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Drogas

Tomar MDMA y otras drogas psicodélicas puede ayudar a combatir la ansiedad social

Científicos afirman que, junto con terapia, estas drogas podrían servir como tratamiento.

por Shayla Love; traducido por Álvaro Alarcón Bermejo
11 Octubre 2019, 3:30am

Foto de Lia Kantrowitz

Cris* nunca estaba cómodo en eventos sociales en los que hubiera mucha gente y prefería salir con un grupo de amigos reducido. No obstante, cuando era joven y vivía en el centro de Londres, terminaba siempre saliendo de fiesta y yendo a eventos multitudinarios, bebiendo sin parar para poder sobrellevarlo.

O así era hasta que probó el MDMA, también llamado éxtasis. Cuando lo tomó por primera vez con 18 años, “sentí que había encontrado la respuesta a algo”, dijo Cris, que ahora tiene 37. “De repente, todo era diferente y pronto se convirtió en lo único que me hacía sentir cómodo”.



El tipo de ansiedad que sufre Cris es bastante común. Alrededor de 1 millón de personas han sido diagnosticados con trastorno de ansiedad social en España, que se caracteriza por el miedo a lo que otros puedan pensar de ti, a que te estén juzgando, o a equivocarte y decir algo estúpido o sin sentido. Es uno de los trastornos de ansiedad con más prevalencia en España.

No es raro recurrir al alcohol como una poción mágica que te aporta valor, pero algunos consumen drogas más duras o psicodélicas, como el éxtasis, las setas alucinógenas, la ketamina, o el LSD para ayudar en situaciones sociales. Dicen que les ayudan a interactuar con la gente de una forma diferente, más sofisticada, ya sea en una fiesta, un concierto, o un evento de trabajo.


Los efectos terapéuticos de estas drogas funcionan mejor con la terapia y el asesoramiento de un experto. El éxtasis, por ejemplo, ya ha sido utilizado muchas veces en psicoterapia para mejorar la salud mental. Hoy en día, puesto que muchas de estas drogas aún son ilegales, la gente ha buscado estos recursos por su cuenta propia, a pesar del riesgo que ello implica.

"Es difícil pensar qué habría sido de mí sin el éxtasis"

Pero nos encontramos en lo que algunos llaman un renacimiento psicodélico. Algunas drogas, que antes estaban asociadas a los hippies o a las raves, han comenzado a aparecer en estudios clínicos en las mejores universidades de todo el mundo. Se han cosechado muchas evidencias que indican que las drogas psicodélicas podrían ser muy efectivas para el tratamiento de trastornos como la depresión, TEPT, o la ansiedad. ¿Y qué pasa con el trastorno de ansiedad social?


Cada vez hay más investigaciones que ayudan a entender cómo estos compuestos afectan al cerebro y, por ende, cómo afectan a gente como Cris. "Me ha ayudado en mis relaciones, con la mayoría de mis amigos", dice Cris. "Es difícil pensar qué habría sido de mí sin el éxtasis".

En 1912, la compañía farmacéutica Merck fue la primera en investigar el compuesto, pero nadie lo probó hasta los 70. Un químico californiano llamado Alexander Shulgin se usó así mismo como conejillo de indias y probó la droga, documentando la experiencia, “me siento completamente limpio por dentro, y no hay nada más que pura euforia. Nunca me había sentido tan bien ni había creído que fuera posible sentirse así… Estoy emocionado de lo profunda que ha sido esta experiencia”.

Shulgin le mostró la droga a un psicoterapeuta también californiano, Leo Zeff, quien ya usaba otros compuestos psicodélicos con sus pacientes. Zeff le recetó éxtasis a alrededor de 4000 pacientes y enseñó a otros terapeutas cómo usarla entre 1977 y 1985. En una conferencia llamada MDMA en Psicoterapia, organizada justo antes de que la droga se volviera ilegal en 1985, se debatió sobre el poder que tenía el MDMA para hacer que un paciente se abriera, intensificara sus emociones y accediera a memorias o experiencias bloqueadas.

En los 60, el psiquiatra Claudio Naranjo descubrió que la droga ayudaba a la gente a congeniar con los demás en terapias de grupo, a confiar y a empatizar los unos con los otros. Alrededor del mismo año, la droga se comenzó a usar también en terapias de pareja, por esa misma razón. Un psiquiatra llamado Rick Ingrasci trató a 100 pacientes con MDMA y la mitad de ellos eran parejas. Escribió que “lo que en realidad hace [el MDMA] es quitar el miedo a ser real, a ser auténtico contigo mismo y con los demás”.

“Es imposible crear un compuesto que actúe mejor en las terapias que el MDMA”, decía la psiquiatra Julie Holland el pasado abril en The Guardian. Muchas clínicas protestaron al ver que los estudios que demostraban los beneficios del MDMA en terapia fueron ignorados. Pero, aún así, en 1985, la droga fue catalogada como una droga de categoría I, alto riesgo de dependencia y sin uso para la medicina, según la Ley de Sustancias Controladas del gobierno estadounidense.

“Es imposible crear un compuesto que actúe mejor en las terapias que el MDMA”,

La primera vez que Greg Ferenstein, un analista de San Francisco, probó el éxtasis, pensó que sería como atiborrarse a alcohol o a anfetaminas. Sin embargo, lo que sintió es que había perdido el miedo a hablar de sus sentimientos, “hablaba sobre los aspectos más íntimos de mi vida privada, y agradecía y mostraba cariño a mis amigos de una forma que realmente no llegué a entender”, dijo Ferenstein. “Me sentía envuelto en felicidad y calor, sólo quería decirle a mis amigos lo mucho que les quería y hablar sobre temas profundos de la vida”.

A pesar de que el MDMA es ilegal, todo el mundo conoce sus efectos recreacionales y eufóricos. Ferenstein dijo que él había probado diferentes drogas psicodélicas en todo tipo de situaciones, como conferencias de trabajo, donde surge la ansiedad por querer impresionar a otra gente. Antes de probar las drogas, nunca consideró que fuese una persona socialmente ansiosa, pero le hacían escuchar mejor, ser más atento, más detallista y menos egoísta. “Una de las formas en las que sé si la droga está funcionando, es cuando se me hace más difícil hablar sobre mí mismo”, dijo.

El uso de estas drogas para la ansiedad social “viene de hace mucho tiempo”, dijo Guy Jones, un químico que ayuda a gestionar The Loop, una organización británica sin ánimo de lucro que evalúa las drogas de los asistentes a festivales para su uso seguro. “El MDMA es probablemente la más conocida por sus beneficios sociales, pero también he conocido a gente que asegura haber obtenido beneficios más duraderos una vez sobrios, como resultado de las reflexiones e introspecciones que tuvieron estando bajo el efecto de las drogas”.

Ha habido solo un estudio reciente que analizara específicamente los efectos del MDMA y la ansiedad social, llevado a cabo por Alicia Danforth, una psicóloga clínica que ha investigado la droga y la terapia con psilocibina. En el centro médico de Harbor-UCLA, desde 2018 se ha estado suministrado MDMA a grupos de adultos autistas en un experimento aleatorio de doble ciego controlado con placebos.

“Me sentía envuelto en felicidad y calor, sólo quería decirle a mis amigos lo mucho que les quería y hablar sobre temas profundos de la vida”

En las personas con autismo, es común mostrar ansiedad social moderada o severa, dijo Danforth, y por ello querían investigar cómo el MDMA podría ayudar a una población con una necesidad de un tratamiento efectivo cada vez mayor.

Se descubrió que aquellos que habían tomado MDMA en las sesiones de terapia mostraban una mejoría más rápida y duradera de los síntomas relacionados con la ansiedad social. “Seguimos hablando con algunos de los participantes que nos contactan para decirnos que, años después de haber terminado el tratamiento, aún sienten una ansiedad menor en situaciones sociales, ya sea en la universidad, en el trabajo, en relaciones románticas, o en el día a día”, dijo.

"Las drogas otorgan beneficios más duraderos una vez sobrios, como resultado de las reflexiones e introspecciones que se tienen estando bajo el efecto de las drogas"

El resurgimiento de investigaciones sobre el MDMA, la psilocibina y el LSD en voluntarios sanos comienza a esclarecer los mecanismos de estas drogas: Intensifican las emociones positivas, al mismo tiempo que reducen la fuerza con la que se percibe el lenguaje no verbal negativo, como las expresiones faciales de enfado o miedo, y suavizan el dolor al rechazo social.

Un estudio en 2013 descubrió que la ketamina y la psilocibina cambian las respuestas eléctricas de nuestro cerebro ante expresiones faciales neutras o de miedo. Si se les mostrara una imagen de una persona con cara de miedo o desconcierto, las personas bajo los efectos de las drogas no reconocían esas emociones negativas tan fácilmente. “Podría ser un factor por el que la ansiedad se reduce en una situación social”. Dijo Carlos Bouso, un psicólogo y farmacólogo del International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service (ICEERS) en España.

Del mismo modo, en 2010 se descubrió el MDMA no sólo produce un sentimiento de bienestar, sino que incluso disminuye la habilidad de detectar el lenguaje no verbal negativo. Si la gente no percibe esas emociones negativas, puede que se sientan mucho más seguros a la hora de interactuar con otras personas.

Aquellos que tienen trastornos como la depresión o la ansiedad suelen prestar más atención la comunicación no verbal negativa y tienen respuestas más intensas ante las amenazas. Esto podría explicar por qué ciertas drogas psicodélicas, como es el caso de las setas alucinógenas, han servido de ayuda en estudios clínicos con gente que sufre depresión.

Las drogas psicodélicas también afectan al sentimiento de exclusión. Algunos científicos han llevado a cabo un estudio con una actividad llamada Cyberball, en la que los participantes juegan a un juego virtual en el que el sujeto tiene que coger y pasar una pelota. No obstante, durante el transcurso del juego, el resto de avatares dejan de pasar la pelota al sujeto, que queda excluido del juego. Las personas que padecen problemas de salud mental, incluida la ansiedad o la depresión, tienden a ser más sensibles a este tipo de exclusión social.

"El hecho de no percibir el lenguaje no verbal negativo, no sentirse excluido y sentir menos miedo podría desembocar en un disfrute mayor de las relaciones con otros"

Bajo los efectos del MDMA, los voluntarios indicaban que les afectaba menos que les excluyeran en el juego de la pelota. El dolor social, o el dolor a ser rechazado, aumenta la actividad de ciertas regiones del cerebro, pero los científicos han descubierto que tomar setas alucinógenas

reduce esa actividad en muchas de ellas

Muchas drogas psicodélicas disminuyen la actividad de la amígdala, una región del cerebro que procesa emociones, incluido el miedo, dijo Bouso, e interactúan con la serotonina en el cerebro, un químico asociado con el estado de ánimo. El MDMA también propicia la liberación de oxitocina, una hormona vinculada a los comportamientos sociales, que produce un sentimiento de aceptación social y reduce la importancia que se le da al rechazo.

El hecho de no percibir el lenguaje no verbal negativo, no sentirse excluido y sentir menos miedo podría desembocar en un disfrute mayor de las relaciones con otros. Sin embargo, para convertirse en un tratamiento para la ansiedad social, se necesita un paso adicional: recibir tratamiento al mismo tiempo que se toman las drogas.



Todavía tenemos mucho que aprender sobre las drogas psicodélicas, y determinar cuáles —MDMA, setas, ketamina o LSD— y cuándo funcionan mejor para cada tipo de ansiedad, dijo Jones. Puesto que esta investigación apenas comienza a florecer, a veces todas estas drogas pueden acabar metidas en el mismo bote, aunque los mecanismos de tratamiento y riesgos podrían ser muy diferentes.

Aparte del impacto que tiene en el cerebro, el MDMA podría servir como una oportunidad para practicar habilidades sociales, dijo Danforth, como un simulacro para futuras situaciones similares. Así, cuando la gente recuerde lo que era capaz de hacer bajo la influencia de MDMA, podrá enfrentarse a su día a día con más confianza.

En breve, a Danfroth le gustaría probar un acercamiento similar con adultos sin autismo, aquellos que suelen beber regularmente para salvar situaciones sociales, como Cris antes de probar el MDMA. La psicóloga piensa que en lo que respecta a las drogas, las psicodélicas podrían ser más productivas en terapia que el alcohol.

El alcohol puede reducir temporalmente los miedos sociales y servir como un medio de evasión, dice, y reduce a actividad del lóbulo frontal, donde nuestro cerebro toma decisiones, hace planes y razona. El MDMA incrementa la actividad del glóbulo frontal, al mismo tiempo que reduce la actividad de la amígdala. Mientras que el alcohol desinhibe, dice Buoso, también propicia comportamientos violentos o antisociales. “Por el contrario, el MDMA es una substancia pacífica”, dijo.

"En lo que respecta a las drogas, las psicodélicas podrían ser más productivas en terapia que el alcohol"

“Yo no veo que nadie aprenda mucho sobre sí mismo o mejore sus capacidades sociales cuando está bajo la influencia del alcohol”, dijo Charles Grob, profesor de psiquiatría de UCLA y coautor del estudio de Danforth. “Por otro lado, con el MDMA en un contesto terapéutico se puede conseguir una experiencia educativa guiada en la que los individuales pueden aprender algo sobre sí mismos”.

Ferenstein todavía toma drogas psicodélicas regularmente y dice que para él son como una herramienta para el crecimientos personal. “Las he tomado en conferencias, en llamadas telefónicas, cumpleaños, bodas”, dijo. “Me gusta tomarlas casi en cualquier situación en la que puedo. Me gusta enviar emails y tuitear cuando estoy drogado. Me gusta verme en diferentes situaciones”.

Aunque es peligroso tomar drogas ilegales sin las recomendaciones de un profesional, especialmente para aquellos con trastornos, es normal que la gente trate de conseguirla, dijo Ben Sessa, una psiquiatra que estudia y practica terapias con MDMA.

“La gente busca ayuda desesperadamente”, dijo Sessa. “Cada vez más, se decepcionan con las opciones farmacológicas tradicionales, así que buscan otras opciones —aunque sean ilegales.

Una elemento crucial para sacarle el máximo partido a las propiedad terapéuticas es combinar el consumo de estas drogas con psicoterapias habituales en las que, en su mayoría, no se utilicen las drogas. “Se necesita una gran cantidad de apoyo e integración para poder darle sentido a esas experiencias”, dijo Sessa. “Cuando se hace en un entorno de aceptación, con un apoyo adecuado, las drogas psicodélicas pueden ser muy útiles”.

“Incluso cuando el efecto de la droga desaparece, todavía dura esa manera diferente de ver las cosas que no puedes cambiar”

Jones dijo que sin un terapeuta preparado, y especialmente para el tipo de situaciones en las que a menudo se toman estas drogas, es imposible dirigir la experiencia en una dirección curativa. “Una discoteca no es probablemente el mejor lugar para revivir memorias traumáticas de la infancia”, dijo.

Cris ya no toma drogas, han pasado unos cinco o seis años desde que lo hizo por última vez. Sin embargo, guarda y recuerda la experiencia. “Está claro que se desbloquea una forma de pensar, de ser consciente” dijo. “Incluso cuando el efecto de la droga desaparece, todavía dura esa manera diferente de ver las cosas que no puedes cambiar”.

*Por privacidad, se han omitido los apellidos.

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Este artículo se publicó originalmente en VICE US.

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