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Muerte del ego: la experiencia definitiva con drogas psicodélicas

Cada vez son más los psiconautas que buscan el viaje definitivo, y algunos de ellos se destrozan la mente en el intento.
22 Noviembre 2018, 4:45am
ego death lsd trip muerte del ego
Imagen: age fotostock / Alamy Stock Photo

“La primera vez que experimenté la muerte del ego, me había tomado cuatro gramos y medio [de setas mágicas]”, recuerda Bradley, de 26 años. “Al principio traté de centrarme en volver a mí, pero estaba claro que no iba a funcionar porque las setas sabían muy bien lo que necesitaba. Así que simplemente intenté recordar que, aunque tuviera la sensación de estar muriendo, en realidad no lo estaba”.

La “muerte del ego” que describe Bradley es un estado extremo inducido por drogas psicodélicas que está ganando popularidad entre la comunidad de psiconautas de internet: una aterradora sensación inicial de estar muriendo en la que el sujeto entra en trance e incluso puede llegar a gritar, pierde por completo la percepción de sí mismo y toma consciencia de que todo en el universo está conectado.

En términos generales, la “muerte del ego” no implica necesariamente el consumo de LSD, setas, DMT ni nada que uno esperaría encontrar en la riñonera de un raver. Simplemente es una experiencia cerebral que cambia la vida. Los budistas lo denominan Iluminación y creen que es un estado al que puede llegarse mediante la meditación; los musulmanes sufíes lo llaman fana; el psicólogo Carl Jung lo calificó de “muerte psíquica”, el momento en que —tras un periodo de sufrimiento— nuestra consciencia “muere” y resucita.


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Las drogas, por tanto, son simplemente un instrumento para alcanzar ese punto más rápido. La primera mención a la muerte del ego se remonta a 1964 y es de Timothy Leary, gran defensor de la LSD. Leary definió este estado como “de trascendencia absoluta, más allá de las palabras, el espacio-tiempo y el yo. No hay visiones, percepción de uno mismo ni pensamientos. Todo se reduce a un estado de consciencia pura y de libertad extática”.

Cincuenta años después, se está produciendo una especie de competición implacable por experimentar la muerte del ego definitiva entre quienes suelen compartir sus experiencias psicodélicas por internet, como demuestran los cientos de hilos de Reddit y vídeos de YouTube en los que los usuarios alardean de su última trascendencia del yo.

En foros como r/Psychonaut, una comunidad muy activa de unos 175 000 suscriptores, abundan las publicaciones sobre la muerte del ego, a menudo usadas por los usuarios para consolidar su dominio. “La muerte del ego es el objetivo último de la vida”, reza una. “Me parece razonable afirmar que, si has experimentado la muerte del ego, eres un psiconauta superior”, se puede leer 2en otro.

"Estar constantemente preocupándose por alcanzar el Santo Grial de las experiencias psicodélicas no es la forma de hacerlo. Hay que tener más respeto por estas cosas”

Bradley, que ha experimentado la muerte del ego “un puñado de veces”, abrió hace unos meses un hilo en r/Psychonaut titulado “¿Alguien más cree que este foro hay mucho capullo en el círculo de la muerte del ego?”.

“Abrí ese hilo porque veía muchas publicaciones del estilo: ‘He comido setas y he tomado consciencia de que todo está conectado. ¿Es esto muerte del ego?’”, señala. “Estar constantemente preocupándose por alcanzar el Santo Grial de las experiencias psicodélicas no es la forma de hacerlo. Hay que tener más respeto por estas cosas”.

Los intentos de explicar exhaustivamente qué es la muerte del ego suelen quedarse cortos, pese a los elocuentes esfuerzos de youtubers como PsychedSubstance, que dice que es parecido a “dejar de experimentar la vida como programa para experimentarla como el sistema operativo”. Dakota of Earth, otra youtuber que habla de drogas, describe la transición hacia la muerte del ego como “consciencia identificada con el cuerpo, pero quitando el cuerpo”.

Michael, un chico de 20 años de Florida que dice haber experimentado “más de 50 viajes”, explica que la muerte del ego se produce de forma gradual: “Ni siquiera te das cuenta de que ocurre. Tus pensamientos se ralentizan, se confunden y entras en pánico. Tu cuerpo empezará a vibrar, como si estuvieras a punto de explotar. Y piensas, Ya está, este es el momento hacia el que me dirigía”.

En ese punto, afirma, o lo aceptas o luchas contra ello y gritas.

“Puedes quedarte atrapado en el tiempo durante un segundo mientras eres capaz de mirar a tu alrededor”, añade Michael. “Es como si hubiera dos yos: mi espíritu, mirando alrededor, y mi cuerpo, inmóvil, observando a mi amigo. Podía oír el viento ulular en torno a mí. Notaba que el tiempo se ralentizaba hasta detenerse por completo y de repente, una luz blanca que provenía de todas partes me consumió. Fue entonces cuando la experimenté”.

Tony, un chico de 23 años de Kentucky, alcanzó este estado por primera vez hace dos meses, tras fumar DMT. Según cuenta, empezó a advertir infinidad de detalles de todas las superficies de su salón en los que nunca había reparado; recibía una cantidad tan abrumadora de información visual que no podía cerrar los ojos. “Fue la sensación de conexión más intensa que he tenido”, nos cuenta. “La consciencia sobre mí mismo se disolvió y solo quedó una afectuosa unión con todo”.

Al igual que Michael, Tony también sintió que abandonaba su cuerpo. “Noté cómo mi consciencia se alejaba de él, flotando lentamente a unos centímetros. Recuerdo que pensé, Esto es lo que se siente al morir”.

lsd ilustración drogas psicodélicas

Imagen: INA MIALIUK / Alamy Stock Vector

Según los investigadores, estas sensaciones se originan en la parte del cerebro responsable del silenciamiento de la autoconsciencia —“la red que funciona en modo predeterminado”— cuando se consumen drogas psicodélicas, lo cual altera los patrones de pensamiento negativo y permite a nuestra mente abrirse a nuevas perspectivas.

A un nivel químico similar —aunque sin duda menos científico—, la experiencia psicodélica se divide en cinco fases, según Timothy Leary, y para alcanzar cada una de ellas hay una dosis concreta. Las dos primeras dosis son leves y producen pérdida de la memoria a corto plazo y potenciación de la visión, mientras que la tercera es más intensa e incluye alucinaciones. Aunque puede variar en función del estado de ánimo y la tolerancia, una dosis de tercer nivel de LSD suele rondar los 100 microgramos, mientras que una de nivel cuatro o cinco —la necesaria para experimentar la muerte del ego— está cerca de los 300 microgramos. En el caso de los hongos, la dosis necesaria es de unos 4 o 5 gramos.

“La consciencia sobre mí mismo se disolvió y solo quedó una afectuosa unión con todo”

Las sustancias psicodélicas tienen una extensa historia terapéutica. Actualmente están siendo estudiadas en el Imperial College London, la universidad Johns Hopkins y NYU; asimismo, usadas bajo la supervisión de un profesional, se ha demostrado su eficacia para aliviar los síntomas de la depresión, las adicciones y la ansiedad en enfermos terminales. Sin embargo, consumirlas sin supervisión conlleva riesgos, sobre todo si quien lo hace padece de problemas de salud mental.

Entre los efectos secundarios más comunes del consumo abusivo de psicodélicos están el aumento de la ansiedad y el TEPT, aunque tal vez el más común sea el sentimiento de despersonalización maniaca que puede instalarse —y nunca desaparecer— tras la muerte del ego. La mayoría de los psiconautas con los que hablé aseguraron haberlo experimentado.

Sean, de 22 años y de Oregón, me cuenta que, después de experimentar la muerte de su ego, fue como si en su interior se hubiera producido “un cambio de frecuencia”. Sinceramente, pensaba que estaba desarrollando una psicosis”, recuerda. “No podía creer lo que veía, cómo era el mundo. Nada tenía sentido. Me volví muy antisocial y me invadía el pánico por cualquier cosa”.

Tony desarrolló síntomas incluso más fuertes y asegura que el mero hecho de vivir en su cuerpo le resultaba tan agotador que acabó enfermando. “Tenía que pasarme un buen rato mirándome al espejo para saber qué aspecto tenía mi cara”, recuerda. “Tenía que repetirme mi nombre constantemente hasta que empecé a desarrollar de nuevo el sentido de la identidad. Vi que todo en este mundo es transitorio y me resultaba muy difícil encontrar una razón para seguir viviendo”.

Michael coincide en que el despertar espiritual puede ser una experiencia traumática. “La verdad puede dejarte hecho polvo. Pierdes interés en las cosas, la gente se distancia y empiezas a cuestionarte tu carrera profesional. Han pasado años desde que se produjo la muerte de mi ego, pero sigo pensando en ella a diario. No estaba preparado para la experiencia y me quedé en un estado de locura maniaca. Seguía pensando que el viaje aún no se había acabado”.

Por suerte, las vidas de algunos vuelven a la normalidad y se sienten felices por haber pasado por esa experiencia. En otros casos, la paradoja de haber visto una utopía en la que no pueden vivir domina todas sus vidas y alimenta el nihilismo que los lleva a preguntarse si no habría sido mejor vivir la mentira (como el resto de nosotros).

“Han pasado años desde que se produjo la muerte de mi ego, pero sigo pensando en ella a diario. No estaba preparado para la experiencia y me quedé en un estado de locura maniaca. Seguía pensando que el viaje aún no se había acabado"

No es fácil determinar cuántos consumidores de sustancias psicodélicas están llevando sus viajes a ese extremo, si lo que explican es real o pura bravuconería. Sin embargo, la gran cantidad de mensajes en r/Psychonaut al respecto sugiere que, en aras de la credibilidad, cada vez son más los psiconautas que tienden hacia esos oscuros puntos de inflexión.

A juzgar por lo que se lee en internet, la muerte del ego parece ofrecer soluciones para muchos de los problemas de la vida —así como una promesa de claridad en un mundo en el que predomina la confusión—. Pero en vista de las publicaciones de usuarios ávidos de validación que muestran a las claras que nuestros egos no pueden desaparecer durante demasiado tiempo, tal vez lo más saludable sería trabar amistad con ellos y aprender a controlarlos en lugar de intentar destruirlos.

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