Como nada me sirvió en el amor, probé con pociones y hechizos esotéricos
Foto por: Sara Gómez | VICE Colombia
esoterismo

Como nada me sirvió en el amor, probé con pociones y hechizos esotéricos

Ungüentos, velas, amarres de amor por ocultistas populares. Las tiendas esotéricas y las brujas que "regresan y dominan al ser amado" nunca pasan de moda. Fui a visitarlas en esta semana del amor.

No a todos se nos da eso del amor. Algunos —yo, el primero— nos hemos acostumbrado a nuestra irrevocable condición de violines. Parecemos condenados a una serena vida de amaneceres solitarios, ir a bailar con ganas de salir acompañados y no lograrlo, creer que alguien nos miró con ganas y darnos cuenta de que era solo el gesto previo a un estornudo o a una carcajada. Hemos sentido —yo sé que sí— la alegría melancólica de ver a nuestros amigos darse besos y mordernos los labios con ganas pero, en vez de placer, sentir una urgencia por comprar un tarro de vaselina porque están resecos y no queremos que se partan más de lo que están.

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Algunos —lo juro— ya hemos agotado todos los recursos: la cacería romántica en las fiestas, los guiños de ojo en la oficina, Tinder, Twitter, Grindr, Badoo, la sonrisita coqueta en Transmilenio. Al final, nada.

Hay algo que nos rehúye, que nos pasa de ladito. Como si nos hubieran plantado un bloqueo, un poderoso encantamiento. Como si alguien tuviera una figurita de nosotros en un altar con la boca cosida y la entrepierna sellada con pelos de rata. Como si —nada raro— hubiera que acudir a algo más que nuestro candor y nuestras mejores miradas para que alguien nos pare bolas.

"A mi papá le hicieron un amarre, estoy segura de que su nueva esposa fue a donde una bruja de la Caracas. Y, vea, ahí llevan más de cinco años. Él está enloquecido", me dijo una compañera cuando le comenté por primera vez de mis sucesivos fracasos sentimentales. De allí vino la iluminación: si no ha podido uno solo, lo mejor es intentarlo con los poderes arcanos de los demás. Y, para fortuna de nosotros, los desahuciados emocionales, esos poderes están a la orden por toda Bogotá; ahí, en las esquinas, al lado de los chuzos de mazorca; ahí, a unos pesos de distancia, seduciéndonos con sus luces de neón y sus frascos de vidrio con líquidos variopintos.

Emprendimos el viaje esotérico con Sara, una fotógrafa igual a mí en los infortunios del amor. Anduvimos entre pasajes de hierbas, tiendas de velas y fragancias, oficinas de ocultistas y parapsicólogos (hasta contactamos a brujos baratos de internet) para conocer sus mejores trucos y amarres de amor, para "regresar, dominar y ligar al ser amado".

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Aunque salimos sin plata, mal mirados y con olor a incienso barato, todavía guardamos la esperanza de que algo funcione y pronto llegue la pareja de nuestros sueños. Estos son, según algunos vendedores y espiritistas del menudeo, las estrategias más efectivas para despertar el amor.

Los de siempre: 'Extracto de garrapata', 'Amarra hombres' y otros líquidos desde 3.000 pesos

Se ha dicho que el amor, como la comida, entra primero por la nariz. En pleno San Victorino, entre tiendas de juguetes y celulares, se asoma un pasaje atiborrado de rosarios, tarros, vitrinas llenas de velas y jabones: un ala popular dedicada exclusivamente a las pócimas y ritos aromáticos. Más de una vez hemos olido esos penetrantes aromas a "pusanga", "sígueme, sígueme", "pega pega", "vencedora", "amansa guapos", "miel de amor" y demás aguas tinturadas.

Leidi, vendedora de uno de los locales, recomienda el extracto de garrapata. "Es para que el hombre se quede prendido a usted, como ese bicho, que se le pegue y no lo deje ir". Cinco mil pesos. "O lleve el 'amarra hombres': se lo aplica en el cuerpo después de bañarse y eso hace que le caigan más". Tres mil pesos. Su etiqueta amarilla es clara: un hombre en cuatro, sometido a una mujer en ligueros. "Producto esotérico de simple curiosidad", alcanzo a leer antes de irme, no sin antes llevarme la prueba aplicada detrás de las orejas. Y un tarro entero.

Tania, una colega de la redacción, ya había intentado levantar a punta de perfumes con feromonas. Falló. Sin embargo, a Sara la sedujo la forma de corazón de una avanzada versión de la "miel de amor", un líquido rosado que, según le dijeron, puede usar de dos formas: si es de mujer a hombre, untárselo en la mano y embadurnar la frente de la persona a la que quisiera amarrar o, si es de hombre a mujer, esparcírselo a la "afortunada" por todo el pelo. Y el nivel avanzado, ya con pareja, es untarlo en la vagina antes de la relación sexual.

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Pero el más poderoso de todos, coinciden las vendedoras, es el perfume de chondú o shundul. Como no pudimos pagarlo (en el menudeo su precio iba desde los $20.000 hasta los $50.000), no nos quisieron soltar información. "Le cuento como funciona si lo lleva", sentenció una indígena del Putumayo en la vitrina de su local. Pero nos llevamos un par de datos: este preparado vegetal lo rezan mejor si lleva el nombre del implicado, aún mejor si lo 'trabajan' con la foto del amante y, dicen, a veces lo mezclan con las otras sustancias (el 'quereme', el 'pega pega' o el 'sígueme sígueme').

Y pudimos olerlo, directamente unos tarros artesanales llenos de ramas, pedazos de hojas y raíces. En vez de despertarnos la libido, casi nos induce un vómito largo e incontrolable. Peor que el del riego "amor amor", color semen empozado.

Velas y lavados de amarre sentimental

Las velas son la clave del poder arcano de la hechicería desde hace mucho. Y el método más efectivo, según el mercado esotérico criollo. Además de los grandes velones para hacer rituales de atracción, hay uno que sobresale: las velas con forma de amantes. En una versión, 'los amantes' están entrelazados, indisociables, abrazándose. "Usted prende esa vela, le pone el nombre de los dos, y potencia los sentimientos de amor de su pareja. Es perfecto pa' cuando se está acabando la chispa y usted quiere revivirla. La gente la lleva mucho", nos cuenta un tipo, que no quiso dar su nombre, y que atiende uno de los más prominentes lugares de velas amorosas de San Victorino. "Después hace la oración: lo mejor son tres padres nuestros".

Compro, después de un mal regateo, una pareja de 'amantes' sueltos. A diferencia de los otros, estas son figuras individuales y en las instrucciones se lee: "Estas velas se emplean siempre que quiera atraer o dejar a una persona". Si uno las prende frente a frente, con el nombre de ambos bajo sus pies, vuelve la relación favorable; ata al ser amado. Si se hace de espaldas, la aleja. "Funciona también pa' los negocios, pa' que le paguen a uno deudas o para alejar a la gente dañina". (En la noche, ya en mi apartamento, las prenderé frente a frente, con un "el que sea, pero alguien", y ubicaré la vela roja, encendida de cara a una con mi nombre, en mi sala. Hoy sigo esperando sus efectos).

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Los carísimos "amarres" y "regresos" de espiritistas de esquina

—¿Aló?
—¿Maestro Karlo, el de la página de amarres?
—Sí, con él.
—Profesor, estoy buscando pareja. Supe que usted se dedica a eso. ¿Algún consejo? ¿Cómo son sus sesiones?
—Claro, llegó al que era. Como maestro de la magia blanca regreso, ligo y domino sin daños al ser amado; realizo ayudas espirituales, consejería social, salud y limpiezas, también trato males y brujerías.
—¿Cuánto cuesta una sesión?
—Un regreso sencillo, 280.000. Y de ahí pa' arriba. Usted me manda una foto de la persona a la que quiere, una suya, las fechas de nacimiento de ambos y yo hago el altar. Hay garantía.
—¿Tengo que ir a su oficina?
—No, no. Usted puede consignar por Efecty, Chance Paga Todo, por donde quiera. Y yo le mando fotos para certificarle que sí es verdad.
—¿Más baratico se puede?
—No. Es para los materiales. Usted sabe: amarrar es costoso.

Los locales de tarotistas que dicen "atraer" o "dominar y ligar al ser amado" parecen multiplicarse a diario. El Maestro Karlo es apenas uno de los más de cincuenta (haciendo un rastreo rápido en Google) ocultistas, brujos y "parapsicólogos" dedicados a los amarres de amor.

Como otros tres a los que llamé, lo primero es la plata: consigne y le traemos al que quiera.

Sus principales servicios amorosos son cuatro: hechizos y amarres de amor, dominios, regresos del ser amado y endulzamientos. Los amarres son conjuros que, según ellos, generan en los receptores sentimientos de amor hacia quien lo pide. Los dominios son para someter el corazón del amado. Los regresos funcionan para que el amado vuelva a uno, y los endulzamientos, los más suaves, arreglan a una pareja cuando no ha terminado pero está en crisis.

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Las técnicas del Maestro Karlo, por ejemplo, se basan en un altar con velones y fotos. Otros son a base de orina recolectada en la mañana, donde se inserta el nombre de la persona amada y se reza. Visitamos al menos dos donde no quisieron ayudarnos a atraer el amor por menos de doscientos mil pesos. Ni responder nuestras preguntas sobre sus métodos. Solo Luz del Mar, una "espiritista y ocultista" —como figura en su tarjeta de presentación— nos dejó seguir a su oficina en la 47 con Caracas y nos dio un pequeño asomo:

  • Con ella todo empieza con una lectura del tarot, para identificar los obstáculos. Luz del Mar garantiza determinado tiempo, dependiendo de la dificultad del "trabajo". De ocho a quince días.
  • Altares para el regreso: velones grandes en cera virgen con esencias "abrecaminos", "destrancadera".
  • Para mi caso específico, el de la búsqueda de un amor, cualquiera, me recomienda una "limpieza". El mismo altar, pero con purificadores y con una invocación espiritual, eliminando obstáculos, destrabando la mente, el corazón y los genitales para concluir con un hechizo de protección.
  • El amarre puede ser definido o indefinido. Indefinido, por supuesto, es más caro.
  • Luz del Mar promete que, una vez realizado el regreso, el amarre o la limpieza el "trabajo" no lo tumba nadie.

Luz del Mar cobra de 500.000 a 700.000 pesos dependiendo del trabajo. "¿Y si no funciona?", le pregunto. "Funciona, funciona. Lo que toca es ponerle fe, ponerle energía". Tengo la fe y la energía, pero no la plata. Luz del Mar nos dice que ni modo, pero que ojalá consigamos a alguien, un romance. Salimos del local, vemos el neón a la distancia. Olemos a inciensos baratos, estamos embadurnados en esencias, aguas olorosas, cargamos una colección de velas.

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Nos despedimos Sara y yo, ambos esperando los efectos y dispuestos a hacer nuestro propio altar casero. Por ahora solo sentimos el cansancio y el miedo de que alguna de estas mujeres nos haya hecho algún hechizo maligno para alejar —aún más— el amor. Solo voltea a vernos la ayudante del local. "Yo no creo en nada de eso", dice. "Es pura mierda".

Si conoce una mejor estrategia que los amarres de brujas y los líquidos baratos, cuéntele a Felipe por acá en Twitter.


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