La última entrevista de Cass McCombs
​Todas las fotos por Molly Matalon

La última entrevista de Cass McCombs

Conseguimos hablar por última vez con Cass McCombs para hablar sobre política, gospel y su odio por las entrevistas.
21.11.16

Todas las fotos por Molly Matalon

Cuando llamé a finales de agosto para pedir una entrevista con Cass McCombs, su agente, Jessica, me dijo que había muchos otros periodistas que querían hablar con él sobre su último disco, Mangy Love. "Está un poco agobiado", me dijo. "Pero viendo que se trata de ti, quizás encuentra un hueco".

Conocí a Cass después de una fiesta de Navidad en Londres en 2005, mientras estaba promocionando su segundo álbum, PREfection. Dentro de la escena underground había tenido un éxito titulado "Aids in Africa", que parecía haber salido de la nada. Bueno, salió de Baltimore y lo publicó Monitor Records, un sello dirigido por un tipo conocido como "Baby Leg" (Piernecita). Cass, que entonces todavía se encontraba en los primeros pasos de su carrera, ya se había convertido en un mito. Corrían historias sobre un joven músico que los críticos describían como "raro" y "polémico" y con un odio especial por los periodistas. Siempre me he sentido atraído por "lo difícil", y cuando me puse a pensar en sus preciosas canciones —como "I Went to the Hospital" y todo esos híbridos de country, blues y góspel para pachecos— me di cuenta, en ese momento, de que me había enamorado de alguien que en realidad no conocía.

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Cuando su responsable de relaciones públicas nos presentó en esa fiesta, me empezaba a costar mantener el equilibrio (recordemos que era una fiesta de Navidad en Londres), pero tuve la clara sensación de que este tipo "difícil" era en realidad encantador y muy enrollado. Y tenía unos ojos azul verdosos con una mirada penetrante.

Desde entonces, hemos mantenido una extraña relación de periodista-fan-amigo. Le he entrevistado en varias ocasiones en los últimos ocho años y a principios de septiembre, con la aprobación de Jessica, volé a San Francisco para hacer la que Cass aseguró que sería su última entrevista para siempre. Cass no concederá más entrevistas, por la única razón de que odia hacerlas y odia la forma en la que sale representado.

Así que cuando me envió un mensaje para que nos encontráramos en Mill Valley Music, puse ese nombre en mi GPS y sin pensarlo dos veces me dispuse a hacer ese pintoresco viaje de dos horas en coche desde San Francisco a Santa Cruz. Fue un viaje épico lleno de curvas, que me hizo recordar las primeras escenas d  El resplandor,cuando Jack Torrance lleva por primera vez a su familia al hotel Overlook. Al llegar a Mills Music, me encontré con un hombre que al parecer era el propio Sr. Mills. Me aseguró que nunca había oído hablar de Cass McCombs. Un vehículo todoterreno se acercó hacia la entrada y me imaginé que sería mi hombre, pero quien salió del coche fue uno de los estudiantes de música del Sr. Mills. Pronto empecé a sospechar que me había equivocado de Mills Music. Al parecer, Mill Valley Music es una tienda de discos que ahora me quedaba a dos horas y diez minutos, situada justo a la salida de San Francisco y no sobre una colina de Santa Cruz.

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Llamé a Cass para ponerle al corriente de lo que me había pasado. Parecía un poco preocupado pero tampoco demasiado. "Lo siento", dijo. "Pero podemos ir a la playa. Tengo una nevera llena de cervezas". Y dicho eso, volví a San Francisco para reunirme con él en Dolores Park, donde me estaba esperando con una gorra de béisbol de los White Sox, gafas de sol y unos Levi's nuevos.

Mangy Love, que salió a finales de agosto, había tenido una acogida increíblemente positiva. El  New York Timesdijo que Cass era "uno de los mejores compositores de sus tiempos", pero le habían hecho falta nada menos que nueve discos para recibir tales elogios de los medios convencionales. De todas formas le da igual, porque el reconocimiento no es lo que le hace feliz y, de hecho, recibe toda crítica con un poco de vergüenza.

Poco después de que saliera el disco, hizo una entrevista con el mítico presentador de MTV News, John Norris. Cass dijo que la conversación empezó de forma agradable —como una charla divertida e informal entre dos personas— pero el video lo editaron de tal forma que se le veía como un ferviente defensor de la justicia social: habló con excesiva sinceridad sobre la falta de conexión entre el corazón, el alma e internet. Le dije, con toda sinceridad, que a mí me había encantado. Me hizo recordar esa época en la que artistas como Elliott Smith o Kurt Cobain hablaban sinceramente con periodistas sobre los temas que les habían hecho sentir como unos  outsiders.

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"La gente está sin un peso, la gente está sufriendo y quizás esta sea la única forma de ayudarles", le dijo a Norris, hablando de la importancia de la tomar conciencia política y de votar en las elecciones que acaban de concluir. "Incluso el simple hecho de escribir una canción sobre una voz que apenas se escucha puede ayudar, ¿sabes?".

"Es terrible, hombre", me dijo, haciendo una mueca de vergüenza mientras conducíamos hacia la playa. "Cuando veo mis citas en una revista o en internet, siento como que estoy traicionando a mi yo anterior. Es como verte a través de la lente de otra persona, en lugar de ver quién eres tú de verdad". Pero en muchos aspectos, él es la persona de esas entrevistas: reflexivo, sensible e inquieto. En la entrevista de la MTV, habló de su relación con HeadCount, una organización no partidista y sin ánimo de lucro que se asocia con músicos para promover la democracia, pero reveló que podría no votar en estas elecciones, por su postura contra la guerra. Cree que ninguno de los candidatos representa su opinión. Por lo general, no le gusta soltar muchos detalles sobre sus creencias o vida personal, lo que hace que sus entrevistas sean bastante difíciles, y se muestra arrepentido de haber compartido esas reflexiones sinceras con Norris y el público de la MTV. Pero cuando habla de cosas personales, sabes que está expresando lo que siente de verdad.

Para que se encontrara cómodo durante nuestra entrevista —La Última Entrevista— abrí una aplicación para la grabación de voz y metí mi iPhone en el salpicadero de su Subaru Outback (que estaba lleno de discos, libros, casetes y la nevera llena de cerveza) y entablé una extensa conversación sobre música.

Cuando veo mis citas en una revista o en internet, siento como que estoy traicionando a mi yo anterior. Es como verte a través de la lente de otra persona, en lugar de ver quién eres tú de verdad. — Cass McCombs

Empezamos a hablar sobre las canciones de un cassette que acababa de adquirir, del coro de misa de la prisión de San Quintín, el cual incluía una titulada "He's All I Need", producida por la Fundación Rex, la ONG de los Grateful Dead. Las canciones de la cinta eran temas de góspel, pero la instrumentación sonaba como algo que podríamos escuchar en Mangy Love. Había unas guitarras psicodélicas típicas de la Costa Oeste por debajo de las voces de los reclusos y los capellanes. Las raíces musicales de Cass salen de la iglesia. Solía cantar en un coro de la iglesia católica, donde aprendió a tocar el piano a los cinco años. Luego se pasó al sax, de ahí a la guitarra y finalmente tuvo una crisis de fe. "Sufrí un colapso y decidí que no podía ingerir el cuerpo de Cristo con la seguridad de que me podría transformar", me dice. "Si me preguntas ahora, te diría que no tengo esa fe, pero disfruto mucho de la música que sale de los coros de iglesia".

Su conexión con la música góspel, que describe como "música que despierta el alma", tiene una gran influencia en su nuevo disco, no en el sentido pleno de los coros de iglesia sino de una forma más sobria y devota. Y se encuentra presente en muchos de sus discos: sólo hay que escuchar "County Line", de su álbum Wit's End. Pero me dice que cree que es su falta de fe lo que en realidad le sigue inspirando de la música con asociaciones religiosas. "Es muy importante salir de tu zona de zona de confort y de lo que nos define como cultura o religión y entrar de vez en cuando en la iglesia de otros".

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"Muchos blancos se muestran completamente en contra de hacer algo que tenga un contexto religioso, y mi respuesta a esa especie de ateísmo vocal y pronunciado sería: '¿Por qué será que la música góspel es cien por cien mejor que la música que estás escuchando? ¿Por qué la música rasta y góspel es mejor que toda nuestra mierda convencional junta?'".

Por supuesto, mencionó muchas otras influencias, como Coil, Hot Tuna, Throbbing Gristle y Aretha Franklin (seguramente la única vez que veremos metidos en el mismo saco a Throbbing Gristle y Franklin). También nombró a Vassar Clements, que le animó mucho cuando lo conoció en el backstage del Warfield cuando era muy joven."Me sentó en el camerino y me dijo: '¿Así que estás empezando a aprender a tocar música, eh chico? Bueno, no la abandones. Sigue intentándolo y no escuches lo que te digan'. Me estaba diciendo,  Sé lo que es que te desanimen a tocar música. Por eso decidí intentarlo mucho más en serio".

Acabamos nuestras dos cervezas y la charla dispersa sobre música, y vimos la puesta de sol sobre Ocean Beach mientras continuamos hablando sobre Burning Man, que acababa de concluir. Decidimos que esa idea de compartir, preocuparse el uno por el otro, y esa colección prácticamente anárquica de gente tenía una vibra bastante buena, en el sentido espiritual. Cass concluyó que si solo dura un fin de semana tampoco sirve de mucho. Luego, después de un rato, caminó conmigo a mi coche de alquiler y regresé a mi hotel para transcribir La Última Entrevista. Me sentía de bastante buenos ánimos, en el sentido espiritual, hasta que me di cuenta que dos horas de la Última Entrevista no se habían grabado, y di un puñetazo a la pared.

A la mañana siguiente, le envié un mensaje a Cass con un poco de vergüenza. "Oye, sé que dijiste que era la última entrevista que harías, pero… ¿Podríamos repetirla?".

Me llegó un mensaje. "Jajaja. No sé, hombre. Quizás todo esto sea una llamada del universo diciéndome que me calle la boca".