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Enrique Metinides es nuestro nuevo fotógrafo favorito

50 años fotografiando crímenes y tú ni enterado.
21.3.12

uando tenía diez años, mi papá tenía una tienda que, entre otras cosas, le vendía cámaras y rollos a los turistas. La tienda estaba en el centro de la ciudad, en Avenida Juárez, frente a la Alameda Central. En los cuarenta, cuando derribaron el edificio en el que estaba la tienda de mi padre para construir una tienda departamental, él me regaló una cámara que no había vendido y una bolsa llena de rollos. Empecé a tomar fotos en el centro de la Ciudad de México.

Fue por esos tiempos que empecé a tomar fotos de autos chocados. Cuando había un accidente en la ciudad, la policía remolcaba los autos a la estación de policía en el centro. Yo me iba para allá a tomarles fotos. Era un gran fanático de las películas de gángsters, Al Capone, y cualquier tipo de película policiaca. Solía ir a ver películas en los cines del centro. Esas películas me fascinaban.

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Un año después de que empecé a tomar fotos, mi papá abrió un restaurante y los policías de la zona iban a comer ahí todos lo días. Conocí a muchos de ellos, y empezaron a llevarme a la estación para tomar fotos de las personas a las que habían arrestado, y de los cadáveres que recogían.

Recuerdo que un día, cuando tenía 11 años, fui a la estación y acababan de llevar a un tipo que había sido decapitado en las vías del metro. Alguien había amarrado su cuello y la llanta del metro le pasó encima. Era la primera vez que veía un cadáver de cerca. Le tomé una foto con su cabeza en sus manos. Después, cuando empecé a trabajar en las escenas de crimen como asistente de fotógrafo, veía 30, 40, 50 cadáveres al día.

En ese entonces realmente quería ser periodista y cubrir los crímenes, y me gustaba recolectar historias de crímenes que salían en las noticias de todo el mundo. Las recortaba del periódico y las pegaba en un álbum que tenía. Un día, hubo un choque junto al restaurante de mi papá en San Cosme. Salí corriendo a tomar fotos. También llegó un fotógrafo de La Prensa a tomar fotos, y cuando me vio ahí, me invitó a trabajar como su asistente en el periódico. Así obtuve mi primer trabajo.

Empecé a tomar fotos por toda la ciudad, y el periódico siempre usaba mis imágenes porque les parecían las mejores tomas. En ese entonces todavía estaba en la escuela. Cuando cumplí 14 años ya era asalariado de otro periódico importante: Zócalo, y trabajaba para revistas importantes de nota roja comoAlarma!, Crimen, y Nota al Crimen.

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En aquellos tiempos la policía y los bomberos te ayudaban, no como ahora. En aquellos tiempos te dejaban subirte a sus camiones, te dejaban entrar a la escena del crimen. Ahora no te dejan ni acercarte porque no quieren que la gente sepa lo que está pasando en México.

Trabajé como fotógrafo de nota roja durante 50 años. Empecé a tomar estas fotos cuando tenía 10, y lo dejé a mis 59 años. He visto más cuerpos que cualquiera. Me atrevo a decir que he visto más cuerpos que Weegee, y adoro a Weegee. Soy un gran fan. Tengo siete libros suyos en mi casa. De hecho, publicaron un libro en Francia con trabajos suyos y míos.

Weegee tenía un radio de policía en su auto. Yo fui el primer fotógrafo en México en hacer lo mismo. En cuanto se avisaba a la policía sobre un crímen yo ya sabía el lugar exacto y a veces llegaba antes que ellos. Cuando llegaba a la escena del crimen tomaba fotos de la casa, el arma, los testigos, los curiosos, las fotos de las víctimas cuando estaban con vida… de todo. Incluso le daba mis fotografías a la policía para sus investigaciones. Una vez resolvieron un crimen gracias a una de mis fotos. Yo tomaba fotos de la gente que se acercaba a ver la escena del crimen, los curiosos. En una ocasión, fotografié a todos los curiosos en una escena del crimen y resultó que en una de las fotos estaba el asesino, quien también era el mejor amigo de la víctima y había dicho estar fuera de la ciudad el día del homicidio. Estaba en la foto viendo la escena, pero cuando lo interrogaron juró que había estado fuera de la ciudad vistando a unos amigos.

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En la Ciudad de México siempre ha habido muchos accidentes y muchas muertes. Recuerdo muchos casos en los que los cuerpos terminaban hechos pedazos y regados por la ciudad. En la Ciudad de México se cometen los peores crímenes que te puedas imaginar. He visto tantos accidentes y crímenes que no me lo creerías. Pero realmente me habría gustado estar en Nueva York el 11 de septiembre. ¡Qué espectáculo debe haber sido!

HISTORIA CONTADA A SANTIAGO STELLEY

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En las afueras de la Ciudad de México había un pista de aterrizaje para los aprendices de piloto. De vez en cuando, se estrellaban y tanto el maestro como el alumno terminaban muertos. Probablemente fui a ver 70 accidentes en esa pista

Esta es una foto de todas esas personas pobres que, hasta la fecha, se roban la electricidad en la Ciudad de México. Concetan un cable a sus casas y se suben al poste para conectarse a la red, por con frecuencia terminan electrocutados.

Esta foto la tomé en Avenida Chapultepec y Monterrey en la colonia Roma. Era una periodista muy famosa que escribió algunos libros muy buenos. Ese día tenía una fiesta por el lanzamiento de un libro. Estaba toda arreglada, iba a recoger a su hermana para ir al evento. Cuando estaba cruzando la calle, dos autos chocaron y la atropellaron. Esta foto es genial porque tiene puesto todo ese maquillaje y no parece que esté muerta.

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Esta mujer fue al parque de Chapultepec, y preguntó cuál era el árbol más viejo. Fue hasta ese árbol, sacó una soga de su bolsa y se colgó. Cuando bajaron su cuerpo, encontraron una fotografía de su hija en su bolsa con una nota que decía: "Mi esposo me dejó y se llevó a mi hija cuando tenía nueve años, y hoy, en sus 15 años y todavía sin verla, ya no puedo soportar el dolor y me quitaré la vida".

Los comandos asaltaron un banco y mataron a tres policías. Después de matar a los policías huyeron con el dinero. Cuando empezaron a llegar las patrullas y las ambulancias, los asaltantes se metieron a un supermercado en Avenida Universidad. Ahí adentro hubo una balacera y varios de los clientes resultaron heridos. Los asaltantes escaparon por la puerta trasera. Nunca los atraparon. ¡He estado en medio de tantos tiroteos! Recuerdo haber estado en uno en el que unos comandos asaltaron una fábrica. Mataron a cuatro personas. Mientras la policía los perseguía, se escondieron en un cine. La policía rodeo el lugar y hubo una balacera. El policía que estaba parado junto a mí recibió un balazo en el estómago.

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