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Cuando brillar en el Sub 17 no es suficiente

Hay un gran trecho entre el brillo en el Sub 17 y el éxito y consolidación en el futbol profesional. México hace bien su trabajo en una etapa, pero no en la otra.
29.10.15
Foto: Hugo Ávila / Imago7

La selección Sub 17 nos está quitando la sorpresa del rostro. Hay que acostumbrarse a pensarlo, a carburarlo y a aceptarlo. De unos años para acá, en ese límite de edad, México está camino a convertirse en una potencia.

Los números son fríos, pero generan tendencias. México, en los últimos 10 años de participaciones en Mundiales Sub 17, ha calificado en cinco de seis ocasiones al torneo, de los cuales, acumula dos títulos y un subcampeonato. Nada, pero absolutamente nada mal, al contrario, es un enorme éxito por parte de los responsables.

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Esto nos genera dos puntos a primera vista, los dos igual de claros. El primero es que México tiene un extraordinario nivel infantil y juvenil, además que cada vez goza de mejor detección de talento y métodos de trabajo para pulir esas piedras preciosas. La segunda, que hay un paso entre el Sub 17 y el profesionalismo en el que todo se jode.

Es hartante que cada que hay un aniversario de los triunfos del Mundial Sub 17 de 2005 y 2011 se analiza cuál es el presente de los ganadores de aquellos torneos. La tinta que se derrama en esos 'especiales' no hace más que desilusionarnos y cuestionarnos si es verdaderamente positivo triunfar a nivel juvenil, y si eso desencadenará en victorias para la selección mayor.

Ganar siempre será positivo, no nos rompamos la cabeza. Pero no siempre hay países que saben llevar esos procesos triunfadores al siguiente nivel. Quedar campeones en un Sub 17 es el primer paso, de muchos que se deben de dar. No se acaba la trayectoria de un jugador con ese logro, o bueno, no debería ser así.

El tema es que muchos jugadores infantiles de México viven, o peor aún, vivieron de su carrera gracias a los logros que tuvieron en 2005… y tristemente, de 2011 también. Muchos de los futbolistas que estuvieron con Jesús Ramírez no fueron a ningún lado, algunos nunca debutaron, otros se perdieron a la primera oportunidad que recibieron, uno más esperanzó y después se liquidó para finalmente, llegar a un reducidísimo número de futbolistas que tuvieron brillo en su carrera. Como los mejores amigos de cada persona, también esos futbolistas se cuentan con los dedos de una sola mano, y nos sobrarán dedos.

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Con la generación del 'Potro' Gutiérrez pasan situaciones muy similares a las de 2005. Si bien, varios de ellos apenas tienen 20 o 21 años, pocos de esos futbolistas han debutado, de los que lo han hecho, contados tienen minutos en Primera División y los que los consiguieron no han tenido mayor brillo. Hay casos, en que lamentablemente, en poco tiempo y a muy temprana edad, consumieron todo su fuego futbolístico y viven de aquel torneo.

La prueba es tan irrefutable como evidente. En aquel Mundial de México 2011, los tres mejores futbolistas del torneo fueron mexicanos. El Balón de Oro fue para Julio Gómez, la plata para Jorge Espericueta y el bronce para Carlos Fierro. Uno, se gastó sus chances en indisciplinas y juega olvidado en el Ascenso MX, el otro no tiene mayor actividad en Primera División y el tercero, es hasta el momento, uno de los tres futbolistas más regulares de esa generación, pero, lejos de ser el fenómeno que pintaba.

Foto: FIFA.com

Finalmente, está la generación del Mundial de Emiratos Árabes Unidos, 'la selección olvidada'. ¿Por qué? Poca gente podría decir cinco nombres de futbolistas que hayan estado en ese equipo. Raúl Gudiño y Omar Govea, ambos en el Porto, son lo más destacado de ese equipo. Erick Aguirre, el otro que al menos debutó y tiene minutos. Pero de ahí en fuera, muy poco y casi nada.

Después de desmenuzar todo esto, encontramos la razón de tan terrible fracaso, porque eso es, un fracaso no haber sabido aprovechar el tremendo talento infantil que se tenía. Algo o alguien debería ser el responsable de aceptar que en ese periodo de tres o cuatro tiempos, algo se hizo mal.

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No hay que ser un genio para entenderlo. Mientras el futbol mexicano esté tan dominado por el exceso de extranjeros y naturalizados, exista un proyecto de trabajo a nivel de clubes basado en el proceso a corto plazo donde al técnico lo corren por tres partidos perdidos de manera consecutiva, habrá cada vez menor oportunidad para los jóvenes; estos tendrán poca confianza, menos minutos y nunca podrán convencer a nadie. Vivirán del pasado, de un torneo y de unos partidos brillantes.

Amén a todo esto, es clave que a los jóvenes los sepan llevar mentalmente. Al final, a veces en México destrozamos a los jóvenes porque les encanta el desmadre, la fama y el dinero. Pero no nos hagamos idiotas, cuántos nos habría encantado tener esos lujos a los 17 años, cosas que pueden ser tan lindas como peligrosas.

Pero, perderse una carrera por vivir en el desmadre, es una responsabilidad compartida. Por supuesto, del jugador, pero también en mayor medida, por los padres y los responsables del club donde se juegue.

Hoy la selección Sub 17 dio otro enorme paso en el Mundial de Chile. Cuando se dio a conocer el sorteo previo al torneo en el que se vio a México en el grupo de la muerte junto a Argentina, Alemania y Australia, se consideró por un instante que había muchas probabilidades de no avanzar de ronda. Nuevamente, un equipo infantil mexicano nos cerró de golpe la bocota.

No solo calificaron, sino que lo hicieron como primer lugar ganándole a Argentina y Alemania. En octavos, ya echaron y por goleada al anfitrión, y si las cosas se dan de acuerdo al cronograma, estarán enfrentándose a Brasil en las semifinales del torneo. ¿Recuerdan quién fue el rival del Tri en la final de Perú 2005 y a quién se eliminó en los cuartos de final del pasado Mundial de EAU? Así es, a Brasil.

Esto no debe quitarnos la idea de ilusionarnos, emocionarnos y anhelar ser campeones. Ganar es una palabra que en México uno tiene que aprender a acostumbrarse. El tema no está en el límite de edad, está en el siguiente paso. Ahí, los jugadores tienen un grado de responsabilidad, pero nunca el mayor porcentaje. Aprender y no seguirnos tropezando, e ahí el tema.