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A los 15 segundos de empezar la primera canción te apartará de su camino de un empujón y sin contemplaciones una ejecutiva discográfica rubia y bajita de “Londres” (lo que en realidad significa Surrey o Kent) que se pasará el resto del concierto mirando emails en su iPhone, hablando en voz muy alta con un amigo gigantón que tiene al lado de una noche que pasó hace poco en el Haggerston, y bailando a espasmos de 20 segundos con la gracia y autoconfianza de una niña de 11 años con un blazer demasiado estrecho.James Murphy

A pesar de haberte tirado la mayor parte del año pasado diciéndole a todo el que escuchara que tú estás ”por encima de los sonidos de onda cuadrada” y que “Deadmau5 es al house lo que Skrillex al dubstep”, son las 3 de la mañana del sábado, ya se te ha olvidado hacerte el esnob y pones todas tus facultades físicas y mentales al servicio del espectáculo “Jeanmicheljarresco” del canadiense. Durante la actuación, 5 personas con orejas de ratón intentarán pegar la hebra contigo preguntándote si sabías que su apellido es Zimmerman, “como Dylan”, y en todas esas ocasiones responderás, “¿de verdad?” porque a esas alturas tú ya habrás perdido la sensación del transcurrir lineal del tiempo.Lana del Rey
En lo más profundo de su corazón, Lana sabe que eso de “Nancy Sinatra gangsta” no basta para ganarse al público de un festival. Tras pasarse horas, literalmente, investigando la historia del rock en YouTube, Lana da con la fórmula del triunfo: Björk mezclada con Ozzy. Justo después de cantar Blue Jeans, un cisne vivo es llevado al escenario. El animal grazna de terror. Un destello brilla en los ojos de Lana cuando agarra al cisne por el cuello y le arranca la cabeza de un mordisco, para después frotarse el estómago con su cuerpo, aún convulsionándose. El foco ilumina su rostro, la sangre goteando de sus labios siliconados, y ella empieza la siguiente canción. Born to die.