segura. Uno de los comentarios más frecuentes en contra de borrarse es que se perdería la posibilidad de hablar con personas de quienes no tenemos ninguna otra vía de contacto, como por ejemplo aquellas que conocimos en algún viaje.

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Leandro Ucciferri, abogado de la Asociación por los Derechos Civiles, lo explicó perfectamente: "Algo que supo hacer muy bien Facebook es concentrar a un gran porcentaje, sino todos, de tus contactos ahí. Esto genera que, para ciertas personas, salir de esa red social en la cual ya construyeron un vínculo digital, con memorias y recuerdos compartidos con todos sus familiares, amigos y colegas, sea impracticable. Simplemente porque habría que movilizar a toda esa gente a espacios nuevos. Nadie quiere quedarse solo, todos queremos pertenecer a un grupo dentro de la sociedad. Y hoy Facebook es la construcción de una sociedad digital". Es por esto que al borrar nuestro perfil es como si cortásemos vínculo con todos nuestros amigos a la vez. Eso desencadenaría reacciones a las que difícilmente nos podemos adelantar.

A lo que Ucciferri apunta es a lo que se conoce como “efecto de red”: el valor de una plataforma va a depender directamente de la cantidad de usuarios que esta tenga. Es por esto que optar por #DeleteFacebook y mudarse a otra red social, como Diaspora o Ello, siempre resulta tan difícil.

Ilustración por Tomas García

Algunas otras cosas se están yendo de mambo, como la combinación de algoritmos de reconocimiento facial que Facebook implementó hace ya varios años y la instaladísima costumbre de subir fotos de lo que sea sin el mínimo reparo. La comodidad ofrecida por Facebook al reconocer caras de amigos e invitarnos a etiquetarlos tiene todo para ser puro polvo mágico tecnológico, y si bien al principio puede haber hecho un poco de ruido entre la comunidad pro-privacidad, hoy forma tan parte de nuestras vidas como los likes o comentarios. Que seamos paranoicos no significa que no se trate de un escenario real, y es por eso que podemos darnos el espacio para especular un poco al respecto.

Imaginemos un escenario común y corriente. Tenés un hija y empezás a subir imágenes de ella a la red social desde que nació. Va creciendo, cumple los 13 años reglamentarios que Facebook le exige para poder crearse una cuenta. Al hacerlo Facebook no solo sabrá todo lo que haga desde que se creó la cuenta, sino que la conocerá desde su nacimiento —o desde el momento en que sus padres subieron su primera foto—. Qué deportes hizo, a qué colegio fue o quiénes son sus amigos. Y esto sin considerar todo lo que puede saber de ella a partir de los gustos de sus padres. Dada la influencia que tiene nuestra crianza en nuestro futuro, Facebook la estaría esperando con exactamente el tipo de publicidades que a ella podrían interesarle.

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Para referirse a los “mundos” que las redes sociales crean suele usarse la expresión walled gardens o jardines amurallados, que alude a que en su interior contienen experiencias completas para sus usuarios. En Facebook nos encontramos con contactos, podemos ver lo que suben e incluso tener conversaciones privadas. Pero una de las herramientas más utilizadas es la posibilidad de abrir con un par de clics un grupo que gire en torno a un interés en común.

Ilustración por Tomas García

Desde hace muchos años, con la caída en el uso de correo electrónico entre las generaciones más jóvenes, Facebook se convirtió en uno de los principales espacios de encuentro virtual para la educación. Se arman grupos de discusión en torno a cursos o incluso se replica un aula completa para que quien dicta la clase se mantenga en contacto con sus estudiantes. Lo que hace diez o quince años eran los foros en Internet hoy fueron reemplazándose por espacios al interior de Facebook. Una vez más, la conquista de la web por parte de la red social se traduce en que si estamos afuera, nos quedamos afuera.

La red de Zuckerberg se instaló tan profundamente como parte de nuestras vidas que no pertenecer se volvió más raro que hacerlo. Si estamos en un grupo de personas y una de ellas no tiene una cuenta en la plataforma será vista como un outsider y se le pedirían explicaciones de los motivos por los cuales decidió no estar ahí. Facebook hace ya mucho tiempo pasó el punto en que dejó de ser novedad y se convirtió en plataforma obligada de la vida en Internet.

Es por esto que el llamado a borrar nuestras cuentas de Facebook esconde por detrás cierto cinismo. Por supuesto que si todas estas complicaciones están resueltas de nuestro lado podemos optar por borrar nuestra cuenta, o al menos, revisar mejor la relación que tenemos con la plataforma, la información que compartimos en ella y cómo cuidamos nuestra presencia en Internet.

Pero lo que no es sensible es soltar tan libremente el llamado a borrar nuestras cuentas cuando esto ignora lo complicado que podría ser para muchos. Facebook debería priorizar la privacidad de sus usuarios y, de ser necesario, revisar su modelo de negocios antes de hacernos optar por desaparecer de la plaza pública más grande de Internet, aunque esta sea un jardín amurallado en manos de inversores.