Cómo es estar dentro de un cuarto construido para que haya silencio total
Imágenes: Thomas Howells​

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Cómo es estar dentro de un cuarto construido para que haya silencio total

Los artistas están interesados en visitar las cámara anecoicas donde el único sonido que escuchas es el de tu cuerpo.
04 Marzo 2015, 4:18pm

Los fanáticos del sonido han intentando arrasar cabezas y romper los tímpanos a volumen muy alto y en el nombre del arte desde que se inventó la amplificación. Pero el paradigma está cambiando: el silencio parece ser el nuevo ruido.

"Ha habido un dramático incremento en el fino arte del sonido, esto es nuevas maneras de utilizar y pensar el sonido" explica Mike Wyeld, un instructor técnico de sonido que trabaja en el departamento de animación del Royal College of Arts. "La ausencia de sonido es una experiencia que no es posible que hayas tenido antes".

Hablamos un par de días después que visité la cámara anecoica de la London South Bank University. Pese a que fue fue diseñada para investigaciones acústicas y la enseñanza, estos cuartos son el fetiche de un grupo de músicos y artistas de vanguardia que están interesados en las dinámicas sónicas: desde el viaje inaugural de John Cage a la cámara de Harvard, como inspiración para su hito 4'33'', a la instalación ambisonica de Mark Fell, "64 beatiful phase violaciones" en la universidad de Salford el 212 o el nuevo Doctorado colaborativo de LSBY junto al Royal College of Music.

La cámara anecoica de esta universidad también ha sido utilizada recientemente por estudiantes de RCA en un intento por grabar sonidos textuales "puros" y sin adornos, desde encender fósforos a pelar naranjas y reventar globos, en un intento por entender la percepción sensorial extrema.

Las cámaras anecoicas, en caso que se necesite aclarar, están hechas para crear un silencio total.

"En las artes visuales tenemos el espacio negativo" explica Wyeld. "El espacio negativo del mundo real no existe en el sonido, pero si puede existir en una cámara anecoica. Para un artista significa una nueva forma de interpretar qué es lo que haces".

Si retrocedemos 80 horas, estoy reunido con Stephen Dance y Luis Gomez-Agustina del Centro de investigación acústica de LSBU, quienes accedieron a darme acceso a su cámara en un intento por experimentar esto.

El silencio, el verdadero silencio, es una anomalía en la vida diaria, simplemente no existe. Lo más cerca que puedes llegar, explica Gomez-Agustina, es estar en un campo vacío sin vegetación y en un día completamente quieto. El volumen ambiente estará a cerca de 25 decibeles. Cuando ocupas una cámara anecoica el sonido está a 16 decibeles. El cuerpo hace demasiado ruido para que pueda estar a más bajo volumen. "Se llama respiración" dice Dance.

On entering, I'm hit by an unmistakable feeling of pressure. The air feels dense, like my head is being gently squeezed. "It's an illusion," Gomez-Agustina explains. Everybody feels it when they first visit, but he doesn't know why. He pulls a digital barometer from his pocket. "The same as outside," he shrugs.

El cuarto está completamente cubierto por cuñas de espuma que apuntan hacia adentro, el piso es una reja de metal suspendida sobre estas cuñas. Es arcaico y de otro mundo, una escena retro futurista color marrón opaco. Cuando Dance cierra la puerta tras nosotros, la atmósfera se amortigua. Cualquier onda de sonido es desviada por la espuma multifacética y es absorbida por las paredes. Es una sensación opresiva; mucha de nuestra conciencia espacial está definida por la ubicación del eco e incluso con los ojos abiertos la desorientación es irrefutable. Nos pusimos de acuerdo en que yo estaría dentro de la cámara por una hora con las luces apagadas, para no tener otra distracción sensorial. Me acosté en las losas de espuma como si fuera una cama improvisada; los académicos salieron, el técnico apagó la luz y cerró la puerta.

Suena paradójico, pero una experiencia tan pasiva, como acostarse en la oscuridad y en un silencio casi perfecto, es extraña e intensa. El contexto poco natural rápidamente forzó mi oído. A medida que pasaban los minutos mi respiración y los movimientos internos fueron más pronunciados.

Cosas que antes eran sensaciones (la digestión, la relajación de los músculos) ahora eran oíbles. Oí el rasguido de mi cuerpo con la ropa y el débil sonido de cuando levantaba las cejas y el cuero cabelludo se desplazaba a través del cráneo. Luego de 45 minutos, me explicó Dance, comencé a escuchar cómo la sangre se mueve a través de los capilares alrededor de mis oídos. Eventualmente escuché otro sonido, era la sangre que bombeaba alrededor de mi cabeza. La experiencia es hipnótica, incluso existencial. Nunca me sentí tan consciente de mi cuerpo, una maquina orgánica en movimiento.

Internet está lleno de historias de personas que visitaron las cámaras anecoicas y no tuvieron una buena experiencia. Las encontraron tan perturbadoras que sufrieron alucinaciones y ataques de pánico (John Doran visitó una cámara anecoica el 2013 para entrevistar a Mark Fell y dijo que estuvo "cerca de la histeria"). Yo no experimenté nada de eso. Lo que sentí fue una mezcla de relajación profunda y desorientación temporal; la hora que pasé adentro podrían haber sido 10 minutos o la mitad de un día.

Todavía no estoy seguro qué esperaba sacar en claro de esta experiencia. Un excesivo interés en el silencio suena como una invitación a la decepción, incluso si la intención es intelectual. Es poco sincero, pero el deseo de aislarnos de nuestro alrededor parece un impulso poco natural. "Esa es una de las características que todos quieren escuchar: silencio absoluto" dice Dance. "Pero ¿Para qué?".

"La cámara anecoica" dice Wyeld, "es una herramienta seductora para artistas y diseñadores trabajando con el sonido. 'Imagina un espacio sin sonido' es todo lo que tengo que decir y los estudiantes hacen fila para asistir. Es un lugar mágico".