Dentro del negocio de sexcams más grande de Europa
Opciones de sexcam en Rumania

Dentro del negocio de sexcams más grande de Europa

Si juntas la pobreza de Rumania, con una inmensa cantidad de mujeres desempleadas con conocimientos de inglés y un excepcional internet de alta velocidad, el resultado es el mayor negocio europeo de sexo por webcam a tiempo real.
Mircea  Topoleanu
fotografías de Mircea Topoleanu
PH
traducido por Phoebe Hopson
5.2.18

Este artículo apareció originalmente en VICE Rumanía

Estoy viendo un vídeo en directo de una mujer muy atractiva que lleva un bodi de terciopelo negro, está sentada con las piernas cruzadas en la cama de un estudio, decorado para que parezca una habitación de hotel. Tiene los pies colocados debajo de las rodillas y un portátil encima de las piernas.

Tras varios segundos, recibe un mensaje en el chat. “Tardaré unos días en llegar a Rumania”, le comenta un usuario, “Pero cuando esté ahí, te empalaré como a Vlad”.


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Utilizar como referencia a un príncipe sanguinario del siglo XV en un chat de sexo me parece algo extraño, pero a la chica en cuestión no parece molestarle demasiado. Sonríe seductivamente y le responde. Pueden verse sus uñas, largas y rojas, deslizándose por el teclado: “montarme: sí, correrte: no, jaja”.

Maria, la directora de una de las compañías de secam más grandes de Romanía, en su oficina. Todas las fotografías de Mircea Topoleanu

Se rumorea que la industria rumana del sexcam genera beneficios anuales de más de 300 millones de euros, lo que la convierte en el mercado de este tipo más lucrativo de Europa. Numerosos conocedores del sector con quienes he hablado estiman que hay unos 5.000 estudios distribuidos por todo el país que trabajan con unas 100.000 modelos. Pero en lo que respecta al Gobierno rumano, esta industria no existe.

Si bien no es ilícito tener una empresa de sexo virtual, el Gobierno no otorga a este tipo de negocios los códigos de empresa que el resto de empresas rumanas reciben a efectos impositivos y de beneficios. En consecuencia, muchos estudios fingen ser agencias de modelos o proveedoras de telecomunicaciones y utilizan los códigos tributarios de estas. Contacté con el Ministerio de Empleo rumano en diversas ocasiones para saber por qué el Gobierno no reconoce los estudios de sexcams como empresas oficiales, pero no recibí ninguna respuesta directa.

Este vacío jurídico permite que la industria pueda generar beneficios legalmente, aunque de manera no regulada. Esta situación también hace que el Estado ignore lo extenso que es el negocio de sexcams.

“No queremos engañar al Gobierno, pero creemos que no tenemos más opción”, dice Maria, jefa de uno de los estudios de sexcam más grandes de Bucarest. “No queremos problemas, ni para la propietaria ni para las modelos o los empleados. Pero si no utilizáramos un código de empresa falso, no tendríamos derecho a percibir ningún beneficio del Estado”.

Vera Renczi (izquierda) ha estado trabajando como camgirl durante años

Maria me explica que el dominio de Rumania en la industria de las sexcams se debe a tres factores: pobreza, una abundante cantidad de mujeres desempleadas que hablan inglés y un excepcional internet de alta velocidad.

Un 15 por ciento de los jóvenes de Rumania están desempleados. Esto facilita la tarea a los estudios de atraer estudiantes universitarios y recién graduados, prometiéndoles contratos lucrativos con sueldos muy por encima del salario mínimo interprofesional del país, 1221,97 RON (186 €).

“Hay muy pocas oportunidades laborales en Rumania”, dice Vera Renczi, quien ha estado trabajando como camgirl varios años tras firmar un contrato con un estudio por no poder costearse el equipo de fotografía que necesitaba para un curso. “Somos un país muy pobre”.

Maria (de pie a la izquierda), dueña de uno de los mayores estudios de Rumania, da la oportunidad a sus modelos de utilizar un salón de belleza que hay en el estudio

“Conseguiremos que tus sueños se hagan realidad”, puede leerse en uno de los anuncios del sitio web de la empresa de Maria, dirigido a las y los modelos. “Podréis comprar lo que queráis y viviréis como estrellas de cine”. Pero, sobre todo en los estudios más pequeños, muchas de las camgirls y de los camboys acaban ganando mucho menos de lo que les prometieron, así que lo dejan rápido, lo que provoca que haya gran rotación de personal.

Esta es la realidad de numerosas industrias no reguladas. Vera me explica que siempre hay nuevos estudios de sexcams que abren, muchos de ellos con el único propósito de explotar a mujeres vulnerables. Ellos les prometen contratos lucrativos, pero luego, o bien se niegan a pagarles, o cierran el estudio, cambian de nombre comercial y traspasan el negocio.

“No es fácil ganar dinero”, dice Vera a la hora del té en la cocina, en Bucarest, sentada a unos cuantos metros de su habitación, donde trabaja como camgirl para su propia empresa. Ella estuvo trabajando para un estudio más prestigioso, donde enseñaba a las nuevas aspirantes los trucos de la profesión antes de que estas se colocaran al otro lado de la cámara.

Maria charlando con sus empleadas en la sala de espera de su estudio

La clave para ser una camgirl de éxito, explica Vera, es dedicar mucho tiempo y esfuerzo en conseguir una buena cartera de clientes habituales e identificar lo que algunos de ellos quieren. “Quizás tengas que masturbarte delante de alguien unas doce veces antes de que empiece a encariñarse contigo”, dice.

Lo ideal sería que las camgirls aprendieran, como mínimo, una lengua extranjera y que conocieran y toleraran tipo de culturas, dice Vera. Algunos estudios incluso invierten en salones de belleza y gimnasios internos, y la mayoría ofrecen clases de inglés a las chicas.

“En masturbarte tardas de cinco a seis minutos, máximo”, destaca Vera. “Entonces, ¿qué haces el resto de la hora? Bueno, tienes que ser interesante, cautivadora y dar la impresión de que eres accesible. Creo que es importante saber cómo hablarle a ese médico que ha tenido un mal día porque ha perdido a un paciente, así como a un aspirante a músico”.


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Los clientes de Vera intentan hacer realidad esas fantasías que no pueden en su día a día. “Es muy duro confesarle a tu novia o a tu mujer tus deseos sexuales más profundos y oscuros sin sentirte juzgado. Hacer que se sientan aceptados es lo que nos da dinero”, añade.

LiveJasmin, uno de los sitios web de sexo virtual más famosos del mundo, atrae aproximadamente a 2,4 millones de visitas únicas, lo que lo posiciona en el puesto 61 de los sitios web más visitados a nivel mundial. A diferencia de muchos sitios de camgirls, las chicas de LiveJasmin no se desnudan del todo a menos que un cliente pague por una sesión privada, que vale 100 € por diez minutos.

En LiveJasmin lo llaman el “paquete novia”, pues ellos no solo enseñan a sus camgirls a ofrecer espectáculos eróticos privados —que incluyen desde striptease a masturbación con vibradores que el cliente controla a distancia—, sino también a dar conversación y consejos sobre la vida, el amor, o lo que pueda pasársele por la cabeza a alguien.

Penelope (izquierda) y Perfect Lexy (centro), dos de las ‘camgirls’ más populares de LiveJasmin

Perfect Lexy es pequeña y lleva el pelo corto y de color rojo. Hace cuatro años que trabaja en LiveJasmin. Dejó su antiguo empleo en una fábrica automovilística en una pequeña ciudad al sur de Rumania, donde ganaba 154 € al mes. Cuando quedo con Lexy cerca del estudio de LiveJasmin, en la plaza de Muncii de Bucarest, ha ganado 1.200 € solo en un turno de ocho horas.

“He tenido la ropa puesta todo el día”, alardea ella. “He estado todo el rato en una sesión privada con uno de mis clientes más habituales, un hombre chino con quien he estado ‘quedando’ en el sitio web durante más de un año”. En sus ocho horas juntos, Lexy y su cliente han hablado, han comido e incluso han llegado a echar la siesta.

“Hemos construido como una relación”, me explica. “Él se preocupa realmente por mí. Hace unos días me decía que no le interesaba tanto verme desnuda, pues para eso podía ver porno y ya está. Lo que quiere es que tengamos una conexión más emocional”.

La habitación de Vera

No es extraño que los clientes se enamoren de las modelos, añade Lexy. A veces, las relaciones llegan a ser tan tóxicas, que las chicas se ven obligadas a cortar con ellos. En una ocasión, un tipo estadounidense amenazó con suicidarse si Lexy no accedía a que se conocieran en persona.

Dicho esto, en algunos casos ha sucedido que las modelos no solo han quedado con sus clientes, sino que se han casado con ellos. Una de las antiguas camgirls de LiveJasmin se mudó hace poco a Dubái para estar con un cliente, y otra chica dejó de prestar sus servicios a un cliente que fue a Rumania a proponerle matrimonio sin saber que ya estaba casada.

Ana (izquierda) con Dylan (derecha), que gana 9.700 € en un día

Actualmente, el mercado de los modelos se está expandiendo rápidamente. Ana, propietaria del único estudio de sexcams de Bucarest que trabaja exclusivamente con camboys, tiene a 21 hombres que se dividen en tres turnos los siete días de la semana.

Ana abrió el estudio después de trabajar como camgirl varios años, antes de descubrir el gran potencial del mercado de los chicos. Dylan Green, de 21 años, es su camboy más demandado. El año pasado, ganó el premio al mejor modelo en el Bucharest Summit, el certamen más prestigioso de Rumania en el sector.

Empezó a trabajar como camboy a los 18 años, cuando todavía estaba en el instituto. Estaba entrenando en el gimnasio y un amigo le preguntó si le gustaría probarlo. Tentado por la promesa de recibir una buena recompensa económica y de adentrarse en una aventura emocionante, fue al día siguiente al estudio de Ana para una entrevista.

Dylan con el casco de su disfraz de gladiador

Aunque no tenía ni idea de lo que tenía que hacer delante de la cámara y que dependía del traductor de Google para comunicarse con sus clientes, consiguió la respetable cantidad de 40 € en su primer día. Ahora, tres años después, puede llegar a ganar 9.700 € en un solo día.

Dylan se queda con el 75 por ciento del dinero que gana y el resto va destinado al estudio de Ana. Trabaja seis o siete horas al día, en la mayoría de las cuales baila, hace estiramientos y se masturba. A veces tiene que ponerse disfraces de gladiador, gorila o Superman. Gracias a su esfuerzo, Dylan ha logrado tener una cartera considerable de clientes, o “fans”, como él prefiere llamarles, quienes esperan cada día a que él aparezca en la pantalla.


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“Muchos de los clientes son hombres ricos, casados, que viven sus experiencias gais”, explica Dylan. “Vienen aquí para dejar de engañar a sus mujeres”.

Dylan no es gay, pero sus fans son muy felices ignorando ese hecho. “Estoy aquí para soñar”, le dijo una vez un cliente a Ana. “Me preocupa bastante poco la realidad”.

Este joven opina que su éxito se debe a que le encanta lo que hace y a que el dinero no es lo único que le importa. Él suele animar a sus compañeros camboys a que se hagan amigos de sus fans y a que hablen con ellos como si estuvieran por ahí tomando una cerveza con un colega. “Yo siempre les digo a los chicos que no piensen en sus fans como si fueran fajos de billetes, pues no lo son”, dice. “Son personas”.