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CIVIC TV - Bon cop de falç, Pinhead

El catalán Víctor García ha dirigido la última de Hellraiser.
16.1.12

Nueve años separan El ciclo (2003), primer trabajo como director del barcelonés Víctor García, y T is for Tiles (2011), último hasta la fecha. La duración de ambas piezas es corta (ocho minutos y medio la primera, casi cinco la segunda), pero su permanencia en la memoria es larga: mórbidos y desasosegantes, los dos breves films ponen en imágenes una idea sencilla pero ingeniosa, una situación límite cuyo desenlace es como la dentellada del perro que te miraba tranquilo y al acercar la mano te arranca un dedo. Véanlos, son trece minutos que se les quedarán grabados. Los podrán rebobinar en el metro y en una terraza en plena calle.

En una terraza estoy yo, aterido, con Víctor delante mío tosiendo a intervalos. Puntualizo: no es calle sino plaza, en el barrio de Gràcia. Víctor lleva varios meses en su terruño, sopesando guiones en un intermedio en su labor habitual, la de dirigir, cosa que ahora hace en Estados Unidos. A raíz del premio que El ciclo ganó en el angelino Screamfest (y lograría otro, en el festival de cine fantástico de Ámsterdam), Víctor, que hasta entonces había dado el callo en el campo de los efectos especiales, recibió ofertas de varias agencias de management. “El 2005 lo pasé yendo y viniendo”, me cuenta, “haciendo mil reuniones, preparando mil pitches, leyendo guiones y cogiendo cualquier curro para sobrevivir mientras llegaba mi ocasión. Y en 2006 salió la oportunidad de rodar mi primera peli”. Esa sería Return to the House on Haunted Hill, pionera de un sistema llamado Navigational Cinema del que probablemente oigamos hablar mucho en un futuro; le seguirían 30 Days of Night: Blood Trails (2007), Reflejos 2 (2010) y Hellraiser: Revelations (2011), la más reciente entrega de la saga de Pinhead, el demonio –para algunos; ángel para otros– con cabeza de acerico. Ya llegaremos. Ahora toca rememorar.

Víctor García pertenece a la generación del 74, “de los que crecimos con pelis que quizá no deberíamos haber visto a los ocho años, como Videodrome o Un hombre lobo americano en Londres”. Cosas que perturban pero abren los ojos: “Sentarme de pequeñajo a ver El imperio contraataca hizo que saliera pensando, ‘Yo quiero hacer esto: contar cuentos a la gente’”. Con este propósito incrustado en la mente cual parásito mutante del espacio exterior, en años posteriores a su epifanía Víctor estudiaría primero cómic, con el objetivo de ser dibujante, y artes cinematográficas en el CECC [Centre d’ Estudis Cinematogràfics de Catalunya], ya pensando en las luces, la cámara y la acción. “Cosas que te garantizan un futuro brillante”, dice él con media sonrisa. Luego vinieron las heridas postizas y la sangre de pega. “Estudié en Screaming, la escuela de DDT Efectos Especiales. Un día vi un anuncio de la Fantastic Factory y llamé, pidiendo que me pusieran con quien llevara el tema de los efectos. En ese momento era Poli Cantero, que estaba con los de la primera producción de la compañía, Faust [2000]. Allí fui, con un book de trabajos de efectos especiales y de modelado que había hecho, y me dieron el trabajo”.

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En Fantastic Factory, ya difunta productora de films de monstruos y hachazos surgida de la matriz de la compañía Filmax, Víctor confeccionaría prótesis y otros efectos en, además de Faust, Arachnid [2001], Dagon: la secta del mar [2001, aquella en la que despellejan a Paco Rabal; ¿una premonición de la futura Hellraiser?] y Romasanta [2003]. Películas modestas en las que los efectos, a menudo, eran lo más destacable, y que en DDT compaginaban con la publicidad y con producciones de mayor fuste: ahí dos de Guillermo del Toro, El espinazo del diablo [2001] y Hellboy [2004] y una de Almodóvar, Hable con ella [2002]. Esta última, todo un cambio respecto a las arañas gigantes del Caribe y los gallegos-pez, ¿no, Víctor? “No, en definitiva todo viene a ser lo mismo. Como técnico de efectos en el seno de una empresa, te asignan un trabajo y en función de lo que te pidan tú lo haces. Claro, si trabajas para Brian Yuzna o Stuart Gordon sabes que harás despedazamientos y mucho gore, pero Almodóvar te va a pedir algo muy distinto. Dedicamos dos meses a construir ese gran… coño que aparece en el cortometraje dentro de la peli, algo surrealista”. El ‘tan soñado coño en el cine’ del que hablaba el gran surrealista, Dalí. “Pues nosotros lo construimos y Almodóvar lo mostró. Ahí está”.

Un servidor tiene la teoría, que Víctor no confirma ni desmiente, que la gente del cine, ya trabaje en uno u otro campo, ambiciona antes o después, en su gran mayoría, ponerse tras la cámara y contar sus propias historias. Esto es habitual en actores y guionistas, y aunque menos, se dan casos de profesionales de los efectos que han cruzado la línea de la dirección; véase Stan Winston, Kevin Yagher, y otros. Víctor no esconde que siempre había querido dirigir, y, “por desgracia, el empujón para rodar mi primer corto fue la muerte de mi padre. Poco antes de cumplir un año de su fallecimiento me puse las pilas para sacar adelante el proyecto, algo muy personal, muy oscuro, muy mío. Ahí nació El ciclo”. El cortometraje recorrió el circuito de festivales en España, “un proceso de viajes arriba y abajo”, hasta que finalmente recibió el premio en el Screamfest. “Ése fue el principio”. Tuvieron que ser los americanos, ya ven, los que abrieran a Víctor “las puertas al mundo de mánagers, agentes y demás”.

La carrera de Víctor en el cine comercial americano se inició, no obstante, con un paso en falso: “El primer proyecto salió muy rápido. Firmé con unos agentes en enero y ese mismo mes, cuando aún estaba en Los Ángeles, me reuní con con la productora Gold Circle para hablar de una película. Me la dieron pero nunca se hizo”. ¿Título de la película? “Smoke. La productora me volvió a llevar a Los Ángeles para que me entrevistara con la que querían que fuese la protagonista, Salma Hayek. Hablé con ella una hora larga y me pareció muy maja, los dos encantados de la vida, así que dijimos, ‘bueno, pues vamos a rodar ya, ¿no?’ Pero entonces Smoke se convirtió en eso: en humo”. En Los Ángeles, la ‘constelación de plástico’ como la describiera Norman Mailer, “al principio no entiendes nada. Es una ciudad que tarda mucho en abrirse a ti. Hay que recorrer largas distancias para hacer cualquier cosa. Yo me he pasado muchas horas muy solo, allí colgado, sin conocer a nadie. Todo el mundo es actor, todo el mundo es actriz, o director, o guionista… Pero Los Ángeles se te empieza a abrir, y tú a descubrir la diversión que la ciudad esconde, si realmente estás en un proyecto, haciendo una película. Y, claro, además tuve la suerte de que fuera Joel Silver el que me la diera”.

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Que el poderoso Joel Silver, un tipo que cuenta Commando, Arma Letal y las dos primeras Jungla de cristal entre sus producciones, ponga en manos de un joven director novel venido de España la secuela de House on Haunted Hill, una película resultona que funcionó bien en taquilla, da la medida de cómo funciona la industria americana. “Me di cuenta de algo que aquí no pasa, o al menos en ese momento no pasaba: allí la gente presta oídos a cualquier comentario, a lo que sea que no estén acostumbrados. Son bastante abiertos. Yo he propuesto cambios en el guión en todas las reuniones que he tenido para algún proyecto. Para Return to the House on Haunted Hill tuve mil reuniones, y mi productor ejecutivo siempre estuvo dispuesto a escuchar”. Ojo, eso sí, con lo que se dice: fue una sugerencia de Víctor la que convirtió el rodaje de Haunted Hill en una de las pruebas de Hércules. “Fue una gran broma que pareció muy divertida al principio y se convirtió en una pesadilla [risas]. El guión tenía unas cien páginas, lo normal, pero Joel quiso hacer algo parecido al DVD de Destino final 3, en el que hay momentos en que tienes dos opciones y, según las que escojas, puedes ver una secuencia un poquito más larga. Como los formatos blu-ray y HD-DVD tenían tanta capacidad, le dije al productor Erik Olsen: ‘Si vamos a hacer eso, ¿por qué no lo hacemos de verdad como en los libros de ‘Escoge tu propia aventura’, en la que una decisión mala conduce a que todos los protagonistas mueren?’ Eso suena muy divertido cuando te estás tomando una cerveza, pero después hay que hacerlo…”

“Hay 96 permutaciones de la película según juegues con ella. Tuvimos que rodar seis finales distintos, secuencias que había que hacer con y sin un personaje que a lo mejor te habías cargado antes… La script tenía una especie de árbol genealógico con todos los cambios que era como dos DIN A3 pegados con celo”. Únase a esto los escollos a los que se enfrenta un debutante… “Yo había hecho un corto de un tío solo en su casa y de repente me enfrentaba a una película rodada en Bulgaria, con tres cámaras, con un montón de actores, green screens, armas de fuego, maquillajes, y teniendo que comunicarme con un equipo de 70 personas con un inglés mucho peor que el que tengo ahora” … y obtendrán como resultado: “¡Un estrés del carajo!”

A Víctor, casi literalmente, le cayó del cielo su siguiente encargo. “Entregué Haunted Hill y me volví a Barcelona a pasar un par de semanas. En el aeropuerto me ofrecieron rodar unos webisodes [episodios para internet] de la precuela de 30 días de oscuridad. Volví a L.A. y rodé los webisodes, siete episodios de cuatro minutos cada uno. Fantástico, pensé, la cosa está funcionando. Tenía contratos firmados para rodar otras tres películas. Sam Raimi decía que le encantaba El ciclo y me había regalado una Playstation 3 en agradecimiento al trabajo hecho en los webisodes. La gente estaba confiando en mí. Y llegó 2008, un agujero negro en el que no se movió nada”. Conflictos de fechas, huelga de guionistas, amenaza del sindicato de actores de ir también a la huelga… “Al principio te lo tomas como algo personal, supongo que es la naturaleza humana. Pero no hay más, es lo que hay”.

El receso duraría hasta 2010, año en el que verían la luz dos películas: Arctic Predator, un film televisivo que no he visto pero del que Víctor reniega paternidad, ya que los productores, multipiruleros y malos pagadores, le apartaron del proyecto y dieron al traste con la película pero no se cortaron un pelo en poner su nombre al frente (“Esa película es un muerto que me ha caído”, dice resignado), y Reflejos 2, secuela del film de 2008 de Alexandre Aja rodada en Baton Rouge, Louisiana; una película que para su director alterna pros y contras. Entre los primeros, efectos especiales tan impactantes como los de la decapitación en la ducha –puro Dario Argento– sacados de la chistera mágica de Greg Nicotero y Howard Berger. “A Greg lo conocí hace años en Sitges. Le llamé, ‘Greg, ¿qué me puedes hacer por este dinero? Voy a sacrificar efectos. En lugar de seis quiero cuatro, pero que pueda rodarlos en primer plano’”. Pues vaya si lo hiciste, Víctor. “Yo quería una cabeza cortada y no un croma digital. Luego hay planos, como el de ella arrancándose la cabeza en el espejo, que no están tan bien. Hicimos todos los planos que nos pidieron los de efectos visuales, pero no fueron capaces de hacerlo bien. Siempre hay peros. En unas secuencias de efectos especiales me subieron la corrección de color porque ‘la gente la va a ver en la tele’. Yo les decía, ‘¿Y ese color? ¿Qué ha pasado? Bájamelo, tío’. Y no, decían ellos que el estudio había considerado que era lo mejor. Yo es que no puedo ver mis películas. En esta hay una secuencia de la que nunca paso. Soy mi mayor crítico”.

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Estas cosas, lamentablemente, quedan intramuros, y aunque se dieran a conocer, es muy probable que al público le diera igual. Hoy, con internet, todo cristo y su señora opina, critica, dice, dictamina y pontifica. Un seudónimo y un avatar y, apa, vía libre para cargarse la labor ajena. Y con la de Víctor, en particular con la reciente Hellraiser: Revelations, los anónimos justicieros de internet no han escatimado palos. “Lo de los problemas de Hellraiser da para un capítulo aparte”, afirma Víctor. “Recuerdo críticas del tipo ‘es que Clive Barker dice que no tiene nada que ver con…’ o, ‘es que Doug Bradley no está’. La gente no tiene ni idea de los motivos por los que Doug Bradley no está, y yo sí. Y qué pasa, ¿que si no está ya es una mierda?” No tal. Al que esto firma le parece una película digna y sólida, por huevos modesta pero bien llevada, y el nuevo Pinhead uno bastante más siniestro que aquel discotequero de la tercera parte. “La película estuvo en los cines dos o tres semanas, y la gente empezó a criticar más por lo que había oído que por haberla visto. Y quienes la habían visto era porque se la habían descargado. ¡Tío, si la has visto de gratis en tu ordenador, pues el respeto que tienes a mi obra es el que te tengo yo a ti! Aunque da igual, tú sabes lo que has hecho y son los números los que, en definitiva, le van a importar a un estudio para que te escoja para el siguiente proyecto”.

Hellraiser: Revelations es una película de Dimension Films, la compañía de los temibles hermanos Bob y Harvey Weinstein (“No hablé con ellos directamente. Bob me envió un email deseándome suerte con el proyecto. Por parte de otro ejecutivo me llegó que Bob aceptó que yo la dirigiera porque había visto El ciclo cinco años antes y se acordaba”) y su génesis fue tan atropellada, me confirma Víctor, como yo había leído por ahí: la compañía iba a perder los derechos de los personajes, que caerían en manos nada menos que de Disney (¿el ratón Mickey con pinchos en la cabeza?) a menos que se rodara una peli YA. “Por contrato había que estar rodando el 5 de septiembre. Teníamos 300.000 dólares (!), una sola cámara y doce días para hacerla. Fue un rodaje guerrillero… Tres días antes, David Armstrong, que es el director de fotografía de todas las de Saw menos la última, y yo, hablábamos de rodarla con iPhones… El primer día rodamos con una actriz secuencias solas porque aún faltaban actores por cerrar, pero eso era lo que había. ¡Ese día teníamos que estar rodando sí o sí!” El infierno en la Tierra, Víctor.

Diga Clive Barker lo que diga, esta nueva Hellraiser es mucho más fiel a la mística de la original que las últimas cuatro o cinco secuelas. “El guionista, Gary Tunnicliffe, es súper fan del universo Hellraiser [de hecho ha rodado un par de cortos inspirados en la saga –ndr], y quería rendirle un homenaje. Las últimas cuatro eran películas que llegaban al estudio como thrillers o lo que fueran, y en el estudio lo que hacían era meter a Pinhead y la cajita y hala, otra de Hellraiser. Y esta no. Estaba concebida desde el principio como un homenaje al rollo de la sexualidad y el dolor. Tenía mucho que ver con su esencia”.

Viendo lo último que ha firmado, el cortometraje T is for Tiles [“Lo hicimos en un día, y estoy muy contento porque lo que controlado de principio a fin: es mi historia, mi guión, mis actores y se ha hecho lo que yo tenía en mente”] uno no puede por menos que hacerse cábalas con lo que Víctor podría llegar a hacer de gozar de total libertad creativa en el seno de una maquinaria tan profesionalizada como la americana. Una pista: “A mí me gusta un cine muy oscuro. Me siento cómodo con las historias oscuras y los personajes con paranoias, como los del Cronenberg antiguo, el Cronenberg sin cortar. El de Videodrome, Cromosoma 3 y Scanners”. Otra pista: “También me gustaría diversificar, salir un poco del género y hacer algo más cercano al thriller”. 2012 acaba de empezar. Veamos en los próximos meses de qué lado masca la iguana.

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