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maxim molokoedov

El ruso que entró en la cárcel como traficante y salió como futbolista profesional

El ruso Maxim Molokoedov fue detenido en Chile por transportar cocaína de Ecuador a España... pero, paradójicamente, cumplió su sueño de ser futbolista profesional gracias a su estancia en prisión.

por Alfonso Muñoz
27 Abril 2016, 11:05am

Imagen vía Agencia Uno

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La historia de Maxim Molokoedov es digna de un guion de película. Un drama con final feliz en el que su protagonista trafica drogas, lo condenan, hace amigos en la cárcel, descubren su talento, lo contratan en un equipo de fútbol y lo liberan.

También podríamos resumir su curioso paso por Chile con el dicho "lo que fácil viene, fácil se va".

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Molokoedov nació en la ciudad rusa de San Petersburgo el 24 de diciembre de 1987 y comenzó a luchar por cumplir su sueño a una edad muy temprana: él quería convertirse en jugador de fútbol profesional.

En su adolescencia logró jugar en la tercera y segunda división profesional rusa: Molokoedov empezó vistiendo la camiseta del Dinamo de San Petersburgo y después saltó a las categorías inferiores del poderoso club vecino, el FC Zenit. En 2009, Maxim jugó varios partidos con el FC Pskov-747 de la segunda división rusa.

Un año más tarde, la carrera de Molokoedov sufrió una interrupción drástica: Maxim fue detenido durante una escala en el aeropuerto de Santiago en Chile. La policía chilena le cazó con un cargamento bastante discutible: nada menos que seis kilos de cocaína procedente de Ecuador que él pretendía introducir en España... escondida en libros infantiles.

Molokoedov intentó traficar cocaína en un triángulo Ecuador-Chile-España. Imagen vía AP

El par de horas que el ruso pretendía estar en Chile esperando el siguiente avión de su trayecto se transformaron en tres años y un día de prisión.

En la cárcel, Molokoedov —que tenía poco en común con los otros reos, empezando por sus 1,80 metros de estatura y su cabellera rubia— aprendió a hablar el español y ganó fama como centrocampista en los partidos que los más de tres mil internos del recinto disputaban para matar el tiempo.

Cuando había cerca de dos años de condena, el exjugador de fútbol chileno Frank Lobos —que destacó en la liga chilena con el Colo Colo y jugó en Brasil, España y Japón— descubrió el talento de Maxim por casualidad. Lobos, que trabajaba en un programa de rehabilitación y era el entrenador de la selección de la prisión santiaguina, recomendó a el Ruso a la directiva del CD Santiago Morning de la liga chilena.

Molokoedov fue el primer beneficiado de un programa de readaptación de la Gendarmería de Chile. Su buen nivel futbolístico, sumado a su experiencia en la segunda división rusa, allanaron su adaptación a los entrenamientos con el plantel del Chago Morning, aunque solo tenía permiso para ausentarse de la penitenciaria de lunes a viernes entre las 7:30 y las 15:00 horas.

Pese a que al futbolista ruso se le dio la oportunidad de volver a su país de origen a cumplir su condena, Molokoedov decidió quedarse para reinsertarse en la sociedad a través del deporte.

Me gusta jugar al fútbol y, como todos los cabros [muchachos] tienen fe en mí, preferí quedarme y jugar, porque sé que voy a triunfar

Maxim Molokoedov, futbolista con ganas de vivir nuevas experiencias

En julio del 2012 se concretó el pase del jugador al primer equipo del Santiago Morning: Molokoedov se convirtió así en el primer futbolista ruso que jugaría en la máxima categoría del fútbol chileno.

Molokoedov es uno de los pocos jugadores europeos que hayan marcado un gol en la liga de Chile. Imagen vía UPI

Durante un tiempo, mientras aún cumplía su condena, Molokoedov entrenaba de día con el equipo pero dormía cada noche en la cárcel.

Recibí mucho cariño de la gente en la cárcel, había cosas difíciles pero me acostumbré a ellas. Vivía tranquilo porque me acerqué a la gente con 'ficha' [buena rollo]: me protegieron y yo me gané el respeto allí dentro

Maxim Molokoedov, reo respetado y futbolista con clase

En julio de 2012, Molokoedov jugó el primer partido con su nuevo club, un amistoso contra el club chileno Palestino en el que marcó dos goles. Pocos días después disputó su segundo encuentro contra el Universidad de Chile en la Copa: Maxim destacó por sus pases... e incluso dio una asistencia de gol.

Molokoedov fue el joven símbolo del programa de rehabilitación a través del deporte que se realizaba en la cárcel de Santiago. De hecho, el día en que fue liberado —cinco meses antes de lo que duraba originalmente su condena— se realizó una ceremonia en el Estadio Nacional donde el Ministro de Justicia del momento le ofreció una amnistía.

Para conseguirla, Molokoedov debía abandonar Chile un mínimo de diez años, pero el muchacho rechazó la propuesta y decidió quedarse para aprovechar su oportunidad como futbolista en el país sudamericano.

Maxim mostrando los papeles que acreditaban su libertad. Imagen vía Agencia Uno

Tras un tiempo jugando con el Morning, el Ruso solicitó unas vacaciones para visitar a su familia: el gobierno le dio un permiso de cuarenta días para ir a Rusia y volver a Chile, pero cuando la camioneta del equipo le esperaba en el aeropuerto pasados esos cuarenta días de vacaciones, Molokoedov no apareció.

Tras horas de espera y varias consultas sobre la información de los pasajeros, se supo que el pasajero Maxim Molokoedov no había embarcado en el vuelo que debía traerle de vuelta a Chile.

El fútbol me salvó la vida

Maxim Molokoedov, traficante reformado gracias al fútbol

Poco y nada se ha sabido del futbolista desde aquel entonces, aunque en la única entrevista que concedió tras su retorno a Rusia se acordó de sus colegas chilenos:

"Le quiero mandar un saludo a todos los cabros [muchachos] que conocí en la peni [cárcel], a todo el plantel del Santiago Morning y a todos mis amigos chilenos. Me lo pensé mucho, porque sabía que dejar el Chago era acabar con mi carrera como futbolista profesional. ¿Pero qué puedo hacer si yo soy de aquí? Mira, entiendo que me puedan criticar, pero se trata de mi vida", explicó el exjugador ruso.

"Cuando estaba en la cárcel soñaba con esto: pensaba en mi mamá, mi hermano y mi chica; en San Petersburgo, en Rusia y en mis orígenes", proseguía Molokoedov. "No puedo volver porque así es la vida, no vuelvo porque me voy a casar el próximo año con el amor de mi vida, con la chica que me esperó mientras estaba encerrado con los cabros".

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