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Formula 1

El Gran Premio de Malasia es un verdadero clásico joven

La carrera en el autodromo de Sepang , inaugurada en 1999, con sus dos larguísimas rectas y el brutal desgaste físico de los pilotos es ya todo un clásico
Foto: Nik Aizu/Wikimedia Commons

El Gran Premio de Malasia debutó en el fin de siglo, en ese vértice de promesas, deseos y miedos que teñían discursos y productos culturales, políticos y de entretenimiento, de una extraña mezcla de esperanza e incertidumbre. La Fórmula 1 no era ajena al fenómeno, muy al contrario incluso. 1998 fue el último año del Gran Premio de Argentina y uno antes la última carrera en Jerez de la Frontera. Y en 1999, Bernie, que se las sabe todas, comenzó la expansión mundial de la Fórmula 1. En aquel entonces la decisión parecía tan seductora y exótica como innecesaria. El conservadurismo levantó la voz con el argumento de la nula tradición que tenía el deporte en Malasia. Pero también lo hizo el voraz y constitutivo capitalismo de la F1: había que renovar al producto de cara al nuevo siglo, buscar otras fronteras, otros circuitos, otro modo de comercializar el espectáculo, que ya no el deporte.

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Así las cosas, el calendario de 1999, el primero en que participó Malasia, era un año que se percibía como una calca del previo: superioridad de los McLaren y Schumacher remando toda la temporada, fecha tras fecha, para ver cómo llegaba a Suzuka, sacar la calculadora y ver en qué posición tenía que quedar él y en cuál los McLaren para que, por fin, luego de casi 20 años, Ferrari volviera a tener un piloto campeón. Pero llegó el verano y, con él, el cambio de guión. En Silverstone, Schumacher se queda sin frenos, cruza Stowe y termina en el muro de llantas con la pierna rota. La estimación de su regreso a la pista era para fines de la temporada, Sepang o Suzuka. Ya sin opciones de salir campeón. Tercer año consecutivo que iba a perder un Mundial.

Por otro lado, nadie, nunca, y con razones de sobra, dio un centavo por Eddie Irvine. Y, además, en Maranello el deseo era que fuera Michael, el hijo pródigo, quien borrara la vergüenza de los 20 años de sequía. Y así llegó el Mundial a la penúltima carrera de 1999 en Malasia: con el campeonato entre Mika y Eddie Irvine opacado por el regreso de Schumacher, un Schumacher que luego de meses de ausencia, en un circuito desconocido para todos se llevó la pole con casi un segundo de ventaja. Al final Irvine ganó la carrera, pero no el Mundial. Al norte de Monza tuvieron que esperar tan solo un año más.

La historia siempre implica una pregunta sobre el presente. Y la que salta acá es, ¿así, con esa carga, es como se construye la relevancia, el mito de un Gran Premio? Y es que cada año, el brutal desgaste físico de los pilotos dentro del cockpit, las impenetrables cortinas de lluvia que caen sobre Sepang, la frenada que une las dos largas rectas, todo el sector tres del circuito, condicionan el Gran Premio y cada año, dejan algo en la memoria que hace que Sepang sea ya todo un clásico.

En Kuala Lumpur, Kimi tuvo su primera victoria, también fue la primera de Vettel con Ferrari un día que, contra todo pronóstico batió a Rosberg y Hamilton. La victoria de Button en medio de un monzón que obligó a suspender la carrera y entregar, como sólo en otras cinco ocasiones en la historia del campeonato, medios puntos. Y la controversial, dependiendo del punto de vista, victoria de Sebastian Vettel en 2013. Mark Webber, con una vuelta para terminar la carrera va de líder y desde los pits llega la orden de que los dos hombres de Red Bull mantengan sus posiciones. Multi 21, Seb, multi 21, es la orden. Pero, como Didier Pironi lo hiciera con Gilles Villeneuve, ignora la orden y le arrebata la victoria a Webber. Este año, el liderato del campeonato, siempre tan dado a la seducción y conveniencia, ha pasado de unas manos a otras sin dar pista de en cuáles le gustaría terminar. Pasó de abrumadora ventaja de Nico en el primer tercio de la temporada a la remontada de Lewis en el segundo para llegar al último tercio con apenas ocho puntos de ventaja en favor de Rosberg. Y, más allá del resultado, marcará la forma en que cada uno tendrá que enfrentar el fin de temporada.

Daniel Ricciardo dedicates his — Formula 1 (@F1)2 de octubre de 2016

— Adrian Puente F1 (@TelemetricoF1)2 de octubre de 2016