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Editorial de VICE

Los colombianos no aprendimos nada del caso Colmenares

No ha pasado una semana de cerrado el caso Colmenares, y ya los medios y la opinión arrancaron una nueva novela.

La semana pasada, cuando la marea mediática del caso Colmenares había bajado, nos topamos con la nueva golosina judicial: Mateo Gutiérrez León, estudiante de Sociología de la Universidad Nacional, detenido el pasado 23 de febrero por ser presunto responsable del estallido de un petardo el 18 de septiembre de 2015 (y de otro más en enero de 2017, sobre el que hay un solo testimonio en su contra).

Los medios no redactaron la noticia como un mero registro, sino que tenían su intención. Prueba de ello es la forma en la que nos llegó a las oficinas de VICE Colombia. "Toca hacer algo sobre el falso positivo judicial", dijo un colega durante el consejo de redacción. Uno oye esas palabras en este país de falsos positivos y piensa que, en efecto, se podría tratar de un error de justicia, de alguien condenado injustamente en una cárcel por un delito que nunca cometió.

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Basta poner en Google la frase "falso positivo judicial" para encontrarla, palabra por palabra, en títulos irresponsables de distintos medios: Semana, El Espectador,Las2Orillas, Kienyke. Al acto de encabezar las historias judiciales sin mucho más miramiento se sumaron las reacciones. El Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, por ejemplo, no tuvo molestia alguna en decir que sí, que en efecto esto es un falso positivo judicial. Es decir, que el joven es inocente.

Nos basta leer dos medios en la mañana para salir a la calle y lanzarnos a declarar la inocencia de alguien. O su culpabilidad. Da lo mismo: mientras unos medios hablaban del largo prontuario de entrenamiento en explosivos de Mateo, otros lo retrataban como un estudiante inocente que hacía sus tareas juicioso. Entonces, depende.

Aclaro algo: nosotros en VICE desconfiamos de la efectividad del sistema judicial. Y tampoco creemos que nuestro lugar sea defenderla. Harto ha hecho la justicia de este país para tener su legitimidad hecha trizas: hay demoras más que injustificadas en la resolución de causas civiles simples; para abril de 2016 había en las cárceles 25.000 personas a la espera de una sentencia para resolver su situación; los procesos más publicitados por la avaricia mediática (imaginen los que están a la sombra) se demoran el mismo tiempo que un periodo presidencial: el de Andrés Felipe Arias, Samuel Moreno o Luis Andrés Colmenares.

Pero precisamente por esa ineptitud sistemática, deberíamos preocuparnos por cosas más hondas en relación con el destino de Mateo Gutiérrez: que haya rapidez en su caso, que la justicia nos aclare si es culpable o inocente en un término corto y que no lo meta a la cárcel mientras lo juzga. Sobre todo eso último. Si no metieran a todos los acusados de este país en una prisión, tal vez ni siquiera habría escándalos mediáticos ni juzgamientos públicos. Y de paso, habría más dignidad en las cárceles.

Más que pasar el tiempo declarando culpables e inocentes, deberíamos exigir seriedad a las instituciones. Tal y como destaca nuestro colega Sebastián Serrano en un artículo del pasado jueves, cada vez que hay atentados en Bogotá que despiertan el interés público, la Policía, la Justicia y el Ministerio de Defensa parecerían alinearse para capturar a unos cuantos estudiantes y mostrarlos como botín. No importa realmente si están o no relacionados con los últimos hechos noticiosos.

Es inconcebible que no podamos aprender de todo esto. No ha pasado siquiera una semana desde la muy esperada sentencia en el caso Colmenares, y ya los medios y la opinión arrancaron una nueva novela. No parece importar que Laura Moreno le haya dicho en tono dramático (y seguramente lo es) a la revista Semana "¡Perdí mi juventud!"  después de seis años de escarnio público, y ahora Mateo corre exactamente el mismo riesgo.

Todo esto no sucede de la nada, sino que tiene responsables claros: los medios, sus amigos que les pasan información confidencial desde los despachos de la justicia, la propia justicia y, como siempre, la alta dirigencia de este país, tan propensa a estar pensando más en el beneficio personal que en el bienestar común. Escándalo tras escándalo, los ciudadanos hemos venido volviéndonos bastante tontos. E incapaces de diferenciar y juzgar con criterio. Despertemos. Los problemas de la justicia colombiana no son solo dos casitos para charlar en los cocteles. No son, como quedó demostrado, Laura Moreno, ni Jessy Quintero. Y tampoco lo es Mateo Gutiérrez León.