Por qué el snowboard está en peligro de extinción
Foto de Mike Blake, Reuters

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Por qué el snowboard está en peligro de extinción

El snowboard alcanzó la madurez antes de tiempo, en plena crisis económica y bajo la amenaza del cambio climático: hoy, su supervivencia está en seria duda.
21.4.16

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Llega la primavera y con ella se derriten las últimas nieves de la temporada. Un año más, los deportes de invierno han sufrido los efectos de la crisis económica y del cambio climático de manera pronunciada.

Entre ellos, el snowboard es quizás el que más ha notado las consecuencias del entorno ya que, tras el boom vivido a partir de 1998 gracias a la inclusión de la modalidad en los Juegos Olímpicos de Invierno, desde 2007 esta disciplina ha visto como su nivel de popularidad y facturación caían en picado.

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En poco más de 40 años, el snowboard ha experimentado un crecimiento tan espectacular como su posterior declive. Su curva de popularidad parece trazar el perfil del Everest: una subida espeluznante… y una bajada igual de desmesurada.

El snowboard subió tan rápido y tan alto como los propios deportistas, pero la caída tras el boom ha sido igual de pronunciada. Foto de Christian Pondella, Red Bull Content Pool

"Es un deporte relativamente joven y todavía no ha madurado del todo: entró muy fuerte en el mercado porque era atractivo y promovía un estilo de vida distinto", explica a VICE Sports Guillem Colomer, director de la distribuidora Playgop y conocedor del sector desde hace más de 25 años.

"El snow se puso de moda en todo el mundo y cambió el paradigma de los deportes de invierno. Fue un auténtico boom", añade.

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La industria del snowboard nació en Estados Unidos, de donde provienen virtualmente todas las marcas del mercado. Un estudio de la National Sports Goods Association reveló que el snow alcanzó su cénit en 2007 con una facturación que sobrepasó los 325 millones de dólares —unos 286 millones de euros— en EEUU. Desde entonces, la caída en ingresos ha sido abultada: 65 millones de dólares en cinco años aproximadamente.

En 2014, la multinacional Nike decidió cerrar el grifo a su división de deportes de invierno y, un año más tarde, Quicksilver —otra empresa líder en el mercado— anunció que entraba en bancarrota.

"Creo que el snowboard se encuentra en el momento más desafiante de su existencia", aseguró a VICE Sports la presidenta de Burton Snowboards, Donna Carpenter.

"Seguro que si lo dice Donna es porque tiene los datos macroeconómicos delante y ha visto que la venta de productos ha caído: Burton es una marca líder. Es verdad que cualquier deporte necesita reinventarse", apunta May Peus, presidente de la Real Federación Española de Deportes de Invierno (RFEDI).

"Decir que el snowboard está en crisis es un poco atrevido, aunque es cierto que vivió su boom en los noventa y los 2000 y ahora está en una fase que yo definiría de estancamiento", argumenta Peus, que está al mando de la federación desde el verano de 2014.

La estación de Baqueira Beret, en la Vall D'Aran, acogió las finales de la Copa del Mundo FIS de snowboard cross (SBX) el pasado marzo. Foto de Anna Tur, RFEDI

Si la situación en Estados Unidos es complicada, en España está todavía peor. En primer lugar, la estacionalidad del deporte reduce mucho el campo de actuación, que según todos los entrevistados por VICE Sports se ha visto mermado también por las consecuencias del cambio climático.

"Este no es un país de nieve. En España, la temporada de snowparks apenas dura dos meses y este año, por ejemplo, no abrieron nada decente hasta febrero", comenta Bernat Ripoll, un rider de 24 años nacido en Santpedor (Catalunya) que mantiene el apoyo de varias marcas a pesar de la crisis.

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"Si tú te compras una bicicleta, la puedes utilizar todo el año: en cambio, con una tabla de snow tienes mucha suerte si puedes utilizarlo doce fines de semana en invierno", apunta Colomer.

La estación de los pirineos catalanes La Molina hospedó una prueba de la Copa del Mundo FIS en estas condiciones en 2011. Foto de Susana Vera, Reuters

Cuando el snowboard irrumpió en el mercado global como un fenómeno de masas logró atraer un nuevo colectivo a las montañas, incrementando significativamente el número de deportistas de nieve. El caso español, en esta ocasión, no fue una excepción a la regla.

"El snow ayudó a aumentar la cuota de mercado y participación, rejuveneció a los deportes de invierno y surgió como una nueva moda que atrajo a muchos patrocinadores a la nieve", defiende Peus. Según un informe de 2009, España vivió su mejor año en ventas de días de esquí —dato que incluye a los snowboarders— con una cifra que superó los siete millones de forfaits vendidos.

Dos años más tarde, en 2012, la cifra había caído en picado y se había situado por debajo de los 4,5 millones de visitantes. Desde entonces se ha producido un tímido repunte; los datos de la temporada de invierno 2014-15 muestran una situación de estancamiento del número de esquiadores cerca de los cinco millones.

El rider Bernat Ripoll, de 24 años, vuela alto pero ingresa poco: esta es la situación actual para los profesionales del snowboard en España. Foto de Mario Velasco

En la opinión de Colomer, que representa a varias marcas de primer orden, "ha habido un descenso del número de consumidores a nivel mundial, un hecho evidente y que además ha sido bastante notable".

"Las modas vienen y van, es algo normal", añade Colomer. "Ahora ya no pasa eso de que todo el mundo se pilla una tabla porque es guay".

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Ripoll no está de acuerdo con este argumento y cree que, más que haber pasado de moda, lo que está ocurriendo es que la gente vigila más con su cartera. La consecuencia de todo esto es que las marcas venden menos, ingresan menos e invierten menos en el desarrollo del deporte. Es un pez que se muerde la cola, ya que la falta de inversión repercute en las tiendas y a las distribuidoras, que en España eran hasta ahora los principales baluartes de los riders.

"Por lo que sé, en España solo Queralt Castellet puede vivir exclusivamente del snow. Hasta hace poco estaba también Rubén Vergés [campeón de España de half-pipe y deportista olímpico], pero ahora ya se dedica a otros temas para ganarse la vida", explica el rider, que recuerda que cuando él era amateur tenía compañeros que llegaron a cobrar 20 000 euros al año.

Queralt Castellet, tres veces atleta olímpica, ha conseguido varias victorias en la Copa del Mundo FIS y un subcampeonato mundial en la modalidad de half-pipe. Foto de Miles Holden, Red Bull Content Pool

El presidente de la RFEDI no esconde que hay muy pocos deportistas que puedan vivir de sus éxitos con la tabla: "Ahora mismo, sin contar la modalidad freestyle que no cubre la federación, me atrevería a decir que solo hay cinco riders profesionales que puedan vivir de ello en España".

La lista se reduce a Queralt Castellet, Lucas Eguibar, María Hidalgo, Regino Hernández… y quizás algún deportista más, dependiendo del año y de las becas del gobierno.

"Las marcas han recortado mucho en marketing, en salarios para los riders y otras cosas: sin duda eso ha afectado mucho", comenta Colomer. El mercado europeo ha aguantado algo mejor la crisis en comparación con el estadounidense, según su visión.

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"El concepto de profesional en España está algo roto, porque hay patrocinios pero no te dan para pagar mucho más que el equipamiento y algunos desplazamientos", asegura Ripoll. "Conseguir el primer sponsor es relativamente sencillo, per si no sales de aquí te quedas estancado".

Eguibar y Castellet, los nombres más conocidos en España gracias a su palmarés, pasan gran parte del año entrenando en los Alpes suizos, Austria, Nueva Zelanda y Estados Unidos: eso sí, son una muestra no representativa, una aguja en un pajar.

Eguibar es manteado por compañeros y aficionados tras lograr subirse al podio en Baqueira Beret. El donostiarra no pudo revalidar su corona SBX pero acabó tercero en el campeonato de 2016. Foto de Anna Tur, RFEDI

La última frase de Ripoll traza un paralelismo con el éxodo de los erasmus españoles en busca de mejores oportunidades en el resto de Europa, y no es la única que va en el mismo camino: "Aquí los parks son una mierda y no se invierte en mejorarlos. Los directores de las estaciones en España ven el freestyle como un parque de atracciones y no un deporte, así que no cuidan demasiado la infraestructura y simplemente la tienen para fardar".

No hay dinero para patrocinios y parece que la hucha está vacía para invertir en parques especializados: varias estaciones siguen manteniendo parks, aunque la gran mayoría están enfocados a un público amateur y principiante.

Otro bolsillo que está vacío es el de los aficionados, recuerda Colomer: "Subir a la nieve no es barato. Tal como está el mundo, los precios de los forfaits son demasiado elevados, tanto a nivel español como mundial".

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"En Europa antes se vendía mucho más, pero la gente ya ha dejado de comprarse un abrigo nuevo cada invierno porque ha visto que no es necesario", explica Ripoll.

Como en la mayoría de los deportes, el equipamiento es relativamente barato, pero la gran tara del snowboard o el esquí es el precio a pagar por el desplazamiento y los telesillas. Imagen vía pixabay

El presidente de la RFEDI tampoco duda en reconocer ese punto flaco: "Los deportes de invierno cuestan dinero, es una realidad. El boom del running, por ejemplo, se debe en gran parte a que no cuesta mucho ponerte unas zapatillas deportivas e irte a correr".

Y tras esta crisis de los cuarenta, ¿qué necesita cambiar el snowboard? Nadie parece haber dado con la respuesta correcta y tampoco parece haber una solución de rumbo fijo.

"Creo que aquí tenemos un gran vivero de posibilidades", explica Peus tras destacar que Sierra Nevada acogerá el Mundial de snowboard y freestyle. "Es una oportunidad muy grande que va a generar nuevas estructuras deportivas y dará un empujón a la Copa de España".

Ripoll cree que lo importante es pensar dónde invertir y cómo hacerlo: "Igual que un campo de fútbol debe regarse, un snowpark debe cuidarse por la noche para poder saltar a la mañana siguiente. Deberían hacerse parks para evolucionar y entrenar… como en Estados Unidos".

Sea como sea, el futuro del snow necesita tres elementos clave que le han dejado en la estocada estos últimos años: la nieve, la bonanza económica y la confianza del sector en la cosecha local. El resto de elementos, la esencia de deslizarse con una tabla por los paisajes nevados y el refrescante aire de la montaña, siguen intactos.

"Creo que el snow sigue siendo más atractivo para los niños: es más plástico y estético que el esquí. Aún tardará unos años, pero volverá a recuperar el puesto que se merece", asegura Colomer.

No le falta razón, el snowboard es un deporte precioso que tuvo la suerte —y la desgracia— de alcanzar la cima muy pronto y en un momento convulso para la economía: todo apunta a que cuando amaine la crisis los riders volverán a volar alto.

El autor de este reportaje debe confesar ahora que es un palillero, pero no por eso no merece que le sigáis en Twitter: @GuilleAlvarez41