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Identidad

El fotógrafo Vincent Cianni habla de los gays en la milicia estadunidense

Vincent Cianni retrata a hombres y mujeres militares LGBT que fueron despedidos del ejército por su preferencia sexual.
11.4.15

Zachary Werth y Dustin Hiersekorn (de izquierda a derecha).

El libro de fotos Gays in the Military (Gays en la milicia) de Vincent Cianni es un recuento personal de cómo vivía la gente bajo la prohibición militar estadunidense en contra de los gays, la cual empezó en 1949 y fue seguida de Don't Ask Don't Tell en 1993. DADT era una regla legislativa que significaba que podías ser gay en la milicia siempre y cuando no se lo dijeras a nadie. Si tenías una pareja del mismo sexo, ni siquiera tenías permitido contárselo a tus camaradas, aun si tu pareja enfermaba o moría.

No es ningún secreto que para los gays en la milicia el camino hasta 2011 —cuando la se abolió la política— estuviera plagado de sufrimiento en silencio y trastornos por estrés postraumático. En algunos casos, incluso lleno de suicidios. Aún hoy en día, servir en la milicia puede ser una experiencia llena de prejuicios. El libro de Cianni incluye fotografías y entrevistas que recogió a lo largo de un viaje en carretera por todo Estados Unidos en un lapso de tres años. En este viaje, Cianni preguntaba qué hacía que las personas LGBT quisieran servir en una institución que se negaba a aceptarlos y qué efectos a largo plazo tenía esto en sus vidas.

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En el libro se muestran a hombres y mujeres militares LGBT que van desde un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 92 años hasta aquellos que han peleado en Afganistán. Las historias se desarrollan en propias palabras de los sujetos, dándoles así el poder de al fin poder contarlas. Llamamos a Cianni para hablar sobre el libro y sobre su experiencia al conocer gente que fue parte de una ley tan opresiva, que fue erradicada hace sólo cuatro años.

VICE: Hola, Vince. ¿Por qué te interesa tanto este tema?
Vincent Cianni: Yo crecí durante la revolución política y cultural de los años sesenta, durante el apogeo de la Guerra Fría. Fui un estudiante despistado pero políticamente consciente y un hippie universitario cuando el Conflicto con Vietnam se convirtió en la Guerra de Vietnam. Mis convicciones eran tan fuertes que estaba listo para huir a Canadá si me elegían para ir a la guerra. Parecería que pasé la mayor parte de mi vida sin interesarme en lo militar, ya que apoyaba la paz, la justicia, la santidad de la vida y la lucha para terminar con la violencia. No pude entender por qué alguien se uniría al ejército, mucho menos por qué los gays se unirían a una organización que los despreciaba.

En noviembre de 2009 estaba escuchando la estación de radio local. Estaban entrevistando a la madre de un soldado raso gay de 19 años que había sido despedido en Irak. Cuando escuché a la mamá de Nathanael Bodon hablar de él con amor, orgullo y confianza, pensé en mi propia experiencia al tener que esconder mi identidad frente a mi familia, amigos y colegas y en haber sido víctima de crímenes de odio e intolerancia.

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Como fotógrafo documental y narrador, me di cuenta de que, sin importar mi propia experiencia, los relatos de los miembros del ejército y veteranos LGBT eran la historia de personas a quienes se le han negado sus derechos humanos y que en muchos casos estuvieron sometidos a un trato injusto. Como parte de una comunidad que continúa con la lucha por la igualdad, no podía darles la espalda.

¿Qué tan psicológicamente dañina fue esta política?
Por su propia naturaleza, la DADT era ambigua y su aplicación dependía de las actitudes y percepciones de los comandos individuales, así como de los miembros enlistados, aun cuando el propósito de la DADT era proteger a los miembros LGBT del ejército al prohibir que se les preguntara sobre su identidad sexual.

Las cacerías de brujas eran comunes en los ochenta. Muchas personas LGBT fueron perseguidas, investigadas, interrogadas y colocadas al nivel de drogadictos, criminales y perpetradores de violencia doméstica. Los efectos del abuso físico y psicológico, así como los de las cazas de brujas, fueron psicológicamente dañinos.

Travis Jackson.

¿Acaso estas personas se sienten liberadas ahora que son capaces de contar su historia?
En muchos casos, las personas que entrevisté y fotografié no sabían la razón de su despido. A veces su historial de servicio en el ejército fue borrado como si nunca hubiera ocurrido. Participar en el proyecto les sirvió para recuperar su dignidad y su historial de servicio. Durante las entrevistas recordaron experiencias difíciles, incluso algunas que ya habían olvidado. Fue una catarsis emocional para muchos. Las fotografías evocan su humanidad, sus fortalezas y sus debilidades.

¿Cómo se sentían de haber servido a una institución que no los aceptaba?
Las razones que tenían para unirse a la milicia eran de todo tipo, igual que sus contrapartes heterosexuales. Era un honor servir a la nación. En palabras de Joseph Rocha [un oficial de la Marina entrevistado], "Esto nunca disminuyó mi amor por la milicia, por las fuerzas armadas, por el ejército, por los soldados. Simplemente estuve en el lugar equivocado a la hora equivocada. La gente piensa, 'No seas gay, sólo no me dejes que sepa que eres gay', pero eso quita toda posibilidad de que pueda tener la foto de mi amado en el escritorio o de hablar de mi aniversario, o de tener un aspecto humano en mi vida. Ese tipo de dualidad y auto-engaño es terrible".

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¿Qué historias te interesaron en particular?
Había personas como Kevin Brannaman —a quien violó su sargento— y Travis Dobbs —quien también fue violado por su sargento y luego interrogado a lo largo de tres días— que sufrieron horribles y degradantes actos de violencia sexual con las medidas de interrogación más extremas que resultaron en crisis nerviosas.

También Joseph Rocha sufrió acosos continuos y abusos a sus derechos humanos durante su servicio, incluyendo "el ser forzado varias veces a simular sexo gay en cámara con los perros del ejército, ser bañado con mangueras, estar atado a una silla, que lo dejaran en una casa de perros con heces y ser forzado a comer comida para perros".

¿Sabes cuál es la situación actual para las personas transgénero que quieren servir en el ejército estadunidense?
Es interesante que toda la información que he recibido sobre la nueva política militar tiene el adjetivo "LGB". La gente transgénero aún no es reconocida como capaz de servir. Si alguien dice ser transgénero o se sospecha que lo es, serán despedidos.

¿Recuerdas alguna historia que te dijera un gay del ejército sobre cómo mantenían una actitud positiva durante su servicio?
Muchos miembros del ejército y veteranos simplemente se enfocaban en su trabajo y en la misión como unidad. También recurrían a sus amigos, familiares y a veces a su fe para tener fuerza, ya que no podían confiar en sus compañeros o comandantes, ni tenían acceso a terapias o guías espirituales.

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Katie Miller [una ex cadete] lo dice bellamente: "Fue devastador ver cómo reaccionaron mis camaradas respecto a mi identidad, pero dejar atrás a las personas que realmente quería y que me apoyaban fue aún más devastador".

@ShannaFelicia

Joanna Gasca – "Cuando DADT desapareció, sentí como si me hubieran quitado un peso de encima. Solía bromear con mi familia diciendo que iba a necesitar terapia cuando me retirara porque entonces ya no tendría que seguir en el clóset. Empiezo a creer que todos los años de no ser yo al fin terminaron. A veces se me salen las lágrimas y no puedo detenerlas".

Geer Puckett – "Yo estaba a cargo de treinta marineros jóvenes. A finales de un verano, un soldado me dijo que había escuchado el rumor de que yo era gay. Yo le dije: 'No sé que escuchaste. No me importa lo que escuchaste. Espero que hagas tu trabajo de acuerdo con las reglas de la Marina'. No iba a dejar que un joven marino me acosara.

Will Chandlee – "Tuve una relación formal con un teniente de la Marina de Arkansas. Él era muy bueno en la cama. Lo llevé a que conociera a mis padres. Una vez se estaba quedando con nosotros en el campo y me dijo que se iba a casar; era una chica que conocía de toda la vida. Eso me puso muy mal; todo fue muy inesperado".

Denny Meyer – "En 1968 todos estaban en el clóset, dentro o fuera de la milicia. Si te descubrían, los camaradas a bordo te lanzaban por la borda así nada más. Si vivías, te despedían y perdías tu honor. Estabas arruinado, ya que en esos días no podías volver a tener un trabajo si habías sido relegado por eso".

Zachary Werth (derecha) – "Salía con Dustin y tenía miedo porque él era nuestro proveedor. Había trabajado duro para obtener mi rango y mis medallas. Los odio por lo que me hicieron. No entiendo cómo podrían hacerle eso a alguien. Yo esperaría que mi servicio le hubiera importado a alguien".

Heather Davies – "La persona con la que salía era más grande que yo y había estado más tiempo en la Marina. Ella creció bajo el antiguo régimen donde había muchas cazas de brujas que querían atrapar gays en el acto para deshacerse de ellos. Conocí esa cultura y viví aterrorizada todo el tiempo que estuve en ella".