El año en que mi hermana Ronda Rousey se convirtió en la estrella del UFC

2015 fue un año muy importante para la luchadora estadounidense Ronda Rousey. Su hermana, Maria Burns Ortiz, nos explica cómo vivió toda esta locura desde dentro.

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11 Enero 2016, 4:50pm

All photos courtesy Maria Burns Ortiz

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Te da la misma sensación que si estuvieras dentro de una lavadora. Te mueves de lado a lado y en todas las direcciones, en todos los sentidos, y no tienes ninguna visión clara de lo que está pasando. Te parece que tienes unos minutos para pararte y reflexionar sobre lo que te está pasando, pero en realidad no. Así que llega un punto en que abandonas cualquier intención de controlar lo que ocurre y te dejas llevar.

¿Que significa todo esto? ¿Que significa estar en el corazón del 'fenómeno Ronda'? No propiamente en el corazón, ni tampoco en el centro, sino al lado, justo al borde, el el pequeño circulo de sus familiares y de sus amigos. ¿Qué se siente en su campana de cristal?

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La gente me hace muchas preguntas: ¿cómo se vive el día día? ¿Cómo lleva Ronda todo esto? ¿Cómo han cambiado las cosas al hacerse famosa? Más que nada, sin embargo, la gente quiere saber qué pasó después de 'ese momento', después de 'esa noche', en Australia, cuando todo el mundo se dio cuenta de que Ronda no era invencible. Lo que os quiero contar, no obstante, no va de eso: relatar ese episodio le corresponde únicamente a ella, y lo hará solo cuando esté lista.

Todo lo que sé es que por supuesto Ronda nunca ha sido invencible. Tampoco para mí. Cuando sois niños también pensáis que vuestros padres son invencibles, y que vuestra hermana menor es alguien a quien debéis proteger porque siempre necesitará vuestra ayuda. Años después os dais cuenta de que ni vuestros padres eran imbatibles ni vuestra hermana necesita vuestra ayuda para nada, pero esa es otra cuestión.

Ronda cuando viopor primera vez a su sobrino Carl. Antes de que naciera, Ronda dijo que quería molestarle un poco para verle enojado y hacer que se convirtiese en un boxeador. Cuando lo vio hizo todo lo contrario: le mimó y le hizo carantoñas toda la tarde.

Ronda se ha convertido en una de las estrellas más importantes del deporte mundial. Una cara para las marcas, un modelo para los jóvenes, y también una persona amada y odiada por quienes no la conocen y nunca la conocerán. Todo esto me parece muy surrealista, porque yo no la veo para nada así.

Ronda para mí es aquella chica que iba al centro comercial para los torneos de Pokémon, la misma que dejaba su kimono lleno de sudor fuera de la ducha y que yo tenía que echar fuera del baño por culpa de su desorden crónico. Aunque ahora vive en un apartamiento en Venice Beach, sigue siendo intrépida, sensible y divertida: sigue siendo simplemente Ronda. Nada de todo lo que le ha pasado este año, o que le pueda pasar en los próximos 20, la va a cambiar.

Pocos querrán oír esta versión de la historia: la gente solo quiere conocer la parte mala de los cuentos, el lado trágico de las aventuras. Sin embargo, en este año Ronda ha subido al Olimpo de los deportistas: ha participado en películas, ha firmado contratos con marcas prestigiosas, ha aparecido en portadas de muchas revistas... es imposible, en una palabra, que pase desapercibida.

También ha sido, eso sí, el año en el que ha perdido la corona de los pesos gallo de la UFC. No es la primera vez que pierde un título, pero sí que es la primera vez que Ronda tenía más gente que quería verla derrotada que gente que queríamos verla venciendo de nuevo.

Ronda delante de la playa de Copacabana celebrando su semana maravillosa en Río de Janeiro.

Hay un ruido incesante en el aire. Todos gritan, todos se acercan y todos intentan tocarla. Hay muchas cámaras que puedo ver a pesar de la escasa luz. Se acercan buscando su cara, buscando la sangre, para enseñarla al mundo entero: la sangre de Ronda.

Muchas veces me preguntan si he leído tal artículo o si he visto tal reportaje sobre Ronda, o si yo también estuve ahí cuando la invitaron a tal retransmisión. La mayoría de veces quedan decepcionados al ver que en realidad no la he podido seguir mucho. Estoy casada, tengo tres hijos, un perro y mi propia empresa... y además, ¿qué me puede enseñar un artículo que hable sobre mi hermana que yo no sepa ya?

Mirad, literalmente he escrito un libro sobre Ronda. No necesito leer nada más sobre ella, ni mirar nada más sobre ella; no me interesan los programas que hablan de Ronda y no sé qué dicen, pero estoy bastante convencida de que mayoritariamente son mentira. Me he dado cuenta de que la gente puede ser extremadamente mentirosa cuando habla de mi hermana.

Por desgracia, he tenido que sufrir las tonterías de muchos presuntos periodistas que han escrito sobre Ronda y sobre mi madre. He decidido hacer oídos sordos a aquellos que creen saberlo todo de una persona y que son capaces de subirla y bajarla del pedestal a la velocidad de la luz. Si os pasara con personas a las que queréis seguramente os volveríais locos a menos que hicierais como yo y pasarais completamente de todos ellos. Quizás les faltó cariño de pequeños, no lo sé. Internet da la palabra a quien debería callarse.

Hoy, cuando veo algo negativo sobre mi hermana, pienso: "¿cuál será el problema de este tío?", y luego sigo con mi vida. No tiene sentido perder el tiempo con la estupidez de los demás.

Mi hija y Ronda antes de ir a Australia.

Y luego entras en el túnel, y esperas encontrar el silencio en su final, pero este nunca llega. Siempre estás en movimiento, en el frenético caos de una vida que soñabas desde pequeña pero de la cual no puedes escapar. Al acercarse al combate la adrenalina parece bajar, pero la noche todavía es muy larga.

Tres combates en tres continentes en nueves meses; una gira promocional para su nuevo libro; un guion cinematográfico por leer; dos reuniones en Hollywood; sesiones fotográficas para las portadas de Sports Illustrated, de Self, de Shape, y de otras revistas de las cuales nunca he oído hablar; presentaciones de películas, invitaciones a programas de televisión, entrevistas.

Todo esto, y los entrenamientos, por supuesto.

Para un ser humano, esto es mucho.

Como en todos los años hay altos y bajos. No me acuerdo de todo porque es imposible, pero sí que recuerdo las emociones que hemos vivido con Ronda. Hemos celebrado sus victorias, especialmente frente a Cat Zingaro, cuando le cantamos el 'feliz cumpleaños' en un restaurante de Hollywood mientras ella se comía un plato de alas de pollo; también recuerdo cuando Ronda ganó a Bethe Correia. Al acabar se fue a vivir una semana en un maravilloso apartamiento en Río de Janeiro, justo delante del mar. En esos días fuimos a visitar el Cristo Redentor en la cima del Corcovado y dimos de comer a los pájaros que vivían allí arriba. De todos estos momentos sí que me acuerdo.

Nuestra familia en el pasado Día de Acción de Gracias.

Luego llegó Australia. Pensábamos que iba a ganar —y siempre lo pensaremos—, pero no ganó. No he vuelto todavía a ver el combate, y seguramente no lo haré nunca más: tampoco leeré nada sobre ese enfrentamiento. No tengo ningún interés en revivir ese momento y volver a sentir la amarga decepción de ver a alguien a quien quieres mucho perdiendo.

En estos años, he visto hasta qué punto los seres humanos pueden ser horribles, especialmente con la gente a la que no conocen, y esto me parece más que suficiente. Me ha quedado claro que lo más importante es el amor que te dan quienes están cerca tuyo y que lo demás es puro humo.

El mundo entero vio a Ronda caer, pero yo tengo la posibilidad de verla levantarse, de verla feliz y orgullosa de sí misma de nuevo. Tengo la oportunidad de decirle que la quiero antes de sus combates; de hecho, tengo la posibilidad de decirle que la quiero cada vez que quiero... y lo podré hacer toda la vida. Eso para mí vale más que cualquier cinturón de campeón.

Cuando la gente recuerde a Ronda y su año 2015, deberán recordar todo el año, no solo el momento en que Ronda cayó. Estoy convencida, porque así me lo demuestra la experiencia, que el ser humano ama la tragedia y el sufrimiento ajeno: creo que ello les reafirma y les consuela, les recarga de la efímera sensación de que su vida no está tan mal.

Siento decirlo, pero mi hermana es mucho más que eso. Ronda es mucho más que el par de segundos en que la patada de Holm la mandó al suelo. Yo sé que Ronda se levantará: es cosa vuestra decidir si os importa o no.

Maria Burns Ortiz es hermana de la luchadora estadounidense Ronda Rousey. Síguela en Twitter: @BurnsOrtiz