El Nicho: la adicción por el aprendizaje y la música en vivo

FYI.

This story is over 5 years old.

El Nicho: la adicción por el aprendizaje y la música en vivo

Un festival donde el free jazz, la experimentación contemporánea, el ruido y el live cinema forman parte de su menú más refinado.
13.4.16

"Recuerdo cuando hacíamos pósters en los sesenta anunciando 'una noche de música experimental' y nadie venía".

Keith Rowe

Eric Namour, director del festival El Nicho, recuerda con una sonrisa socarrona cuando hace cinco años se presentó Text of Light, ensamble en donde participó Lee Ranaldo de Sonic Youth, en una sala de la Cineteca Nacional para improvisar sobre filmes de Stan Brakhage y la respuesta del público con playeras de la banda neoyorquina fue sorprendente. Ese fue un punto de inflexión para continuar y creer que en México se podían hacer eventos diferentes enfocados a la música experimental, el arte sonoro y los sonidos abstractos.

Publicidad

Tras la desaparición de los festivales Radar y Aural, Eric Namour decidió emprender por cuenta propia un festival que ha tenido el reto de dar continuidad a esa incipiente tradición de hacer un festival de música arriesgado en la Ciudad de México, con todas las dificultades que ello implica: falta de apoyos financieros, la apatía de un público masivo acostumbrado a que las ofertas culturales de calidad les lleguen ya digeridas y el casi inexistente apoyo institucional para realizar un festival único en su tipo en el país.

Hoy en día, ese panorama no ha cambiado mucho, y tras algunos años de orquestar unas emisiones increíbles, Namour y su equipo vuelven a la carga con un nuevo desafío para los asistentes curiosos que, como Eric, gustan de descubrir nuevas latitudes y experiencias sonoras a partir de la música en vivo.

Para su sexta edición, El Nicho ha confeccionado un programa que contempla la presentación de cerca de 30 artistas a lo largo de seis días, del 11 al 15 de mayo, en donde el free jazz, la experimentación contemporánea, el ruido y el live cinema forman parte de su menú más refinado.

La titánica labor de El Nicho dista mucho de los grandes festivales que suceden en nuestro país, ya que cuentan con un equipo muy reducido, con escasos apoyos económicos, en donde el entusiasmo por expandir los horizontes musicales es su impronta primordial. Este año, los organizadores decidieron emprender una campaña de fondeo como un llamado a la reciprocidad y el interés genuino de la gente por desear que El Nicho se siga llevando a cabo. Si bien aún falta para llegar a la meta óptima, el festival pinta para ser de nueva cuenta una emisión memorable que deja precedentes sólidos en la vida cultural de la Ciudad.

Platicando con Namour en exclusiva para Thump nos enteramos que detrás de las presentaciones en el Centro Cultural de España, Ex-Teresa Arte Actual, El Museo Rufino Tamayo y otros espacios, existen pláticas extensas de convencimiento, buenas voluntades y esfuerzos compartidos para que todo llegue a buen puerto.

Namour entiende que la panoplia de propuestas que presentan no son de fácil acceso, y que es necesario la parte académica y formativa de públicos para sensibilizar sobre estas expresiones. Así, las ocho actividades principales que contempla El Nicho mantienen un alto nivel de calidad, riesgo y creatividad de rango internacional, sin descuidar al talento nacional que suele tener pocos espacios para presentar sus propuestas.

Cada curación es minuciosa e irrepetible, de tal forma que invitan a adentrarse no sólo a los conciertos sino también a las charlas, sesiones de escucha y de cinema en vivo en aras de conocer y descubrir la mayor variedad de actos posible.

Desde las presentaciones de improvisadores y freejazzeros de cepa vertiginosa como Mats Gustafsson (solo y con su grupo The Thing), el baterista Paal Nilssen-Love o la leyenda del saxofón Akira Sakata, pasando por la electrónica experimental de Leafcutter John y Mike Cooper, hasta el dulce cello deconstruido de Lori Goldston (Nirvana, Earth, David Byrne) o la dulzura extraña de Misha Marks, hasta llegar a la experiencia del cine expandido de Greg Pope y John Hegre, El Nicho promete un programa vasto y delicioso en texturas y propuestas poco convencionales y fascinantes.

A veces basta con adentrarse un poco en Internet o en los textos introductorios de los artistas para saber que tenemos frente a nosotros una oportunidad de oro, con algunas actividades gratuitas y otras a precio realmente accesible, sin sacrificar un ápice de calidad y originalidad.

Namour enfatiza también que El Nicho no es un festival temático que busca justificarse a nivel curatorial: "No somos como otros festivales que pretenden ser bienales: 'Utopia', 'La Libertad'… se genera un discurso de forma orgánica, no es arte contemporáneo, es un festival y punto. No quiero teorizarlo".

Tras acudir un par de ocasiones a El Nicho y dejar de intelectualizar la experiencia, uno logra infectarse por completo y compartir "esas burbujas en el estómago que siento cuando los actos están aquí, frente a un público increíblemente respetuoso que rompe con los clichés que se suele pensar, pero que no sabes cómo va a reaccionar". En suma, El Nicho es una completa adicción compartida por el aprendizaje y conocer nuevas propuestas a través de la música en vivo. Sin más.