Si te has olvidado de recordarle al Vaticano que sincronice el calendario de Google del Papa con el tuyo, o simplemente no has leído los periódicos, entonces puede que no sepas que Benedicto XVI tiene previsto visitar Inglaterra a finales de este año. Será la primera vez que un gran capitoste católico bendice tierras inglesas con su presencia desde que Juan Pablo II se pasó por las islas en 1982. El viaje le costará a los contribuyentes unos 12 millones de libras.
Con el propósito que cubrir el resto de los costes, el Vaticano ha decidido cobrar entrada a dos de los megaeventos papales: una vigilia de oración en el londinense Hyde Park el 18 de septiembre y, al día siguiente, en Birmingham, la beatificación del cardenal John Henry Newman. La beatificación, como ya sabréis, es cuando el Papa confirma que un cura muerto ha ido al Cielo y ya es un santo a todos los efectos.
La asistencia a ambos acontecimientos costará 25 libras, que los «peregrinos» tendrán que desembolsar para hacer frente a «gastos de transporte». Y por ese precio ni siquiera van a disfrutar de un recargado espectáculo de luces al estilo de un concierto de U2. ¿Pagar por una bendición religiosa? ¿No es el mismo tipo de procedimiento que ya metió en problemas a la Iglesia Católica con anterioridad?
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No parece que éste sea un dilema filosófico que al Papa le quite el sueño, y puesto que no va a aparecer un nuevo Lutero que clave una lista de exigencias en un árbol de Hyde Park, el Vaticano ha ocupado la mayor parte de su tiempo pensando en aquello en lo que todo el mundo piensa antes de embarcarse en un viaje de este tipo: el estilo. El Papa ha de tener buena pinta. Más aún: a veces debe parecer una persona normal y corriente y a veces debe parecerse a Dios. Puesto que los hábitos papales ha de llevarlos siempre, el campo de experimentación es la cabeza. Y experimentación más cabeza es igual a sombreros. Esto es lo que nos tienen preparado:
Sí, correcto. Es una gorra. Parece que este look tuvo una gran acogida entre los obispos regionales, quienes encontraron que le daba a su Santidad un aire relajado y casual. Les gustó asimismo el guiño a la cultura hip-hop y que combinara a la perfección con los hábitos blancos, teniendo el conjunto aires veraniegos y, al mismo tiempo, aludiendo a un profundo racismo soterrado que sin duda causará furor en el centro de Inglaterra.
Aquí vemos una bella muestra de acuerdo de esponsorización entre el Papa y la ciudad de Roma. Viene a decir: «Hey, estoy orgulloso de donde procedo, les represento». También dice: «Hey, soy un carcamal». Y es que, después de todo, ¿qué cosas no le gustan al Papa? El sexo con protección. Y que las mujeres tenga algún poder. ¿Y qué cosas sí le gustan?
Beber cerveza. En esta otra imagen parece un Santa Claus con un principio de demencia:
Esta cosa recibe el nombre de Camauro, que significa «sombrero de piel de camello» aunque no esté en modo alguno hecho de camellos. Se concibió en el siglo XII y tiene un bonito forro de armiño que sin duda encantará a la Reina, una gran aficionada a las prendas de armiño. ¿Por qué preocuparse por siglos de conflictos religiosos cuando puedes estrechar lazos a costa del sacrificio de pequeñas criaturas para confeccionar prendas de uso ocasional?
Aquí está nuestro muchacho, una sonrisa irónica en su cara, pensando en el dinero que va ganar a través de Ticketmaster. Bienvenido, Benedicto.
OSCAR RICKETT
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