Cómo enfrentan los padres la muerte gestacional y neonatal
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Cómo enfrentan los padres la muerte gestacional y neonatal

Un relato coral de madres y padres que han perdido a sus hijos en los últimos meses de gestación, durante el parto, y en los primeros días de nacimiento.
27.10.16

Todas las fotos las tomó Iván Alamillo Suárez durante la suelta de globos anual en el Kiosco Morisco de la CDMX, en el Día Internacional de la Muerte Gestacional.

Janine (37): Yo creo que la vinculación que tuve con Nina se dio desde que empecé a sentir sus movimientos en mi vientre.

Mónica:
Fue un embarazo muy deseado. Tenía siete años de intentarlo. Cuando se dio, me cambió la vida. Esa frustración que venía cargando se terminó al momento del embarazo… A los tres meses ya tenía una panza enorme. No lo podía ocultar. Yo no quería decirlo por mi mismo temor, quería esperarme, pero mucha gente se dio cuenta antes. El ginecólogo me dijo que Betito había sido algo así como un embarazo psicológico. Que yo quería mostrarle al mundo que estaba embarazada. Y no era que Betito viniera demasiado grande: tenía agua, tenía líquidos, que hicieron que mi panza creciera mucho.

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Diana (28): Pensaba que en este siglo un bebé no podía morirse. Que la tecnología y todo daba para que un bebé se salvara. Podía pasar lo que sea, pero eso sucedía en la época de las abuelas. Un bebé, en este momento, ya no se moría. Podía nacer antes, pero tenían todos los aparatos para salvarlo.

Marián (29): Mi hermana llegó en la noche y me puso el aparato para oír el latido. Se escuchan dos sonidos: el latido del bebé y un sonido como de olas de mar, que son las arterias que llevan la sangre. Un sonido como fuu, fuu. Pero ése no es el latido. El latido suena pum, pum, pum. Yo escuchaba eso y me tranquilicé (hay vida ahí dentro, pensaba), pero mi hermana no encontró latido.

María del Carmen (30): Trataron de que entrara en labor de parto con pastillas. No sé si llegué un miércoles o un jueves, un cinco de septiembre o un cuatro. Lo único que recuerdo es que mi hijo nació el ocho de septiembre de 2013, en la madrugada, y que mi mamá me ayudó a tenerlo. En la madrugada, ¿qué doctor iba a estar para ti? Eso fue lo que a mí… No sé si estoy enojada o ya me vale. Mi mamá estaba muy enojada porque nos dejaron aun cuando sabían que me habían dado las pastillas. Ella fue fuerte por mí. Hasta ese momento, cuando nació Josué, le dije a mi mamá: "ya puedes ir por un doctor".

Brenda (31): En el quirófano me pusieron la anestesia en la espalda. No me hizo efecto. Yo creo que deben esperar cierto tiempo. Ya tenían el susto encima porque como cinco minutos intentaron encontrar el ritmo cardiaco y no lo encontraron. Me iniciaron la cesárea cuando la anestesia no me había hecho efecto. Todavía recuerdo que cuando te pasan el bisturí, arde.

Héctor (27): Pasaban con trapos con sangre. Nos dieron 9:15, 9:20, 9:30, 9:35, y sale el doctor. Pero antes salieron como dos o tres enfermeras. Y qué pasó, qué pasó. Te ven con una cara de valió madre, pero no saben qué decir. Sale el doctor, y mi suegra le pregunta si el bebé se murió. Él, sabiendo qué decir pero no queriendo decir nada, nos dice: "El bebé tenía malformaciones. Ahorita vas a ver su cuerpo. Pero mira: tu esposa posiblemente va a entrar en coma y también se nos va a morir". ¿Entonces los dos se van a morir? ¿Ninguno vive?

Janine (37): Me indujeron el parto y tardé dos días en poder parir… Te introducen un gel que te obliga a dilatar. Al principio sientes un dolor como de menstruación, soportable. En esos momentos pensaba que eso no iba a ser para siempre: en algún momento voy a dar a luz. Yo lo que quería era verla, conocer su cara, conocer su cuerpo, hablarle… Los dolores llegan a ser muy intensos y no piensas en nada. Ni siquiera gritaba. Me hacía bolita, o lo bolita que podía hacerme con la barriga. Y resistía.


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Érika (38): Comíamos un montón de porquerías mientras esperábamos. Recuerdo que cuando salió el doctor Arellano, yo traía un sándwich y me lo escondí atrás. Me acuerdo mucho de eso y de que hasta tenía la boca llena. El doctor nos dijo: "Toleró el procedimiento". En la visita de la tarde no me dejaron acercarme a verlo. Sólo veía sus manitas y un chorro de máquinas y de gente encima de él.

Rodrigo (33): Me dijeron que otro niño tenía una cirugía, pero no era tan urgente y entonces se la cambiaron. Hasta la fecha me siento todavía un poco mal porque la cirugía de ese niño ya la habían pospuesto otras dos veces. Por lo mismo: era un niño con síndrome de Down y su cirugía no era tratada como algo urgente. A mí se me hizo algo feo. Pero se trataba de mi hijo.

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Mónica: El médico me pasó al ultrasonido. Cuando estaba buscando el latido, me di cuenta porque vi la cara del doctor. Todavía no me daba la noticia y yo ya sabía. Buscaba y buscaba y buscaba. Ahora de este lado, ahora de este otro. El médico me tomó del brazo y me dijo: "Ya no". Yo voltee a ver a Roberto y le dije: "Ya no. Ya no hay latido. No sé qué pasa". Roberto empezó a llorar. Yo no lloré. En ese momento, incluso desde que iba en el carro y ya lo presentía, entré en un estado de pausa. Tu cerebro se pone automáticamente en pausa. Esto no es la realidad. Así estuve yo. No lloré. Cálmate, Roberto. Y él se metió en el baño, estaba llorando. Yo me senté. Tenía siete meses y tenía una panza enorme.

Daniel (29): Nunca te dicen que el bebé está muerto. Te dicen que no perciben latido. ¿Eso qué significa? Es que no, ya no hay latido. ¿Entonces qué vamos a hacer? No decía: "El bebé se murió". No decía y no decía y no decía. Yo le dije: "Entonces qué hacemos". Y ya fue cuando dijo: "El bebé está muerto".

María del Carmen (30): Se lo llevaron rápido. Cuando di a luz, estaba tapada. Me gusta taparme, no me gusta estar descubierta. Sólo supe que estaba entre mis piernas, pero estaba tan cansada que no pude pararme y verlo. Son de esas cosas que digo: "Hubiera hecho, pero no pude". Cortan el cordón, sacan a mi mamá del cuarto, la enfermera se lo lleva envuelto. Nada más veo que la enfermera se va con ese bultito. Dije: "Ya. Aquí fue nuestra despedida". Ni siquiera… no sé. Me duele no haber tenido la fuerza para decirles que me dejaran verlo.

Diana (28): Me pasaron al área de recuperación. Fue la primera vez que lloré. Ya no tenía panza, estaba vacía, completamente vacía, y sola. En el área de recuperación lloré toda la noche. No es imposible. Lloré toda la noche hasta el amanecer.

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Marián (29): Llegó una nutrióloga del hospital a decirme que cómo quería amamantar a mis hijos, porque ella creía que yo había tenido gemelos. No sé de dónde sacó esa idea, seguro habían traspapelado los expedientes. Yo le dije: "Mi hijo está muerto". Y siguió preguntando, como si yo no se lo hubiera dicho. Era muy joven, tal vez no sabía cómo reaccionar. Le dijimos otra vez: "Nuestro hijo murió".

Y ella respondió: "¿Y piensas amamantar?".

Brenda (31): El doctor me dijo que me había dado diabetes gestacional fulminante, por así decirlo. El término no existe. Me dijo que el bebé había tenido malformaciones, que había tenido una cardiopatía, que era mejor que se hubiera muerto antes de nacer y no después, que a veces cuando nacen nada más viven cinco minutos y sufren mucho y se mueren. Que es selección natural.


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Héctor (27): A todos les platicaba lo que pasó y me decían que el doctor tenía la culpa. Me dijeron que lo único que debía hacerse era una autopsia. Yo desde el primer momento les dije que no. Si ya se murió, ¿para qué vamos a abrirlo? Lo vamos a abrir y nos van a decir que el doctor tuvo la culpa. ¿Y cómo vamos a revivirlo?… Yo no quiero transgredir más su cuerpo. Sea lo que sea que hagamos, ya no va a regresar.

Mónica: Yo nunca me despedí de él. Nadie te lo dice. Mi hermana le dijo a Roberto que me preguntara si quería conocer al bebé. Cuando Roberto fue a decirle al doctor, él dijo: "No, porque se puede poner mal". Y mi esposo, que es de pocas pulgas, le dijo: "No le estoy preguntando: le estoy diciendo que mi esposa quiere conocer al bebé". Lo llevaban en una de esas mantitas que ocupan ellos, azules, porque no era una cobija. Lo traían tapadito y lo destapó la enfermera, pero no lo pude cargar, en primera porque yo no podía ni moverme. Nada más lo toqué por encimita: él estaba perfecto, perfecto. Tenía mucho cabello, el cabello rizado; se veía como si estuviera dormido. No lo pude cargar. No le tomé fotos. No me quedé con ningún recuerdo de él. Lo vi muy poco tiempo, muy rápido. Sólo dije: "Está hermoso".

Marián (29): Como si fuera algo intrascendente. A mí me dio pavor imaginar que iban a llegar mis papás y nadie iba a decirles nada. Mis papás… Yo sé que los deshizo la noticia. Y sentir esta onda tan técnica, tan… me produce… Hay cosas que se logran con dinero: una buena atención de algún tipo, la tecnología. Pero eso no depende del dinero: depende del alma de las personas.

Érika (38): Encontraron a un padre dando misa en otra tumba. Pues lo jalaron y se lo llevaron para que bautizara a Sebastián y dejaron a medias la otra misa. Yo decía: "Si van a estar en paz con esto, va". Fue muy gracioso. El padre, bien paciente, llegó, lo bautizó, nos dijo algo (no recuerdo qué) y se regresó a seguir su misa. No lo enterraron. Lo pusieron en una gaveta.

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Héctor (27): Bajé por la caja. Estaba mi papá, la mamá de mi suegra, un hermano. A los tres les dije que por qué tenía que traerlo en una caja pudiendo traerlo cargando. Me metí, lo puse en la mesa. Nadie entraba, todos se quedaron afuera. Le mostré la casa. Le dije: "Aquí ibas a vivir. En el tiempo que estuviste en la panza de tu mami, aquí es donde estabas. Aquí es tu casa. Discúlpame por el poquito tiempo que vas a estar"… Unas horas más tarde, en el crematorio, empecé a ver que… sí, eres una persona, pero en cierta manera una persona apestada. Así como cuando en los tiempos atrás la gente tenía sarna. La gente empieza a guardar distancia. Por muchas cosas: por la ignorancia de no saber cómo tratarte, de no saber qué decir…

Rodrigo (33): Un compañero del trabajo había tenido una niña, así que no quería regresar porque todos iban a estar hablando de su hija. Cuando regresé, todos se portaron súper bién conmigo. Lamentablemente, este chavo también había perdido a su hija. No me alegré, pero sí fue empezar a pensar que no nada más me había pasado a mí. Sus amigos… Bueno, a mí sí se me hizo mala onda. Yo creo que ellos lo hacían porque no sabían cómo expresarle su apoyo, pero le dijeron: "¿Y qué, güey, chillaste?".


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Brenda (31): Le llaman certificado de muerte fetal. Ni siquiera te dan un original. Te dan una copia. Ni siquiera le ponen las huellas. Es como si no hubiera existido…Si existiera más información, a lo mejor ya cuando hubiera pasado… Que te dejen ver a tu bebé, que puedas tener un recuerdo de él, sacarle fotos, sus huellas, cortarle un mechón de cabello… Puede hacer el proceso de duelo menos complicado, menos doloroso.

María del Carmen (30): Se me ocurrió llevarme las cenizas a la misa. Yo las estaba cargando, y toda la misa me la pasé chillando. El padre dijo al último que yo no debería tener las cenizas. Le dijo a mi esposo: "Vea cómo está su mujer. No la dejé tener las cenizas". Yo creo que se imaginó que yo dormía abrazando las cenizas, pero sólo hasta ese momento las tomé. Me dio pánico que la familia me dijera: "Te las vamos a quitar". Después de la misa me puse a chillar, abracé a mi esposo y le dije: "Por favor no me las quites". Tenía mucho miedo de que me las quitara…

Janine (37): Me gustaría que cuando yo muera me combinen con sus cenizas y a ver adónde nos van a botar. Eso ya no importa.

Marián (29): El funeral fue el viernes en el templo. El reverendo le asignó un nombre budista: Shaku Jyokoh, que quiere decir luz purísima. A nosotros nos pareció bien ese nombre porque sentimos que su nombre terrenal ya no fue posible. Es un nombre de discípulo de Buda, de un ser puro… No te dan un acta de defunción. Se llama certificado de muerte fetal; no viene su nombre, no viene nada. En el templo budista nos dieron un papel con su nombre… un reconocimiento.

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Diana (28): Jorge me lo dijo una vez: "¿Cuándo va a volver la Diana que yo conozco?". Le dije: "Nunca. Esa Diana se murió con Paula. Si tú gustas, puedes conocer a ésta. La otra ya se fue hace mucho".

Érika (38): Como a las tres semanas vino la NBA y hubo un evento en Reforma. Rodrigo me dijo: "Ándale, vamos un rato, para que nos dé el sol". Bueno, vamos un rato. Estaba él con Mauricio viendo no sé qué; yo iba como zombi, con mis lentes oscuros y la mirada perdida. A mí me venían unos ataques de querer cargar algo chiquito. Era un hueco aquí en el pecho, terrible. Empiezo con eso, con la taquicardia, con la falta de respirar… En eso volteo y estaba una chava parada junto a mí con un bebé. Y dije: "Chingue su madre. Se lo voy a quitar". Lo vi, empecé a mirar las calles. Si me echo a correr por ahí, es sentido contrario, no me alcanza. En eso Rodrigo me abraza y me dice: "Vente, vamos por acá". Y dije: "Érika, ¿en qué estás pensando?". Fue terrible darme cuenta de que estaba perdiendo el control de mí, el control de mis pensamientos, de mi sentir, de todo.

Mónica: Dicen que es normal en un proceso de duelo. Cuando regresaba de trabajar, en el camino decía: "Ojalá me asalten. Ojalá alguien venga en un carro, me pare, me asalten, yo voy a decirles que no voy a darles nada y que disparen. Les voy a pedir que me maten". O luego, en Avenida Central, pisaba el acelerador y decía: "Ahorita me mato, ahorita me voy a matar". Incluso lo pensaba: "¿Me estrello o espero a ver qué?". Cuando me caía el veinte, frenaba. Luego pensaba: "¿Qué tal si no me muero y quedo lisiada?". Me llegaron pensamientos suicidas, pero nunca lo hice. Cuando me quedaba sola en casa, pensaba en tomarme pastillas. A veces hasta me da risa porque mí me cuesta mucho tomármelas. Roberto me hace burla porque dice que parezco una niña por cómo me tomo las pastillas. Yo le juro que no puedo. Por eso no me tomé las pastillas. Porque no sé tragármelas.


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Héctor (27): Como a los tres meses hicimos una fiesta. Comimos, fumamos, bailamos, cantamos. Nosotros lo hicimos como un desahogo. Aquí nunca habíamos hecho una fiesta. Ese día la hicimos por el hecho de vivir, de tomar, de fumar, de que a lo mejor esa noche se te olvidara. En algún momento de la madrugada, a los hombres yo me les acerqué y les dije: "¿Sí saben que mi hijo se murió?". Todos sabían. Y yo dije: "¿Por qué carajos no vienen a verme?". La gente se calló. Por más que tú lo afrontes, la gente se calla, y ellos se callaron. "Pues quiero decirles que tengo dos hijos, uno vive, el otro se murió; Isaac está en mi corazón, pero no por eso estamos locos, no estamos apestados. Seguimos siendo los mismos. Esta es su casa; el día que gusten, pueden venir. No se olviden". Ya estábamos bien pedos todos. Y ellos: "Sí, sí, sí… ¿Qué, otra chela?".

Diana (28): Estuvimos algún tiempo más juntos… Habíamos tenido una hija, apreciábamos eso de ambos, pero sabíamos que juntos no íbamos a ningún lado. Le agradecí enormemente que hubiera estado conmigo en los meses más difíciles, que se hubiese quedado. De la mejor manera dijimos que esto ya no iba más. Alguna vez lo dijimos: Tuvimos una hija juntos y lo apreciamos. Nos queremos por eso, pero no nos amamos más.

Érika (38): Mauricio tenía nueve años. Nos preguntaba: "¿Qué, somos malos? ¿Por eso mi hermano se murió?". Él había hecho un letrero para recibir a Sebastián, había pasado no sé cuántas tardes con hojas de colores, con una perforadora, haciendo confeti. Todo eso ahí se quedó. El día que fuimos al panteón, Rodrigo le dijo: "Dame las cartitas y yo se las pongo en su caja".

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María del Carmen (30): Me pesó mucho. Mi hermana se embaraza un año después. La niña nace el cinco de septiembre y mi hijo nacía el ocho. Yo les decía a mis amigas de ECA: "¿Por qué me lo hizo?". Pero a final de cuentas ella no me hizo nada. Hubo un tiempo en el que estaba superenojada, que sentía dolor. Por qué ella sí y yo no. Cuando nació la niña, sentí que no sabía cuidar a un bebé. Sabes cuidar a un bebé muerto pero no a uno vivo.

Janine (37): Si de algo estaba segura, era de no querer cortar la leche. Yo sentía que era suficiente lo que había pasado mi cuerpo como para echarle más cosas. El proceso había sido difícil; si todo mi cuerpo estaba enfocado a tener a un hijo, y la muerte de Nina me había cortado eso, no quería cortar otra cosa.

Diana (28): El cuerpo llora, y llora de esa manera.

Mónica: El diez de mayo es muy doloroso. Ver todo el ambiente de festividades, para mí, es como… El primer año me encerré en la casa, ni siquiera fui a ver a mi mamá. El segundo año lo tomé con más calma. Para la sociedad no somos mamás, pero yo sí me siento mamá. Aunque no lo tenga físicamente, aunque se haya muerto de esa forma, yo tengo la tumba de un hijo.

Érika (38): Yo empecé como voluntaria de Era en Abril, una fundación argentina. En ese primer año y medio empezamos reunirnos cada tres semanas. Los papás se pelaban por hacer la reunión en su casa. Era padre porque hacíamos la reunión de contención al principio y llevábamos un montón de comida. Después era comer, reírnos, llorar. La pasábamos muy a gusto. Todo mundo cree que vamos a llorar, a cortarnos las venas, pero no es cierto. Las chicas del grupo me decían: "Vamos a hacer algo mexicano". Unas de las chavas me dijo: "Yo voy a hablar con mi diseñadora gráfica y voy a decirle que nos haga un logo". Y nos hizo el logo de ECA. Esta chava se llamaba Ana. Como al mes que nos hizo el logo, la chava que pidió el logo nos habla y nos dice: "Érika, Ana acaba de perder a un bebé". A la semana siguiente, esta chava vuelve a hablarnos: "Érika, Ana se suicidó". Yo tengo que hacer algo con este logo. Este logo no se puede quedar ahí…

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Daniel (29): La vida sexual se transforma. Uno va encontrando otras formas de hacer presente el amor.

Rodrigo (33): Cuando se fue Sebastián, yo dije: "A la mierda. Voy a vender el carro que tenemos y voy a comprarme un deportivo". Ya no vamos a tener más familia. Ya no era necesario. Yo estaba con eso. El carro deportivo, ya vi uno, voy a juntar dinero. En la noche todo cambió. Conocer a Alana me cambió todo el panorama. Me olvidé del deportivo.

Érika (38): Alana llegó de un día a otro. A Alana la adoptamos… En enero me habló por teléfono una chica del grupo, llorando, porque su vecina iba a llevar a su hija a una casa cuna porque ella tenía una situación económica muy dura y no podía criarla en ese momento. Yo sabía que Rodrigo no quería. Esta chica me habla y me dice: "Si tu esposo accede, pueden venir hoy en la noche a la casa y hablamos". Yo le platiqué a él y me dijo: "Bueno, vamos, pero no es un sí". Bueno, vamos. Eso ya es como un medio sí.

Llegamos a la casa, nos dieron a cargar a la niña. Él la cargó, y cuando vi que estaba llorando dije: "Ya cayó". Eso fue un lunes, y el jueves Alana ya estaba aquí. Fue increíble también para varias personas del grupo porque yo les decía que no teníamos nada, cómo vamos a traerla. Y entonces ellas me dicen: "A mí se me quedó una caja de pañales. Te la regalo".

Era raro. Me estaban dando las cosas de un bebé que se había muerto.

Janine (37): Érika acababa de adoptar a una niña. Estuve dándole leche a ella para Alana.


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María del Carmen (30): El primer sueño fue que lo cargaba. El segundo fue que le daba pecho. Los sueños te ayudan a sanar. A decir: "Al menos en el sueño pude hacer algo por él". Las primeras veces que lo soñaba me soñaba llorando y él me consolaba.

Mónica: Vas a decir que estoy loca, pero yo tengo señales de que Betito está conmigo. Ya después de muerto, él me manda mensajes, como las plumas de los pájaros. Es como una forma de comunicarme con él, porque me he encontrado plumas de pájaros en los lugares en los que menos piensas. Porque el diez de mayo pasado, cuando entré al baño de la casa de mi hermana, encontré una pluma. Porque en mi cumpleaños encontré una pluma. Hasta en mi cama he encontrado plumas.

Héctor (27): Me dijeron que se murió mi hijo y que se iba a morir mi esposa. Entonces ámala como si mañana se fuera a morir, cabrón. Porque no sabes si se va a morir, si me voy a morir, si mi hijo se va a morir. A los de tu alrededor, a los que están contigo, ámalos, quiérelos.

Diana (28): Empezamos a ir al hospital de Chimalhuacán, en un programa piloto de acompañamiento del parto. Al acompañar la vida, me regalaba esa grandeza de que la vida era buena, de que valía la pena seguir aquí por muchas razones. Y quería eso, lo necesitaba… Creo que eso también me ayudó mucho a sanar. Es un regalo a través de mi hija…

Marián (29): Pienso que es normal tener miedo porque lo que pasó es muy doloroso, pero creo que sabiendo lo que implica tener un hijo, los riesgos que hay… Tenerlo es algo que me gustaría hacer. Y vivirlo sin miedo, con conciencia. Creo que intentarlo vale para mí mucho la pena. Si es maravilloso tener un hijo muerto, debe de ser maravilloso tener un hijo vivo.

Janine (37): Con todo, con todo lo que había pasado, con todo lo culero que ha sido, verla abrir los ojos hizo que valiera la pena. Eso es amor y no lo que había pensado que era antes. Sólo por eso valió la pena. Eso es amor y no chingaderas.