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Imperdonable: las pandillas salvadoreñas matan a sus gays

El documental retrata una situación que había estado fuera de foco por años: el amor homosexual entre pandilleros en El Salvador.
25.5.21
homesexualidad pandillas El Salvador
Imágen extraída del documental Imperdonable sobre miembros gay de las pandillas salvadoreñas Ms-13 y Barrio 18

Una mañana de diciembre de 2012, la “ranfla nacional” de la MS-13, como es llamada la estructura de mando de esa pandilla, se encontraba reunida al interior de la cárcel de Ciudad Barrios, en el caluroso oriente de El Salvador

A esa reunión llegaron además “Baxter” y “Medias”, dos líderes de menor rango de la pandilla en esa cárcel. Ambos traían una petición muy seria: querían que les dieran “luz verde”, autorización para matar a otro líder de la pandilla recluido en el mismo penal, “Fénix” de San Cocos. 

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La razón para asesinarlo era que había cometido una falta imperdonable en la pandilla: el Fénix era gay. 

Baxter y Medias, al igual que Fénix, pertenecían a la clica o célula de la MS-13 llamada San Cocos, que opera en el departamento de Sonsonate. Los compañeros de Fénix llegaron ante la ranfla asegurando que tenían pruebas para afirmar que su líder era gay y que durante un tiempo habían hecho una investigación que demostraba que Fénix estaba intentando “arruinar” a otros homeboys, es decir, intentaba tener relaciones sexuales con ellos dentro del penal. 

La investigación, según contaron aquellos dos pandilleros a sus líderes, consistió en observar que Fénix tocaba, con cualquier excusa, los genitales de otros pandilleros mientras veían televisión juntos dentro de la celda o mientras veían videos en YouTube en su celular. Fénix tenía la categoría de “corredor de programa”, es decir era el líder de un grupo de líderes de clicas o células de la pandilla. Su rango está solo por debajo de la ranfla. Sin embargo, la regla que había violado es inquebrantable en la MS-13 y el castigo por violarla es solamente uno: la muerte. 

Para demostrar su teoría, la clica de San Cocos le tendió una trampa a su líder dentro del penal y permitieron que otro pandillero se dejara hacer sexo oral por Fénix mientras los demás lo observaban a escondidas. “Croock”, uno de los líderes históricos de la MS-13 y miembro de la ranfla nacional habló por la pandilla y dijo que, si esa afirmación estaba comprobada, debían matarlo. Eso sí, pidió que no lo asesinaran con armas cortopunzantes, sino que lo estrangularan. Era diciembre del año 2012 y en ese entonces las pandillas habían pactado una tregua con el Gobierno salvadoreño: beneficios carcelarios a cambio de disminuir los asesinatos en todo el país. 

Los pandilleros organizaron el asesinato de Fénix, y quince días después de aquella reunión, el ocho de enero de 2013 sacaron a todos los pandilleros recluidos en el sector tres de la prisión. Menos a Fénix. A su celda entraron diez pandilleros de la MS-13, entre ellos varios líderes de la ranfla. 

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Para matarlo, “Croock de Hollywood” le hizo una llave, mientras “Trece de Teclas”,  con otros dos lo tenían agarrado de los brazos y otros dos de las piernas, mientras Baxter y otro le pegaban patadas en el estómago. Fénix estaba sin camisa, con pantalón y zapatos y se negaba a morir. Resistía. Pero Croock de Hollywood ordenó que le pusieran una bolsa plástica en la cabeza hasta asfixiarlo. 

Quince minutos después de matarlo, los pandilleros lo llevaron a la segunda planta del sector tres de la cárcel y aventaron su cuerpo sin vida hacia la primera planta. Sus dos excompañeros de pandilla, Medias y Baxter cargaron el cuerpo y lo llevaron a la enfermería gritando que se había caído del techo mientras tendía su ropa al sol.

Para Luis Enrique Amaya, consultor e investigador salvadoreño en seguridad ciudadana, la homosexualidad es una falta “imperdonable y deshonrosa” dentro de las pandillas salvadoreñas producto de una herencia de la sociedad que las da a luz e incluso de otros grupos o pandillas con las que estas tienen relación histórica. “La homofobia y el machismo sin duda forma parte de los códigos de conducta de las pandillas californianas de origen latino que dan origen a la MS-13 y al Barrio 18. Es decir, no es posible que una sociedad machista cree pandillas pro-derechos LGTBI”, dijo Amaya.

La historia de la muerte de Fénix fue contada ante los tribunales salvadoreños en diciembre de 2019 por un “testigo criteriado”, un pandillero que decidió traicionar a los suyos a cambio de reducir su condena. Su testimonio fue brindado durante el juicio de la llamada “Operación Jaque”, uno de los más duros golpes que la justicia salvadoreña ha dado a la estructura de la MS-13. Sin embargo, el caso de Fénix no es único.

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Imperdonable

“Yo pienso que matar a una persona sí es malo, pero no es tan difícil; pero que un hombre ame a otro hombre es algo fuera de lo natural.” El que habla es Giovanni, un expandillero de la MS-13 encarcelado en el sector de aislamiento del penal de San Francisco Gotera, en Morazán, al oriente de El Salvador. Giovanni es gay y está enamorado de otro exmiembro de la pandilla rival con la que antes luchó a muerte, el Barrio 18. Giovanni es uno de los personajes principales de la película “Imperdonable”, un filme de la directora española radicada en El Salvador, Marlén Viñayo que retrata la realidad que viven los pandilleros que se reconocen como gays dentro de las cárceles salvadoreñas.

“La homofobia y el machismo sin duda forma parte de los códigos de conducta de las pandillas californianas de origen latino que dan origen a la MS-13 y al Barrio 18. Es decir, no es posible que una sociedad machista cree pandillas pro-derechos LGTBI”

El filme, una demoledora historia, muestra imágenes que en otro contexto sería imposible siquiera imaginar: un pandillero de la MS-13 y otro de Barrio 18 acariciándose, besándose, mostrándose ternura el uno hacia el otro. 

“La gente se preguntaba ¿cómo puede ser que esto exista?, ¿cómo pudieron contar una historia en la que la ternura fuera una de las manifestaciones protagonistas de la película?, siendo que nadie se acerca a una cárcel esperando encontrar ternura. Hay que ser un loco para ir a una cárcel esperando encontrar amor y esas cosas más asociadas a los buenos ciudadanos de un país”, dice Carlos Martínez, guionista de la película Imperdonable, en una entrevista con VICE World News.

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Pero la película no es solo una historia de amor. Es también la revelación del sufrimiento, la explicación de las consecuencias que tiene ser gay dentro de la pandilla. “Al principio nos parecía imposible que hablaran ante una cámara. Pero pasó lo contrario. Cada día les explicamos que esta película iba a salir en el país y en otros países del mundo y además en internet. Uno de ellos no quería revelar su identidad, pero no por el peligro de la pandilla sino porque no quería que su mamá se enterara. Los demás nos decían “nosotros ya estamos condenados a muerte doblemente, por retirarnos de la pandilla y tacharnos los tatuajes, y por ser homosexuales”, cuenta Viñayo a VICE World News desde San Salvador.

La película retrata la realidad que viven los internos gay del penal de San Francisco Gotera, quienes no solo han sido rechazados y amenazados de muerte por su pandilla sino también expulsados de la iglesia dentro del penal, y han sido enviados a un calabozo llamado “El Zope”, un ave de rapiña. 

“Estaban en una celda de aislamiento, en un sector pútrido dentro de la cárcel. Normalmente los sectores de aislamiento en una cárcel sirven para contener a personas que significan un riesgo para otros internos o para la estabilidad del penal o que corren riesgo por el resto de presos. Pero esta gente no había golpeado a nadie, ni se había revelado contra el sistema penitenciario, esta gente habitaba un calabozo atroz por el simple hecho de ser homosexuales”, dice Carlos Martínez, guionista de la película.

Esa pútrida e ínfima celda, según la directora Viñayo, era sin embargo, su único espacio seguro dentro del penal. “Al inicio del proyecto, uno de los internos dijo que la celda de aislamiento era el único lugar donde ellos se sentían libres. Y fue una de las cosas que más me impactó. ¡¿Cómo es posible que estas personas se sientan libres en una celda de un metro por metro y medio?! Pero este es el único espacio donde ellos pueden ser quien son. En los otros sectores estaban expuestos a violaciones, a humillaciones. Tiene lógica”, dice Viñayo.

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Para el académico Luis Enrique Amaya, la homosexualidad en las pandillas es vista como un “delito” o una falta absolutamente deshonrosa. “Sin embargo, aquí debemos notar un elemento muy importante: la ‘deshonra’ en la pandilla es sufrir la violación, no ejercerla, porque la violación misma puede convertirse en un elemento de castigo y quien penetra expresa poder sobre quien la recibe y no necesariamente placer erótico”, explicó.

Imperdonable, es hoy por hoy la única película salvadoreña en conseguir no uno sino varios premios, en festivales internacionales de cine que le permitieron avanzar hacia la preselección de la “short list” de los premios Oscars, como el Hot Docs Canadian International Documentary Festival; el Guanajuato International Film Festival; y el International Documentary Film Festival Amsterdam, este último considerado como el festival de cine documental más importante del mundo.

La película muestra la crueldad con la que son tratados los gays por las pandillas e incluso por las iglesias evangélicas que acogen a pandilleros dentro de las cárceles. Además muestra un sistema penitenciario retrógrado con total desconocimiento teórico de la identidad de género. “Había una psicóloga que, en un intento de hacer una prueba científica para identificar si un reo era gay, le preguntaba si le gustaba la poesía o las plantas”, recuerda Martínez. 

“Cuando los pandilleros encuentran que la homosexualidad es algo vergonzoso, es porque es vergonzoso en la sociedad. Las pandillas no inventaron nada, solo llevaron lo que ya tenían al extremo. Estas estructuras criminales comparten rasgos con la mayor parte de la sociedad salvadoreña. No quiere decir que la mayor parte de la sociedad salvadoreña asesine a los homosexuales como lo hacen las pandillas, ni que robe, mate o tal. Pero son valores que estaban desde mucho antes de que el primer pandillero californiano viniera a esta sociedad”, dice Martínez.

Por su parte, el académico Amaya señala que “en las pandillas salvadoreñas, ser homosexual no es una categoría que hoy se tiene y mañana no. Es una condición que te acompaña para siempre. En ese sentido, la deshonra que se sufre no es algo que se pueda quitar, es más bien una condena perpetua”, dijo.

No existe ninguna señal de que las pandillas cambien su postura. Este pensamiento podría resumirse en lo dicho a VICE World News por un expandillero del Barrio 18 que estuvo en la misma cárcel donde se filmó la película y que ahora está en libertad: “Es duro darse cuenta de que en el penal tienen a alguien como marica, a alguien que ha pertenecido a la pandilla de uno. Y que esa persona lo permite. Para mí fue duro ver eso porque… cuando uno está en la pandilla es cabal (correcto), y eso en la pandilla es algo imperdonable. Es la muerte”, dijo el expandillero.