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Salud Mental

Por qué vivimos con la sensación permanente de estar cagándola

Casi todo el mundo que conoces ha sufrido alguna vez el síndrome del impostor.

por Alba Carreres
16 Septiembre 2019, 4:00am

“Siento constantemente que me echarán del trabajo, pero no por lo que hago, sino por las circunstancias de mi puesto y la inestabilidad que hay en el sector. Me da miedo tomar decisiones. Nunca sé si arriesgarme supondrá encontrarme en una situación peor de la que estoy y siento ansiedad de poder perder lo poco que he podido conseguir”, dice Rocío, de 24 años.

Sus sensaciones no son algo aislado, quizás incluso te has sentido identificada con sus palabras. Se calcula que el 70% de las personas han sufrido alguna vez en su vida el llamado síndrome del impostor, una especie de miedo persistente de ser descubiertos como una especie de fake laboral.

Pero éstos no son los únicos motivos por los que digamos que hay una ansiedad generalizada. La inseguridad e inestabilidad en las relaciones personales también tienen mucho que ver con eso. Nico, de 32 años, por ejemplo, nos dice que tiene pánico al compromiso por si la caga algún día.

“Temo que algún día alguien se dará cuenta de que soy un ser miserable, que actúo constantemente para aparentar mejor de lo que soy, tengo miedo a lo que me digan y a ser juzgado. Probablemente luego no sea así y no me importe si lo hacen o lo dicen, pero es este estado de ansiedad permanente lo que es realmente jodido”, nos dice Nico, de 32 años.

Tomar decisiones como dejar la casa de los padres, cambiar de trabajo teniendo ya uno o pasar de un simple lío a algo más serio son atrevimientos más bien difíciles para muchos de nosotros. Ese miedo de cagarla, de encontrarnos en una situación peor de la que ya tenemos o a que descubran que somos un fraude son sentimientos más bien comunes entre toda una generación.

Según nos cuenta Noelia Sancho, psicóloga especialista en técnicas cognitivo-conductuales, esta sensación de constante miedo al fracaso es un rasgo característico de los millennials. “Por un lado estas nuevas generaciones, suelen tener las necesidades básicas cubiertas por lo que tienden a aparecer preocupaciones diferentes que crecen aún más en un modelo de sociedad cambiante”, nos dice la experta.

“Todo ello conlleva un estilo cognitivo más egocéntrico y a la vez más expuesto socialmente por lo que a veces es difícil de compatibilizar. Se busca la propia felicidad, porque ya se sabe que es necesaria y eso es estupendo, pero por otro lado también se vive muy expuesto a la opinión ajena”, nos explica.

Este estilo de vida más individual pero a la vez tan expuesto socialmente, según Noelia Sancho, influye en el aumento de las tasas de ansiedad cognitiva y física y tiende a provocar pensamientos negativos y poco realistas.

Lo cierto es que las cifras de personas que sufren ansiedad no ha parado de crecer. Un estudio de Cinfasalud asegura que nueve de cada diez personas en España han sentido estrés en el último año y cuatro de cada diez lo ha hecho de manera frecuente o continuada. De hecho en el mismo informe se detalla que el 30,9% de la gente entre 18 y 34 años tendría problemas de estrés por la imposibilidad de desconectar debido, entre otras cosas, a las redes sociales.

El hecho de que estemos más tiempo mirar al móvil que a los que tenemos al lado también influye en nuestra autoestima. “El estilo de vida y la tecnología fomentan esta individualidad. Esto implica trabajos más autónomos, más tiempo en soledad, más tiempo en casa e incluso menos interacción cara a cara”, asegura Noelia.

Noelia explica que en estos contextos la autocrítica puede aparecer siendo muy cruel, pero también puede dar lugar a innovaciones creativas personales y empresariales como las que vemos día tras día. Por eso no es de extrañar ver a personas que en redes sociales triunfan o tienen cierto prestigio social sentirse atrapadas en esta ansiedad permanente por el si lo que hacen gustará o no a los demás.

Según nos dice Noelia estas nuevas características psicosociales pueden dar lugar a más estados reflexivos, momentos de soledad no deseados y aparición de frustraciones personales. “Al darle más tiempo en nuestra mente a esos aspectos, aumenta el riesgo de notar síntomas de tristeza y ansiedad”, nos explica.

Cuando nuestra mente está ansiosa, asustada o estresada está comprobado que aparecen pensamientos intrusivos. “El problema está cuando nos preocupamos por ellos, es entonces cuando empieza a generarse un nuevo problema, nos obsesionamos e incrementa nuestra ansiedad”, asegura la psicóloga.

Es por ello que recomienda dejar de lado estos pensamientos, porque si cometemos el error de darles significado y de tomárnoslo en serio es cuando generamos el problema real. “La capacidad de relativizar, la socialización y la capacidad de adaptarnos a conceptos y situaciones cambiantes son buenas herramientas para mejorar los estados de ánimo negativos”, nos dice Noelia.

Así pues una de las recomendaciones que nos da es evitar este tipo de pensamientos, disfrutar de las cosas sencillas y pedir ayuda cuando veamos que sea necesario. Porque pedir ayuda a tiempo, antes de estar ahogado en tu propia mierda, es algo que deberíamos hacer más a menudo.

Hablar de lo que nos preocupa, ser conscientes y consecuentes con las decisiones que tomemos, no magnificar los problemas y tratar de solucionarlos, es la clave para ahorrarse toda esta ansiedad que a veces sentimos. Está claro que no todas las decisiones que tomaremos en nuestras vidas serán acertadas, pero el miedo anticipado aún provocará más dudas y entorpecerá tu toma de decisiones.