LGBTQ

La deuda con las personas trans del sistema sanitario español

En España las personas trans siguen teniendo que enfrentarse a un sistema sanitario que no tiene en cuenta su realidad.
03 Junio 2020, 7:22am
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En este último año muchas personas me han preguntado por Instagram cómo poder iniciar el proceso de transición de género en España, ya que a pesar de todos los avances que se han dado en la visibilización de la realidad trans, queer y no binarias en los últimos años, siguen existiendo un gran desconocimiento en lo que tiene que ver con el proceso de transición, un desconocimiento debido en parte a un sistema sanitario que sigue funcionando bajo premisas anticuadas.

Empezando por la legislación, en el Estado español si quieres transitar de género te tendrás que acoger a ley de género de 2017 según la cual, aquellas personas trans que quieran empezar un tratamiento hormonal deben ser evaluadas previamente por un psiquiatra, como si de un problema de salud mental se tratase. Esta estigma que patologiza a los trans se da en todos los sistemas de salud pública de las comunidades autónomas excepto el andaluz, donde se ha ido un paso por delante en la despatologización de la autodeterminación de género.

Este proceso se suele llevar a cabo en las unidades de género de los hospitales más importantes de España, como por ejemplo en la unidad de género del Hospital Clínic de Barcelona, o en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. En principio, en estas unidades, las personas trans reciben la atención psicológica y médica que necesitan para poder hacer la transición e ir llevando los controles de salud que toda persona trans requiere

Hasta aquí la teoría, en la práctica lo que está ocurriendo -y que conocemos gracias a personas que han denunciado estas situaciones- es que muchas autonomías han cerrando unidades de género por los recortes presupuestarios, dejando a las personas trans de gran parte de España sin atención médica apropiada y en las manos de profesionales de la salud que no tienen la formación necesaria para tratar a una persona trans aunque tengan buenas intenciones. Como resultado, estas personas, acaban acaban sufriendo, en un momento de extrema vulnerabilidad como lo es el de empezar una transición, desde negligencias hasta agresiones.

Hace cuatro años, antes de iniciar mi transición, mi idea era llevarla a cabo en Hospital Clínic de Barcelona, pero en una cabalgata organizada por el colectivo queer El Palomar, una persona trans conocida de mis amigas me dijo que si lo hacía me arrepentiría. Eso me extrañó, ya que por aquel entonces circulaba por la televisión catalana un documental sobre niños trans que causó furor y que se desarrollaba en dicho Hospital Clínic.

El problema es que hasta hace relativamente poco (2017 para ser exactos) el Hospital Clínic funcionaba con una normativa de los años ochenta, y aunque fue renovada en 2007, se trató más bien de un acto simbólico de cara a mejorar su imagen. ¿Esto qué quiere decir? Pues que si una persona trans es homosexual, bisexual o no se conformaba con presentaciones de género estereotipadas y sexistas se le deniegan las hormonas.

Un vídeo que ilustra a la perfección esta situación es El test de la Vida, donde el jóven escritor y activista trans Miquel Missé, autor de libros como A la conquista del cuerpo equivocado, nos cuenta su experiencia en el Hospital Clínic. Después de que pasar un año bajo evaluación psiquiátrica para decidir si podía tomar hormonas o no, nos plantea las siguientes cuestiones: “¿por qué yo he de pasar un año en observación pero una mujer cis puede operarse los pechos sin preguntar a nadie? ¿o alguien que se opera la nariz? ¿y si se arrepienten? ¿por qué se cuestiona la agencia de las personas trans de manera que nunca se cuestiona la de las personas cis?”.

Los psicólogos y psiquiatras evaluaban los pasos que una persona trans toma para “ser” del género que quiere ser, es decir, si su manera de vivir se adapta a la performance de género de la masculinidad o la feminidad clásica, y por tanto, si puede empezar a plantearse tomar hormonas. De aquí la obligada heterosexualidad, no vaya a ser que además de trans nos salgan maricones o lesbinas.

Pero no es solo la experiencia de una persona, sino una realidad para las personas trans de todo el país. Hablando con Júlia Boned, que también hizo la transición en el Hospital Clínic en 2017, me explica que se siguen haciendo muchas preguntas similares a la “prueba de la vida real” que narra Missé, para establecer si el paciente es realmente trans. “No esperaba que fuese rápido, pero mi proceso fue muy lento. Lo que menos me gustó es cuando trataron de diagnosticarme, partiendo del que te tienen que diagnosticar (ya empezamos mal) y sobre todo las preguntas que te hacen. Es todo muy normativo. Por ejemplo, te preguntan cosas como si de pequeño jugabas con muñecas. Creo que podrías ser una chica trans y no haber jugado con muñecas, son tonterías. Imagínate que eres una chica trans que no encaja con los estereotipos que hay. Es todo muy extremo”, explica Júlia, que sobre todo se siente engañada, por la falsa publicidad sobre las supuestas facilidades respecto al proceso de transición que existe a día de hoy.

Por suerte, mi experiencia personal fue diferente gracias a que pude recibir atención en Trànsit, un servicio de la Generalitat de ayuda a las personas trans, público, gratuito y puntero.

Lo que diferencia a Trànsit del resto de centros del Estado es que tratan el género de acuerdo a la normativa y teoría actual, lo cual significa entre, otras cosas, que reconocen los géneros no binarios, no patologizan a las personas transexuales y tratan tanto las transiciones de personas que quieren tomar hormonas como las de aquellas que no quieren hacerlo –ya sea porque no es lo consideran necesario o porque les provoca efectos secundarios de salud–.

La coordinadora de esta institución, la ginecóloga y activista Rosa Almirall, explica el procedimiento que se ofrece desde la primera visita: “la mayoría de personas que vienen a Trànsit se han esperado, se han detenido, han sentido confusión durante su vida,pero para cuando vienen ya lo tienen bastante claro, la gente no se lo toma a broma. Hay muchas injusticias y agresiones en el sistema. Por ejemplo un hombre cis con un poco de pecho lo operan en unos 3 meses y a un hombre trans con muchísimo pecho le pueden hacer esperar 15 años, ¿crees que eso es justo?”.

Almirall, sin embargo, cree que se están dando pasos importantes con servicios como el que ella dirige: “La diferencia entre Transit y los otros organismos que operan ahora mismo en el Estado español es que cuando una persona se define como trans, la creemos”, añade. “En vez de evaluarla durante meses la acompañamos en sus necesidades únicas con el tratamiento que necesite desde la primera visita. También intentamos hacer que personas con ideas muy prefijadas vean otros modelos de ser trans y entiendan que el camino no es fijo y que en cualquier pueden replantearse su identidad, estamos muy abiertos a cualquier necesidad y/o dificultad, porque cuando no estás en un lugar donde estás cómoda todo se vuelve muy complicado”.

Pero en el resto de España las unidades de género funcionan de forma bastante similar a lo que contaba Júlia. Molly* me contó su experiencia en Hospital Ramón y Cajal de Madrid, a donde fue con muchas dudas e incluso pánico porque le habían advertido que allí no tenían mucha idea de la experiencia trans.“ Para ir, tenía que pedir cita en mi médico de cabecera para que me derivase a la Unidad de Identidad de Género en el Ramón y Cajal. En el sistema no aparecía esta posibilidad entre todas las especialidades y parecía que la señora era la primera vez que escuchaba la palabra transexual. Se ofreció a enviarme a urología por disfunción sexual, pero finalmente llamó a una compañera joven que le contó el sistema: crear una entrada con otro concepto, borrarlo, escribir todo bien, imprimir y borrar la entrada. Con ese papel tienes que ir al hospital en persona a pedir la cita (a mi me queda a hora y media de casa). Me dieron cita para tres meses después y fue como me la imaginaba: un espanto”

En el momento en el que Molly asistió a la cita aún era necesario un certificado de disforia para decidir si se podía operar y hormonar. “Mientras esperaba allí, las enfermeras comentaban que una chica trans que estaba en la cárcel iba a veces a consulta con dos guardias civiles, y que era tan guapa que ‘no te dabas cuenta de que era un chico’. Una vez dentro fue bastante lamentable todo, me dio cita tres meses después para ver a la psicóloga, lo que me daba aún más miedo porque ella era la que te preguntaba a qué jugabas de niñe, cómo follabas y con quién y te aconsejaba hacerte el láser”.

Para mi amiga Alex Sánchez, el proceso de llegar al tratamiento en Andalucía tampoco ha sido fácil. “En mi experiencia la atención a personas trans en la sanidad pública de Málaga, ha dejado mucho que desear. Para que te puedan atender en la unidad de género debes ir a tu médico de cabecera y decirle que te derive a esta especialidad, en mi caso la doctora se quedó sorprendida diciendo que era la primera vez que se enfrentaba a un caso así y tuvo que consultar durante unos días a dónde mandarme. Tras varios días recibí una carta con una cita para un endocrino, pero no para la Unidad de Atención a Personas Transexuales. Todo esto ocurrió al empezar mi transición, cuando sentía que me estaba ahogando y necesitaba salir a flote de alguna manera. Esta pérdida de tiempo innecesaria, no me ayudaba y me cambié de doctor. Por fin conseguí, tras esperar unos tres meses, que me dieran una primera cita que, cuando finalmente llegó, me cancelaron sin darme una nueva cita a causa del parón de la sanidad por la pandemia actual”.

Lo cierto es que la dificultad para concertar visita no me sorprende. Ahora mismo, llevo creo que un año sin ver a mis doctores de Trànsit por esta misma razón, además el trabajar como modelo y como artista hace que muchas veces mis horarios sean muy impredecibles y por mucho que he intentado respetar al máximo las visitas me ha sido imposible a veces poder ir por motivos de causa mayor y he perdido la visita hasta meses después. Llega un punto que cuando todo se retrasa tanto, dejas de hacer el esfuerzo de ser constante y te descuidas. A pesar de ello, no culpo en Trànsit, es el Estado el que tendría que ofrecer mejores infraestructuras.

“En todo este tiempo me he encontrado con todo tipo de comentarios y situaciones que no le deseo a nadie por parte de les doctores de la sanidad pública”, continúa Alex, que ejemplifica por qué la tardanza en conseguir citas no es solo una cuestión algo molesta, como puede ser para cualquiera, sino que resulta dolorosa porque están jugando con la identidad y condiciones materiales de una persona. “Uno de los peores episodios que he vivido hasta ahora ha sido con la última doctora de cabecera que tuve, quien me derivó a la UAPT para revisiones médicas de otro tipo. Cada visita a su consulta se convirtió en una fuente de ansiedad y malestar, ya que aun sabiendo de mi situación y habiéndola corregido varias veces por tratarme con mi deadname o con el género con el cual no me identifico, seguía haciéndolo. Una de esas consultas me provocó un gran ataque de ansiedad. Sentía que me había faltado al respeto como ser humano al ser tratada de esa manera aún sabiendo que me hacía daño. Tras hablar con ella de lo sucedido, su respuesta fue que le diese tiempo para que se acostumbrara a tratarme con el género deseado y que si no estaba a gusto con su atención me cambiara de médico. Esto marcó un antes y un después para mí, en medio de las lágrimas que se me caían de impotencia solo pensaba en todes mis hermanes a les cuales no quería que les pasara lo mismo que a mí. Días después, saqué fuerzas y me planté en el hospital para poner una queja por escrito sobre lo sucedido, si algo he aprendido es que por poco que podamos aportar por nosotres mismes, cada gota cuenta para allanar el camino a los que vendrán detrás”.

Lo que más me sorprende y horroriza de estas historias es ver las microagresiones que acaban sufriendo todas las chicas a las que he entrevistado, la transfobia que tenemos que respirar justo en este momento tan vulnerable,, y la normalidad con la que asumimos que así se deben dar estos procesos.

Lo cierto es que las experiencias positivas de algunas personas, como la mía en muchos sentidos, demuestran que es posible mejorar enormemente las prácticas y reducir el sufrimiento, invirtiendo más recursos económicos y sociales. También fue así para Molly, cuyo proceso mejoró cuando le cambiaron de médico. “Me tocó con el doctor Gilberto Pérez. Y flipé. Marica y de Panamá, Gilberto tiene integradísima la cuestión no binaria y entiende que cada transición es distinta”. Lo triste y alarmante es que, según cuenta ¿pechuga?, precisamente este especialista, debido al bullying que sufría por ser homosexual y tratar a personas trans, tuvo que dejar el Hospital Ramón y Cajal e irse a una clínica privada. Una prueba más de que estos procesos están lejos de ser justos para las personas trans.

Lo que yo saco de aquí es que creo que es hora de que empecemos a ser un poco menos hipócritas, si vemos a la gente queer, no binaria y trans suficientemente importante como para que generen debates sociales políticos y económicos a nivel mundial, reconozcamos de una vez por todas que no son gente enferma, de segunda clase, sin derecho a una atención médica adecuada o a tener agencia sobre su cuerpo.

Hay personas en peligro porque el Estado no está haciendo su trabajo. Hace falta una reforma de la ley de género como ahora la que se hizo en Argentina el 2012, que reconoce identidades de género no binarias y permite diferentes tipos de tratamiento que se adecuen a las necesidades de diferentes persones trans y no un solo procedimiento que se limite a crear personas “normativas binarias trans”,porque esto nos limita y nos coarta. No solo a nosotras, también a toda la sociedad que vive anclada en el binarismo.

España está en un momento crítico a muchos niveles. Están ganando fuerza las corrientes conservadoras que dicen que somos personas enfermas y la psiquiatría española va monumentalmente atrasada en temas de género, lo que es sencillamente vergonzoso.

La manera en la que se cuestiona la agencia y la cordura de las personas trans es humillante, deshumanizadora y cruel. Sobre todo cuando a la vez somos explotadas como productos de marketing, cuando vemos Pose, cuando vemos Euphoria, cuando compartimos memes de la Veneno. Si amáis a la gente trans hacedlo de verdad, donde importa, en su día a día, en sus derechos, en sus momentos más vulnerables, cuando necesitan que los entiendan y los apoyen más que nunca.

*Se han cambiado los nombres.