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Especial Moda 2012

En un país en el que un hombre y una mujer bailando juntos equivaldría en occidente a tener sexo anal en medio de una enfermería, muchas mujeres encuentran incómodo tener que hablar de bragas y sostenes con un tío

Las leyes de Arabia Saudí estipulan la segregación por sexos y prohíbe que las mujeres conduzcan, viajen solas o adquieran el mismo estatus profesional que los hombres

Las leyes de Arabia Saudí están basadas en los estrictos principios de la sharia, que estipula la segregación por sexos y prohíbe que las mujeres conduzcan, viajen solas o adquieran el mismo estatus profesional que los hombres. Por supuesto, sus efectos en materia de derechos civiles son un asco, pero puede que el “efecto sharia” más raro tenga que ver con la ropa interior. De forma extraña, casi increíble, la mayoría de saudíes que venden ropa interior son hombres. En un país en el que un hombre y una mujer bailando juntos equivaldría en occidente a tener sexo anal en medio de una enfermería, muchas mujeres encuentran incómodo tener que hablar de bragas y sostenes con un tío.

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Las mujeres saudíes llevan años protestando por esta situación. La activista Reem Assaad, por ejemplo, fue líder de una campaña de boicot a las tiendas de ropa interior que emplean a hombres. Sus quejas fueron finalmente atendidas en julio pasado por el rey Abdullah, que dio a las tiendas de bragas y de productos de cosmética seis meses de plazo para echar a sus empleados masculinos.

No es la primera vez que desde el gobierno se intenta atajar el problema de los hombres que venden prendas de mujer. El ministro de Trabajo abordó la idea de prohibirlo hace tres años, pero por razones que suenan a estupidez, los poderosos clérigos de la nación se opusieron, e incluso declararon una fatwa contra las mujeres que endieran sujetadores o pintalabios. Mujeres de todo el país protestaron por la decisión, protestas que culminaron cuando una mujer, Fatima Garoub, creó una campaña en Facebook llamada “Basta de pasar vergüenza”.

Aunque los clérigos siguen oponiéndose a la idea que una mujer encuentre embarazoso hablar de sostenes con un hombre, Abdullah se mantiene firme en su decisión: el ministro de Trabajo contrató hace poco a 400 inspectores para que se aseguraran de que los locales de ropa interior acataban la nueva ley.

Aunque sólo recientemente obtuvieron las mujeres saudíes el derecho al voto y a poder presentarse como candidatas (aunque no podrán hacerlo hasta 2015), y sus oportunidades laborales sean mucho más limitadas que las de los hombres, esta pequeña medida para que se sientan más cómodas bajo sus  bayas es, sin duda, un paso en la dirección correcta.

Ilustración de Grace Wilson