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Television

El show de la Pantoja en 'Supervivientes' revienta los audímetros

Isabel Pantoja revolcándose en el fango, saltando de un helicóptero y despreciando a una vieja amiga como Chelo García Cortés. Todo en el mismo programa y al mismo precio.

por David Broc
26 Abril 2019, 7:28am

Todas las imágenes vía Telecinco/Mediaset

Se acostumbra a decir que el maratón es la especialidad deportiva más democrática que existe, una de las pocas que permite que un corredor amateur pueda participar en la misma prueba que un corredor de élite. Los dos miden sus desiguales fuerzas en el mismo circuito y a la misma hora, figuran en la misma lista de registrados y finishers, y este es uno de los aspectos más singulares y atractivos de la carrera. Te pone a la misma altura que un mito, te iguala a las leyendas.

Supervivientes es a los realities lo que el maratón al deporte. ¿Quién le hubiera dicho hace un año a Albert “MyH” (juro por mis discos que así luce el nombre del pobre tipo en la ficha de la web del programa) que un día se estaría retozando en el mismo barro que Isabel Pantoja? Fabio Colloricchio, otro viceverso, este sí con apellido, podrá contarle a sus nietos que mucho tiempo atrás compartió cocos y pescado crudo con la viuda de Paquirri. No hay otro programa igual, no hay otro formato que permita semejante convivencia dramática entre estrellas y mindundis, entre divas por encima del bien y el mal y amateurs de la telebasura.

Lo de ayer es histórico, sí. Y no lo digo solo por la audiencia: ni más ni menos que un 36,5 por ciento de cuota (4,1 millones de espectadores), mejor estreno de toda la historia del formato. También es la venganza mejor trazada y planeada que se recuerda en televisión desde que Paolo Vasile decidiera rescatar a María Teresa Campos para engatusarle Qué tiempo tan feliz. El mandamás de Mediaset ha sido paciente, no ha tenido prisa, y ha sabido esperar el momento justo e indicado para devolverle a la estrella todos los desprecios, querellas y desplantes que ésta le ha hecho a su cadena en los últimos años. Inevitable imaginar ayer al italiano sentado en su Chester Fleming & Howland, acariciando a su British Short Hair, con una copa de whisky añejo y un habano bien tirado, degustando cada intervención de la Pantoja como si fuera la última.


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Lo definió a la perfección Jorge Javier Vázquez, satisfactoriamente recuperado de sus problemas de salud y, por lo visto en la primera gala, poco intimidado por la presencia de la tonadillera: cuando la Pantoja sabe que está en directo su rictus adopta una expresión muy diferente a cuando se olvida que están las cámaras. Es el rictus de la humillación, de la incomodidad manifiesta del que sabe que ha tenido que bajar al barro, nunca mejor dicho, por necesidad y contra su voluntad, del que tiene que tragar saliva y taparse la nariz para superar el peor trago de su vida profesional.

Las imágenes de la cantante revolcándose en la charca de agua y barro de la clásica primera prueba del concurso ya no nos las quitará nadie, nos las llevaremos a la tumba. Y su salto desde el helicóptero, algo torpe en su aterrizaje pero impecable si lo comparamos con el memorable planchazo de Encarna, mitad de Azúcar Moreno, que invirtió diez minutos en decidir si se lanzaba o no, era una escena más difícil de prever y adivinar hace cuatro o cinco años que la burbuja del Bitcoin.

La moraleja que esconde la gala de ayer de Supervivientes es que en la tele todo es posible. “No hay dinero”, decía la Pantoja en tiempos de bonanza. Joder si hay. A mí me dicen en 2015 que un día veré en directo el reencuentro entre Chelo García Cortés y su examiga Isabel Pantoja, las dos en bañador, con Chelo sentada en un columpio, como si fueran dos niñas enfadadas en el parque infantil, y no me queda otra que reírme en tu cara, nano.

Fue este el gran momento de la noche, muy por encima del salto y de la lucha en el barro: ya no solo por la tensión y frialdad del mismo, sino sobre todo por el desprecio con el que la Pantoja despachó el asunto. Dos besos y ni te miro a la cara: actitud de superdiva en el contexto menos glamuroso que hubiera imaginado. Y JJ Vázquez de fondo metiendo mierda con ingenio y veneno, consciente del regalo que le ha hecho Vasile en su vuelta a la televisión. A Pantoja no le gustó un pelo la escenita, no tanto por el papelón que tuvo que hacer como por la sensación de que era la primera de una larga lista de marrones y trampas que irán llegando con el paso de los días.

La venganza del director de Telecinco no acaba aquí: en plató teníamos a Kiko Rivera, un tipo a redescubrir en su faceta de defensor de la madre, y a Chabelita, que iba en calidad de defensora de su amiga Aneth. La selección del casting tiene golpes de genio: llevar a Aneth a Honduras simplemente para tener a la hija en plató merece aplauso, pero también lo merece contratar a Omar Montes, ex de Chabelita que a su vez tuvo algún episodio de mal rollo con Kiko. Después de haber visto a todo el clan Pantoja en todos los programas posibles de la cadena, la catarsis definitiva que aventura esta edición de Supervivientes es lo más cerca que estaremos del big bang televisivo.

El resto del casting quedó totalmente ensombrecido por el efecto Pantoja, pero mucho cuidado porque a pesar de que parece que casi todo el presupuesto se ha invertido en pagar el caché de la cantante hay piezas muy interesantes que serán las que, a la postre, tendrán que dar vida al concurso. El runrún Pantoja es lógico, pero debo subrayar aquí cinco nombres que me gustan y ayer empezaron a dejar buenas sensaciones.

Carlos Lozano y su rol de profesional de la tele de vuelta de todo siempre es una garantía. Mónica Hoyos promete, pero hay que dejarle algo de margen, un plazo de dos semanas, cuando ya hayan transcurrido unos días y el coco empiece a jugarle malas pasadas. Loli Álvarez está peor que nunca, y eso es una muy buena noticia para el concurso. Chelo García Cortés es una apuesta irrenunciable: ayer ya fue protagonista de lo mejor de la gala, y en su rol de perrito faldero desengañado que intentará ganarse otra vez a su amiga estriba el gran hilo argumental de sus posibilidades de triunfo. Y, por supuesto, mi participante favorita de momento: Dakota, que llega a la isla en calidad de ex Hermano Mayor, que le da más pedigrí al currículo que cinco másteres en Harvard. Su expulsión disciplinaria por comportamiento indebido en estos momentos se paga a 1,00000001 en las principales casas de apuestas.

Sigue a David en @davidbroc.

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