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Ilustraciones por Fabricio Berti, cortesía de Gastón Rosa.
LGBTQA+

“La niña que no veían”: Un cuento infantil sobre una niña trans

Tiernas ilustraciones que demuestran que el mundo no tiene que ser como siempre nos lo han pintado.

Artículo publicado por VICE México.

La niña que no veían es un cuento atípico que busca terminar de normalizar la transexualidad. Lejos de hacer un retrato sensacionalista o mermado por la visión adulta y latente discusión política al respecto, este cuento hace un señalamiento para los más chicos, sobre cómo uno puede ser diferente en muchas cuestiones sin que exista un problema con ello. Llevado a cabo por el escritor uruguayo Gastón Rosa, el cuento ha tenido una gira por Latinoamérica, incluyendo México, siendo presentado en importantes centros culturales como el Museo de Memoria y Tolerancia y el Centro Cultural España.

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Para lograr la publicación del libro, Gastón —quien también ha escrito para niños sobre síndrome de Down en el cuento Zapatos Cambiados—, generó su propio sello editorial nombrado Incluso y se alió con el ilustrador Fabricio Berti. Publicación que, además, se ha mantenido como independiente fuera de apoyos institucionales, financiado y gestionado por él mismo los gastos que, según comenta, no ha terminado de solventar por completo. Sin embargo, eso no parece detener la impresión y aceptación que ha generado el cuento en los públicos interesados.

Platicamos con Gastón para conocer más sobre sus motivos, intenciones y qué decir a los detractores sobre un tema como la transexualidad infantil.

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VICE: ¿Cómo surge la idea de este cuento y quiénes forman parte de él?

Gastón Rosa: Siempre tuve la intención de trabajar contenidos sobre diversidad infantil. Este año radiqué en Santiago, Chile, y al momento de ver cómo seguir con el proyecto me encuentro con que, al igual que en Uruguay, en Chile están discutiendo una ley que reconoce los derechos de personas trans. Decidí hacer el cuento como una forma de contribuir a la discusión política, pero desde otro lugar. Sabiendo que la infancia, invisibilizada, seguramente no fuera un tema y que corría gran riesgo de que les niñes quedaran por fuera. La idea era buena, pero era difícil porque tenía que ser un buen cuento y sabemos que los conceptos van cambiando y además si bien soy parte de la comunidad LGTBIQ, no soy trans así que tenía que ser cuidadoso con representar muy bien esas sensaciones. El desarrollo me llevó un año de trabajo.

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Comencé buscando en internet y escuchando en voz propia de niños y niñas lo que era ser trans. Tampoco empezar con un discurso que se centrara en los adultos, porque si bien la lucha es la misma, les niñes tienen su propio discurso y son los verdaderos impulsores, quienes hacen de sus familias aliados en sus transiciones. Eso en los casos felices. Es así que me encontré con una niña española que en televisión explicaba que ella "les decía a todo el mundo que ella era una niña pero que nadie la entendía" el día que vi ese testimonio tuve la historia y también el título "La niña que no veían".

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Una vez que tuve el cuento, comenzamos a ilustrarlo considerando que fueran ilustraciones cálidas y representando casi un cuento clásico. Si bien la temática puede ser muy actual me interesaba generar esa calidez pensando en aquellas personas que pueden tener cierto temor en el tema. También nos encontramos con que el típico peinado de una niña que comienza su transición: del corte honguito, al cabello más largo. Las ilustraciones son de Fabricio Berti.

Mientras se ilustraba y resolvía cómo montar una editorial, fue enviando el texto a referentes trans de Uruguay y Chile, quería que en voz propia me dijeran su parecer y si sentían que era un reflejo de las sensaciones que tuvieron en su infancia. Antes de imprimir me acerqué a Fundación Selenna, son familias organizadas por los derechos de sus niñes. Hacía poco tiempo habían fundado la escuela abierta Amaranta Gómez que tiene como objetivo rescatar las infancias que fueron expulsadas de sus instituciones educativas debido a su identidad y les prepara para volver, tienen clases con profesores voluntarios y hablan de temas de identidad y género, lo que creo que empodera y rescata infancias y sus familias. Es un trabajo realmente hermoso. Allí tuve el privilegio de contar por primera vez el cuento a niñas y niños que se encontraron muy identificados con la historia, también pintamos a Martina y jugamos. El compromiso que adquirí ese día es irrevocable.

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Gastón mostrando el cuento en la escuela Amaranta Gómez de Fundación Selenna. Fotografía de; Marcela Sciaccaluga

¿Por qué consideras importante contar la historia de una niña trans?

Esta historia, en primer lugar, es para abrazar esas infancias que no tienen dónde sentirse identificadas, no están en la televisión, revistas, videojuegos, menos en los libros de biología. Nos enseñaron que los niños tienen pene y las niñas vagina, pero ese rol que se nos asigna es artificial. Somos mucho más que nuestros genitales: pensamos, hablamos, sentimos, reímos y eso es lo que somos. Nuestros genitales no están presentes la mayor parte de nuestra vida social. En ese sentido las personas trans nos traen una gran enseñanza, nos enseñan qué cosa realmente es lo natural y lo normal y qué cosas son las impuestas. Dentro de las dos opciones que se nos plantean en nuestros roles en la sociedad, debemos entender que existen niñas y niños y que son, más allá de sus genitales. Creo que hay una gran oportunidad de inclusión desde la infancia y tenemos la responsabilidad de revertir la gigantesca represión que aplicamos como sociedad sobre esta población. Una persona trans hoy en Latinoamérica tiene una expectativa de vida de 40 años y es debido a la expulsión de todos los ámbitos, hay mucho por hacer.

¿Ha sido difícil encontrar un público que acepte tu propuesta?

Creo que el primer público son las personas que están cercanas a esta realidad; ya sea porque en la familia se da esta situación o quizás en el centro de estudio. Pero también hay mucha gente sensible al tema que entiende la importancia a empatizar con lo diferente. Empatizar con lo diferente es importante también para enseñarle a niños y niñas que sus diferencias están bien. Estamos en una sociedad que homogeniza y castiga lo diferente y eso es una carga demasiada grande para las infancias.

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¿Cuál es el mensaje más importante que buscan transmitir?

El mensaje es que todos somos diferentes y que eso está bien. Conociendo otras realidades como la de Martina, niños y niñas pueden entender las diferencias en los demás para también aceptar las propias, hablemos de formas de aprender, cuerpos diferentes, expresión, o lo que sea. Todos de alguna forma no encajamos en la sociedad en algún aspecto y eso nos hace daño.

¿Qué le dirías a los detractores?

Me gustaría contarles por ejemplo la historia de una detractora de Chile, el país en el que vivo. Ella es la líder del movimiento "con mis hijos no te metas" allí, fue la que se encargó de traer e inaugurar con una celebración el bus transfóbico. Es el bus que recorre la ciudad con un mensaje intolerante por el tema. En esos días en conferencia de prensa una joven transgénero declaró ser la hija de esa señora.

Cuento esto para que puedan ver el pensar de un detractor que opta por el miedo, la ignorancia, la violencia aún cuando se trata de su propia familia. Creo que respetar las libertades y las realidades de cada uno nos hace libres, todo lo demás hará daño, a los otros y también a uno mismo.

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¿Qué otros planes editoriales tienen para seguir con esta conversación?

Estoy trabajando con varias opciones, hay varios temas en la agenda de inclusión, pero también hay varios temas desde lo político. Si bien tengo un gran compromiso por la causa trans, creo que debo salir por otros temas, al mismo tiempo seguiré apoyando desde mi lugar para que personas trans generen contenidos en voz propia y accedan a más espacios de visibilización, eso es importante.


Si quieres conseguir una copia del cuento o contactar a Gastón Rosa, puedes hacerlo a través del Facebook de Incluso.