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Las pajas de Linklater son mortales

El director de Boyhood tiene una técnica infalible para acabar con los que whatsappean en el cine. Y quiere compartirla contigo.
06 Agosto 2014, 10:21am

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Hace muchos años, quizá después del éxito de Rompiendo las olas, Lars Von Trier anunció que comenzaba un proyecto que consistía en seguir a dos actores durante el resto de sus vidas. Puede que el gran bocazas (y genio) del cine actual se haya olvidado de esta interesante locura. Y que ahora duerma en un cajón de Zentropa, su productora, junto con las cartas de odio de Björk y la ouija con la que se comunica con su maestro Dreyer.

Pero también puede ser que esté rodando, y volviendo tarumba a sus protagonistas -uno iba a ser Jean Marc Barr-, llamándolos de madrugada para que salgan de su cama y cojan un vuelo a Copenhagen. Porque LVT no quiere ver los aviones ni en pintura. Ya amenazó con hacer una porno, y la hizo, y también consiguió que un zorro hablara. El caso es que no hay rastro por ningún lado de la película-ladrillo (o río) de Von Trier. Y Richard Linklater se le ha adelantado.

El director del gran retablo del amor antes del WhatsApp y Facebook -la trilogía que arrancó con _Antes del amanecer_-, se ha marcado una película a lo largo de 12 años. No ha llegado a la ambición de Von Trier, pero empleando un símil del mundo animal, ha meado rotando sobre sí mismo y haciendo un círculo para marcar su territorio. "Aquí el genio que el gusta ahora a las masas indies y el que cae bien soy yo". Parece decir el sanote yanqui frente al enfermizo danés.

Además, se le ha adelantado en lo que a márketing viral se refiere. Frente a los carteles de mujeres, hombres y sus caras de orgasmos de Von Trier, Linklater se ha grabado haciendo un vídeo en el que recuerda su pasado como asesino a sueldo. Como más sangre fría y con la misma cara de estreñimiento que Billy Bob Thorton en Fargo, el director explica detalladamente cómo puedes asesinar con una pajita al toca-pelotas que no para de hablar en el cine.

Imagen vía

Es un método de validez universal, que se puede aplicar igual para esas señoras que no paran de parlotear y a adolescentes con las hormonas en plena revolución francesa que se refugian en el cine porque no tienen dinero para una habitación en un hostal. Linklater es un cachondo, ya lo intuíamos después de haber visto varias veces seguidas Escuela de Rock con Jack Black y también comprobando cómo babeaban los modernos del mundo con sus joyas de animación a partir de personajes reales: A Scanner Darkly y Walking Life.

En Boyhood vuelve a contar con Ethan Hawke, su actor-fetiche, al que vemos envejecer en pantalla a lo largo de 12 años, mientras su hijo, el protagonista, deja la infancia para convertirse en un adolescente. La mamá es Patricia Arquette. Durante todo este tiempo, Linklater cogía la cámara y rodaba a sus personajes unos tres días cada año. E iba montando lo que conseguía.

Un trabajo a tiempo parcial, que encantaría a los políticos que defienden la reforma laboral y que ha dado como resultado otra (una más) obra maestra en la carrera del director texano, que ya ha propiciado más de un sueño húmedo entre los críticos de EEUU, que la colocan como favorita al Oscar. Poniéndonos en el lugar de los académicos, nosotros la votaríamos. Porque nos ha quedado muy claro qué es capaz de hacer Linklater con una de sus pajitas.

Nosotros tenemos muy buen olfato. Por esos sabemos qué cosas no te puedes perder; si quieres saber de qué hablamos, visita la selección de los mejores contenidos de Axe en Vice.