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Cómo la crisis política en Argentina dio origen a la cultura hacker

Los argentinos siempre han tenido que hacer que las cosas funcionen con pocos recursos, un ambiente ideal para los hackers.

por Elizabeth King
15 Diciembre 2016, 9:37pm

En diciembre del 2001, Argentina estaba sumida en el caos. La nación sudamericana estaba viviendo la peor violencia desde el comienzo de los años 80, violencia que se desató en todo el país cuando el presidente Fernando de la Rúa renunció a su cargo: 39 personas fueron asesinadas, la economía se estancó y la policía se volvió agresiva contra los manifestantes.

Mientras las protestas y los disturbios aumentaban, la presidencia de la nación cambió de manos tres veces en 10 días. Al mismo tiempo, toda una generación de fanáticos de las computadores se mantenían ocupados aprendiendo a programar, publicando atrevidos e-zines técnicos y preparándose para ser elite hackers. El ingenio apareció en circunstancias inestables en lo económico y social.

Pese a que Argentina se vio enfrentada a la violencia de estado y una moneda nacional seriamente devaluada, la cultura hacker floreció. El 2001, mismo año en que De la Rúa renunció abruptamente a la presidencia, fue fundada en Argentina una renombrada conferencia anual de seguridad, Ekoparty.

La conferencia de seguridad Ekoparty es una manifestación del boom del hacking en Argentina. Se lleva a cabo anualmente desde que fue fundada por Juan Pablo Daniel Borgna, Leonardo Pigner, Federico Kirchbaum, Jerónimo Basaldúa y Francisco Amato el año 2001. Durante esta reunión de hackers en la capital Argentina, los profesionales de la seguridad presentan sus investigaciones, participan en competencias de hacking, hacen carreras de abrir candados y se reúnen con las más importantes compañías de seguridad alrededor del mundo.

Ekoparty se describe a sí misma como un "espacio único para el intercambio de conocimiento", donde se "proveen una serie de actividades dinámicas y relajadas, las que están relacionadas con la alegría y la seguridad computacional". Pese a lo serio que son lo hackers respecto a su trabajo, no hay duda que lo pasan muy bien haciendo lo que hacen, algo que esta conferencia acepta y estimula entre sus asistentes.

En Argentina también se ha adoptado la cultura hacker a través de la cultura pop. Una miniserie televisiva de crimen y misterio, llamada El Hacker, se estrenó el 2001, destacando un interés y enfatizando el hacking como una nueva trama en el entretenimiento global (The Matrix apareció dos años después y tuvo éxito internacional).

El valor del peso cayó en picada durante la crisis del 2001 y todo subió de precio, incluyendo los computadores y otras tecnologísa que los jóvenes hackers-en-entrenamiento necesitaban. Pero esta nueva barrera a la hora del acceso a la tecnología no detuvo a estos jóvenes, quienes deseaban subvertir programas computacionales, crear trucos para sus videojuegos y aprender a encontrar las vulnerabilidades inherentes a toda máquina.

Lucas Apa es un hacker y experto en penetración en la compañía estadounidense IOActive. Cuando hablamos por teléfono él venía de dar una charla en el senado argentino, sobre los riesgos de seguridad con el voto electrónico.

Lucas Apa. Imagen: Miguel Escalante Jr.

Apa me dijo que se interesó en el hacking mientras jugaba videojuegos cuando era un niño. "Cuando los videojuegos aparecieron en formato CD, subieron mucho de precio", recuerda, "entonces era muy común comprar juegos crackeados [lease pirateados]. Algunas veces el juego funcionaba, otras veces te lo llevabas a casa y había algún problema con el crack".

Esa fue la primera vez que él encontró software manipulado y estuvo interesado inmediatamente. "A partir de los juegos comencé a mirar otro tipo de software y estaba intrigado sobre cómo estaban hechos los cracks. Era el año 2001 y existía un mail list en español llamado Cracks Latinos. Muchos argentinos aprendieron sobre cracks a través de esta lista de correo".

El aprender cracks, dijo Apa, terminó siendo muy útil a la hora de escribir exploits (datos o pequeñas parte de un software que pueden tomar ventaja de las vulnerabilidad de un programa computacional), una de las formas más lucrativas de hacking y la razón de la fama de los hackers argentinos.

Apa y su compañero en IOActive, Carlos Mario Penagos, se presentaron en la conferencia Black Hat del 2013, luego que encontraron que un grupo de hackers maliciosos podrían hackear las plantas industriales a través de sus sensores inalámbricos. A través de este exploit, Apa y Penagos encontraron que era posible manipular los sensores incluso a 60 kilómetros de distancia, un problema de seguridad que potencialmente podría tener catastróficas consecuencias si cae en las manos equivocadas.

La programación de exploits ha sido un don de los hackers argentinos, incluyendo a Juliano Rizzo. La carrera como hacker de Rizzo está enfocada actualmente en la criptografía y las criptomonedas. Los ataques criptográficos funcionaban en exploits, antes que "me aburriera de ellos", según dijo por teléfono.

Apa y Penagos encontraron que era posible manipular los sensores desde hasta 64 kilómetros de distancia, un problema de seguridad que potencialmente podría tener catastróficas consecuencias si cae en las manos equivocadas.

Antes de escribir algunos de los más importantes exploits de los años recientes, Rizzo se desarrolló como hacker a la manera antigua: aprendió a programar al mismo tiempo que estaba aprendiendo a leer y escribir, también participó en llamados donde un grupo se reunía para discutir seguridad y "H/P/C/V/A: hacking, phreaking, cracking, virus, anarquía". También creo desafíos de seguridad para videojuegos junto a su hermano mayor y se zambulló en las revistas de seguridad escritas por sus compatriotas argentinos.

Rizzo dice que una de las pocas revistas de seguridad disponibles en español en aquel entonces, era escrita por hackers argentinos; se llamaba Minotauro Magazine. Otra importante revista de seguridad, recuerda Juliano, era Virus Report, la que era editada por el fallecido hacker argentino, Fernando Bonsembiante.

Para el año 2001 Juliano tenía 18 años, estudiaba en la escuela y atendió Def Con y Black Hat (dos importantes conferencias internacionales de hacking). No asistió a Ekoparty hasta el 2008 y tres años después recibió atención global por un exploit que escribió junto al hacker vietnamita, Thai Duong, el que fue presentado por los dos en la Ekoparty de 2011.

Este exploit (uno de los muchos trabajos que Rizo y Duong han hecho juntos), recibió el nombre de BEAST (por Exploit de navegador contra SSL/TLS, en inglés) y reveló importantes vulnerabilidades en un extendido protocolo que los sitio web utilizan para encriptar datos en internet. Con este exploit, los hackers podrían ser capaces de desencriptar transacciones de PayPal o borrar contraseñas de Gmail. El exploit BEAST "es el primer ataque que desencripta las peticiones HTTPS", dijo Thai.

Sin saber que su país es el hogar de algunos de los mejores hackers del mundo, los argentinos regularmente dicen sobre ellos que son "hackers de la vida", o al menos les gusta pensar que los argentinos son adeptos a encontrar formas de hacer que las cosas funcionen. Algunos argentinos me han dicho que ellos se consideran unos MacGyver. Ya sea reutilizando todo, desde viejas monedas a jarros de mermelada, hasta aprender a mejorar tu propio computador en vez de comprar uno nuevo. Existe un talento para encontrar nuevas formas de ver las cosas a medida que surgen nuevas posibilidades.

Este rasgo cultural, o modo de pensar, tiene influencia en que hayan emergido tantos talentosos hackers desde este país. La crisis del 2001 parece haber llegado en un momento crítico, dejando a toda una nación en caos y fomentando el deseo de "golpear al poder", como lo hacen los hackers.

Los argentinos regularmente dicen sobre ellos que son "hackers de la vida".

"Hubo muchos problemas y mucha tristeza en todo el país", me dijo Apa, "entonces la fascinación con la tecnología se transformó en una especie de escape. Para algunos hackers, el aprender a hackear se sentía como si estuvieran haciendo algo contra "el sistema" o contra las grandes corporaciones contra la que tenían sentimientos negativos".

Este sentimiento se basa en uno de los temas que los círculos de hackers discuten regularmente: la anarquía. El hackear es, necesariamente, una tarea subversiva y ¿Quién está mejor equipado para la subversión que un brillante profesional de la computación que está acostumbrado a vivir con poco, siempre al borde del caos?

Los hackers tienen importantes habilidades y solucionan los problemas de formas creativas y sucede que Argentina se vio enfrentada a un gran número de problemas muy difíciles en casi todos los niveles (políticos, sociales, financieros). Al mismo tiempo el hecho de tener internet en casa era más común y hubo mucha gente joven dispuesta a aprender, superar las barreras y convertirse en profesionales de la computación.

Debido a la inestabilidad económica y las restricciones en la importación, los argentinos siempre han tenido que hacer que las cosas funcionen con pocos recursos. El beneficio de esto, dice Apa, es una habilidad de desarrollo para "utilizar lo que está disponible de formas en las que nadie más pensó y así lograr nuevas cosas".

Esto los hace no solo unos argentinos muy particulares, también unos excepcionales hackers.