ESPAÑA

¿Está la cultura española a la altura de las circunstancias que estamos viviendo?

Incertidumbre política, crisis económica, malestar social e inseguridad internacional son algunos de los retos a los que tienen que responder los creadores de arte y cultura.

por Sergi Escudero
08 Febrero 2017, 5:00am

Muchas veces se ha criticado que los creadores actuales se implican muy poco políticamente y otras tantas se ha criticado que son unos oportunistas que lo hacen demasiado. Sea como sea, la verdad es que, como dice Lita Cabellut, la artista contemporánea española más cotizada del momento, en una época de crisis como la que estamos viviendo "el arte hace que nos sintamos humanos. El arte es la ética del ser humano". 

¿Pero realmente el arte, y la cultura en general, están haciendo el papel que les tocaría en el contexto socioeconómico y político en el que vivimos? De hecho, ¿en qué consiste el papel que les tocaría desempeñar?

Lo cierto es que el poder no se lo está poniendo fácil. Son denunciables el IVA del 21% al que desgraciadamente ya nos hemos acostumbrado o el ahogamiento de las administraciones a las salas de conciertos, entre otros muchos asuntos. ¿Aunque acaso rebelarse contra el poder, abrir horizontes en una sociedad maniatada, no es una de las funciones que ha desempeñado la cultura durante la Historia? ¿Qué otra cosa sino fueron las películas de Luis Buñuel o Luis García Berlanga durante la España franquista? ¿O las performances de Jiří Kovanda en Praga durante la época de normalización? Y las de Carlos Altamirano en el Santiago de Chile de Pinochet. 

"Hay un montón de factores, entre ellos los políticos y sociales, que lo que hacen es silenciar al que quiere contar cosas. Creo que España es el país más desmemoriado que existe en todos los sentidos, tanto en memoria política, como individual y como colectiva. No interesa contar historias que hagan temblar a estatus de poder de carácter religioso, político o económico. Para eso estamos nosotros, los artistas", dice Abel Azcona, artista performer. 

También tiene esta visión sobre el grado de implicación política que tiene que tener la cultura Marc Gili, el compositor y vocalista de Dorian: "el arte debe ser una manera de despertar a la gente con la intención de apartarla de las normas que te meten en la cabeza desde la escuela y del miedo a vivir que te inculcan para que no te apartes del camino marcado". Se añade a esta corriente de opinión Oscar D'Aniello, el vocalista y compositor de Delafé: "hay músicos que se implican, como Nacho Vegas. Pero la mayoría no quieren mojarse. En mi caso, aunque no me refiero a lo político de forma explícita, hay un trasfondo de crítica en mis canciones. Creo que los artistas no tendríamos que hacer solo canciones de festival. En los setenta había mucho más movimiento cultural que avanzaba de la mano con la música. Ahora es todo mucho más ocioso". 

Pero, en cambio, no opinan así otros compositores que consideran que la música tiene muchas otras funciones relevantes que no se tienen que menospreciar y que van más allá de la implicación política. Por ejemplo, así lo cree Adrià Salas de La Pegatina: "Sí que hay músicos que se lo toman como que se tiene que hacer política con la música, pero hay otros que sienten que tienen que expresar cosas del amor para ayudar a personas que lo están pasando mal con sus rupturas. Yo creo que cada uno tiene que hacer lo que quiera. Hay gente que hace muy buena canción política y otros que se decantan por otro tipo de letras. Si todos hiciésemos canciones políticas quizá sería un poco aburrido". 

Carlos Tarque de MClan dijo algo parecido en una entrevista que Mónica Zas le hizo para Eldiario.es: "hay gente que se quiere involucrar en política, pero no es mi caso. Tengo mi opinión (y está muy clara), pero no hago bandera públicamente de cosas que no tienen que ver con mi trabajo. Alguna vez lo he hecho y me han dado. Tampoco es por el miedo al qué dirán, es simplemente que mi trabajo es otro". 

Lo cierto es que la cultura, hoy en día, más allá del contenido de las creaciones, funciona mayoritariamente a base de factores que poco tienen que ver con la calidad de las obras. De hecho, los críticos independientes cada vez tienen menos espacio en los periódicos porque no conviene formar a lectores que puedan llegar a tener criterio propio. "Yo no tengo la capacidad de reunir gente para hacer cenas y fiestas. Si realmente quieres llegar lejos, te tienes que vender a determinada gente que son comisarios, curators de museo, etcétera. Yo en este partido no quiero jugar. En cambio, hay gente que sí que está dispuesta a jugar y que se pasa la vida de beca en beca. Estos son los que siempre salen en determinados museos", explica Lluís Cera, escultor catalán que ha expuesto prácticamente toda su obra en el extranjero.

A continuación preguntamos a cuatro personas pertenecientes al mundo de la cultura por el papel que tendría que hacer en el momento socioeconómico y político actual, por si conviene que exista un ministerio dedicado a ella, y por la función que haría en una sociedad ideal:

Consuelo Hernández, pintora

VICE: ¿Qué papel tendría que hacer la cultura en el momento socioeconómico y político actual? ¿Lo está haciendo?
Consuelo Hernández: La palabra cultura ha ido adoptando diversos significados en función de la propia evolución social, de modo que en la actualidad se utiliza en contextos muy diferentes al que tuvo en su origen. Por ejemplo, es muy frecuente encontrar acepciones del tipo 'la cultura del dinero', 'la cultura de la droga'. Recordemos que cultura es una palabra de origen latino cuyo significado original es 'cultivo', según el diccionario de la RAE. En el mismo diccionario figura en segundo lugar el significado de "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera".  Por lo tanto, en un significado amplio, cultura hace referencia al cultivo del espíritu y de las facultades intelectuales del hombre. 

No es de extrañar que desde este punto de vista y a lo largo de la historia, la palabra tuviera su representación ideal en determinadas sociedades que se erigieron en modelo de cultura, como el Renacimiento italiano o la belle époque del París de 1900.

La cultura, pues, configura y enriquece  la existencia  del hombre y crea las señas de identidad de la sociedad. La cultura hace que el ser humano sea sencillamente ser humano, y lo diferencia así de los animales. Como decíamos anteriormente, en las sociedades capitalistas actuales se han diversificado los significados de cultura hasta llegar a confundirse con la denominada industria cultural, relacionada estrechamente con la irrupción del mercado en las manifestaciones culturales. De modo que ahora más que cultura, en su sentido originario y esencial, se ofrecen 'bienes culturales' que están sujetos, como mera cuestión económica, a la ley de la oferta y la demanda. De hecho, gran parte de las propuestas culturales vienen impuestas por los círculos de poder que rigen los mercados. Y son los que tienen el poder, llámese poder económico o poder político, quienes imponen unas modas ajenas a las que, en principio, eran y son intrínsecas a la propia cultura.

El arte, el teatro, la literatura, la música, incluso los propios planes educativos, todo gira alrededor del rendimiento económico que pueda obtenerse. El resultado es una pérdida de valores, de cánones y, por parte del individuo, un sentimiento también de pérdida y de inseguridad en el mundo donde vive. ¿Qué podemos esperar de una educación basada ya desde la escuela en el consumismo más atroz, en la carencia de autoridad del profesor, en la desaparición casi total de las materias humanísticas y artísticas, esas disciplinas que sirven para la reflexión, para el conocimiento del individuo, para el fomento de la dimensión creativa? ¿A qué puede aspirar una sociedad que renuncia así a su propia identidad?

¿Tiene que haber un ministerio dedicado a la cultura?
Teniendo en cuenta los diferentes ámbitos que abarca la cultura y su función original de formación y desarrollo del ser humano, es evidente que lo ideal es que existiera un ministerio dedicado en exclusiva a tal fin. Pero habría que establecer las bases para que ese ministerio, además de estar dotado de un presupuesto digno, se despojase de la marca del político de turno, de servir como plataforma de la ideología del partido que está en el poder, y de que sus acciones se tradujeran en términos de mercado económico y de industria cultural. A su vez debiera prestar una gran protección a los artistas y a las personas creadoras de cultura, hecho que queda muy lejos de la realidad actual. 

En una sociedad ideal, ¿qué papel tendría la cultura?
Como la cultura es un bien exclusivo del hombre que iguala a todos y sirve para aumentar la riqueza intrínseca del propio ser humano, en una sociedad ideal tendría que servir de cohesión entre las diferentes ideologías y creencias. Por lo que su gestión debería orientarse desde el único objetivo de enriquecimiento de los individuos, no en función de las premisas de una determinada ideología. Asimismo, en el marco de una sociedad ideal, un significativo papel de la cultura consistiría en la protección de las costumbres, de las tradiciones, del arte, de la música, de la literatura y de la conservación del patrimonio histórico.

Pepe Monserrate, escultor

VICE: ¿Qué papel tendría que hacer la cultura en el momento socioeconómico y político actual? ¿Lo está haciendo?
Pepe Monserrate: La cultura tiene el poder de transformar, de elevar, de atraer, de inspirar sentimientos de identificación y pertenencia, de emocionar. Las administraciones públicas son muy conscientes del poder del arte y la cultura como herramientas de diferenciación y, por lo tanto, de atracción y de creación de riqueza (también económica). La importancia de la cultura en la creación de la marca país es enorme, y no debe ceñirse solo al maravilloso y bien conocido legado cultural y artístico de nuestros predecesores. Debe demostrar que evoluciona, que innova, que abre nuevos caminos. En lo que a escultura se refiere desde luego que lo estamos consiguiendo con artistas como Manolo Valdés, Jaume Plensa, Cristina Iglesias, David Rodriguez Caballero o Arturo Berned.

Entre autonomías y ayuntamientos se ha originado una competencia sana por crear o poseer esos elementos culturales diferenciadores en forma de museos, festivales u obras monumentales. Las propuestas culturales públicas y privadas son muy variadas y de valor. Pero no es la exhibición de la cultura existente donde considero que hay que enfocarse. Es en la educación y en el apoyo a la creación cultural y artística donde veo un enorme campo de mejora y donde está en juego la calidad cultural futura de nuestra sociedad.

¿Tiene que haber un ministerio dedicado a la cultura?
Sí, la cultura es un capítulo amplísimo y de vital importancia para nuestro presente y futuro. 

En una sociedad ideal, ¿qué papel haría la cultura?
En una sociedad ideal tendríamos cubiertas nuestras necesidades básicas y habría más tiempo para la creación y el consumo cultural. La cultura volvería a ser trending topic. 

Belén Bermejo, editora

VICE: ¿Qué papel tendría que hacer la cultura en el momento socioeconómico y político actual? ¿Lo está haciendo?
Belén Bermejo: En la actualidad, la cultura no tiene ningún peso porque hay una ausencia total de apoyo hacia ella por parte de todos los partidos políticos y de la sociedad en general.

¿Tiene que haber un ministerio dedicado a la cultura?
Sí, porque sin un ministerio dedicado a ella, la cultura se debilita respecto a otros intereses. En todo caso, debería ser un ministerio competente (esto es: que pueda asumir competencias), que pueda manejar un presupuesto alto (sin dinero, poco se puede hacer) y alejado de capillas y amiguismos.

En una sociedad ideal, ¿qué papel haría la cultura?
Como decía Malraux, la cultura es lo que le ha permitido al hombre ser menos esclavo. Así que en una sociedad ideal, es decir, libre, la cultura representaría el valor de la libertad.

Victor Fernández Clarés, periodista cultural

VICE: ¿Qué papel tendría que hacer la cultura en el momento socioeconómico y político actual? ¿Lo está haciendo?
Victor Fernández: La cultura debería ser uno de los ejes vertebradores de la sociedad. No me imagino la cultura como algo independiente, sino como un actor transformador de la política, de la economía, de la sociedad y del conocimiento. Lo está haciendo y siempre lo ha hecho, aunque a menudo tenga poca visibilidad.

¿Tiene que haber un ministerio dedicado a la cultura?
Debería existir y debería trabajar, además de por la industria cultural, por la cultura en sí misma. La cultura no es un negocio, ni es negociable. Una sociedad democrática debe tener acceso a la cultura y pienso que ese acceso se debería garantizar y proteger desde los poderes públicos. Vivimos en un país en el que se regatea con los presupuestos para las humanidades y para la cultura, para el conocimiento; y que al mismo tiempo rescata grandes entidades bancarias que buscan enriquecerse, y con el dinero de los ciudadanos. Que tanto lo primero como lo segundo nos parezca lo normal, creo que es sintomático de una sociedad anestesiada

En una sociedad ideal, ¿qué papel haría la cultura?
Es la base de una sociedad avanzada y, por tanto, debería tener el papel que le corresponde: el de ayudarnos a conocernos, a cuestionarnos, y a mejorar como personas.