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¿Cómo sucedió la bitcoinización?

Un repaso por la historia de Bitcoin, y la explicación de por qué ya ganó y ningún gobierno del mundo puede controlarlo.
9.7.21

El 22 de noviembre de 1992, Timothy May, un ingeniero que había trabajado en Intel, hizo público El Manifesto Crypto Anarquista, un texto que venía leyendo en las conferencias de hackers y criptógrafos desde 1988. May había leído el texto el día anterior en su casa en Silicon Valley ante un grupo de veinte criptógrafos con “actitud” e ideales anarcocapitalistas, que iban por el nombre de cypherpunks, y cuya principal obsesión estaba puesta en la capacidad de los ciudadanos de mantener la privacidad en la incipiente era cibernética. En cuatro párrafos proféticos, May describía cómo la tecnología informática estaba al borde de habilitar un mundo de transacciones y comunicaciones sin permisos, sin identidades y sin fronteras. Contaba cómo los desarrollos para tal mundo habían sido teorizados por casi dos décadas, pero que recién ahora [entonces] el poder informático de las computadoras estaba alcanzando la teoría. May también profetizaba cómo esta cripto-red sería usada primero para toda clase de mercados ilegales y que los Estados la tratarían de detener -legítimamente preocupados- pero que fallarían. 

El texto fue enviado por May mediante un servidor de mails que permitía el anonimato entre los usuarios y servía de canal de comunicación entre los cypherpunks y hackers suscritos. Con los años, ese servidor cerraría y emergerían otros en su reemplazo. 

Dieciséis años después, a finales del 2008, en uno de los servidores sucesores de los cypherpunks, Satoshi Nakamoto envió la descripción técnica de esa cripto-red que había sido profetizada, un sistema de efectivo electrónico llamado Bitcoin

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The Times, 03 de enero de 2009: Chancellor on brink of second bailout for banks- [Canciller al borde del segundo salvataje a los bancos] fue el texto que Satoshi Nakamoto eligió poner en el bloque génesis de la red Bitcoin, para dar una fecha certera de minado, sí, pero también se puede especular, para presentar una idea por oposición: fuera en lo que fuera a resultar ese experimento computacional, nunca iba a convertirse en lo que enunciaba el titular del periódico londinense: una plutocracia salvándose a sí misma, mientras el resto ardemos consecuencia de nuestra involuntaria participación en su sistema. Bitcoin nunca tendría al pastor premiando al lobo por masacrar las ovejas; otorgando paquetes de estímulos para que continúen con la masacre. 

Bitcoin se proponía como una red P2P de libre acceso (es decir, que permite a los usuarios de Internet conectarse entre sí y compartir archivos desde sus computadoras), asegurada por criptografía de código abierto; utilizando una red de nodos descentralizados y energía computacional aplicada en la resolución de ecuaciones necesarias para transaccionar en la red y premiadas con el otorgamiento de bloques nuevos a quienes proveyeran esa energía computacional. 

Cuando Nakamoto envió el proyecto a la comunidad criptográfica, éste casi pasa desapercibido. Nakamoto no tenía antecedentes en la comunidad, nadie lo conocía ni había oído hablar de él, ni había publicado trabajos o participado en discusiones con anterioridad. 

Los primeros años: Nerds, drogas, secretos y revoluciones

Cuando Hal Finney, un criptógrafo cypherpunk con los ideales intactos, recibió el correo con el whitepaper describiendo Bitcoin, le brillaron los ojos. Finney había tenido contacto con algunos de los proyectos fallidos de efectivo electrónico anteriores a Bitcoin, e incluso había intentado él mismo el desarrollo sin éxito de una criptomoneda. De inmediato entró en comunicación con Nakamoto y durante una semana corrió la red, minó bloques y le reportó problemas que iba encontrando a Nakamoto, para que éste los solucionara. Finney se convirtió en la primera persona en recibir una transacción en la cadena y la segunda en minarla. 

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Las avalanchas nacen con una vibración, y con la comunicación entre Nakamoto y Finney, el experimento de Bitcoin había vibrado. 

La teoría del juego aplicada en Bitcoin ha sido descrita numerosas veces como perfecta, y así se comporta. Para cada cuestionamiento, el protocolo de Bitcoin tiene engravada una respuesta profunda y a su vez simple. El comportamiento natural, racional y egoísta de cada uno de los participantes blinda la red y es su principal motor de crecimiento. A más egoísmo de los participantes mayor beneficio al colectivo; como salido del cuento de hadas del economista Adam Smith, pero hecho código, vuelto realidad. Desde los mineros que obtienen más ganancias ofreciendo más poder computacional dando más seguridad a la red, a los HODLERS (acaparadores en jerga cripto) que hacen crecer su valor quitando Bitcoins de circulación y aumentando la presión del mercado, a los especuladores que aseguran su volatilidad, y por avaricia la entrada de mayor cantidad de participantes. Todo funcionando con un reloj interno, otorgando bloques nuevos cada diez minutos, hasta que otorgue el bloque 21 millones, punto en el cual la creación de bloques nuevos se detendrá, para nunca más arrancar.

El 5 de octubre del 2009, New Liberty Standard publicó la primera cotización de Bitcoin: en ese momento un dólar americano compraba 1309.03 Bitcoins. Una pequeña bola de nieve digital. En marzo del 2010 nace el primer mercado para comprar Bitcoins. 

El 22 de mayo del 2010, un programador en Jacksonville, Florida, ofreció pagar 10 mil Bitcoins por dos pizzas que costaban 25 dólares en el foro Bitcoin y otro geek tomó la oferta. Fue el primer intercambio entre un producto tangible y la criptomoneda. Ese mismo día el bloque número 74,638 contenía un exploit que generó una transacción de 184 billones de Bitcoins. Los usuarios tempranos se dieron cuenta de que Satoshi no era un programador impoluto, pero que lo que había hecho bien era perfecto. Así nació la comunidad de desarrolladores vigilantes que fueron arreglando la arquitectura, volviéndola impenetrable. El 12 de noviembre de 2010, Satoshi Nakamoto se despidió del proyecto en un mail diciendo que dejaba a la comunidad en buenas manos, con Gavin y los demás

Para entonces Bitcoin ya era una red descentralizada, abierta, anónima, incorruptible, que no discriminaba raza, religión o frontera. Con su salida, Satoshi Nakamoto le dio el toque final al concepto de Bitcoin: asesinó cualquier posibilidad de que tenga un líder. Ya no importaba la opinión del creador, Bitcoin era libre de cualquier ego supremo. Por lo que sabemos, bien podría haber sido un desarrollo alien, o Satoshi ser el segundo advenimiento y desaparición de Jesucristo. 

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El 15 de diciembre del 2010, Bitcoin, con una cotización de 23 centavos de dólar, tuvo su primer obituario: “Por qué Bitcoin no puede ser una moneda”.

En enero de 2011 nace el foro económico mundial de Davos. El mercado mundial total de Bitcoin equivalía a 50 millones de dólares por entonces. Insignificante, salvo por el hecho de que unos meses antes valía nada. 

El mismo año nace Silk Road, un mercado abierto de drogas que operaba en la Dark Net y funcionaba exclusivamente con Bitcoins, y que introdujo a una generación completa al concepto de criptomonedas, haciendo crecer exponencialmente la base de usuarios. Exactamente como había anticipado Timothy May. 

Bitcoin se expandía entre los márgenes de la sociedad, entre dealers, junkys, hackers, milicias kurdas, Wikileaks y Edward Snowden. La privacidad del efectivo multiplicado por la conectividad del Internet. Una pesadilla para el autoritarismo. 

En mayo del 2012, el mayor sitio de Bitcoin del mundo cerró repentinamente aduciendo ser hackeado. El sitio era administrado en solitario por Zhou Tong, un joven chino de 17 años que regentó y eventualmente limpió un mercado entero. Resultó en una caída del 94% del precio. No hubo Davos. No hubo salvatajes financieros, ni imprentas de casas de la moneda imprimiendo billetes a toda máquina para salvar a los culpables. Hubo personas perdiendo y aprendiendo su lección: No son tus llaves, no es tu cripto. 

En noviembre del 2013, durante las primeras audiencias especiales en el congreso estadounidense sobre ‘el asunto de Bitcoin,’ el precio picó hasta los 1213 dólares. Dos años antes valía 2 dólares. Ese mismo mes, la red superó las transacciones de Western Union. Para 2014, la prensa especializada había publicado más de 300 obituarios de Bitcoin. Alguna variante del título “Bitcoin está muerto” se había convertido en uno de los temas más recurrentes. Mientras tanto, la red ganaba usuarios y con cada mercado limpiado o hackeado, cada llave perdida, cada Bitcoin mal enviado, ganaba antifragilidad.  

Adopción tecnológica y financiera

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En los siguientes años y hasta el advenimiento de la pandemia, la banca internacional embestiría a Bitcoin en público mientras que sus directivos la iban adoptando de forma especulativa en privado. En simultáneo, a partir del 2015 e impulsadas por el sector financiero, miles de otras criptomonedas serían creadas; muchas de ellas, como proyectos con utilidad y de avanzada; otras más, siendo completas estafas. Entre éstas nacería Ethereum, la segunda cadena de bloques en importancia, basada en la aplicación de contratos inteligentes, en la cual cientos de subecosistemas han sido creados: desde servicios bancarios descentralizados, arte digital, hasta metaversos de realidad virtual.  

Impulsado por los ciclos de halving de la red -cuando el protocolo recorta por la mitad la cantidad de bloques nuevos que otorga a los mineros y que ocurre aproximadamente cada cuatro años- el precio de Bitcoin ha ido aumentando a razón de 200% promedio anual. La red ha pasado de tener el mismo capital que una bóveda de un banco, a superar a la JP Morgan, a sobrepasar ampliamente a toda la banca estadounidense combinada en poco más de una década desde su nacimiento. Extremadamente volátil en plazos cortos, el Bitcoin se ha convertido en el bien de mayor rentabilidad si se lo observa año a año, superando ampliamente las acciones de Tesla, Amazon o Apple; ni hablar de bienes como el oro. 

Bitcoin y las criptomonedas en general se convirtieron en un asunto que el mundo financiero y en gran medida el de las compañías Big-Tech primero ignoró y desestimó, luego contrarió mientras intentó cooptar sus beneficios tecnológicos, para arribar al punto donde nos encontrábamos en tiempos de prepandemia: una lenta sumisión. No solo a Bitcoin, sino al concepto de mercados descentralizados, incorruptibles e inteligentes, aplicados a todo. Proyectos criptográficos emergiendo como hongos en la hierba después de una lluvia. Desde redes de streaming; casinos ubicados dentro de metaversos; videojuegos completamente descentralizados que manejan una economía real y fungible; servicios web anónimos y sin permiso; al más completo abanico de servicios financieros antes sólo reservados para grandes jugadores, hoy han sido puestos accesibles a cualquier persona del mundo con un teléfono Android de 50 dólares y una conexión 3G. 

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Esto antes de la pandemia.  

Cuando arribó la pandemia, cerró la economía global y los mercados colapsaron -incluyendo el del valor de Bitcoin- los principales emisores de dinero Fiat (el dinero legal emitido por el gobierno) del mundo tuvieron una única e inequívoca respuesta: prender la maquinita como nunca antes se había visto en la historia. Un cuarto de todos los dólares en existencia ha sido emitido en el último año. Un salto al vacío sin precedentes en la historia del dólar, en un mundo respaldado en dólares, que a su vez están respaldados en el ejército más poderoso y letal de la historia de la humanidad y una promesa incumplida de democracia y desarrollo humano para todos. 

Encerrados en sus casas, con un paquete de innovadoras apps financieras, videojuegos, metaversos y estímulos, ante una vida que afuera se presentaba como peligrosa, los habitantes del primer mundo se volcaron hacia los ecosistemas criptográficos en hordas, como lo venían haciendo los habitantes del tercero, por razones más urgentes, hacía al menos cinco años. 

Encerrados en su dinero Fiat, la segunda capa de la banca y finanzas internacional, la que no recibe los beneficios directos de la maquinita haciendo PRRRRR 24/7, comenzó a estudiar el Bitcoin en serio; a tratar de entenderlo como lo entendían esos nerds que desde hacía una década les venían gritando en la cara “suerte quedándote pobre” al magnate e inversor Warren Buffet, y ahora eran, como habían profetizado, asquerosamente —pero también sigilosamente— ricos. 

En la recuperación de los mercados post sacudón de la pandemia, el precio del Bitcoin pasó los 63 mil dólares, superando por primera vez la barrera del trillón de dólares de capitalización en abril de este año, siendo actualmente la tercera moneda en importancia para transacciones globales, luego del dólar y el euro. La adopción empresarial y financiera pasó de ser disimulada y marginal a publicitada e inmensa. 

En el código confiamos: la adopción masiva

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Diario El Salvador, 09 de junio de 2021, ASAMBLEA APRUEBA LA LEY BITCOIN. Es el texto engravado en el bloque 686,938 por el minero Poolin. Corresponde al titular del diario El Salvador por la aprobación en el país centroamericano de una ley que convierte a la criptomoneda en su moneda de curso legal, convirtiéndose así en el primer país del mundo en adoptarla de tal manera. Un hito tanto en la historia de Bitcoin como en la historia del dinero mismo. Probablemente la decisión soberana más osada de cualquier presidente latinoamericano en las últimas siete décadas, de las cuales sólo el tiempo dirá cuáles son sus resultados para los salvadoreños y para el gobierno de Nayib Bukele, pero que tiene un efecto dominó que recién se comienza a vislumbrar. Es solo cuestión de tiempo para que alguno de los más de cincuenta países que se han quedado sin moneda producto del estándar global del dólar, o tienen una moneda inútil, declaren leyes similares. Tienen todos los incentivos para hacerlo y ya no tienen que tener la valentía de ser los primeros. Si los países fueran personas, El Salvador sería Hal Finney.  

Primero lento y gradual, luego todo.  

El Proyecto del Genoma Humano arrancó en 1990; para 1998 se había logrado sólo un 2% del progreso. En 2003, cinco años después, el proyecto estaba completo. En 1997, la red de Internet tenía 150 millones de usuarios, similar a los que tiene la red de Bitcoin en la actualidad. Internet tiene actualmente casi 4,6 billones de usuarios, pero el sistema bancario en el cual transacciona tiene sesenta años de antigüedad, en el caso de las tarjetas de crédito y más de treinta en el caso del sistema global de transferencias bancarias. La banca solo presta servicios valederos a la porción más rica de la población mundial, con más de tres cuartos de la población mundial completamente sin bancarizar, El Salvador siendo un excelente ejemplo. Bitcoin es el Internet del dinero, un banco personal en el bolsillo, libre de las manijas de cualquier empresa, oligopolio o gobierno. 

Actualmente Bitcoin es utilizado por aproximadamente un 2% de la población mundial. Su crecimiento está en fase exponencial. Ni el Fed americano, ni el Partido Comunista Chino, ni un CEO egomaníaco, ni la banca internacional, ni ningún gobierno del mundo, ni todos los gobiernos del mundo pueden detenerlo ni controlarlo. No es que no lo intenten. No les sale. 

Los plutócratas carecen de la imaginación necesaria para imaginar un mundo que carece de ellos.  

Albert Einstein describió el interés compuesto como la octava maravilla del mundo, aquel que lo entiende, lo gana; aquel que no, lo paga. Bitcoin y su trayectoria están alineados con las leyes que guían el comportamiento humano, el efecto de crecimiento en red y de interés compuesto. Como en Internet, dentro de la cadena de bloques conviven todas y cada una de las singularidades humanas posibles. Los romanos decían que donde pasa el comercio no pasan los soldados: Bitcoin abre todas las rutas imaginadas, y las que aún faltan imaginar. Un estándar así es un estándar de paz. El núcleo duro desde donde pueda edificarse una alternativa real y duradera a la propuesta autoritaria y tecnócrata que los gobiernos del mundo vienen acelerando casi a la misma velocidad con que imprimen su dinero sin respaldo, sin código, sin protocolo. Inmoral. Bitcoin lo soluciona.