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Bertín Osborne en 'El Hormiguero': entre cuñados anda el juego

Lingotazos y desnudos. Desnudos y lingotazos.
17.5.17
Imagen vía Atresmedia

Desde que se estrenó En la tuya o en la mía en TVE, Bertín Osborne y su equipo han dado por bueno un running gag muy recurrente: los problemas del cantante y presentador para encender la cocina de inducción. Es probable que en su origen esta escena naciera de manera fortuita y accidental, fruto de su inoperancia en los fogones, pero a partir de la segunda vez que lo vimos ya nos quedó claro que este era un recurso de guión totalmente voluntario y exagerado.

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El problema no es que Bertín Osborne fuera incapaz de manejar algo en apariencia tan sencillo como un fuego, que también. El problema mayor es creer que resulta gracioso, campechano e incluso molón. El alarde, el pavoneo, aquella sensación de que saberse útil y hábil en la cocina no es algo propio de un hombre como él. Podía haber sido un gag puntual acorde al personaje y probablemente no hubiera pasado nada; por desgracia acabó convertido en recurso y chiste elevado a la categoría de lugar común.

Cuando ayer vimos a Pablo Motos en El Hormiguero conduciendo a Bertín a una parte del plató en la que tenían preparada una cocina de inducción entendimos que Motos y Osborne hablan el mismo idioma. Y que, efectivamente, a Motos le ha hecho gracia este gag. Quizás porque él mismo se ha sentido identificado, quizás porque se reconoce en esta apología de la torpeza masculina en menesteres y quehaceres "de mujeres", quizás porque considera que es un gag que se le podía haber ocurrido a él.

Cuando ayer vimos a Pablo Motos en El Hormiguero conduciendo a Bertín a una parte del plató en la que tenían preparada una cocina de inducción entendimos que Motos y Osborne hablan el mismo idioma

Y así acabó el programa: los dos tipos toqueteando la vitrocerámica como si fueran niños pequeños, satisfechos y orgullosos de su incompetencia, absolutamente seguros de que aún hoy se supone que tiene gracia ver a dos hombres adultos moverse por una cocina como si aquello fuese la cabina de una nave nodriza llegada desde Saturno.

Pero no fue este el único momento chirriante del programa. Hubo muchos más. Y más sonrojantes incluso: por ejemplo, la valoración de Osborne de la actuación de Manel Navarro en Eurovisión. "¿Cómo le pudo salir un gallo? Los gallos no salen. Los gallos son una cosa muy antigua, no existen. Antes de que te salga un gallo te quedas mudo. No lo entiendo". Podía haber optado por una respuesta más cómplice con el chaval, una defensa elegante, pero prefirió darle un collejón y quedarse tan ancho. Entiendo que a Navarro la opinión de Osborne se la debe traer al pairo, pero no hubiera costado nada un gesto favorable y elegante.

Y todo eso en realidad el presentador y vocalista lo utilizó para contarnos que él sí se ha quedado mudo alguna vez, pero que eso se supera fácil: sales a cantar borracho y ya está. "Estaba malo y me quedé mudo, sin voz. Me pusieron Urbason y me vine un poco arriba. Me saqué un whisky y canté con unos cuantos lingotazos. Iba ciego perdido. En la cuarta canción me viene arriba, borracho, pero se me abrió la voz". Y reían las hormigas y Motos, encantados de la vida con este relato, más cercano a la conversación de bar ruidoso y bien cargado que a un programa de sus características, presuntamente orientado al público joven e infantil.

"Me saqué un whisky y canté con unos cuantos lingotazos. Iba ciego perdido. En la cuarta canción me viene arriba, borracho, pero se me abrió la voz" — Bertín Osborne, 2017

También dijo que "un par de copas aflojan al invitado, te dan un brillo en la frente…", pero eso ya lo teníamos claro viendo algunos episodios de Mi casa es la tuya, donde Osborne se limita a llenar y vaciar las copas de vino mientras su invitado le hace el programa. Y luego ya pasamos a los temas que más motivan a Pablo Motos, quien después de aconsejarle que un día "tendrías que cantar desnudo" no pudo resistirse y le hizo la pregunta que absolutamente todos en casa teníamos en mente desde hacía semanas y nos formulamos a diario: "¿tienes buen desnudo?". Y Osborne, claro, se regaló con la respuesta, avisando al presentador que tiene un desnudo "que te tira de espaldas". Y así toda la noche, en un apasionante diálogo de gallitos—cuñados que, sin embargo, acabó siendo algo más soso y aburrido de lo que hubiéramos imaginado. Hay una explicación.

Desde que algunos han descubierto recientemente lo que ya era evidente desde hacía años, ese tonito sexista, casposo y desfasado de Pablo Motos y su programa, el presentador va con el freno de mano puesto. Ayer fue un claro ejemplo: solo hace falta repasar las visitas previas de Bertín Osborne al programa para comprobar que entre los dos hay mucha más química cuñada de la que hubo ayer. Consciente de que le han tomado la matrícula, Motos ayer se contuvo, y aunque Osborne puso de su parte, especialmente cuando habló de su cuerpo serrano y de su afición a los lingotazos, la sensación es que entre todos nos hemos cargado un poco al Motos auténtico y original, el que ayer hubiera convertido el programa en un desfile inagotable de bravuconadas y machadas.