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violencia machista

La violencia machista también te puede llegar por WhatsApp

¿Qué se está haciendo, qué no y qué puedes hacer si te conviertes en objetivo de la violencia en espacios virtuales? Hablamos con las expertas sobre cómo ponerles cerco.

por Quique Badía
25 Noviembre 2016, 9:50am

KEVIN GILGAN VIA STOCKSY

Imagínate que recibes 225 mensajes de WhatsApp de tu expareja amenazándote de muerte y que el juzgado de tu localidad rechaza imponer una orden de alejamiento al maltratador porque la titular del teléfono eres tú y no se puede constatar que quien profirió las amenazas fuera él.

No es una hipótesis, es un caso real que la abogada especializada en violencia machista Ester García compartió hace un par de años en el marco de las Jornadas sobre violencias de género 2.0 organizadas por el grupo de investigación GrediDona de la Universidad de Barcelona (UB).

¿Qué se está haciendo, qué no y qué puedes hacer si te conviertes en objetivo de la violencia en espacios virtuales?

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La también abogada Carla Vall, focalizada en estas violencias, ilustra las carencias que encuentra en el día a día de su oficio. Para ella, las indagaciones de otras unidades —como delitos telemáticos en delitos económicos y patrimoniales— pasan por delante de aquellos con un componente de género.

El convenio sobre cibercriminalidad elaborado en 2001 ya señalaba la posibilidad de utilizar las tecnologías para cometer delitos contra la propiedad intelectual y la confidencialidad, o aquellos denominados de contenido. Lo relativo a las agresiones machistas entraría en esta categoría.

Antes de la reforma del código penal, abogadas como Ester García no disponían de una legislación específica sobre violencia de género, pues hasta el momento de implementar los cambios legislativos los únicos delitos de contenido que preveía la ley eran aquellos relacionados con la pedofilia.

García debía basarse en delitos que ya existían, como revelación o descubrimiento de secretos en aquello relacionado en la difusión de imágenes con contenido sexual, o injurias, calumnias y estafa informática.

Hoy el llamado revenge porn, el stalking o el acoso en redes con agravante de género es una conducta delictiva, pero es pronto para poder evaluar si está surgiendo efecto, de acuerdo con Vall.

Y hay otros problemas.

Trinidad Donoso, exdelegada del rector de la UB para la igualdad y mujer enfrente de GrediDona, comparte con Broadly algunas de las conclusiones de su investigación en materia de violencia de género entre adolescentes en entornos virtuales. La muestra se realizó tomando como referencia a 4.500 adolescentes de entre 15 y 16 años repartidos en 6 comunidades autónomas.

El 80 por ciento de los y las jóvenes cree que hay mucha violencia de género en los entornos virtuales

Donoso afirma que lo que sobresale de forma muy clara es que el 80 por ciento de los y las jóvenes cree que hay mucha violencia de género en los entornos virtuales, pero que también hay una impunidad total. Las encuestadas creen que no se hace nada cuando hay una agresión, pero es que además no saben ni a quién tienen que acudir.

La violencia más habitual, afirma la investigadora, es la de control: controlar las claves del Facebook de la pareja, o controlar quién te escribe y quién no, por poner algunos ejemplos.

Para Carla Vall el problema no radica tanto en la asignación de recursos como en el hecho de que la vida cibernética ha avanzado mucho en comparación a las herramientas diseñadas para la prevención. Y las violencias machistas en estos entornos no se circunscriben, exclusivamente, en las relaciones individuales.

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Ella misma participó en la interposición de una querella contra los impulsores en Twitter de los perfiles @muerenpocas, una iniciativa organizada en redes sociales que amparaba la opinión de aquellos que creían que las víctimas de violencia machista en España no eran suficientes.

Era un tema flagrante: "Con el anterior código penal ya se habría podido procesar. Lo que tuvimos fue un problema de falta de pruebas. No se podía identificar al autor y por lo tanto no se podía desarrollar el proceso investigativo", recuerda Vall. La instrucción no pudo ni llegar a eso por la falta de identificación del que lo inició.

Y la jurista no está sola en el empeño de denunciar al machismo organizado en las redes.

Una docente y activista que prefiere mantenerse en el anonimato recuerda a Broadly que una vez intentó denunciar una serie de comentarios en un foro en el que un hombre se jactaba de las agresiones a su mujer y negaba la violencia machista.

Denuncia las dificultades que tuvo para presentar la demanda a través de la unidad de delitos telemáticos de la Policía Nacional y la policía autonómica catalana, los Mossos d'Esquadra, algo que no le fue posible. Le dijeron que debía ir in situ a una comisaría y que valorara si esas amenazas eran reales o no.

Debería haber sistemas de denuncias en Internet en el que se pudiera hacer copias de la información que hay en la red desde la policía y la fiscalía

"Debería haber sistemas de denuncias en Internet en el que se pudiera hacer copias de la información que hay en la red desde la policía y la fiscalía. Y este sistema aún no está. La información se modifica muy rápido", lamenta Vall.

¿Qué se puede hacer hoy, pues?

La inspectora de la Policía Nacional Silvia Barrera recuerda que hay compañías que ejercen el papel de testigos digitales. Mediante un software de testificación digital puedes introducir la url del comentario o el perfil que te interese, previo pago, o gratuitamente a través de la página web de la Guardia Civil, que trabaja con el sistema eGarante.

De acuerdo con Barrera, su cuerpo también está implementando una aplicación para intentar dar este servicio gratuitamente para que la afectada introduzca los datos que quiera capturar y se genere un pdf con las capturas acorde a la garantía jurídica y técnica que eso requiere.

Esta herramienta recogerá los comentarios, la captura, los nodos, la conexión directa con el sitio web que aloje esos contenidos, un cifrado, una firma electrónica garantizando que ese contenido no ha sido modificado por lo menos durante el proceso de captura y, en fin, toda una serie de requerimientos técnicos para poder judicializarlo. Se podrá introducir una url o irse a una comisaría y pedir que lo capturen.

Según la inspectora, es muy difícil detectar el origen de una campaña como la de #muerenpocas, pues cualquier archivo que generes, una imagen o un comentario, no tiene una firma digital, por lo tanto no es rastreable, en el sentido de que puede haberse iniciado la campaña a través de WhatsApp, de forma privada.

Aún así, más allá de las herramientas, Barrera señala otros problemas: falta de conocimiento en la judicatura sobre lo grave del ciberacoso, culpabilidad de las víctimas por creer que nunca debieron contestar o poner un fav, compañeros en la policía que lo minimizan.

Al final, y como en muchas cuestiones que atañen el machismo, la formación es esencial.

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