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ESPAÑA

El aire que respiramos en España nos está matando

Ayer se presentó el informe anual sobre la calidad del aire en España. Y los datos son para echarse a temblar.

por Dani Cabezas
21 Junio 2018, 7:29am

Fotografía vía Diario de Madrid/CC BY 4.0

Sal a la calle y respira hondo. Puede que ya te hayas acostumbrado, pero lo que está entrando en tus pulmones es, casi con total seguridad, puro veneno. Una mierda tóxica que te está matando por dentro.

No se trata de alarmismo barato o exageraciones de los grupos ecologistas: cada año mueren de forma prematura en España hasta 30.000 personas por culpa de la contaminación ambiental, en una cifra que se dispara hasta casi el medio millón en toda Europa, según datos de la Agencia Europea de Medioambiente. Para entendernos: quince veces más que en accidentes de tráfico.

Este miércoles, Ecologistas en Acción ha presentado en Madrid el informe anual sobre la calidad del aire en España durante 2017, elaborado con datos oficiales recogidos en todos los puntos de la geografía española. Y las conclusiones no animan, precisamente, a respirar más profundamente y con mayor tranquilidad. Según la organización ecologista, el pasado año la contaminación aumentó respecto a los anteriores. Además, se mantienen sistemáticamente los incumplimientos de los límites legales en medio centenar de grandes núcleos urbanos.

España huele a humo

Tal y como detalla el informe, y si tenemos en cuenta los valores límite establecidos para la Directiva Europea de 2008, 17,5 millones de españoles estuvieron expuestos al aire contaminado. O lo que es lo mismo, el 37,6 por ciento de la población. Pero si atendemos a los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más estrictos que los límites legales, el número se dispara hasta los 45 millones de personas, el 96,6 por ciento de la población. Es decir: España entera. Desde el centro de Madrid o Barcelona hasta el último y más remoto pueblo del país.

“La contaminación se ha agravado claramente en el último año”, me explica Juan Bárcena, coordinador de calidad del aire de Ecologistas en Acción. Las causas son diversas. “Por un lado, las condiciones meteorológicas: 2017 fue el año más cálido desde 1965, y extremadamente seco. Ambos factores dificultan la dispersión de los contaminantes”. Aun así, desde la organización ecologista recuerdan que “la meteorología, por sí misma, no produce la contaminación, sino que agrava el problema”.


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La otra causa es el aumento de la actividad económica: a más dinero en movimiento, más sucio y pestilente el aire. “Es cierto que el final de la crisis no llega a todos los bolsillos, pero también que hay más consumo de combustibles fósiles, tanto en el tráfico como a nivel industrial y de centrales térmicas”, aclara Bárcena.

Pero, ¿qué es exactamente lo que estamos respirando? Existen fundamentalmente cuatro compuestos en lo que entendemos por contaminación: Dióxido de nitrógeno (NO2), Dióxido de azufre (SO2), Ozono troposférico y las llamadas partículas en suspensión, cuyo diámetro varía entre 2,5 y 10 µm, y que van desde el polvo o el polen a las más diminutas, que penetran incluso en la sangre a través de las vías respiratorias.

A menudo, la medición de estas últimas es tan compleja que su detección resulta casi imposible. Y aunque algunos de esos componentes son fruto de la actividad industrial, la realidad es que la mayoría proceden de la combustión que produce el vehículo privado a motor.

¿Te gusta conducir?

Sí: cuando hablamos de contaminación tendemos a pensar en los demás, y casi nunca en nuestra propia responsabilidad. Y en ese sentido, algo de ella tenemos cuando el uso del coche que hacemos en las ciudades roza la obscenidad. Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), de cada 10 desplazamientos en vehículo motorizado en ciudad, la mitad son de menos de cinco kilómetros, una distancia perfectamente asumible a pie o en bicicleta. Incluso un vergonzante 10 por ciento de menos de 500 metros. Repetimos: 500 metros. Uno de cada diez personas coge el coche para recorrerlos. Bravo.

Más allá de la contaminación, sigamos demonizando un poco al coche, objeto de deseo aspiracional por antonomasia del mundo moderno. Cada año se producen 11.000 atropellos en España, de los cuales 10.000 tienen lugar en ciudad. El coche pasa el 95 por ciento de su vida útil detenido, lo que lo convierte en el bien de consumo peor aprovechado de la sociedad. Y una cosa más: ¿Crees que vas más rápido cuando te mueves en él de un lugar a otro de la ciudad? Miremos de nuevo los dato de los propios ayuntamientos: en el centro de Madrid, la velocidad media de los vehículos a motor oscila entre los 10 y los 20 km/h. En Barcelona, tres cuartos de lo mismo. Casi vas más deprisa si caminas a paso ligero, como Rajoy.

Un 10 por ciento de los desplazamientos en coche o moto se hacen para recorrer menos de 500 metros

No seamos ‘cochófobos’, como decía aquella: el coche es un invento maravilloso. Te puede llevar muy lejos y te permite escuchar tu música preferida a volumen absurdo sin que nadie perciba lo mal que cantas. Viene de lujo para llevar la compra o recoger a tu suegra y que viaje cómodamente agarrada al asa que está encima de la puerta. Pero reconozcámoslo: el abuso que hacemos de él en la ciudad tiene poco de útil y mucho de egoísta. Sobre todo teniendo en cuenta las consecuencias que tiene para la calidad del aire que respiramos todos, tengamos coche o no.

“La solución a los problemas de contaminación pasa por reducir el tráfico motorizado en las ciudades”, señala Juan Bárcena con rotundidad. “Pero es cierto no es fácil que la gente deje el coche de manera voluntaria e individual. Las autoridades deben, cumpliendo con la normativa europea, introducir restricciones al uso del coche y, paralelamente, favorecer otras formas de movilidad. Los ejemplos están ahí: en las ciudades que son un ejemplo, como Vitoria o Pontevedra, esas iniciativas han funcionado”, recuerda el portavoz de Ecologistas en Acción. “En otras, como Madrid, operaciones como la de Navidad, cuando se cortó al tráfico la Gran Vía, han funcionado y el resultado ha sido bueno: menos coches y menos contaminación”.

Al límite

En los últimos años, la gravedad de la situación ha devenido en los muy comentados episodios de alta contaminación, que se acaban traduciendo en limitaciones a la circulación de vehículos que enfadan mucho a nivel de barra de bar español. Ya se sabe: los malditos comunistas, ya sean los que gobiernan en Madrid o los que lo hacen en Barcelona o Valencia, nos quieren quitar nuestro sacrosanto derecho a conducir. La realidad es que, cuando se alcanzan esos niveles, es porque la cosa ya está como para quedarse en casa enchufado a una bombona de oxígeno.

“Lo más grave no es la calidad del aire que respiramos cuando se activan estos protocolos contra la contaminación”, explica el doctor José Miguel Rodríguez González-Moro, neumólogo y director de relaciones institucionales de la Sociedad Española de Neurología y Cirugía Torácica (SEPAR). “Deberíamos estar preocupados durante todo el año, porque estamos constantemente rozando esos límites, aunque luego no termine de tomarse ninguna medida por parte de los ayuntamientos”.

Los efectos de la contaminación en la salud van desde dolencias respiratorias hasta los problemas cardiovasculares, pasando incluso por los tumores

Preguntado por los riesgos que esa exposición prolongada entraña, González-Moro no sabe por dónde empezar: desde las dolencias respiratorias como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) hasta los problemas cardiovasculares, pasando incluso por los tumores. Y es que, dado que las partículas, especialmente las más pequeñas, acceden al torrente sanguíneo, sus efectos alcanzan todo el organismo.

Con todo, los expertos son moderadamente optimistas de cara al futuro. Al menos, en lo que a concienciación de la opinión pública se refiere. “Cada vez hay más interés en materia de contaminación ambiental, tanto por parte de los medios de comunicación como de todos los ciudadanos”, apunta Juan Bárcena. “La gente tiene que tener muy claro que estamos ante un grave problema: respiramos unos índices de contaminación insalubres. Y tenemos que hacer algo al respecto de manera urgente“.

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