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Rajoy en “Tiempo de juego”: el perfeccionamiento del ridículo

Mariano Rajoy pegando capones a su hijo por decir la verdad, no hay mejor metáfora para definir la España del PP.

por David Broc
26 Noviembre 2015, 8:31am

Hay pocas cosas más españolas que hablar de fútbol sin tener ni puta idea. Todos lo hacemos a diario. También Mariano Rajoy. Hasta aquí todo en orden. Pero una cosa es hacerlo entre amigos o desde la condición de ciudadano de a pie normal y corriente y otra muy distinta hacerlo públicamente y en calidad de Presidente del Gobierno. Y en plena precampaña electoral. Y en un programa de radio con miles de oyentes. Y en una jornada de Champions League. Cuando parecía que 'lo del plasma' era insuperable, ayer Rajoy y sus asesores nos volvieron a pintar la cara. ¿Eh?

Lo de Rajoy ayer en "Tiempo de juego" de la COPE es inenarrable. Por todo. En primer lugar, por el contenido, por cada una de sus intervenciones. A mí me mató de inicio con lo de "Kovalenko no juega". Kovalenko es un jugador del Shakhtar Donetsk, una de las grandes promesas del fútbol ucraniano. Tiene 19 años y ayer no jugaba contra el Real Madrid. El caso es que Rajoy quiso sacarse la chorra antes de tiempo con el típico comentario de listillo del fútbol. Lo peor no es que lo llevara aprendido de casa, consciente de que provocaría reacciones de sorpresa entre los presentadores, sino que se le vio tanto el plumero con este amago de sabiduría futbolística sacado del Marca que inmediatamente nos provocó un ataque de ternura.

Es como cuando en las cenas de Navidad ese familiar que solo ves una vez al año te pregunta por algo de tu trabajo sin que aún haya entendido nada de lo que haces. Sabes que es forzado y en el fondo no le interesa en absoluto, pero también sabes que es una forma de entrar con buen pie, y por eso te invade la tristeza más absoluta. El problema es que lo de Kovalenko era lo único que se había preparado. Si hubiera llegado al estudio de la COPE con algo más de repertorio incluso podría haber engañado a alguien. Pero cuando Pepe Domingo Castaño le dio un paquete de cromos de una famosa colección para que lo abriera en plena falca promocional, al presidente se le cayó el mundo encima.

En la vida suceden milagros. Que le saliera el cromo del jugador del Málaga Tighadouini fue uno de esos milagros. "Chichaudini", en palabras de Rajoy. Le podía haber salido Iniesta. O Joaquín. O Reyes. Pero los astros se aliaron. Fue uno de los highlights de la noche. Hubo muchos más. Cuando le preguntaron por sus jugadores favoritos del Atlético de Madrid también se notó que le habían pillado a contrapié. Tras unos segundos de impasse dijo "Juanfran", el primero que se le había pasado por la cabeza. De acuerdo que es español y todo eso, pero en la plantilla colchonera hay jugadores bastante mejores. No sé. Es como si te piden que elijas a tu personaje preferido de "Lost" y te quedas con el coreano.

Mucha sabiduría futbolística condensada en poco tiempo. Por ejemplo, dijo que "el Sevilla vende muy bien, pero que vende mucho". Que el Barça "está intratable pero que hay que esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos", una reflexión muy reveladora. Que en el Consejo de Ministros hay mayoría atlética, que en la Moncloa no tienen Bein Sports, el canal por el que se emitían los partidos de ayer, o que "no hay mejor defensa que una buena defensa", con todo merecimiento convertido en el hit de más éxito de la velada. Todo esto a un ritmo lento y dubitativo, y en todo momento con ese adictivo "¿Eh?" a modo de arranque cada vez que le preguntaban algo.

El "¿Eh?" de Rajoy es peor que el caballo. La droga más potente del mercado. El que lo convierta en una sintonía de móvil tendrá mi euro. ¿Eh?. Le hacían una pregunta y no fallaba.

–¿Cómo está viendo al Madrid, Presidente?

–¿Eh?

–¿Su jugador favorito del Atlético de Madrid?

–¿Eh?

–¿Qué hora es, Presidente?

–¿Eh?

–¿Señor Rajoy, la carne, al punto o poco hecha?

–¿Eh?

–¿Mariano?

–¿Eh?

–¿Eh?

–¿Eh?

Lo estamos pasando fetén. Imagen vía.

Está claro que tanto abuso del "¿Eh?" se debe a la inseguridad fulminante de Rajoy, y en ningún caso a un repentino ataque de sordera. Es un viejo truco para ganar tiempo. Te preguntan algo que no sabes o que te hace dudar, disparas el "¿Eh?" y arañas unos segundos para pensarte mejor la respuesta y evitar algún gazapo que te persiga al día siguiente. Pero alguien tendría que hacerle ver al presidente que es un recurso que debes dosificar, porque si lo aplicas en cada pregunta que te hacen al final acabas pareciendo un idiota integral que ni escucha ni sabe de nada.

Por último, también tuvimos nuestro chute del Rajoy humorista. Por ejemplo cuando habló de sus preferencias para el trío de ases del Balón de Oro, con Cristiano Ronaldo, Iniesta y Suárez en su podio ideal. Sudor frío y rabia contenida entre los asesores que estaban en la piscina del estudio: "Presidente, me cago en la hostia puta, ¡¡elija primero a un jugador español, esto ya lo habíamos ensayado, joder, uno español!!". O cuando le preguntaron si conocía a Manolo Lama: "lo conozco del FIFA". Felicidades al asesor-guionista: seguramente el único momento falsamente improvisado que podía colar tranquilamente como una salida espontánea y hábil.

Y como cualquier humorista que para su show especial invita a otros humoristas para redondear la velada, ayer Rajoy se trajo a su hijo a la radio. Sin pretenderlo, o quizás sí, nos regalaron el gran momento de la semana: no tanto por la bromita del niño cagándose en los comentarios del FIFA de Manolo Lama, sino por el collejón con el que Rajoy reprendió a su hijo tras sus únicas palabras en toda la noche. No sé vosotros, pero yo podría estar viendo este vídeo en loop durante el resto de mi vida.

Decía antes que esta fue una aparición inenarrable. Por el contenido, como ya hemos visto, pero también por el concepto en sí. Quizás aún no somos conscientes del tema. El problema no es que el programa radiofónico de fútbol más conocido de España invite al presidente de un estado para charlar y comentar los partidos de los equipos españoles en una jornada europea. El problema es que este acepte la invitación. Y que ninguno de sus asesores tenga los cojones de llevárselo a un despacho apartado y hacerle ver que no tiene el menor sentido acudir a esta cita pocas horas después de haberse negado a participar en un debate con el resto de candidatos.

Podríamos discutir si es razonable o no que un presidente de gobierno acuda a un programa deportivo a comentar partidos de fútbol. Pero ese debate nos lo podríamos llegar a plantear si el presidente en cuestión hubiera cubierto unos mínimos en su política de comunicación y servicio con la ciudadanía. Si Rajoy hubiera aceptado ir al debate a cuatro, si aceptara preguntas en sus comparecencias ante la prensa y si le viéramos con algo de frecuencia en televisión más allá de sus visitas pactadas a TVE o A3, entonces quizás no nos sorprendería tanto lo de ayer.

En cualquier caso, es evidente que se nos ha ido de las manos el asalto televisivo y radiofónico de los políticos. Esto no hay quien lo pare. Y mucho cuidado porque el balance de ayer es absolutamente demoledor: Rajoy pegándole un collejón a su hijo en un programa de radio después de haber comentado partidos de fútbol y Pedro Sánchez preparándole un zumo de piña a Bertín Osborne en TVE. ¿Queríais nueva política? Ahí lo lleváis. Y lo mejor es que aún quedan veinte días de campaña.

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