La gente nos enseña los objetos raros con los que se masturba

Bolígrafos con muchas minas, jarrones de madera, postes de cama... ¿Cuál era el tuyo?

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10 Febrero 2017, 9:00am

Los artilugios sexuales para el autoplacer son tan antiguos como el ser humano. Ya en la antigua Grecia las mujeres utilizaban objetos de piedra, cuero o madera con forma fálica que impregnaban en aceite de oliva para sus prácticas amatorias. En Oriente Medio, se fabricaban sus dildos con boñiga seca de camello recubierta por una resina.

En Egipto, en el siglo I a.C., cuenta la leyenda que Cleopatra fue la primera en utilizar un vibrador artesano que, a falta de electricidad, vibraba de forma "natural". Era una calabaza seca y hueca donde metían abejas vivas que, al revolotear, provocaban la vibración.

Y, en realidad, no hemos cambiado tanto en 2.000, solo nos hemos vuelto un poco más... sofisticados. ¿Sofisticados? Un momento. 

Indagando en los hábitos masturbatorios de una muestra de españoles en los últimos 25 años, se mezcla lo pseudo moderno con lo rudimentario, dando lugar a una intimidad pasada por bolis de acentuado grosor y estética pop a la emulación de las más sofisticadas vaginas en lata caseras fabricadas con un kit de técnico sanitario.

La falta de recursos agudiza el ingenio. Está claro que cuando las ganas aprietan, cualquier cosa con forma fálica o susceptible de ser penetrada y sentir algo, sirve, tanto para hombres como para mujeres: objetos de estimulación light como cojines, almohadas o la alcachofa de la ducha. Bendito el uso sexual dado antes y ahora a los desodorantes roll-on: pequeñitos pero con un grosor idóneo para hacer las delicias de muchas y muchos. ¿Que con la comida no se juega? Frutas como los plátanos y hortalizas como las zanahorias, los pepinos y los calabacines, han sido, son y seguirán siendo por mucho tiempo una delicia y no precisamente por la boca. Mangos de cepillos para peinarse el pelo, el mazo del mortero de picar ajos, el palo de la fregona, botes fálicos y botellas de cerveza. Todo vale.

Retrocedamos en el tiempo a cuando los bolígrafos no solo servían para escribir. De esto sabe mucho Paula (35), quien afirma que no tuvo educación sexual pero la intuición le servía bien. Y vaya si le servía bien.

No es para menos, a juzgar por las dimensiones del Nacho Vidal de los boli Bic. ¿Quién no ha escrito con uno?

Y siguiendo con lo vintage y lo pop, Almudena (38) nos comenta nostálgica sus primeros usos masturbatorios con una metralleta de agua con forma de mano a la cual se le disparaba el dedo. 

A lo cual nos añade que no solo los "juegos de guerra" eran lo suyo, sino que también se ayudaba de estimulaciones previas con almohadas, desodorantes roll-on y cabezas de muñecas Barbie. Imaginación al poder.

Hablando de fricciones, también las hay que provocan erecciones. De esto nos habla David, biólogo de 41 años, quien confiesa haber utilizado un particular peluche con forma de elefante. "Solía tener el ritual de chuparle un poco la trompa para luego frotarme con ella la parte del ano, bien sentándome sobre ella o bien tumbado boca abajo. Mientras lo hacía imaginaba que era el pene de algún supuesto amante inexistente". Tal era su fogosidad que ya "al final agarrándolo desde atrás metía el pene entre sus patas traseras, apretándolo contra él y moviéndolo de forma rítmica". 

Y lo mismo que para descongestionar la trompa, David fue un precursor en el uso de los geles de placer. En concreto, del Vicks Vaporub, quien lo primero que recuerda, según nos dice, es "que utilicé hace muchos años un pequeño Vicks Vaporub nasal que, tras varios usos, terminó en la basura, más por los remordimientos que por otra cosa".

Acercándonos a la actualidad, Sandra (34) relata que los cepillos eléctricos no solo sirven para frotarse los dientes. "Cuando el consolador se queda sin batería, pues tiras de cepillo de dientes. Mi cepillo se llama Pincheto y el quid de la cuestión son las cerdas, que las uso para estimularme el clítoris".

Si bien varias personas nos han confesado un uso íntimo de los mazos de mortero, este objeto ha mutado a algo más estilizado, higiénico, ergonómico y actual: el mazo de hacer mojitos de Bacardi. Elías (39) nos detalla la trayectoria de su uso con este refinado accesorio de coctelería. "El diseño es que va provocando, me cautivó según lo vi. Antes lo usaba en pareja, se enfrió la relación y de vez en cuando lo uso yo solo". Reconoce que la estimulación prostática es esencial en su vida sexual, "correrse con el punto P ocupado es brutal. El orgasmo es menos intenso en este caso, la erección no es tan dura ni la eyaculación tan abundante, pero es como si me corriera con el culo". Nos añade que la última vez sintió un "tabardillo de la sacudida nerviosa, como si fuese a quedarme paralítico". 

Si bien podríamos pensar que el uso de estos artilugios caseros se reserva exclusivamente al sexo, Elías no tiene reparo en reconocer que lo limpia muy bien y lo sigue utilizando para el fin que fue creado. "En Nochevieja lo usé para un picadillo de ajo y aceite de oliva, la guarnición de los langostinos, más tarde para unos mojitos", un momento de complicidad consigo mismo al utilizar su preciado mazo de los tabardillos prostáticos para cocinar la especial cena de fin de año. Y tan especial.

Volviendo a los usos femeninos de artilugios caseros más vintage, Victoria (43) nos resume sus interesantes objetos. "En los 90 no había la gama que hay ahora y había mucha más vergüenza para ir a sitios donde solo iban tíos. He usado la típica botella de cerveza Coronita, un plátano decorativo de madera, el portarrollos de pie del baño y un frasco de colonia de Zara que tenía forma de consolador". Su frasco acabó roto, afortunadamente no entre sus piernas, sino en el suelo. "Una se apañaba con lo que se encontraba en el calentón", concluye su testimonio amatorial. 

Las vaginas en lata son una revolución relativamente reciente de la juguetería sexual. Sin embargo, hay chicos que prefieren echarle imaginación y tirar de la fabricación casera. Mario (25) se masturba con un "chocho artificial hecho con un calcetín", sin entrar en muchos más detalles. Iván (31) ha ido más allá en su labor como artesano juguetero y nos cuenta y muestra cómo se las arregla para masturbarse con un artefacto de plástico que emula una vagina utilizando materiales de andar por casa. "Utilizo un bote algo alargado y ancho. En su interior introduzco unas esponjas, en ocasiones pongo objetos para hacer relieve y tener mayor sensación. Entre las esponjas pongo un guante de látex. Para mayor realismo, puedo calentar dichas esponjas. Además, las coloco de tal manera que al cerrar el bote con el guante las esponjas hagan forma abultada imitando una vagina o culo. El guante queda reducido a un hueco que imita más bien a un culito".

El mobiliario y la decoración también se prestan a usos masturbatorios de gran envergadura. Joan (45) recuerda los años 90 utilizando una pata de una silla para sus estimulaciones anales. En cuanto a la ornamentación, Juan Ramón (35) nos comparte un jarrón utilizado también en los 90 a modo de vagina, aun siendo vagas las similitudes entre dicho jarrón y el sexo femenino

"He usado un jarrón de mi abuela tallado en madera, comprado a un ebanista del Congo belga allá por los 60. Me llevó a utilizarlo la curiosidad después de ver un documental sobre las costumbres de los bosquimanos en La 2. En él hablaban de los ritos sexuales de iniciación entre los hombres y mujeres al llegar a la pubertad. Me impactó, sobre manera, que los varones se valían de un recipiente para simular el coito en una especie de rito de iniciación y depositar su esperma sobre la tierra en señal de fecundidad. Era una especie de lechera o yogurtera tallada en madera de ébano, o eso me pareció", nos comenta Juan Ramón poniéndonos en antecedentes culturales sobre su motivación sexual.

El jarrón mide 50 cm de alto. Del borde al "agujero usable" lo separan 12 cm y tiene un ancho de 4 cm. "Lo utilizaba con crema Nivea porque la madera es demasiado áspera. Eran otros tiempos, pero no he vuelto a ver al 'jarrón cochino' de la misma manera".

Y siguiendo con los usos ilimitados del mobiliario, Ismael (37) confiesa con nostalgia, que en sus inicios con la estimulación anal, echaba mano del desodorante tipo roll-on, mangos de peine, mangos de destornillador, pepinos, calabacines… destacando el poste de una cama cuando ya estaba más experimentado. 

"Del poste solo me introducía la bola superior. La bola tiene unas medidas de 7 cm de alto y un diámetro máximo de unos 5,5 cm. Para usarlo, le ponía un condón y echaba lubricante, aunque ya las últimas veces logré introducirlo sin lubricación. El poste lo utilizaba cuando era más joven y no tenía juguetes sexuales. Teniendo juguetes, lo habré usado solamente 2 o 3 veces. Es muy placentero, pero al ser fijo y estar en una posición demasiado baja, es incómodo de manejar".

Si bien antes del boom de Internet y las tiendas online, la gente era más partidaria a usar objetos cotidianos para masturbarse, vemos que actualmente se siguen utilizando artilugios caseros por comodidad y quizás también por morbo.

Supermercados y almacenes siguen siendo un campo de pruebas. ¿Nos vamos de compras?

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